Intriga en el barrio chino

El 15 de marzo de 2007, las autoridades mexicanas encontraron 205 millones de dólares en una casa de las Lomas de Chapultepec en la Ciudad de México. La suma, uno de los más grandes decomisos en la historia del crimen organizado, pertenecía al empresario chino Zhenli Ye Gon, conocido como “Míster Lee”. El periodista Sergio González Rodríguez
investigó el caso por años. Ahora publica “El robo del siglo” (Grijalbo), una “novela política sin ficción”. Una historia de ambición y violencia, que implica a personajes de la vida pública. En ella el poder, el secreto, el crimen y el delirio construyen una desmesura que linda lo increíble.

Por Sergio González Rodríguez / Ilustración Diego Huacuja T.

El personaje de La sospecha, novela de Friedrich Dürrenmatt, afirma que un investigador tiene el deber de cuestionar la realidad, y ha de proceder como los filósofos, quienes todo lo ponen en duda. El gran arte del criminalista consistiría en descubrir lo simple.

Al comienzo de su gestión en 2006, el presidente Felipe Calderón Hinojosa resolvió delegar el combate al tráfico de drogas al ingeniero mecánico Genaro García Luna, a quien nombraría secretario de Seguridad Pública.

Este funcionario fue agente en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), luego coordinador general de Inteligencia para la Prevención de la Policía Federal Preventiva (PFP) y director fundador de la Agencia Federal de Investigación (AFI). Una trayectoria desde los sótanos del Estado al encumbramiento político.

La llegada de García Luna al gabinete de Calderón fue recomendada por Wilfrido Robledo, entonces vicealmirante, experto en inteligencia y superior suyo en el Cisen y la PFP. En 2006, Robledo estaba a cargo de la seguridad corporativa del Grupo Carso, de Carlos Slim Helú.

El propietario de la red de telecomunicaciones de mayor importancia en México y el hombre más rico del mundo requería asegurar la exclusividad del funcionamiento técnico y empresarial de la red interactiva de comunicación del gobierno mexicano en el área de seguridad, que al paso del tiempo se denominaría Plataforma México.

Un sistema de datos, voz, cartografía, videoconferencia, Radio RF, video de monitoreo en edificios estratégicos e información integrada sobre criminalidad e inteligencia con alcance federal, estatal y municipal. Todo en “tiempo real”.

La Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), que México firmó en 2005 y mediante el cual se adscribía al Comando de América del Norte del gobierno estadounidense (US Northern Command), imponía modernizar los protocolos y estándares de infraestructura y operación de las fuerzas armadas de México para homologarlos con los de Estados Unidos.

El Grupo Carso recibiría el contrato para realizar la red nacional de telecomunicaciones de dicha instalación, imprescindible para el cumplimiento del compromiso con el vecino país del norte. Un negocio de 500 millones de dólares.

El presidente Calderón desplazó a los militares y marinos de la dirección estratégica de su gabinete de seguridad y depositó ésta en manos de García Luna, quien recibiría improcedentes recursos financieros y atribuciones novedosas para coordinar la guerra contra el narcotráfico que, en enero de 2007, anunció el propio Calderón.

Nunca antes en México un funcionario civil tuvo tanto poder en asuntos de seguridad, situación que concitó el rechazo de sus rivales: los militares.

Aquellas medidas de Calderón ocasionaron que la fiscalía federal perdiera atribuciones, cuando su corporación policial (la AFI) fue absorbida por la Secretaría de Seguridad Pública. Las tensiones del poder se desataban en busca de alianzas, secretos y engaños.

Calderón desconfiaba de la pgr desde que supo que su titular, Eduardo Medina Mora, vinculado a la principal televisora privada, Grupo Televisa, había indagado la existencia de un hijo de Calderón fuera de su matrimonio oficial con Margarita Zavala.

Durante el periodo en el que fungió como secretario de Energía en el gobierno anterior, Calderón comenzó a fraguar su candidatura presidencial para 2006, alentado por representantes de los intereses geopolíticos de Estados Unidos vinculados al sector energético, quienes deseaban una continuidad rigurosa de lo pactado en el ASPAN en dos temas estratégicos: seguridad y energía. Calderón se entregaría a lo primero y sentaría las bases de lo segundo.

La operación contra “Míster Lee” era la primera prueba para México en el nuevo pacto de cooperación con Estados Unidos.

De acuerdo con las autoridades mexicanas, Míster Lee operaba mediante tres empresarios a cargo de los trámites aduanales y la distribución de los productos químicos en oficinas y establecimientos comerciales, como ejemplificó la fiscalía mexicana al citar el Centro de Belleza Imagen, que funcionaba como spa, o empresas de seguridad privada como Servicios Interestatales de Custodia. Para operar su red distribuidora —se insistió—, Míster Lee sobornaba a funcionarios, policías y militares.

Hacia 2007, el enervante de mayor demanda en Estados Unidos era la metanfetamina, que llegaba allá transportada por los cárteles mexicanos. La DEA estimó que, sólo entre 2003 y 2004, hubo alrededor de 10 mil millones de dólares en billetes bancarios que fluyeron a México por concepto de tráfico ilegal de metanfetamina, lo que aunado al trasiego de las drogas tradicionales, alcanzó un estimado de 22 mil millones de dólares.

El conducto principal para el manejo de dicho dinero —afirmó la DEA— era el propio sistema bancario y financiero de México. El gobierno mexicano guardó silencio sobre estas acusaciones.

La DEA precisó además que 90 % de toda la droga que entraba entonces a Estados Unidos provenía de México: Míster Lee era sólo uno de los importadores de sustancias susceptibles de ser usadas para fabricar drogas sintéticas. La detección de aquella materia prima procedente de China, implicó para la DEA crear equipos de localización de laboratorios clandestinos.

Su estrategia consistía en rastrear la producción y distribución de los embarques sospechosos a través del Programa Prism de espionaje satelital y de telecomunicaciones, proporcionado por el FBI, la CIA y el Pentágono.

En términos de mercancía, un kilo de metanfetamina requiere de un kilo de efedrina, pero cada tableta de efedrina sólo proporciona algunos miligramos básicos, de allí la urgencia de contar con grandes cantidades de aquellas tabletas. Aunque los laboratorios domésticos tienden a multiplicarse, los grandes laboratorios son los más eficientes en producir la droga sintética.

El operativo de inteligencia de la DEA para capturar a Míster Lee exigió que las autoridades mexicanas indagaran la génesis de la red atribuida al empresario farmacéutico.

Las primeras informaciones descubiertas, que datan del año 2000, revelaron la complicidad de funcionarios de alto nivel en áreas de salud, aduanas y servicios aeroportuarios, una red que favoreció no sólo a Míster Lee, sino al cártel de Sinaloa/Pacífico, encabezado por Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, fugitivo de una cárcel mexicana desde el comienzo del gobierno de Vicente Fox Quesada (2000-2006), y reapresado en 2014.

La operación contra "Míster Lee" era la primera prueba para México en el nuevo pacto de cooperación con Estados Unidos.

La operación contra “Míster Lee” era la primera prueba para México en el nuevo pacto de cooperación con Estados Unidos.

La transición a la democracia en México tuvo siempre su contraparte en la corrupción institucional y el auge de los cárteles de la droga que fortalecieron la economía mexicana.

A lo largo de su gobierno (2006-2012), el presidente Calderón recibió diversas amenazas de muerte del crimen organizado: unas fueron mensajes explícitos; otras, mensajes sesgados. Incluso su gabinete estratégico, que ocupaba a los mandos del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y el ramo de inteligencia y seguridad pública, llegó a conocer acerca de un plan para atentar contra el avión presidencial. Fue la peor amenaza.

Días después del decomiso de los 205 millones de dólares, Felipe Calderón Hinojosa recibió amenazas de muerte, tal como reveló a la agencia de noticias Reuters.

Quizás el temor a morir en un atentado llevó al entonces presidente a ratificar el último día de su gobierno, mediante una reforma de ley, la decisión de que él y su familia recibieran seguridad militar vitalicia consistente de 425 integrantes de las fuerzas armadas. Arrumbó su reiterada afirmación de estar dispuesto a dar la vida por México.

Felipe Calderón gustaba vestirse de militar y llegó a disfrazar a sus hijos de soldados para alguna ceremonia pública. Se veía como un civil militarizado.

En 2013, era el ex presidente más costoso para el país, al emplear a 19 personas a su servicio, sin incluir a los miembros de su escolta. El monto de tal nómina ascendía a 800 mil dólares al año.

En la nómina de Calderón se contaban un asesor técnico, Fausto Barajas Cummings, ex subsecretario de Infraestructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; una asesora jurídica, Gloria Escobar Garibay, ex directora de área y asesora del Secretario de la Función Pública; un asesor comunicativo, John Joseph Moody, ex director de medios internacionales de Los Pinos, y una asistente privada, Solange Madrona Concepción Masses, ex subdirectora de la Secretaría Particular.

Meses después de que dejara el poder, se supo que Calderón gastó más de 3 mil millones de dólares en propaganda gubernamental, sobre todo para legitimar su guerra contra el narcotráfico.

En tal gasto, las principales televisoras recibieron los mayores beneficios, voceros estratégicos de la versión oficial, como lo mostraron con el caso de Zhenli Ye Gon, quien fue incriminado y declarado culpable en diversos medios de comunicación sin mediar juicio alguno.

Nadie quiso recordar el principio de presunción de inocencia.

Durante la primera parte de su gobierno, el presidente Calderón tuvo un álter ego con el que se entendía mediante la sola mirada: Juan Camilo Mouriño, a quien conoció en 1996. Así eran de amigos.

Ambos fueron diputados del Partido Acción Nacional (PAN) entre 2000 y 2003, y Calderón lo invitaría a la Secretaría de Energía primero como asesor y después como subsecretario. Mouriño, economista de ascendencia española (nacido en Madrid, de padre gallego y madre mexicana), se convirtió en coordinador general de la campaña electoral de Calderón.

Al llegar a la presidencia, Calderón lo nombró jefe de la oficina presidencial, donde ambos quisieron implantar un estilo de gestión y convivencia imitado de la serie de televisión El ala oeste de la Casa Blanca (1999-2006), de Aaron Sorkin, incluida la existencia de un “cuarto de guerra” y su mesa en forma de herradura que difundió aquel relato. Una aspiración imposible y reveladora.

Felipe Calderón se proyectaba en el papel del presidente jovial y tenaz que personificó el actor Martin Sheen, y veía en Mouriño una mezcla del hábil auxiliar del jefe del staff en la serie (Bradley Whitford) y el brillante adjunto de comunicaciones (Rob Lowe). Meses después, designaría a Mouriño secretario de Gobernación, el cargo de mayor importancia ejecutiva después del suyo. Lo consideraba muy inteligente, capaz de tomar decisiones importantes y lograr los resultados deseados.

Desde los primeros meses de su gobierno, Calderón quiso pactar con los distintos cárteles de la droga en México. Un acuerdo que permitiera el control de las actividades delictivas. Y encargó a Mouriño que buscara un intermediario para convocar a una reunión secreta con los jefes de aquellos grupos.

El personaje elegido fue el general del Ejército mexicano Mario Acosta Chaparro, recomendado por el ex senador Diego Fernández de Cevallos.

A la convocatoria se unieron la Familia Michoacana y Heriberto Lazcano y Miguel Ángel Treviño, de Los Zetas. Después, acompañado por el propio Mouriño, dicho militar se entrevistó con Arturo Beltrán Leyva y con Joaquín Guzmán Loera.

Algunos narcotraficantes se negaron a reunirse con los enviados de Calderón, entre ellos Édgar Valdez Villarreal, y acusaron al gobierno de favorecer a la organización de Guzmán Loera.

Por medio de mensajes públicos denunciaron la corrupción de funcionarios como el secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna y su equipo más cercano: Luis Cárdenas Palomino, Édgar Eusebio Millán Gómez, Igor Labastida Calderón, Facundo Rosas Rosas, Ramón Eduardo Pequeño García y Gerardo Garay Cadena.

Al final del régimen, García Luna se convertiría en el funcionario más desprestigiado en la esfera pública por corrupto; al mismo tiempo, intocable. El guardián de los secretos y las operaciones sucias.

Aquel acuerdo nunca pudo realizarse. La guerra contra el narcotráfico cubriría el país y sus efectos estaban llamados a ser de larga duración.

Ya se sabe: toda trama del poder suele acontecer en la penumbra.

Durante el tránsito y la recepción de los envíos de materia química sospechosa a Míster Lee, el director de aduanas fue José Guzmán Montalvo, un funcionario de larga trayectoria en el ramo que se convertiría, con el paso del tiempo, en consultor privado para el comercio exterior.

Míster Lee había comenzado sus negocios mexicanos como importador de textiles procedentes de China, y pudo conocer la red burocrática de corruptelas en las aduanas.

El contrabando es un negocio enorme que entrecruza la corrupción oficial y el crimen organizado de alcance internacional. Su proveedor en China solía ser Chifeng Arder Pharmaceutical.

Al inculpar a Ye Gon, la fiscalía ejemplificaba que un envío de cuatro toneladas de sulfato de pseudoefedrina le llegó desde Mongolia con la certificación del cónsul mexicano en China. En los documentos del trámite se consignaba que la sustancia era para “reventa”. Entre 2003 y 2005, Míster Lee obtuvo diversos permisos para importar hasta 60 toneladas de sustancias sospechosas.

En lo que respecta a la autorización sanitaria a Míster Lee, el director del área era Ernesto Enríquez Rubio, miembro del Grupo Atlacomulco. Entre él y sus subordinados, de acuerdo con la fiscalía, autorizaron 44 toneladas de pseudoefedrina al chino-mexicano.

Los permisos para instalar su planta en Toluca los expidió el gobierno de Arturo Montiel, otro miembro del Grupo Atlacomulco, tío del actual presidente de México, Enrique Peña Nieto.

En mayo de 2007, dos meses después del decomiso de cientos de millones de dólares en la Ciudad de México, Míster Lee publicitó una grabación en video en la que se declaraba inocente de los delitos de tráfico de drogas y explicaba la existencia del dinero en su casa como resultado de la extorsión de políticos y funcionarios vinculados al PAN.

El operador de aquello era Javier Lozano Alarcón (para entonces secretario de Trabajo), que le había obligado a guardar, desde mayo de 2006, 130 millones de dólares, cuyo uso tuvo que ver —afirmó— con la campaña electoral de entonces.

El resto de la cantidad decomisada, proveniente de comercio legal —insistió Ye Gon—, era de su propiedad.

La fortuna en dólares ocupaba ya el centro de la tragicomedia.

En la videograbación, Míster Lee repetía cómo Lozano Alarcón lo había amenazado debido a que él era un empresario importante: “Usted coopera o le damos cuello”, frase que, expresada con acento chino, resonó como una parodia que se volvería famosa: “Coopela o cuello”.

El funcionario negó aquella versión y desconoció cualquier nexo con Zhenli Ye Gon, quien para entonces residía en el distrito de Columbia, a salvo del acoso judicial por el momento.

El empresario farmacéutico había depositado la tutela de sus intereses en el abogado Martin F. McMahon, de Washington D. C., quien decidió que lo mejor era presentar a su protegido como un empresario respetable y desacreditar a los políticos mexicanos y sus corruptelas.

El abogado afirmó que Míster Lee estaba libre de todo cargo judicial y, entre otros datos, añadió que su cliente, a quien llamaba Charly, tenía tres hijos ciudadanos estadounidenses, y precisó que Míster Lee había padecido extorsiones en México muchas veces y que su decisión de salir del país se debía a que fue amenazado por los mismos extorsionadores.

Poco antes, las autoridades mexicanas habían anunciado la detención de un grupo de policías federales que extorsionaron y protegieron a Ye Gon y —afirmaron— a otra persona implicada con él: Juana Patricia Valdivia Caro, a quien secuestraron y robaron siete millones de pesos en 2006.

En 2 014 se sabría que los cuerpos de dos de esos secuestradores aparecieron en un paraje montañoso al sur de la capital mexicana: uno fue torturado y recibió tres disparos de arma de fuego en la cabeza; el otro, cayó a golpes de machete.

Durante un lustro, Míster Lee actuó como el estratega chino que ha examinado François Jullien en Tratado de la eficacia:
“El estratega chino parte de una evaluación minuciosa de la relación de fuerzas en juego para basarse en los factores favorables que implica la situación y explotarlos continuamente a través de las circunstancias que encuentra”.

Sería extraño que Ye Gon pasara por alto el saber taoísta de su cultura, el cual expresa que la victoria proviene de la situación en polaridad favorable-desfavorable, no de la persona en sí. Desde tal enseñanza, la situación había dejado de serle dúctil.

El 9 de julio de 2007, el gobierno mexicano inició un proceso para extraditar a Zhenli Ye Gon de Estados Unidosa México. Un camino incierto ante los contrastes geopolíticos y judiciales de aquel país. Comenzaba el desastre para Míster Lee. Se despedía de la riqueza corpórea y los billetes verdes del cuarto del tesoro en la mansión lejana.

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