Archivo Gatopardo

Entrevista con un periodista amenazado

El escritor Roberto Saviano escapa por un momento de la muralla de
seguridad en la que suele vivir desde que fue sentenciado a muerte por
la mafia italiana. Expone sus visiones tanto del narcotráfico versión
2.0 como del periodismo literario. Durante la jornada en Nueva York
también es llevado a conocer y conversar con Raymundo Pérez Arellano, un
reportero mexicano que sobrevivió a un secuestro en Tamaulipas, un
agujero negro de la realidad parecido a su natal Nápoles. El vértigo de
la vida recorre este encuentro.

Por Diego Enrique Osorno / Fotografía Javier Sirvent
"Si mañana se legalizaran las drogas, todas las drogas, la cocaína, heroína, todas, los cárteles se derretirían como nieve al sol".


"Si mañana se legalizaran las drogas, todas las drogas, la cocaína, heroína, todas, los cárteles se derretirían como nieve al sol".

“Si mañana se legalizaran las drogas, todas las drogas, la cocaína, heroína, todas, los cárteles se derretirían como nieve al sol”.

En algún lugar de Nueva York, Roberto Saviano come pasta mientras habla sobre las diversas identidades con las que estuvo en Estados Unidos cuando investigaba acerca de la cocaína y las mafias del mundo para poder escribir su libro más reciente, CeroCeroCero. En algún momento saca su cartera y me muestra una credencial en la que aparece su foto y el nombre estadounidense con el que se identifica estos días. Gracias a su primer libro, Gomorra, Saviano llegó a los treinta y cuatro años de edad convertido en una celebridad del mundo cultural y viviendo el día a día con vértigo, debido a las amenazas que recibió por parte de la Camorra italiana.

El día anterior a nuestro encuentro dio media decena de entrevistas a diversos periodistas mexicanos, pero no se siente cansado. Por el contrario, habla con entusiasmo sobre la posibilidad de viajar a México pronto, quizá de forma clandestina, claro, si sus guardianes permanentes se lo permiten. Desde que establecimos comunicación por escrito, un año atrás, Saviano sueña con esa posibilidad. En especial le interesa ir a Tamaulipas.

Al cabo de un par de horas abandonamos el restaurante con rumbo a un pequeño estudio aprobado por su equipo de seguridad para que pasemos el resto del día. Ahí nos esperan el fotógrafo Javier Sirvent y el documentalista Bernardo Ruiz. También está el reportero Raymundo Pérez Arellano, de quien le he hablado mucho a Saviano.

La idea es reunirnos y tratar de arrojar algo. El periodista italiano dice que está preparado para pasar el día completo en ese pequeño territorio en el que resonarán historias mafiosas y literarias, así como preguntas sobre el riesgo a la hora de escribir y la mutación turbonarcocapitalista en los inicios del siglo XXI.

Una vez resguardados de los últimos y fríos coletazos del duro invierno de Nueva York, la entrevista da inicio.

EL NARCOTRÁFICO VERSIÓN 2.0
Diego Enrique Osorno (DEO):
Vamos a empezar por algo de lo que hoy se habla. Recién fue detenido Joaquín Guzmán Loera, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa, y es interesante reflexionar sobre esto. Me parece que a partir de tu libro Gomorra de una manera muy audaz rompes esa narrativa que había predominado acerca del mundo de la mafia, en el que las estructuras jerárquicas siempre eran verticales y en las cuales había un capo todopoderoso. Pero con Gomorra encontramos la modernidad del narco. Vemos que los cárteles son empresas muy horizontales en las que laboran hombres de negocios armados. Soy de los que creen que El Padrino —esa figura de Mario Puzo— ya murió. Pablo Escobar ya murió también. Estamos ante el fin de esa figura y tal vez el Chapo Guzmán ya estaba caduco en ese sentido, y por eso fue detenido. Este sistema ya no permite más capos todopoderosos. ¿Cómo entender, desde tu mirada, el mundo de la mafia ahora que ha caído otro nuevo capo?, ¿está implementándose el modelo que relatas en Gomorra en el resto del mundo mafioso?

Roberto Saviano (RS): Pues sí, captaste la esencia de mi manera de contar estos poderes. Ya no existe una pirámide: existen organizaciones criminales horizontales, debido sobre todo a la globalización del business. Un capo es frágil, peligroso. En el momento en que lo apresan o lo matan todo se viene abajo. Al contrario, cuando hay una estructura horizontal es mucho más difícil identificar su punto débil. Te pongo un ejemplo: las organizaciones criminales italianas, como la ‘Ndrangheta calabresa, eligen en su momento un capo “bastón”, al cual se le otorga una vara del poder. Pero no se trata de un capo en general, se trata de un hombre de responsabilidad con la facultad de dirimir las contraposiciones, siempre y cuando haya contraposiciones. Sólo en este caso él puede intervenir, mientras no detente poder total sobre la organización entera.

Yo creo que la captura del Chapo decreta de alguna forma el fin del viejo narcotráfico y el principio de un narcotráfico 2.0, es decir, horizontal, en red, con capos, sí, pero varios y más bien entendidos como responsables de un segmento, y no como presidentes de un cártel…

DEO: Sí, eso parece, que habrá más sociedades empresariales, capos intermedios bien organizados…

Cuando tú haces Gomorra das una lección muy interesante sobre la posibilidad de narrar agujeros negros del mundo. Había muchas historias en Nápoles, historias alrededor de la Nápoles del negocio de la mafia, pero no se conocían a detalle estos sucesos hasta que un día un joven y desconocido escritor de ahí publica —además con buena prosa— un libro en el que se relata todo esto, y finalmente Italia conoce a través de Gomorra los detalles de algo que todos sabían sólo a grandes rasgos.

No puedo dejar de relacionar ese momento en el que sale tu libro, en 2004, con lo que ocurre en México hoy en día, donde hay un lugar que se llama Tamaulipas, en el que se oye que pasan diversas atrocidades. Donde hay masacres en pueblos, hay tráfico de droga que pasa por Laredo, Texas, y vienen hasta el este de EUA, pero no ha habido aún un escritor nativo que use el periodismo literario y cuente todo lo grave que ahí sucede. Me refiero a alguien de mero adentro de Tamaulipas. Alguien que haya nacido y crecido en estos pueblos y ciudades y haya tenido las herramientas filosóficas y literarias, además de la valentía, para poder contar todo esto, tal y como tú lo hiciste en Nápoles.

Me gustaría conocer cómo fue ese proceso en tu caso. ¿Cómo se crea la figura del cronista que rompe la inercia del agujero negro?, ¿cómo relatar los agujeros negros del mundo?

RS: Creo que puede ayudar empezar con la elección que hace un escritor: el método es el del periodista pero el fin es totalmente literario. Yo pensaba en utilizar un estilo narrativo basado en hechos reales. Es una forma de decirle al lector: ¡esta historia te concierne! No es algo lejano. No quiero producir sólo curiosidad o morbo, ¡quiero que esta historia te pertenezca! Y, entonces, mi meta era escribir historias verdaderas, con datos reales, pero en forma de novela. En español creo que se llama relato real y non-fiction novel en inglés. Truman Capote dijo algo parecido: que el afluente de la narrativa y el afluente del ensayismo habrían pronto coincidido en la misma madre (o dormido en la misma cama, river bed). Yo siempre quise hacer esto: tomar historias reales y ponerlas en un contexto narrativo. Los ingleses hablan de la justa distancia. Yo no. Yo busco la justa cercanía. Creo que por todo el mundo está creciendo un nuevo género literario. Tú en México eres un representante, como Suketu Mehta en India, autor del libro Maximum City. Se trata de un estilo literario que atraviesa el mundo con el fin de desvelar los mecanismos de las cosas. Ya no solamente noticias, exclusivas, encuestas y reportajes, sino una verdadera narración. Esto se da, en mi opinión, cuando uno mezcla varios elementos. Las interceptaciones telefónicas llegan a ser los diálogos en las manos del escritor, la instrucción judicial es la historia, la sensación del autor, su vida, su biografía, su rabia, su conmoción —hasta el error, cuando uno no entiende o se equivoca con una intuición—, eso también llega a ser un elemento de la narración. Esta combinación de historias y métodos, que rompe las distancias, creo que representa la forma de contar el mundo en esta época. Hay un dicho en Cataluña: “Cuando viene la inundación, lo primero que falta es el agua”. Lo mismo pasa con la información. Hoy estamos totalmente inundados por las noticias y a pesar de esto no tenemos una información potable que nos deje entender. Yo pienso que la literatura non-fiction puede subvertir todo esto y contar el mundo.

DEO: ¿Cómo formas esa voz propia para poder contar eso que ocurre ahí? Uno lee tu obra CeroCeroCero, o Gomorra, y aparece ahí un escritor que sin duda tiene lecturas, que ha leído a los clásicos, además de haber estado en los lugares o de haber revisado expedientes judiciales. La valentía, otra característica de tu trabajo, ¿siempre ha estado en tu vida? Podrías hablar, por ejemplo, de cómo fue tu infancia en ese sentido.

RS: Recibí una formación burguesa, pero en un territorio muy violento, de veras muy violento. Crecí en los años ochenta cuando se combatía una guerra de la Camorra terriblemente feroz. Nací en 1979 y durante los ochenta y los noventa esta guerra dejó cuatro mil muertos, sólo en mi región, la Campania. Los libros y mi formación literaria eran una forma de salvación y de protección. Cuando empecé a escribir sobre estas cosas era muy joven, tenía quince, dieciséis o dieciocho años. Mi familia y mis amigos me miraban como sospechoso, no tanto por miedo, sino porque esto no se consideraba algo honorable. La mafia era un tema para cronistas de sucesos. En Italia la mafia se tenía como un asunto secundario, no adecuado para un intelectual que estudiaba filosofía. Al contrario, yo pensaba que utilizando las herramientas de la literatura y de la filosofía para entender el mundo de afuera, podía construir algo bueno. Una vez le escribí a un crítico italiano que se llamaba Goffredo Fofi y le envié una novela. Era muy joven, quizá tenía dieciocho. Le envié un relato de ficción muy barroco, imitando el estilo de un escritor italiano llamado Landolfi. Pues él me contestó —y fue un gran honor— diciéndome: “Querido Roberto, eres buen escritor, ¡pero escribes tonterías! ¡Abre la ventana de tu casa y dime qué ves!”. Y yo lo hice, entendiendo que lo que me rodeaba era digno porque era materia literaria, y no algo que debía esconder. Fue esto lo que me puso afuera, a pesar de que siempre he sido un poco misántropo. Todos mis libros no fueron un alejamiento de la realidad, sino mis armas, mi estructura, mi moneda de cambio, mi mochila, con los cuales entré en la realidad. Por supuesto no me imaginaba todo esto. Yo no me siento tan valiente. No sabía todo lo que habría pasado. Muchos escribieron de la mafia en Italia sin pasar por todo esto. Fue un conjunto de cosas lo que generó todo.

LA CULPA DE SOBREVIVIR
DEO:
Esa condición me parece muy trágica, muy shakesperiana, abres una historia pero pareciera que hoy en día Italia puede estar viviendo más historias ocultas que los periodistas no quieren contar porque van a terminar como Saviano, con una escolta permanente y con todas esas cosas con las que tú vives.

RS: Sí, éste es un verdadero problema.

DEO: ¿Te sientes una figura inspiradora?

RS: No sé. Es que lo que me ha pasado se dio no por lo que yo escribí, sino porque muchos lo leyeron. Es una diferencia que permite entender mejor el mecanismo. Las organizaciones criminales no tienen miedo, sobre todo en Italia, de lo que se escribe. Finalmente con la web, en los tribunales, todo está escrito. Lo que sí temen es que las palabras escritas lleguen a las personas y generen atención. En ese momento les entra miedo y se molestan. Cuando comencé a publicar sobre estas cosas, las organizaciones de la mafia compraban mis libros. No tenían miedo. Pero conforme el asunto adquirió relevancia en los medios, en la televisión, en las portadas de las revistas, en los periódicos, se molestaron. Fue como si yo estuviera prendiendo una luz mediática sobre ellos, obligando a los politicos a intervenir para combatirlos. Luego, sí, ocurrió que mis dificultades infundieron miedo en otros, que pensaron: “¡Voy a acabar como él!”.

Pero más bien creo que mi experiencia contagió cierta fuerza en muchas personas que vieron que había un espacio para compartir estas historias. Tengo la impresión de que a fin de cuentas hay más energía que antes, una confianza en que se pueden contar estas historias y que contándolas es posible cambiar.

Por supuesto que uno también queda aplastado entre dos fuerzas: una que te dice que eres el blanco de la mafia, que no vas a vivir mucho tiempo, que sin la protección de los carabinieri eres carne de cañón. Ésta es una fuerza. La otra dice que eres un payaso, que todo es simulado, que es una operación de marketing.

Yo estoy en el centro y estas dos fuerzas, en Italia, me quitaron el aire. Si estás vivo, ¡entonces no escribiste cosas tan peligrosas! Este mismo concepto hace que gane la cultura mafiosa en México, igual que en Brasil o en Italia. O sea: si estás vivo es la mafia la que te deja estar vivo. Son ellos los que deciden. Con esta lógica no hay forma de creer que uno esté vivo porque ha llevado la contra a la mafia, porque es capaz de estar vivo, porque se sabe mover, porque hay un Estado que logra ser fuerte.

A Salman Rushdie, un amigo, le ha pasado lo mismo. Le decían: “¡Pero tú estás vivo! ¡Entonces no es cierto lo que dijiste de Khomeini! Si estás vivo, ¡no eres el blanco del islam!”.

Finalmente uno tiene que justificarse de estar vivo. Es algo muy raro. Uno se siente culpable de estar vivo. Y esto puede ocurrir cuando uno se convierte en un símbolo mediático, y llega a tener una especie de red mediante la cual las historias que uno cuenta llegan a las personas. Y en este punto uno casi deja de ser un ser humano y se convierte en algo inmaterial.

DEO: ¿Cómo tener esa fortaleza psíquica para estar entre ambas fuerzas y seguir llevando una vida personal, continuar investigando y sacar otro nuevo libro?, ¿cómo fortalecer esa mente para concentrarte y no perderte en el marketing o en las críticas mezquinas?

RS: Es difícil. Por un lado está la ambición de creer que tus palabras tengan un peso, entonces hay toda esta fuerza. Por el otro, están la desesperación, la melancolía, la depresión, la dificultad para dormir, el mudarse de ciudad muy a menudo y el cambiar de identidad. Yo no recuerdo con facilidad los nuevos nombres que tengo en distintos lugares. Todo esto es tan complicado.

DEO: ¿Qué haces para aguantar?, ¿haces mucho ejercicio o juegas Tetris?, ¿cómo controlas tu mente?

RS: Hago mucho ejercicio físico, boxeo. Intento crearme espacios míos de total libertad, aunque sea en una habitación. Cuando no estoy bien en un lugar intento alejarme, viajar. No sé bien. Seguro uno no puede terminar sin heridas. Te quedas con tus heridas, que de vez en cuando se vuelven a abrir. Luego, en estos años ha sido difícil también porque vivía en un país con Berlusconi en el gobierno. No ha sido fácil. Una gran presión mediática, una gran presión judicial, nada fácil.

LA COCAÍNA Y EL PETRÓLEO
DEO:
Y en este nuevo libro CeroCeroCero, ¿cómo decidiste que la cocaína iba a convertirse en el centro de tu narrativa? Además de contar la historia de la cocaína en México, Europa y EUA, hay una provocación intelectual interesante al poner a la cocaína con un valor similar al del petróleo. Esa apuesta que haces, ¿te viene desde cuándo? ¿Esto es algo que formaba parte de tu programa como escritor o es algo que has reflexionado en la burbuja de seguridad donde vives ahora?

RS: Cuando estaba empezando a escribir Gomorra ya había reconocido en la cocaína una gran potencialidad narrativa. Es igual que contar sobre el petróleo. Una sustancia, una materia que permite contar sobre la política, la guerra, la moral. Es una sustancia universal, ya que mueve el mundo. Por eso quise llamar al libro CeroCeroCero, como el código de la harina más pura. Siempre pensé en esto pero no acababa de terminarlo porque se sumaba otra historia y una más y una más.

La coca, de la misma forma, me ha permitido contar sobre el sistema desde adentro: una sustancia ilegal que mueve muchísimo dinero, las organizaciones criminales, los gobiernos involucrados, la economía financiera que busca este dinero, porque es todo cash. Como escritor, la posibilidad de encontrar un hilo y de estirarlo es la posibilidad de describir el mundo y de deshilar ese hilo de la trama del mundo. Es bellísimo, porque permite estar adentro de las cosas, de encontrar la historia de las historias. Creo que es inimaginable conocer nuestro tiempo sin estudiar a la cocaína. Si uno quiere entender su tiempo, necesita conocer al narcotráfico, necesita conocer estas historias y a este poder. Tener la posibilidad de elegir una materia es algo muy hermoso, porque permite ser elegido por las historias. Uno no elige las historias, son las historias las que eligen a quién darse. El petróleo, los diamantes, el plástico… muchas veces los escritores no se dan cuenta de cuánto una materia puede abrir un mundo.

DEO: Como muchos en Latinoamérica, soy partidario de la legalización de la mariguana. De la cocaína tenía mis dudas, pero después de leer CeroCeroCero siento que debo replantear esta posición. Quizá la cocaína tiene que entrar ya también a un mercado de regulación oficial y tenemos que dejar de hacernos tontos. ¿Qué piensas tú del fin del prohibicionismo de la cocaína y la mariguana?

RS: Es un asunto peligroso y, hay que decirlo, moralmente complicado. Yo creo que si mañana se legalizaran las drogas, todas las drogas, cocaína, heroína, todas, los cárteles se derretirían como nieve al sol. Por supuesto podrían intentar con el contrabando, pero no existe comparación con las ganancias que hoy generan las drogas. Es un problema moral, porque me doy cuenta que encontrar la cocaína en una farmacia o encontrar la heroína en una farmacia, vendida por el Estado, puede ser un problema ético. Pero la cuestión es elegir entre permitir al Estado quitarles la droga a los narcotraficantes o dejársela. No hay una tercera vía. La represión hace treinta años no dio resultados.

Yo odio las drogas y es por esto que estoy por la legalización. A menudo uno cree que quien esté a favor de la legalización le gusta la mariguana. A mí no me importa nada de todo eso. Pero estoy por la legalización, para quitarles la droga a las organizaciones criminales, quitarles esta inmensa entrada de dinero que coarta la economía legal y limita la democracia. Yo vi la elección que tomó el presidente uruguayo, que según los medios de comunicación fue una opción moral, mientras que para el gobierno uruguayo fue una deliberación económica. Porque los cárteles en Uruguay existen y ejercitan una fuerte presión. Quitándoles la mariguana se les quitó 50% del mercado. Entonces, el mundo hablaba de Uruguay como el país de la libertad, mientras que desde el interior se ve como un país que se defendió de los capitales del narcotráfico. En algunos estados de EUA también se dio una experimentación de legalización y yo espero que en los próximos diez años se vaya hacia la legalización del mercado. No hay otra vía. Es igual que el tema del aborto: cuando está prohibido, se fomenta el aborto clandestino, no se impide el aborto. Igual con la droga: cuando está prohibida, no se impide el consumo, sino simplemente se entrega el negocio de la droga a las organizaciones ilegales.

DEO: Mientras ese debate se sigue dando, me gustaría que habláramos del narcotráfico versión 2.0 del que hablabas antes, de esta reorganización interna de los cárteles de la droga en los tiempos del capitalismo extremo.

En tu libro investigaste sobre los cárteles mexicanos y quisiera saber, ¿qué escenario ves para éstos, la organización de Sinaloa y para los Zetas?

RS: Yo creo que hoy no se puede analizar el mundo ignorando a México. Todos están convencidos de que es necesario estudiar China e India, pero luego está México. Es una gran y complicada democracia, un país muy rico con una enorme cantidad de pobres. Pero, sobre todo, porque se trata de un turbo-narcocapitalismo sin leyes, aunque aún con reglas. Las reglas son de las organizaciones y las leyes son del Estado. Con la detención del Chapo, el Cártel de Sinaloa se va a transformar. Tengo la impresión de que los cárteles seguirán bombeando dinero hacia EUA pero también violencia, como la de los Zetas, que es una violencia siempre más mediática; es una violencia de YouTube, como si fuera una estrategia de marketing. Matan de una forma tan feroz para poder imponer su propia presencia, para decir: “Nosotros estamos aquí”, y hacer que hablemos de ellos. Y esto es muy peligroso. Es peligroso sobre todo porque no es un verdadero tema de debate internacional.

Los cárteles mexicanos están colonizando todo: Nicaragua, Belice, Salvador, Guatemala ya hace mucho, Panamá. Es evidente que el epicentro del narcotráfico mundial es México. Colombia es el pasado del narcotráfico. En este momento, por ejemplo, el país que produce más cocaína al mundo es Perú, ya no Colombia. América Latina es una región muy joven y con un gran mercado, con mucho dinero efectivo, con grandes grupos financieros, y con una comunidad que ejerce mucha presión sobre la economía de EU. No hay presidente que se pueda elegir sin el voto de los latinos. Éstos son elementos que pueden aprovecharse para para reformar la democracia o pueden convertirse en un gran drama que favorezca a los narcos. El mundo tiene que ocuparse de esto, no el gobierno mexicano o boliviano.

Estoy convencido de que si los medios más influyentes no hacen caso a estas historias, dejan que ganen los narcos siempre y para siempre. Ellos saben que serán asesinados, que serán detenidos. La ética de los mafiosos, por ejemplo italianos, contempla la muerte y contempla la detención. Uno es un mafioso justamente porque está dispuesto a morir o a ir a la cárcel. Al contrario de lo que la gente cree, los criminales no intentan salir libres de polvo y paja, o liberarse. Por eso yo los veo como los últimos calvinistas; trabajan, ganan dinero, pero a menudo ni lo disfrutan. Invierten muchísimo. Tienen restaurantes donde no entran, hoteles que no conocen, bancos que nunca verán. En Italia, por ejemplo, viven en un pozo durante diez o quince años. Son increíblemente poderosos, pero están recluidos, se encierran diez años antes de ser detenidos. En mi opinión ése es el punto: entender que el nuevo capitalismo es un capitalismo armado y casi ascético, místico. El poder de los narcotraficantes es un poder inmediato. Ellos saben perfectamente que no va a durar. Había una narcomanta de los Zetas, me parece, o de los de Sinaloa, que decía: “Mejor diez años de rey que cien de buey”. Esto es muy interesante porque los jóvenes, no sólo mexicanos, también de Sierra Leona, de Grecia, de Kosovo, tienen esta ansiedad, esta duda: ¿qué hago de mi vida?

DEO: ¿Puede ser revolucionario el narcotráfico? ¿Tú crees? En el sentido de la energía de querer romper…

RS: Yo creo que puede ser una reacción, no una revolución.

LOS CÁRTELES EN ESTADOS UNIDOS
DEO:
Roberto, en este escenario que describes, ¿cuál es el papel de EUA? Porque hablamos en Italia y México de organizaciones criminales, pero en EUA no hablamos de ningún cártel y suena muy difícil de creer que no haya uno en Chicago o en Nueva York. ¿Cómo llega la cocaína a SoHo o a Hollywood?, ¿por qué crees que no se habla de cárteles en EU como sucede en Italia, en México o en Colombia u otros lugares?

RS: De hecho sí existen, pero no se narran. Y no es por censura. Es porque en EUA se ha subestimado el fenómeno. En Estados Unidos si no hay muertos, nadie pone atención. Puede pasar que haya una gran investigación sobre la mafia, con muchos detenidos, pero todo se resuelve con un comunicado de prensa, sin un análisis, ni un reportaje, ni investigación. En el mundo estadounidense se encuentran todos los grupos: los rusos, los chinos, los italianos, los italo-estadounidenses, los jamaiquinos, los nigerianos, los japoneses, los albaneses y, por supuesto, los estadounidenses mismos que se relacionan con estas organizaciones. Sin embargo, nadie cuenta el fenómeno entero. Es una forma de no alarmar al país. Hasta los años noventa Estados Unidos narró la mafia. Después de la operación “Tolerancia Cero” de Giuliani, la mafia se convirtió en algo de importancia secundaria. No hay censura, pero tampoco atención. Es evidente que la droga que se encuentra en SoHo, en Boston, en Los Ángeles, en Chicago, es muy importante en el mundo criminal y está manejada por los cárteles. Pero las historias están fragmentadas. Puedes leer una crónica sobre la detención de un mexicano en Chicago, de una familia italiana en Nueva York, de un albanés en Filadelfia sin conexión entre ellas. Los politicos no tienen que rendir cuentas, a pesar de que el Wachovia Bank lavó millones de dólares de los narcos mexicanos o que el HSBC inglés también blanqueó dinero sucio —lo afirmaron ellos, no estoy diciendo nada que no esté demostrado—. Estados Unidos sí está recorrido por organizaciones criminales importantes, y sin embargo, se habla muy poco de esto, sólo en un ambiente underground. Los periódicos reportan sólo las aprehensiones, pero no publican el verdadero relato, según yo porque no hay muchos muertos. Ése es un problema para la democracia, porque uno tiene la impresión de que EUA no tiene este problema y que el problema es de México, Colombia, Perú, Argentina. Pero no es así.

DEO: Pero por ejemplo, ¿cómo se vuelve la detención del Chapo algo que afecta o beneficia a EUA?, ¿cómo importa lo que está pasando en México a un país como EUA?

RS: El Chapo importa más que un ministro de Estados Unidos. Eso es evidente. Toda la droga que trajo a EUA, todo el dinero, sus hijas mismas son estadounidenses. Ésta es la demostración de que sin el mercado estadounidense los cárteles mexicanos se quedarían cojos. Es como si el Chapo fuera un petrolero estadounidense. México de alguna forma, en el ámbito criminal, es como si fuera uno de los estados de la Unión Americana, pero sin las reglas de Estados Unidos. México no es un país subdesarrollado que vive de cocaína. Esto es lo que los narcos quisieran que se contara, pero no es así. México es una democracia, con un capitalismo maduro, un gran mercado y un país en continua transformación. La tesis, según yo muy verdadera, es que la periferia del imperio sustenta al imperio mismo. El lugar más rico de Nápoles es Secondigliano, aunque parece el más pobre. Igualmente, Colombia, México y Venezuela parecen lugares difíciles, pero son los que bombean dinero sin parar hacia el centro del imperio. Eso es muy interesante; las reglas del imperio están ahogando al mercado: los pactos sindicales, la paga extra, los derechos. Las empresas se mudan a Albania. De la misma forma, las empresas criminales producen dinero en efectivo que luego introducen al sistema financiero. Es increíble que ése no sea un asunto de debate mundial. Los presidentes no hablan de eso. El G8 y el G20 no hablan de eso. Hoy con la guerra en Crimea a punto de estallar, nadie habla de Mogilevich, el boss ucraniano más poderoso. Yo en mi libro intento dedicarle un capítulo entero, pero su historia es muy difícil, increíble. Mogilevich es un hombre que maneja el destino ucraniano, es el capo del cártel criminal más importante de Europa del Este. Para que quede claro, no él, sino uno de los suyos. Cuando se encontraba con los colombianos, siempre intercambiaba dos kilos de heroína por uno de cocaína. En un momento dado los colombianos ya no estaban interesados en la heroína y le dijeron: “No nos importa, queremos cash, no heroína”. Pues, este hombre, apodado Tarzán, prometió a los colombianos submarinos del Ejército Rojo. Y los colombianos aceptaron.

SOBRE NO FABRICAR ALFILERES
DEO:
Quiero ahora volver hacia ti, hacia tu figura, el manejo de tu vida luego de que publicaste Gomorra. Has dado varias entrevistas que después de leerlas uno siente compasión, rabia y hasta ganas de no ser periodista, por la tragedia que vino tras la publicación de ese libro. Frases muy pesimistas. Y tu figura creo que a nivel nacional se compara con la de otros personajes como Julian Assange, a quien conoces y de quien me gustaría que contaras cómo fue el encuentro con él. ¿Qué Saviano va a predominar?, ¿el Saviano recordado como un activista como Assange o el Saviano escritor, reconocido por su prosa?

RS: Es difícil. Yo no sé si las elecciones que yo hice significan que viva mal, tal vez no. Pero yo no sé vivir bien. Estoy convencido de que algún otro en la misma situación podría encontrar la fuerza y vivir mejor. Yo sé que no soy valiente cuando digo que si volviera atrás no haría lo mismo, pero quiero ser honesto. Intentaría ser más prudente, cuidarme un poco más. Pero pasó lo contrario, cuando todo empezó tenía 26 años y entonces me arrojé a este mundo y ha sido difícil. Me consumí. Pensaba de veras en cambiar las cosas, creí en eso muchísimo. En parte sí, algo ha cambiado, en Italia y no sólo en Italia, pero pagué un precio demasiado alto.

Cuando encontré a Julian Assange me sentí cohibido porque él era muy alegre, simpático, vital. Estaba encerrado en una casa hace un año -—por lo menos yo puedo salir, en Italia salgo con la escolta, en otras situaciones salgo con otro tipo de escolta—, pero él no, él estaba encerrado en casa. Hablamos largo rato, hicimos una larga entrevista. En cierto momento nos tomamos una foto. Nos pusimos delante del fotógrafo y de repente Julian nos detuvo: “¡No, no, no!” “¿Cual es el problema?”, pregunté. Y él dijo: “¡No puedes mostrar una cara así de serio porque va a parecer que ellos ganaron! Tenemos que reír, porque riendo probamos que lo hemos hecho, que resistimos”. Y entonces reímos para la foto.

Pero yo me siento siempre deshonesto mostrándome alegre. Prefiero dejar que se entienda que esta situación me estranguló. Lamentó que alguien leyendo de mi experiencia pueda decir: “Entonces, mejor no escribir”, porque no es así. Ésa sólo es mi reacción. Son ocho años de presión y también un poco de decepción política, porque yo creía que pasado Berlusconi tendríamos en Italia un cambio repentino, inmediato, veloz. Al contrario, es muy lento. La crisis económica favorece a las mafias. Y luego hay una contradicción muy fuerte. Me dicen: “OK, pero si tú estás en peligro y tienes que esconderte, ¿por qué hablas frente a la cámara?”. Es que ésta es la contradicción de mi tiempo. Ya no existe la posibilidad de escribir un artículo escondiéndose y enviarlo. Ahora uno debe estar presente para llegar a la gente. Debe estar presente para hablar con las personas, mirarlas a los ojos y comunicarles esos asuntos. Esta contradicción es muy difícil de explicar, porque en el imaginario queda todavía la idea: “Si estás en riesgo, ¡escápate!, ¡deja de hablar!”. Pero éste es mi trabajo. Es lo que marca la diferencia.

DEO: Quisiera que platicaras también un poco de tus lecturas, de tus autores latinoamericanos, estadounidenses, de lo que te gusta leer, tus libros, poesía, teatro, música…

RS: Yo vivo de los libros, de las películas. Los escritores llegan a ser mi familia. Mi escritura se alimenta de varios autores, como Truman Capote, Vollmann —un autor estadounidense—, Roberto Bolaño. Encontré en las páginas de Bolaño mucha fuerza, sonido, un territorio amigo. Me encanta la poesía. Adoro a una autora que se llama Wisawa Szymborska, una poetisa polaca inmensa. Sus poemas son muy sencillos, muy delicados. Según yo ella escribió el verso poético más bello de todo el siglo xx: “Escucha cuan rápido me late tu corazón”. Libros como Si esto es un hombre, de Primo Levi, siempre me fueron muy cercanos. He disfrutado muchísimo Despachos de guerra, de Michael Herr. Tengo una fascinación por la narrativa de guerra: Ernst Jünger, por ejemplo, con Tempestades de acero. En las páginas que leo busco siempre algo. Es como si el autor sumergiera su mano en el agua y me sacara mientras me estoy hundiendo. Siempre es eso un libro para mí: una mano que sale y me arrastra. Es por esto que creo que de cualquier cosa que suceda o cualquier cosa que pueda pasar, lo que queda es lo que se comparte, son las palabras a las cuales se da vida. Porque en el momento en el cual uno deje de discutir, uno deje de compartir estas palabras, la literatura ya no existe, se muere.

No creo en la literatura como juego, no me pertenece. Finalmente me gusta mucho una vieja frase de Céline que dice: “Existen sólo dos maneras de hacer literatura: hacer literatura y fabricar alfileres para dar por el culo a las moscas”.

Yo prefiero no fabricar alfileres.

SAVIANO ENTREVISTA A UN PERIODISTA AMENAZADO
El periodista Raymundo Pérez Arellano, quien por ahora trabaja en Televisa, en el programa Punto de partida, que conduce Denise Maerker, logra que para mí tenga sentido aquella frase que Shakespeare le hace decir a Hamlet: “Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero”. Desde los quince años ambos soñamos y conspiramos con el periodismo. En el camino de estos casi veinte años de amistad y acero hemos vivido de todo.

Pero lo que sucedió a principios de marzo de 2010 fue algo completamemente inesperado y doloroso. Por esos días, Raymundo viajó a Reynosa, Tamaulipas, para investigar si eran ciertas algunas balaceras y masacres que se denunciaban en Twitter y YouTube. Las redes sociales hablaban y mostraban una región colapsada por enfrentamientos armados y nada de esto aparecía en los medios de comunicación masiva. Durante su cobertura, el periodista y su compañero camarógrafo comprobaron que la libertad de expresión no existía ahí a plenitud: ambos fueron detenidos, golpeados y privados de su libertad unas horas por parte de una de las máquinas de guerra que operan en la zona. Raymundo es uno de los pocos periodistas que ha podido visitar el infierno mexicano y salir con vida de él. Buscando generar diálogos inusuales que lleven a reflexiones inusuales, como cuando llevé al corresponsal de guerra Jon Lee Anderson a que se reuniera con un soldado zeta en Monterrey, me interesaba que Saviano y Raymundo se conocieran y conversaran acerca del vértigo en el oficio periodístico. No fue difícil convencerlos a ambos de esta reunión que filmé junto con el documentalista Bernardo Ruiz.

Ésta fue la conversación que sucedió aquel viernes neoyorquino en el que el encumbrado Saviano fue quien tomó la palabra para iniciar la entrevista con un periodista amenazado:

Roberto Saviano (RS): Diego Osorno me mencionó tu historia y me gustaría que tú me la contaras. Que me hablaras de los momentos más difíciles y de lo que te pasó. No creo que sea fácil entender lo que uno siente y lo que uno vive cuando sobrevive a una historia semejante.

Raymundo Pérez Arellano (RPA): Bueno, la historia comienza en Tamaulipas. A mí me secuestra un grupo del crimen organizado, el Cártel del Golfo, cuya cuna es Tamaulipas. Eso fue el 3 de marzo de 2010. En ese entonces la guerra se había intensificado en esa parte del país porque había una división entre los Zetas y la antigua cúpula del Cártel del Golfo. La ciudad que estaban disputando en ese entonces era Reynosa, una de las ciudades fronterizas con Estados Unidos y que históricamente ha sido controlada por el Cártel del Golfo. Nosotros fuimos a ese lugar como periodistas porque la ciudadanía estaba reportando enfrentamientos, ejecuciones, balaceras de una manera no común, a pesar de que es común que esto pase, pero había algo que no nos quedaba claro. En ese momento no sabíamos que había una ruptura dentro del cártel, pero quisimos ir a cubrir esta dinámica diferente que se estaba viviendo. Llegamos a la ciudad y estábamos haciendo unos reportajes. Platicamos con el alcalde, con grupos de música que hacen canciones para el narco y con testigos de balaceras. Había habido una muy reciente en el penal, donde intentaron rescatar a algunos internos y dejaron la entrada de la cárcel balaceada.

RS: Y cuando te secuestraron, ¿qué estabas haciendo en ese momento?

RPA: El día 3 de marzo se estaban reportando balaceras en las redes sociales, en Twitter sobre todo. Twitter era el método con el que los ciudadanos se comunicaban, se alertaban sobre dónde estaban las balaceras. Entramos en esa dinámica para ver dónde había acción, dónde había balaceras y estaban reportando una balacera en una parte de la ciudad de Reynosa. Salimos del hotel con el equipo y fuimos a esa parte de la ciudad. No pudimos llegar porque en el camino un comando de diez camionetas tipo suv, con hombres armados, se nos atraviesan. Nos sorprendimos y dejamos pasar el convoy. Terminando de pasar avanzamos nosotros, damos la vuelta y con tan mala suerte que nos los encontramos otra vez, ahora en un parque público, en una plaza pública de Reynosa. Estaban debajo de las camionetas armándose, poniéndose chalecos, revisando los tiros de sus armas. Nos ven por segunda ocasión y alguien dice: “Vayan por ellos, porque están dando vueltas”. Pensaban que los estábamos vigilando.

Van por nosotros, nos cierran con sus camionetas y nos bajan del vehículo. Nos identificamos como periodistas, les decimos que estamos haciendo un trabajo periodístico en Reynosa. Nos suben a su camioneta, se llevan nuestro vehículo y nos llevan a la plaza pública en donde ellos se estaban armando. Ahí nos interroga el líder de este grupo, alguien fuertemente armado, musculoso, tipo soldado, una persona entrenada en ese aspecto. Nos preguntan si somos zetas, soldados, policía o espías…. Que si estamos para informar al grupo contrario. Nosotros nos identificamos como periodistas, decimos que hacemos una investigación sobre el Twitter y las redes sociales. No nos creen. Para ellos nosotros éramos enemigos o éramos policías o espías.

Ellos empiezan a revisar nuestras cosas, la documentación del carro, los videos que habíamos grabado, mis libretas. En ese momento ven nombres de periodistas desaparecidos y me preguntan por ellos: “¿De dónde sacaste estos nombres?, ¿qué quieres investigar de ellos?”. Y les digo: “Son nombres que me dieron para contactar a colegas aquí —yo mentí, la verdad—, para contactar algunos colegas de aquí, porque yo no soy de aquí, soy de la ciudad de México”. Entonces el jefe de la célula dice: “Ellos andan mal, llévenselos y denles piso” o sea “mátenlos”. A mí no me esposaron porque no encontraron esposas, al camarógrafo sí lo esposaron. Nos pusieron capuchas, nos subieron a unos vehículos y con pistolas en la cabeza empezamos a andar. Nos llevan a una casa de seguridad y nos bajan ahí y empieza el interrogatorio de nuevo. Que si somos zetas, que si somos policías, que qué estábamos haciendo en la ciudad de Reynosa. Y empiezan ahí con más detalle a revisar todo lo que llevábamos, entre esto, mi computadora. Y les sorprende ver documentos de la pgr, documentos de la Secretaría de Seguridad Pública federal, porque es la fuente que yo cubría. Toda esa información la tenía en mi computadora, tenía fotografías, por ejemplo, del operativo que hicieron contra Arturo Beltrán Leyva, cuando lo matan en Cuernavaca (yo tenía fotografías de adentro de su departamento), entonces eso les sorprende, encontrar esas fotografías en mi computadora y no sé si eso les refuerza más la idea de que soy espía o policía o militar, pero empiezan a cuestionarme en ese sentido. Me interrogan sobre por qué estoy tatuado, por qué mis tatuajes, y por qué no tenía pelo, por qué estaba pelado a rapa… Empiezan a hacer muchas preguntas, empiezan a golpearnos, a patear al camarógrafo en el estómago y al final de cuentas nuestro discurso era el mismo: “Somos reporteros y venimos a cubrir esta dinámica que hay en la ciudad.

A final de cuentas, el jefe de la célula se comunica por radio, no sabemos con quién, y luego nos dicen: “Los vamos a dejar libres, lo que pasa es que nosotros no queremos periodistas aquí en la ciudad, porque ustedes llegan y publican cosas y llega el ejército y la Marina y la policía y se empieza a llenar esto de policías y militares y nos calientan la plaza. No los queremos aquí, los vamos a dejar ir pero si regresan, van a morir”. Dijeron también: “Aquí no pasó nada, porque si ustedes dicen algo, comentan algo, publican algo, nosotros tenemos gente en la ciudad de México y van a ir por ustedes”. Luego nos vuelven a subir a la camioneta, nos pasean diez o quince minutos y nos dejan en el coche con nuestras cosas y con esa amenaza: de que no volvamos a Reynosa.

RS: Cuando te llevaron a esa casa, ¿cómo te sentías físicamente? ¿El corazón te latía fuerte, el estómago te dolía? Yo reacciono siempre físicamente a las situaciones difíciles, a través de un cambio físico. ¿Recuerdas qué sentiste materialmente en esas horas?

RPA: Claro. Cuando llegan y nos apuntan con las armas desde el principio se siente la adrenalina, es un shock de adrenalina y sientes esa taquicardia. El corazón está acelerado y al momento que yo escuché las palabras: “Denles piso, mátenlos”, yo estaba resignado. Dije: “Ya, nos vamos a morir”. Te resignas. Empiezas a sentir como que flotas porque las cosas se van a acabar.

RÁPIDO, SIN TORTURA Y EN UN LUGAR PÚBLICO
RS:
¿Y pensaste en cómo te iban a matar? Pistola, cuchillo, disparándote en la cabeza. ¿Cómo te lo imaginaste?

RPA: Yo lo que pensaba era que si me mataban, acabaran pronto, porque he entrevistado personas que han sufrido tortura, o que han desaparecido a sus familiares y parte de las personas que han perdido un familiar, que no saben dónde queda, pues mueren un poco. Yo pensaba: que sea rápido, sin tortura y que dejen mi cuerpo en un lugar público, porque eso es menos angustia para la familia.

RS: ¿Qué crees que te salvó? ¿Fue la suerte, o una estrategia?, ¿matarte no valía la pena?, ¿qué te salvó de la muerte?

RPA: Yo creo que fue suerte. Creo que la dinámica de que seamos periodistas nacionales que llegamos de la ciudad de México pudo influir. Porque en ese tiempo había seis periodistas de Tamaulipas desaparecidos en Reynosa. Y creo que es más fácil para las organizaciones mafiosas desaparecer periodistas locales que a periodistas nacionales que vienen de la ciudad de México.

RS: Hay un asunto acerca de México sobre el cual a menudo reflexiono. Amenazar, matar a periodistas, en este momento histórico, en presencia de la web que de inmediato difunde las informaciones, parece casi una locura. ¿Cómo pueden pensar bloquear una historia, una información, disparando a una persona? Sin embargo, me doy cuenta de que los cárteles mexicanos están llevando justamente esta forma de terrorismo en contra del periodismo y de la información, logrando poco a poco modificar la información misma. Quisiera saber ¿qué piensas de esto?, ¿por qué matan? ¿De veras son tan ciegos que piensan que se pueda detener una noticia disparando? O, quizá, ganaron ellos, porque acaban de presionar a los editores, a las televisoras, a la política. ¿Cuál es la lógica detrás de esta persecución a los periodistas?

RPA: Creo que hay varias lógicas. Una es que están presionando a los medios porque efectivamente quieren incursionar en los mass media, quieren dar los mensajes que ellos han preparado y que se difundan a los mass media. Hubo una situación después de mi secuestro, unos meses después: secuestraron a cinco periodistas y entre las condiciones para liberarlos estaba la de que difundieran videos. Creo que en parte es esa presión para que difundan algún tipo de mensaje, y también de que ellos quieren de alguna manera hacer público su poder, su violencia. Es como paradójico: por un lado quieren mandar cierto tipo de mensaje, pero por otro lado quieren continuar en la sombra. Entonces, la llegada de los periodistas y el publicar cuestiones sobre todo de una guerra, de una división interna como la que se estaba viviendo en ese entonces, les afecta en sus operaciones y en su dinámica de guerra.

RS: ¿Y así no se genera más atención? Por ejemplo, en Italia las organizaciones criminales no suelen conducir operaciones militares contra los periodistas, porque esto prendería una luz sobre ellos. ¿Por qué los cárteles mexicanos no calculan esta consecuencia?

RPA: Creo que va más allá lo que pasó en México. Creo que a los cárteles mexicanos finalmente no les importaba llamar la atención de la prensa, sino la cuestión del expansionismo de los propios cárteles mexicanos. A ellos les interesaba más que echaran luz sobre las operaciones militares.

¿En Italia cómo fue ese proceso?, ¿cómo hacían las operaciones militares? O, ¿cómo tenían éxito esas dinámicas de guerra sin que la prensa estuviera presente?

RS: Mi caso es muy raro, porque la organización que intentó bloquearme creía no atraer la atención nacional. Pensaban que todo iba a quedarse en el ámbito del pueblito o de la ciudad. La organización, que se llama Clan dei Casalesi, de la Camorra, ya había matado a un cura, a un sindicalista; había disparado por la espalda a un alcalde y no había pasado nada mediáticamente fuerte en contra de ellos. Entonces creían poder manejarlo todo a nivel local. De hecho, la Camorra afirma: “Tenemos que ser VIPL, o sea Very Important People Local. Al perder el “local” se  vuelve un problema, porque su intento es ser muy renombrados entre la gente del pueblo y desconocidos para los demás.

RPA: Ésa es un poco la dinámica de Tamaulipas. A los periodistas locales los pueden desaparecer pero con los periodistas nacionales tienen un poco más de cuidado.

RS: Eso es interesante, de hecho. Es interesante entender cómo estas dinámicas son parecidas. Me doy cuenta de que ser periodista en México es muy complicado, casi como en Siria y, si no como en Siria, como en países como Ucrania. Pero además en México esta situación de dificultad es permanente. Y, sin embargo, estoy convencido de que la responsabilidad es de la mayoría de los media internacionales. Los periodistas colombianos, por ejemplo, han sido protegidos por la atención internacional, en los últimos años sobre todo. Hasta que el problema mexicano permanezca entendido como una cuestión de sucesos, el periodismo en México seguirá en riesgo y nunca llegará a la atención internacional. La política mexicana no saca desventajas de un periodista asesinado. En Italia, si se matara a tres periodistas el gobierno no sobreviviría, se derrumbaría. Por lo menos ahora. En el pasado hubo tiempos en los cuales sí se mató a varios periodistas. Y eso era algo que deseaba preguntarte. Cuando en Italia la Camorra mata a alguien no lo hace sólo con el plomo o el tritol, sino también con la deslegitimación. Eso pasa siempre. Cuando mataron a ese cura, Don Peppe Diana, de mi pueblo, decían que se había muerto porque abusaba de los niños, porque era un pervertido. Cuando mataron a un periodista muy joven, de tan sólo 26 años, Giancarlo Siani, decían que se había muerto por frecuentar un burdel, codearse con prostitutas y vender droga. Lo que intentan siempre es destruir la imagen de las víctimas. ¿Eso pasa también en México o no es necesario?, ¿matan y ya?

RPA: En México creo que eso se hace pero por parte de la estructura del Estado. El proceso es: matan a un periodista —la diferencia con Italia es ésa: en México lo matan—, y después de muerto, la estructura del Estado, policías, procuradurías, etcétera, dicen: “Lo mataron porque andaba en algo que no era correcto”.

RS: Sí, también en Italia el gobierno tiene ventajas en decir: “Lo mataron porque es mafioso, porque es cómplice”.

RPA: En México es igual, no es solamente porque era mafioso. Le inventan un lío de faldas o un problema amoroso y en eso basan ellos los móviles para matar a los periodistas. El caso de Regina Martínez (reportera de Proceso), por ejemplo, o el caso de Goyo Jiménez. Según las autoridades, a Goyo lo mató un vecino y a Regina la mató un conocido. Y lo quieren hacer ver como un lío pasional, pero no es así: en el fondo hay algo más. Ambos habían publicado reportajes del crimen organizado. Pero ésta es la forma en que el gobierno desvía la atención.

LA SOCIEDAD MEXICANA NO DEFIENDE A LOS PERIODISTAS
RS:
Muy interesante. ¿Y tú cómo crees que se pueda lograr una defensa ante todo eso? Es decir, ¿hay algo, según tu opinión, que se tiene que hacer para defender el trabajo de los periodistas en México?

RPA: ¿Que si hay algún modo de defender? El gremio en México está desunido. Algo hemos hecho mal en México los periodistas para que la sociedad no nos defienda. En México hasta ahorita en diez años han matado a ochenta periodistas, o han sido desparecidos. Y la sociedad no se moviliza. En una sociedad ideal, los periodistas son la voz de esa sociedad y la sociedad defiende a esa voz, porque son los que dicen lo que no pueden decir ellos, pero en México algo está pasando porque no hay esa vinculación entre el periodista y la sociedad. La sociedad no defiende al periodista, no le duele que maten a un periodista. Y el gremio está desorganizado. Ha habido intentos de organizarse, de exigir que cesen las muertes de periodistas, pero aún no ha habido resultados. Tiene que haber organización del gremio y tiene que haber ese arropo de la sociedad para los periodistas.

¿El caso de Italia, por ejemplo, tu proceso cómo fue? A ti te amenazan y luego, ¿qué fue lo que siguió?

RS: Lo más raro ha sido que la amenaza no fue secreta, por teléfono, sino pública. En un tribunal los abogados de dos jefes de la Camorra, Antonio Iovine y Francesco Bidognetti, leyeron un documento en el cual se decía que yo y otras personas éramos los culpables de sus condenas y, entonces, nos considerarían responsables en caso de sentencia condenatoria. Eso fue un documento público. La situación se complicó porque desde ese momento el Estado me puso bajo protección, arrepentidos colaboradores de la justicia hablaron de mi situación. Entonces tuve tres, cuatro, cinco, hasta siete escoltas. ¡Increíble! Yo salgo en televisión porque la notoriedad es protección y también porque deseo atestiguar mi ambición de decir: ¡mis palabras llegan adondequiera, aunque ustedes no lo quieran! En Italia lo que salva es una fuerte red de indignación que se activa si alguien toca a un periodista o a un escritor. La cultura antimafia italiana tiene muchos años. En México no hay esto, es joven en este sentido. Las mafias italianas existen desde antes que Italia naciera. La Camorra existía antes de la Republica italiana, antes de la monarquía, antes de que el país se uniera. Y luego vinieron las bombas contra los jueces, que cambiaron la cultura del país: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, asesinados con operaciones militares espectaculares, volvieron Italia muy atenta a ese tema. Por supuesto no siempre es así, muchas veces la información mafiosa es considerada secundaria. Pero al tocar a un inocente, la reacción cultural sí se da. Es por esto que las organizaciones criminales intentan deslegitimar y enlodar a sus víctimas: quieren apartar a esas personas de la solidaridad del país definiéndolas como pedófilos o corruptos. Siempre es así.

TWITTER Y LA OPRESIÓN INFORMATIVA
RS:
Deseaba preguntarte una cosa más. Cuando todo pasó, ¿cómo te enfrentaste después con tu vida? Es como cuando una persona sobrevive al cáncer, por ejemplo, que su vida cambia para siempre, o como cuando tiene un hijo. ¿Cómo ha sido para ti? ¿O, al contrario, intentaste cancelar ese suceso de tu memoria?

RPA: Una de las primeras reacciones que tuve después de que me liberaron, fue hablar con mis amigos. Hablé con Diego Osorno y le dije: “Oye, pasó esto y lo que hacemos en el periodismo no sirve para nada”. Era una reacción de decir: “Voy a dejar esto porque no nos sirve, venimos a los lugares donde está la guerra, las situaciones de crisis y nosotros terminamos por pagar”. Fue mi primera reacción. Reflexionando, decidí seguir en este oficio. Tenemos la responsabilidad de echar luz en estos lugares. Aceptamos esta profesión como un deseo personal, nadie nos obliga a ser periodistas. Yo en lo personal digo que tenemos que seguir de alguna manera contando estas historias porque le hacen bien al país. No importa que se propague la idea de que México es un lugar en donde hay guerra y hay muchos conflictos —es cierto que también hay otras cosas en México—, pero esto que está pasando debe conocerse.

A nivel personal tuve otras reacciones. Por ejemplo, yo en ese entonces no tenía hijos. Ahora que llegó mi hijo soy muy feliz. En fin, el episodio de Tamaulipas me cambió la vida, veo la vida diferente, valoro cada año que pasa. El año de ese 3 de marzo lo cuento como un año más de mi segunda vida.

RS: Cuando te secuestraron, ¿tuviste la impresión de que te habías equivocado en algo, de que habías cometido algún error, de que te habían llevado por alguna falta tuya? A mí me pasa mucho eso. A menudo digo: “¿En dónde me equivoqué? ¿Cuál ha sido el error que me trajo a esta vida?”. ¿Crees que fuiste imprudente de alguna forma?

RPA: Si te pones a analizar los errores, en la cobertura sobre todo. Íbamos nosotros a un lugar que estaba en guerra; no sabíamos qué había detrás. No teníamos contexto de lo que estaba pasando en los cárteles. En Tamaulipas, a diferencia de otros lugares como por ejemplo Ciudad Juárez, es más difícil hacer periodismo, porque en Ciudad Juárez hay redes sociales, no internet, no Twitter, sino que hay estructuras sociales organizadas como ONG, organizaciones de ciudadanos en las que te puedes apoyar para obtener información. En Tamaulipas no hay esto. No hay ciudadanos organizados, es otra de las cosas por las cuales es más difícil hacer periodismo en Tamaulipas. Íbamos nosotros a buscar esos enfrentamientos, pero no íbamos con un plan definido de ir, buscar una historia en concreto y regresar.

La verdad es que estuvimos ahí demasiado tiempo. Transmitieron por televisión nacional trabajos que nosotros hicimos en Tamaulipas mientras seguíamos ahí y eso aumenta el riesgo. Eso te pones a analizarlo después de que estuviste secuestrado, pero en el momento, la verdad, el sentimiento que yo tenía era de resignación porque ya iba a morir.

Yo quería preguntarte, Roberto: tú ahora vives fuera de tu país, ¿esto es a raíz de las amenazas o es una decisión personal? ¿Cómo fue eso?

RS: Ambas cosas. Ya no podía soportar vivir bajo escolta, siempre sujeto a la protección, sintiéndome en una situación tan complicada, presionado, obligado a tomar parte en el debate político. Tenía poca confianza en las instituciones. Deseaba una vida nueva, y por eso ha sido necesario alejarme de Italia. Lo que más siento es que toda Europa está viviendo esta fuga, Italia, España, Portugal. Los españoles hacia Sudamérica, los portugueses hacia Brasil o África. Todo está pasando en silencio, con la Comunidad Europea que ve en esta emigración una forma para solucionar sus propios problemas. Estoy convencido de que mi historia es común. Yo tengo problemas con la Camorra, pero muchos jóvenes viven situaciones dramáticas que los obligan a huir, pensando que su futuro se encuentra en otra parte. Creo que esto nos hermana con los mexicanos, con los jóvenes que sueñan sólo con EUA, por ejemplo. El hecho de no poder desarrollarse en su propio país es algo que no todos pueden entender. Yo intenté y sigo intentando construirme una nueva vida, pero es imposible. Es que me enfrenté con la traición, con la sospecha, con los espías, con el lodo, con el poder político, con la corrupción. Y uno ya no puede seguir siendo lo que era antes. Es lo que quise entender de tus palabras: ya no serás el hombre que eras antes por lo que te ha pasado. No se qué piensas tú, y me interesa saberlo, pero, según yo, la única esperanza tal vez sea la unidad internacional de quienes cuenten todo eso, o sea mexicanos, italianos, portugueses, brasileños, alemanes… ¿Qué piensas tú?

RPA: Creo que eso sería ideal.

RS: Por supuesto, también por falta del dinero necesario para realizar un único periódico internacional. Pero sería posible conectar distintas experiencias editoriales pequeñas, medianas o hasta grandes. La red podría cambiar las cosas, pero, como decías tú, la web es también el reino del chisme, del clic rápido. Este asunto está cambiando el periodismo y eso me asusta. Porque los poderes criminales lo entendieron, entendieron que la denuncia está disminuyendo y que hay siempre menos inversión en eso. \\

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