Grillo y el M5S

En 2009 Beppe Grillo fundó el movimiento M5S, que ha cambiado los
cimientos de la política italiana y causado un terremoto en Europa. El
showman supo canalizar el malestar de una generación, muy formada y
digital, que aborrecía a Silvio Berlusconi y a la vieja guardia
política. Grillo los sacó de su casa, les dio esperanza y los convirtió
en partido político. En febrero de 2013, el M5S consiguió casi nueve
millones de votos en las elecciones legislativas; fue el partido más
votado de Italia. Entonces empezaron las traiciones, las dudas, las
camarillas. ¿Podrá el M5S sobrevivir al circo político italiano? Y, más
aún, ¿sobrevivirá a Beppe Grillo?

Por Catalina Gayà / Fotografía Italo Rondinella

"Ésta es la Tercera Guerra Mundial y, por eso, los ciudadanos dicen: 'Basta'".

"Ésta es la Tercera Guerra Mundial y, por eso, los ciudadanos dicen: 'Basta'".

“Ésta es la Tercera Guerra Mundial y, por eso, los ciudadanos dicen: ‘Basta'”.

El SMS llegó a las 00:27 horas del 13 de junio de 2013. “Hotel Milano Scala. Hora: 11. ¡Hasta mañana!”. Tras dos meses de correos, llamadas y mensajes a personas sin rostro, un tal Pietro Dettori firmaba la misiva: Beppe Grillo, el cómico y político revolucionario italiano iba a concederme la entrevista. El tren, el expreso que conecta Bolonia, donde estábamos el fotógrafo y yo, con Milán, donde estaba él, partía a las 8:10 de la mañana. El expreso es un tren caro en el que viaja la business people. El tren barato, sin aire acondicionado, sale a las horas del sudor. En Italia, el expreso tiene cada día más asientos libres.

En 2009, Beppe Grillo fundó el Movimiento 5 Estrellas (M5S), un movimiento de ciudadanos anónimos que en las elecciones generales italianas celebradas entre el 24 y el 25 de febrero de 2013 para elegir a los seiscientos treinta miembros de la Cámara de Diputados y a los trescientos quince miembros del Senado, logró casi nueve millones de votos (25.5% de las papeletas), obtuvo ciento nueve diputados y cincuenta y cuatro senadores. A ojos de la izquierda tradicional y de la prensa italiana y europea, el M5S se convirtió en el partido clave para crear una posible coalición de Gobierno para que el partido de Silvio Berlusconi, el Partido de la Libertad (PdL), que había obtenido seis millones de votos, se quedara fuera del juego político. Silvio Berlusconi, acosado por escándalos judiciales, había dimitido en noviembre de 2011 dejando una Italia en ruinas tras veinte años de berlusconismo, y la Comunidad Europea había impuesto un gobierno técnico encabezado por Mario Monti.

Con los resultados de esta elección general, ni Pier Luigi Bersani, candidato de la centroizquierda por el Partido Demócrata, ni Berlusconi consiguieron la mayoría en el senado, lo cual es imprescindible para gobernar Italia, cuyo ejecutivo depende de tener, o no, el control de la cámara alta. Pero Grillo se negó a pactar con otros partidos, aludiendo que no era ni de izquierdas ni de derechas.

Con aquel resultado electoral del M5S en febrero, Europa supo que si los ciudadanos indignados se organizaban, podían pasar de hacer ruido en las plazas de Madrid, Barcelona, Atenas y Lisboa a gobernar. El semanario más influyente de  Alemania, Der Spiegel, calificó, en marzo del 2013, a Grillo como “el hombre más peligroso de Europa”. Por primera vez desde que en Europa empezaron las protestas masivas de ciudadanos descontentos, había llegado al Parlamento un partido de ciudadanos sin protestas violentas y defendiendo un programa que tenía cinco pilares simples: agua pública, transporte, conectividad, medio ambiente y desarrollo.

Pero cuando el SMS apareció en mi teléfono, el M5S había perdido en las elecciones municipales de junio de 2013, apenas tres meses después de aquellos resultados gloriosos, la mitad de los votos. ¿Qué había pasado?, ¿cómo era eso posible? Los comentaristas políticos hablaban de crisis del movimiento, de que Beppe Grillo, el hombre que lo había fundado y que sin embargo no era candidato a nada, era más un estorbo que un conductor, que los votantes pasaban factura al M5S porque Beppe Grillo no había querido pactar con el partido el Partido Demócrata (PD).

De hecho, el mismo 13 de junio a la noche los informativos hacían eco de las palabras de una senadora del M5S, Adele Gambaro, quien, frente a las cámaras, había responsabilizado a Beppe Grillo de la debacle del movimiento. “Estamos pagando los tonos y la comunicación de Beppe Grillo, sus amenazas en el blog, sobre todo aquellas contra el Parlamento. Me pregunto cómo puede hablar mal del Parlamento si aquí no lo hemos visto nunca. Le invito a escribir menos y observar más. El problema del Movimiento es Beppe Grillo”. Grillo respondió el 11 de junio desde su blog, titulando un post “Cuando uno no vale nada”. En el post la invitaba a abandonar el Movimiento y la acusaba de haber hecho “declaraciones falsas y ofensivas” contra su persona. “En concreto, contra mi valoración sobre el Parlamento, lesionando además de mi imagen al mismo Movimiento 5 Estrellas”.

El blog de Beppe Grillo es uno de los diez más influyentes del mundo, según publicó el periódico británico The Guardian en 2008. Con ese post Grillo acababa de crucificar a Gambaro; le acababa de decir que, para él, ella ya no era parte de la comunidad M5S. ¿Era posible que, por lo que alguien publicaba en un blog, un político elegido por la gente tuviera que abandonar un partido? Sí. Más inquietante aún era el dato de que la decisión se tomaría en la red: en el blog de Grillo se armaría una especie de juicio digital donde los miembros del M5S decidirían si la senadora estaba fuera o dentro.

Grillo no da entrevistas a medios italianos, ningunea a los periodistas de su país, a quienes acusa de ser parte de la “casta política”. Los periodistas, claro, están enfurecidos. Hablé con tres y los tres me pidieron anonimato. Dos habían votado por el M5S: “Estoy harto de una izquierda que no hace nada”, habían argumentado ambos y habían aclarado que, para ellos, una cosa era Grillo y la otra, el M5S. El tercero, el que no había votado el M5S, dijo que Grillo era un “bufón” y que no se entendía su programa. Los tres detestaban a Beppe Grillo: “por las formas”, “por meternos a todos en el mismo saco”, “por lanzar críticas desde su blog a ciertos periodistas y enviarles trolls” y por, como pasaba últimamente, “grabar a los periodistas que entrevistan a los grillini [así llaman a los miembros del M5S] y criticar la edición que sale publicada echándonos los trolls“. Hace siete años que Beppe Grillo sólo habla con medios extranjeros, grita en las plazas de las ciudades italianas frente a millones de personas y habla a través de su blog o desde un canal web llamado La Cosa, que se alberga en su blog y desde donde se retransmiten en directo las asambleas del M5S. El blog de Beppe Grillo se ha convertido en foco de atención de los medios y en un foro en el que, según él, “están inscritas trescientas mil personas y vota quien quiera votar”.

En el 2004, Beppe Grillo no sabía qué era un blog. Fue Gianroberto Casaleggio, un emprendedor milanés, especialista en marketing con despacho en Milán, quien lo introdujo en los entresijos de la red. Lo contará durante la entrevista que le haré en Milán: él había acudido a la oficina de Casaleggio porque había leído un libro suyo y quería que le hiciera una página web. Grillo aún era el cómico que, desde hacía treinta años, llenaba teatros y plazas criticando al gobierno en unos espectáculos de sátira política en los que denunciaba la corrupción política con nombres y apellidos. Por eso lo habían expulsado de la televisión italiana a principio de los noventa, cuando su show tenía dieciséis millones de espectadores. Casaleggio le aconsejó hacerse un blog. Grillo salió “enamorado” del milanés.

Casaleggio y Asociados es el autor de un video apocalíptico y conspirativo que corre en internet desde 2008, en el que vaticina que el 14 de agosto de 2054 —un siglo después del nacimiento del propio Casaleggio—, empezará “un nuevo orden mundial”: Gaia, lo bautiza. En Gaia, cada persona tendrá una identidad digital (“o no existirá”) y podrá participar en las decisiones a través de Earthlink, de la red, y cualquier ser humano “podrá ser presidente”. No será fácil llegar a este nuevo orden: antes se librará una guerra mundial que mermará la población a mil millones de personas. En ese 2054 no habrá ni partidos ni políticos ni ideologías ni religiones, y serán las personas las que ejercerán el poder a través de la democracia directa articulada en la red.

Grillo se fue del despacho de Casaleggio con una promesa: el blog, beppegrillo.it, sería uno de los más leídos del mundo. Un año después, Grillo había convertido ese blog en una plaza pública. Iba a una ciudad y en su blog los ciudadanos explicaban qué corruptelas había. Si eran varios los ciudadanos que denunciaban lo mismo, Grillo lo denunciaba sobre el escenario.

En septiembre de 2005, se organizó una colecta entre los lectores del blog para que Grillo pagara una página de publicidad de La Repubblica exigiendo la dimisión del gobernador del Banco de Italia por un escándalo de corrupción. En octubre de 2005,  la revista Time lo eligió como “héroe europeo”, señalando que utilizaba “su humor potente y de alto calibre para indagar en los problemas sociales que los políticos no quieren tocar”. En noviembre de ese año, compró una página entera de publicidad del Herald Tribune pidiendo la dimisión de los miembros del Parlamento imputados en casos de corrupción. Las discusiones en el blog, según me diría después, “se convirtieron en un foro en el que llegaron a participar ochocientas mil personas que debatieron sobre cinco o seis proyectos: energía, economía, movilidad, WiFi”. Con ese material se elaboró un documento y el cómico lo envió a Romano Prodi, que hasta 2008 fue primer ministro de Italia. Pero, según Grillo, Romano Prodi no entendió nada: “No sabía qué era Skype o qué significaba meter en open source a todas las alcaldías. No era mi proyecto, era de la red, yo sólo lo recogí y lo llevé a estas personas, pero ellos no entendieron nada. Yo entendí que la red permite juntar inteligencias de todo el mundo. Yo sólo soy un facilitador, un divulgador de conceptos de gente que tiene huevos”. En el mismo año empezó una campaña que bautizó como Parlamento Pulito (“limpio”) y que consistía en ir de plaza en plaza por toda Italia, culpando a Alemania “de enriquecerse a costa de Italia, España y  Grecia”, criticando la “austeridad falsa e impuesta por una Europa que no es una comunidad”. Los indignados españoles y griegos lo aplaudían. Sostenía que el problema de Italia era el déficit, que había que celebrar un referendo para saber si los italianos querían permanecer en la zona euro. Hasta aquí, en realidad, el discurso no era nuevo: ni una coma de diferencia respecto a los movimientos de indignados del 15M, en España.

El cambio sucedería dos años más tarde, el 14 de junio de 2007. Ese día Grillo organizó un VDay, un vaffanculo day (literalmente “día de a tomar por el culo”), una jornada de movilización pública para la recogida de cincuenta mil firmas con el fin de  presentar una ley de iniciativa popular para impedir que los ciudadanos con condenas penales o aquellos que ya hubieran completado dos mandatos presentaran su candidatura al Parlamento. Desde un escenario situado en la plaza Mayor de Bolonia, Grillo se presentó gritando “vaffanculo” contra los políticos y, gritando con él, había dos millones de personas sin ningún tipo de bandera en la mano. Se reunieron trescientas treinta y seis mil firmas y “vaffanculo” se convirtió en su grito de guerra. Beppe Grillo ya era imparable pero aún no era un movimiento político. Ilusionaba a muchos italianos desencantados con la Italia que había construido Berlusconi a lo largo de veinte años y estaba consiguiendo algo que ningún partido político en el mundo había logrado: que treintañeros de clase media, sin militancia política ni social (y este punto es clave), con carreras, másteres, trabajo voluntario en Guatemala o en Vietnam, empezaran a interesarse por la política. Esos jóvenes italianos, como en toda Europa, formaban parte de una clase media que en el siglo XXI es sinónimo de precariedad e indignación: son los jóvenes europeos más preparados de la historia, pero no encuentran trabajo en sus países. En Italia, además, estos jóvenes habían crecido con Silvio Berlusconi, Il Cavaliere, con las velinas (modelos reconvertidas en parlamentarias europeas con cursillos exprés), con la mafia. Se habían hecho adultos, pero no habían tenido ningún tipo de participación o compromiso social hasta que Beppe Grillo llegó a la plaza de su ciudad y les dijo que ellos, y sólo ellos, podían cambiar las cosas. Eran publicistas, politólogos, biólogos, economistas, maestros, físicos, sociólogos, informáticos. Todos estaban conectados (la red es otra de las claves de este movimiento) y habían empezado a seguir el blog de Grillo, y a organizarse a través de la web. Ni politólogos ni partidos políticos supieron leer, al principio, que en esas plazas abarrotadas de jóvenes con ganas de participar, que protestaban por temas locales —en el valle de Susa contra la construcción del Ave Turín-Lyón; en Venecia contra la presencia de los cruceros; en Parma contra una planta incineradora—, se estaba gestando algo.

Finalmente, Beppe Grillo y Gianroberto Casaleggio, el hombre que le había prometido que su blog sería uno de los más leídos del mundo, fundaron el Movimiento 5 Estrellas (M5S). El M5S nació el 4 de octubre del 2009 y entró en el terreno político con un discurso y un programa que, en realidad, era un altavoz de las preocupaciones que motivaron la toma de las plazas en el sur del Europa hace sólo cuatro años: la corrupción, la necesidad de cambiar el sistema político y de fomentar la democracia directa, el agua pública, el transporte, la conectividad, el medioambiente y el desarrollo.

Meses después, en marzo de 2010, el M5S se presentó a las elecciones regionales en cinco de las 13 regiones y consiguió cuatro concejales. Dos años después, en las elecciones locales de 2012, ya se situaba en  las encuestas de opinión nacionales en segundo lugar, por detrás del partido de centroizquierda PD, y por delante del PdL de Berlusconi. Federico Mello, periodista de Il Fatto Quotidiano, escribió en un ensayo que tituló “Bajo las estrellas de Grillo”: “Es la esencia del populismo: decirle a cada uno lo que quiere escuchar. En sus mítines recurre a temas de interés general, pero nunca adopta posiciones coherentes y claras sobre las cuestiones que dividen a derecha e izquierda. Por ejemplo, grita contra las tropas en Afganistán, pero no porque sea pacifista, sólo quiere ahorrar. Así abarca todo el abanico del descontento sin alejar a ningún potencial elector”. Fue entonces cuando se empezó a hablar de Grillo y los grillini en toda Europa, y el M5S se preparó para las elecciones nacionales de febrero de 2013, en las que Beppe Grillo no fue candidato (no puede: tiene antecedentes penales porque fue acusado de homicidio en 1981 tras un accidente de tránsito en el que murieron tres personas, y una de sus principales batallas consiste en denunciar a quienes ocupan cargos públicos y tienen antecedentes penales). Aun siendo “el padre” del M5S, era un padre sin candidatura. Empezó la campaña nacional (el tsunami tour, lo bautizó) y recorrió Italia en una caravana. El 10 de octubre cruzó a nado el estrecho de Messina en una puesta en escena que lo situó como el héroe del pueblo y con la que pretendía demostrar la inutilidad de un puente entre Calabria, al sur de Italia, y la isla.

Las críticas a Grillo empezaron a hacerse ácidas. En Italia, los medios, en un discurso casi unánime, lo describían como un demagogo; los movimientos sociales de izquierdas, muy presentes en la vida de las grandes ciudades italianas, se burlaban diciendo que los grillini no sabían nada de lo que sucedía en la calle, que era una generación de apolíticos devenidos militantes sociales advenedizos.

En diciembre de 2012, en el seno del M5S se celebraron elecciones primarias en forma de casting virtual, en vista a las elecciones de febrero: cualquier miembro del movimiento podía presentar su candidatura subiendo al blog de Grillo un video en el que explicara qué quería y quién era. La única condición: no tener antecedentes penales, aceptar que su candidatura sólo sería por un máximo de dos mandatos y que estaría de acuerdo en renunciar a los reembolsos electorales (después de las elecciones de febrero de 2013 devolvieron cuarenta y dos millones de euros) y que se bajaría un 10% del sueldo neto. Los grillini elegidos se comprometían a cobrar dos mil quinientos euros netos y a crear un fondo de solidaridad con el resto.

Para entonces, hacía quince meses que Mario Monti estaba al frente de Italia, y seguía a rajatabla las exigencias de austeridad de la canciller alemana, Angela Merkel. Silvio Berlusconi, fuera del escenario político público, se enfrentaba a un proceso judicial por evasión fiscal. Viendo los videos del casting del M5S, hay tres temas que se repiten en todos los perfiles: un rechazo visceral a la clase política dirigente, la protesta por la austeridad impuesta por Europa, y el ensalzamiento de la gente de a pie como la única posibilidad de cambio político y social. Del tres al seis de diciembre, los grillini registrados eligieron a los ciudadanos de su circunscripción con un clic. Era la misma mecánica que en Gaia, el video futurista de Casaleggio y Asociados que circulaba por la red, pero treinta años antes, en 2012 y no en 2054. En las elecciones de febrero de 2013, como quedó dicho, el M5S se convirtió en la primera fuerza política del país y devino la clave de la gobernabilidad de Italia, todo eso con un programa que recogía las propuestas que los ciudadanos comunes habían hecho en los videos. El 25 de febrero de 2013, el día que el M5S ocupó el Senado y el Parlamento, Grillo lanzó en Twitter, donde lo siguen novecientas mil personas: “La honradez estará de moda”.

Yo no sabía dónde situar a Grillo. Representantes de movimientos sociales de Génova, Roma, Milán, me habían dicho que Grillo era “un bufón”, “una campaña de marketing“. Otros, en cambio, lo veían como un revolucionario único en el panorama europeo. Grillo me provocaba perplejidad: abogaba por un control de la inmigración y, al mismo tiempo, hablaba de democracia directa. Había abierto la puerta del neofascismo italiano diciendo que cualquier joven de Casa Pound, una institución que se autodefine como “fascismo del tercer mileno”, era bienvenido al M5S, y, en paralelo, hablaba de un mundo más sostenible y más justo.

El 25 de febrero, el mismo día de la victoria del M5S en las elecciones legislativas, el colectivo de escritores Wu Ming, que se autocalifica como izquierda social, reflexionaba en el sitio web de la revista Internazionale diciendo que el M5S había nacido para “ocupar un espacio vacío” en la política y para “mantenerlo vacío”. Decían que el discurso que envuelve al M5S es superficial y, que tras una “retórica revolucionaria, se esconde una apología al capitalismo hecha por ‘un millonario’, Grillo, y un especialista en publicidad, Casaleggio”. Aludían a que, en el programa del M5S, “coexisten propuestas liberales y antiliberales” y sostenían que para dilucidar qué haría el M5S había que entender el papel de Grillo y Casaleggio en el movimiento: más que incendiarios, tal y como habían sido calificados por la prensa, “son bomberos” y “defienden el sistema”, antes que querer acabar con él.

Tras la victoria del M5S, el 25 de febrero, y hasta el 27 de marzo, Pier Luigi Bersani, líder del Partido Democrático (PD), buscó al M5S para firmar un pacto de gobierno. Eran, en un principio, como mínimo, dos fuerzas políticas contrarias a Silvio Berlusconi, cuyo partido, el PdL, había conseguido increíblemente seis millones de votos en esas elecciones. Ese mes fue agónico, y dejó a Italia y a cualquiera que siguiera la política italiana exhausto. El premio Nobel Dario Fo llegó a pedir a Grillo que se entendiera con Bersani. El M5S reivindicó que no era un partido político, que no era ni de izquierdas ni de derechas y se negó a pactar con el PD, argumentando, en palabras de Grillo, que “votará en el pleno las leyes que reflejen su programa”. Hay un video que ayuda a esclarecer la estrategia política del M5S. El 27 de marzo, Bersani se reunió con los portavoces de la Cámara y del Senado del M5S para intentar forzar el acuerdo. Por primera vez en la historia, porque el M5S no hace reuniones a puertas cerradas, la reunión se retransmitió en streaming por exigencia del movimiento. En la retransmisión se ve cómo la diputada Roberta Lombardi, del M5S, se dirige a Bersani: “Desde hace veinte años vengo escuchando las mismas palabras y luego no se hace nada”. Es sólo una frase, pero la diputada del M5S deja claro que el M5S no cree en los políticos y los pone a todos en el mismo saco: a Silvio Berlusconi y a Bersani. Así fue como acabó toda posibilidad de un pacto. Pier Luigi Bersani, un político histórico, desparecía de la escena política.

Pablo Ordaz, corresponsal de El País en Italia, publicó el 28 de febrero, tres días después de las elecciones: “Pier Luigi Bersani, el candidato de centroizquierda, se mostró dispuesto a alcanzar un pacto con Grillo y éste le contestó a través de su blog: ‘Bersani es un muerto que habla. Lo que debe hacer es dimitir'”. En el blog de Grillo había una foto de una carta de una baraja napolitana. Era la figura del muerto y la cara de ese cadáver era la de Bersani. Al mismo tiempo, empezaron las dudas: ¿quién hacía política?, ¿los senadores y los parlamentarios del M5S en Roma, o Beppe Grillo desde su blog? ¿Cuál era el rol de Grillo en el movimiento?, ¿por qué presentarse a unas elecciones legislativas y ganar para después relegarse a ser oposición y renunciar a la posibilidad de llegar al gobierno? Como Grillo y los miembros del M5S no hablan con los periodistas italianos, no había respuestas, sólo suposiciones.

Finalmente, el 27 abril, el PD, con Enrico Letta al frente, pactó un gobierno de consenso con el PdL. El pacto dejó resquebrajada a la centroizquierda y a Silvio Berlusconi de nuevo en el poder, a pesar de enfrentar una condena por evasión fiscal, a pesar del bunga bunga, de sus fiestas con Gadafi, de las escorts en Milán; a pesar de la acusación por abusos a una menor.

Italia está crispada y quien dio el voto a Grillo se guarda de decirlo. Hasta pasada la medianoche del 13 de junio no tuve claro si mis correos electrónicos le llegaban, con quién estaba hablando para tramitar la entrevista y si realmente valía la pena haber viajado a Italia para escribir sobre un movimiento que aparecía en los medios como si fuera un circo y que, al parecer, muchos italianos no entendían.

El 14 de junio de 2013, en Milán, diecisiete minutos después de haber empezado la entrevista, Beppe Grillo amenazaba con dar por acabado el encuentro porque, dijo, las preguntas tenían el corte del “cotilleo italiano”. De hecho, utilizó la palabra pettegolezzo que, en italiano, suena bastante más simpático que lo de cotilleo.

Grillo había empezado con un apretón de manos y una disculpa. Empezábamos diez minutos tarde porque se había alargado con otra persona y se despedía de ese desconocido al mismo tiempo que nos saludaba. Estaba solo, en un hotel lujoso y funcional del centro de Milán: nada de seguridad, de asistentes, de secretarios, de jefes de prensa. Polo azul descolorido, despeinado, ojeroso y dispuesto a hablar con un medio mexicano “tanto como haga falta”. Era encantador, charming. Los meseros lo saludaban, uno le servía un café. La pregunta, o las preguntas que le molestaron, habían sido un intento de saber por qué los miembros del Movimiento 5 Estrellas que han expresado su desacuerdo con él han sido expulsados. Yo acababa de mencionar a Adele Gambaro, la senadora genovesa que había llenado los informativos y los talk shows la noche anterior, y Beppe Grillo se había enfadado. Apenas diecisiete minutos después de empezar la conversación, dijo que no entendía por qué una revista que se edita en Latinoamérica podía estar interesada en la senadora Gambaro. Que si ni siquiera él la conocía: ¿cómo pueden conocerla al otro lado del Atlántico? En verdad, nadie conoce a los “ciudadanos portavoces”, como se hacen llamar los representantes del M5S, pero los métodos del M5S generan dudas y preguntas.

Sentado en una mesa en el bar del hotel, Beppe Grillo empezó la charla diciendo que el M5S se había propuesto gobernar. “Lo haremos, eso seguro”. “Ésta es un democracia directa participativa y eso significa que los ciudadanos, por medio de un programa, se convierten ellos mismos en instituciones. No delegas, participas en tu ciudad. Esto nunca antes había sido difícil. Es un cambio de vida. No pedimos votos, pedimos participación ciudadana. En Italia, ya hemos ganado.”

—¿Siente la responsabilidad de ese 25.5%, nueve millones de italianos, que lo han votado?
—Es un 20% el que quería participar en el proyecto, el otro 5% son desilusionados que han votado por desesperación, esos votos no nos pertenecen.

—¿Y se siente a la altura de ese 20%?
—Absolutamente. No conozco a los candidatos y ése ha sido un error. Ahora estamos en la segunda fase, la de tener fuentes de referencia en las diferentes regiones y seleccionar una categoría de personas que puedan sostener y gobernar un país que está en ruinas. En el Parlamento hay treinta parlamentarios condenados.

—¿Qué ha pasado con la senadora Gambaro, la senadora que lo responsabilizó de la debacle electoral y que usted ha invitado a salir del partido?
—Usted tiene que entender el scouting del PD. Bersani está trabajando con los jóvenes, entonces tienen que inventar que yo soy un dictador. Yo ni siquiera la conozco [a la senadora Gambaro]. Yo estoy ahí para que se respeten una serie de reglas.

—¿Qué reglas?
—No tener antecedentes penales, ser residente en la ciudad para empezar a hacer política en el territorio, estar de acuerdo en devolver parte del dinero que cobras y no estar por más de dos legislaturas. Si no respetas estas reglas, te quedas fuera. Yo no soy el que los echa, yo no puedo sacar a nadie, es el movimiento quien te echa.

—Pero no niegue que lo que dice en su blog tiene mucha fuerza en el movimiento.
—El peso del movimiento no depende del blog. Si aceptas las reglas, bien; si no, te vas a otro partido.

—¿Habrá un momento en que el M5S tendrá su blog y usted cerrará el suyo?
—El problema no es el blog, el blog ya estaba antes del Movimiento.

—Pero su blog tiene fuerza…
—Mi blog es una fuente de información, mi blog no es la línea exacta del movimiento. Lo que digo yo no es la línea del movimiento.

—¿Por qué la gente que hace años que trabaja en la calle no lo apoya?
—Eres una free lance. Se acabó la entrevista. El corte de la entrevista es de pettegolezzo italiano.

Beppe Grillo se calla. Ya no me mira a los ojos. El remolino de energía, palabras, gestos, las sonrisas ahora son pura ira.
—El problema no es el movimiento. El problema es que aquí ha habido un golpe de Estado con el beneplácito de los medios de comunicación. Se han puesto todos en nuestra contra porque representamos un problema europeo, no italiano. Tenemos fuego enemigo por todos lados, sobre mi persona, sobre mi familia, sobre los chicos, amenazas.

—La gente tiene dudas y los periodistas preguntamos.
—Este movimiento es fácil de entender: ha traído una revolución cívica, de cultura, no de política.

—¿Cómo explicaría el M5S en México?
—Nosotros somos Tupamaros. Estamos en guerra y somos ciudadanos con el casco de guerra puesto. Ésta es la tercera guerra mundial y, por eso, los ciudadanos dicen: “Basta”. Somos los revolucionarios más pacíficos del mundo. Hemos hecho una lucha en las plazas firmando con nuestros carnets de identidad y hemos llegado al Parlamento de manera democrática.

—Cambian los jugadores. ¿Cómo cambia el juego?
—Hay que cambiar desde adentro. Yo no me esperaba esto. Hemos presentado decenas de propuestas de leyes y no ha salido nada. Los medios de comunicación están pegados al poder, nunca he visto algo así. Yo preveía que me atacaran, que el sistema reaccionara, pero no de manera tan compacta. La guerra viene de lejos.

—¿De dónde?
—Cuando quieres discutir la deuda tienes que decir que no pagamos o que lo hacemos a plazos. Correa dijo que la deuda era inmoral y ganó en los tribunales.

—¿Qué diría si gobernara?
—Que no podemos pagar la deuda, entonces el problema es tuyo.

—¿Se retirará usted en algún momento?
—Despacito, despacito me iré de las plazas e irá otra gente. Me quedaré como el papá del movimiento. Yo espero que la gente abrace el proyecto, la palabra líder es infantil. Yo solo he tenido que empujar el movimiento, pero ha valido la pena.

Hace cinco años que Beppe Grillo llenó la Plaza Mayor de Bolonia con dos millones de personas. Seis años después, un día cualquiera de mediados de junio, la Plaza Mayor de Bolonia es como cualquier otra plaza del sur de Europa, con o sin crisis, con o sin Grillo: corrillos gritones sentados en las terrazas bebiendo cerveza, niños con helados o con monopatines, gente que espera, como yo, frente a la estatua de Neptuno.

A un lado de la plaza, varios operarios montan una gran pantalla de cine. Cada verano se celebra “Bolonia bajo las estrellas”, una muestra de cine de autor. Al otro lado está el Ayuntamiento, de piedra roja como lo fue hace ya varias décadas esta ciudad universitaria donde imparte cátedra Umberto Eco.

Conocí a Federica Salsi mientras estuve varada en Bolonia esperando el SMS que me llevaría a Grillo. También por eso encontré a Giovanni Favia en el Consejo Regional, tras concertar una cita con una secretaria. A uno y al otro los echaron del M5S. A Favia en septiembre de 2012, a Salsi, un mes después, en octubre. No se fueron de la escena política, siguen en sus cargos, pero Grillo les pidió que no utilizaran los símbolos del movimiento.

Federica Salsi ocupa un puesto de concejal en el Ayuntamiento de Bolonia desde 2011. Entró al M5S cuando escuchó a Grillo en la plaza de Bolonia; antes, nunca había participado ni en política ni en ningún movimiento social. Era una ciudadana italiana más: harta de Berlusconi, apolítica, enfadada con los políticos, publicista y diseñadora gráfica de formación, trabajaba en una tienda de grafismo, era madre. Ahora, dijo, está “sola”, y yo la encontré totalmente sola en una parte del Palacio de Accursio.

El 30 de octubre de 2012, Federica Salsi apareció en el talk show de Ballarò, de la cadena pública RAI3, y habló del M5S. En el vídeo, Salsi justifica el fondo de solidaridad creado por el M5S. Al día siguiente, Grillo escribió en su blog: “El punto G, el punto que te da el orgasmo en los salones de los talk shows. Es el tan esperado cuarto de hora de celebridad, como describía Andy Warhol. En casa, los amigos, los parientes aplauden conmovidos compartiendo la emoción de una efímera celebridad”. Salsi había salido de la órbita de Bolonia, había ido a un programa de televisión de retransmisión nacional por iniciativa propia. Y por ese comentario de Grillo, la carrera política de Salsi en el M5S se había acabado. Grillo nunca habló con Salsi, nadie se lo notificó oficialmente: con ese comentario en el blog, el M5S dio por sentado que Salsi estaba fuera del movimiento y ella —dijo en la entrevista que le hice— empezó a recibir correos intimidatorios, amenazas, y sus compañeros del M5S en la alcaldía de Bolonia le hicieron el vacío. Desde octubre hasta junio, Federica Salsi explicó mil veces cómo le sentó que Grillo hubiera dicho, según ella, que había acudido “a la televisión para tener un orgasmo”. Me lo explicó a mí; comparó la actitud de Grillo con Berlusconi, pero las palabras más duras de Salsi fueron para Gianroberto Casaleggio. Según dijo, Beppe Grillo está “al servicio” de Gianroberto Casaleggio y el M5S es un ‘proyecto de marketing‘ de éste último que tiene como fin último controlar a las personas, controlar su opinión.

—¿Por qué querría eso el señor Casaleggio?
—Para poder vender el formato a otros países, para ganar dinero. Italia es su laboratorio.

—¿Por qué cree que la atacaron?
—Porque salí del contexto de la red, que Grillo y Casaleggio controlan. Y tuve visibilidad más allá de Bolonia.

—¿Se lo esperaba?
—No.

No era la primera vez que Salsi —de treinta y ocho años, licenciada en publicidad— y Grillo chocaban: dos meses antes ella había denunciado la inexistencia de una democracia real en el M5S cuando el movimiento expulsó a Giovanni Favia.

En la otra punta de Bolonia, en el edificio del Consejo Regional de Bolonia, entrevisté a Giovanni Favia. En 2010, se había presentado como alcalde de Bolonia por el M5S. En la red hay fotos de Grillo junto a Favia, los dos llevan camisa azul, los dos sonríen. Favia trabajó con Grillo en algún teatro como técnico. Favia se quedó en silencio cuando empezó la entrevista. Luego, hizo una mueca: no le interesaba hablar del M5S, de sus inicios, de cómo se había involucrado en el movimiento; quería hablar del M5S ahora. Y el M5S es, según Favia, “un instrumento de propaganda”, cuyo ideólogo es Gianroberto Casaleggio, “un profeta de la red, un manager fallido, uno que entiende la política como un producto”. El 6 de septiembre del 2012, Favia apareció en un programa de televisión, Piazza Pulita, un programa de debate político. Ahí, me dijo, había criticado a Gianroberto Casaleggio off the record, y en Piazza Pulita pasaron al aire esa grabación: eran palabras duras contra la falta de democracia en el M5S. Tres meses después, Grillo le pidió a Favia que no utilizara ni el logo ni el nombre del M5S.

El tren iba abarrotado y todos sudábamos. Se detenía en todas las paradas. Por las ventanillas se colaban imágenes de  campos dorados, surcos perfectos, sin presencia humana. La Emilia-Romaña es ahora tierra de agricultores urbanos, de tractores, de máquinas. Aquí y allá hay caserones o almacenes de trigo abandonados. Algunos fueron refugio de partisanos durante la Segunda Guerra Mundial. Yo escuchaba la grabación con la entrevista de Beppe Grillo: “La honestidad es un tic. No me la ha enseñado mi padre, lo he visto en su comportamiento. Tenemos que recuperar el espíritu de nuestros padres: ellos se encontraron un país estropeado, en ruinas, y lo levantaron”. El fotógrafo, Italo Rondinella, me traducía la conversación.

—Y de la abuela, ¿qué dice?
—Que su abuela decía que antes las casas tenían un frigorífico para toda la vida, era el que daba afuera, al fresco, que cuando se vendía la casa, se vendía con el frigorífico porque duraba para toda la vida.

Entonces, una chica sentada enfrente nos preguntó:
—¿Hablan de Grillo?

Otro hombre, sentado detrás, no esperó ni un segundo:
—¿De Beppe Grillo? —preguntó, y se cambió de asiento.

El hombre había votado al Partido Comunista en los setenta y en los ochenta. Durante las dos décadas de berlusconismo había dejado de votar y ahora creía en Grillo: le había dado su voto, pero quería saber quién era. Ella, de izquierdas, no se fiaba ni de Grillo ni de los grillini, le parecía que nunca habían hecho nada, que eran nuevos en el terreno político.

En algunas paradas, al tren se subían jóvenes con pancartas. Iban a Parma, a la manifestación contra el alcalde Federico Pizzarotti, del Movimiento 5 Estrellas, el primer alcalde del M5S de una ciudad importante. Federico Pizzarotti, 39 años, informático de profesión, seguidor de Grillo desde que el cómico visitó Parma, miembro del M5S desde febrero del 2009 y alcalde desde mayo de 2012, accedió a la entrevista con una sola llamada.

La mala gestión de los años anteriores, una supuesta red de cohechos y favores entre administradores y los poderes económicos que hundieron a una ciudad rica en una deuda de casi mil millones de euros, ayudaron a que el M5S se hiciera con la victoria. Lo que hacía Pizzarotti era observado por toda Italia. Parma era el laboratorio del M5S: era un ejemplo de éxito para los grillini, y un ejemplo del fracaso para los críticos del M5S, ya que Pizzarotti había dado luz verde a la inauguración de una planta incineradora de residuos mientras que en la campaña electoral la había criticado.

Una semana antes de la manifestación en su contra, el mismo Pizzarrotti había accedido a concederme una entrevista en su despacho del Ayuntamiento. Estaba abarrotado de cuadros de nobles en carromatos porteados por sirvientes con peluca. Pizzarotti se acababa de comer una pizza —había entrado al despacho con la caja de cartón característica del take-away— y calzaba deportivas. La entrevista iba de lo local a lo nacional. Decía que el Parlamento “es un punto de partida, no de llegada; la estructura a nivel nacional está por construir. Lo mejor es que nosotros no tenemos una ideología, explicamos con los hechos, queremos que los ciudadanos participen”. Aseguraba que Grillo no se metía en las decisiones de la alcaldía, que sin Grillo no estarían donde están, pero no respondía si el cómico era una sombra para el M5S. Solo decía que el blog de Beppe Grillo no era el M5S. En un año y un mes como alcalde, el informático parmesano ya había aprendido a esquivar preguntas.

Fue el mismo Federico Pizzarotti quien me dijo que había una manifestación convocada para el siguiente sábado. Él se reuniría con algunos de los periodistas más importantes de Italia en una sesión de puertas abiertas y, a esa misma hora, por las calles de esa ciudad, habría una manifestación contra la puesta en marcha, en marzo, de la planta incineradora de residuos cerca de la ciudad. Acusaban a Pizzarotti de no cumplir una promesa electoral, pero Pizzarotti dijo que él nunca había prometido que la incineradora no se pondría en marcha. Sin embargo, durante la campaña electoral que llevó a Pizzarotti a la alcaldía, Beppe Grillo había gritado por las calles impolutas de esta ciudad ducal: “La incineradora se construirá por encima del cadáver del alcalde”.

La tarde de la manifestación, el zumbido de un helicóptero resonaba por toda Parma. Los parmesanos que paseaban oteaban el cielo, hacían gestos de desaprobación con la cabeza y seguían, vestidos de punta en blanco, como se estila en Italia cada día de la semana. La protesta era un hecho insólito en una ciudad del norte, palaciega, adoquinada, en la que las bicicletas circulan por todos lados y en la que hasta los acordeonistas que piden limosna en la calle interpretan a Verdi. En la calle, unas trescientas personas, muy pocos parmesanos, gritaban contra Grillo, contra Pizarrotti, contra Berlusconi. “Quememos la incineradora”, gritaba un treintañero de un centro social de Venecia, megáfono en mano. “Fuera Pizzarotti”, decía otro venido de Nápoles. Humo, gritos, ruido, el helicóptero. Nada de eso cuadraba con Parma, una ciudad cuyo principal problema eran “los hoyos en las calles”, y donde Pizzarotti había “cerrado el centro a los coches”.

Hasta el palacio del gobernador no llegaban los gritos. En una sala había un escenario, sobre él seis sillas y, frente a éste, unas cien personas. Una asociación cultural había propuesto el debate entre el alcalde Pizzarotti; el portavoz del M5S en Parma, Marco Bosi (informático); el vicepresidente de la cámara de Diputados del M5S, Luigi Di Maio (jurista de profesión); el periodista Maurizio Chierici; Corrado Formigli, el presentador del programa Piazza Pulita; el director de Il Fatto Quotidiano, Antonio Paderallo, y el periodista del Corriere della Sera, Emanuele Buzzi. El tema: la “difícil relación” entre medios y el M5S. Bosi, el portavoz del M5S en Parma, dijo que no les importaban “las editoriales en su contra, pero sí la información distorsionada, poco rigurosa”. El público aplaudía cada vez que Bosi o Pizzarotti hablaban, y abucheaba a los periodistas. Antonio Padarello, director de Il Fatto Quotidiano contó que se había encontrado a Grillo en París. El estaba presentando el periódico ante poquísima gente y Grillo daba una charla rodeado de una multitud de jóvenes. Grillo lo vio y lo señaló con el dedo, y Padarello se asustó porque de repente miles de ojos lo tuvieron en la mira mientras Grillo gritaba contra los periodistas como él. Pero, dijo, el M5S era el único partido político italiano que había devuelto cuarenta y dos millones de euros al Estado apenas llegar al poder. Un hombre del público preguntó a Corrado Formigli, de Piazza Pulita, por qué los medios no hablaban de los problemas reales de la gente, por qué se dedicaban a enfrentar a los políticos, a convertir todo en show. La gente aplaudía y yo pensaba que esa misma pregunta la había escuchado en Roma, en Barcelona, en Madrid, en Atenas, en ciudad de México… Una y otra vez las palabras eran las mismas, idénticas a las de las plazas en Madrid o Barcelona: la plaza contra el palacio, el pueblo honesto contra la casta política corrupta. El debate duró dos horas. Cuando salí ya no había manifestantes ni helicóptero ni habían quemado la planta incineradora. Calma chicha y sol de junio. Unos chicos fumaban en la escalera de un teatro. Las terrazas se llenaban de gente como si todo lo sucedido hubiese sido un espejismo.

Desde finales de febrero hasta finales de junio, el M5S había acumulado ya ocho expulsados, entre ellos la senadora Gambaro, con un juicio digital. Silvio Berlusconi ha sido condenado formalmente a cuatro años de prisión por evasión fiscal, y ahora el debate en Italia se centra en que, si Berlusconi tiene que pagar la pena, el PdL romperá con la coalición de Gobierno. En Italia y Europa, el M5S es, para los indignados, un modelo de revolución social del siglo XXI y, para quienes se proclaman de izquierdas, un verdadero fiasco. Pero la mayoría ya se ha olvidado del movimiento. Es Beppe Grillo, el padre fundador que nunca fue candidato a nada, quien sigue acaparando el foco. //

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