juan manuel robles escritor

Mirko Zimic contra los bacilos mutantes / Hay Festival 2017

Cinco miradas novedosas a la realidad latinoamericana desde el Hay Festival Querétaro 2017. Juan Manuel Robles aborda el avance científico.

Por Juan Manuel Robles / Ilustración Diego Huacuja

Narrar un continente
Entre el siete y el 10 de septiembre se llevará a cabo una nueva versión del Hay Festival en México, por segunda vez en la ciudad de Querétaro. A comienzos de año, el festival presentó la lista Bogotá39-2017, una selección de autores menores de 40 años. Para celebrar estos dos eventos les pedimos a algunos de los escritores seleccionados que nos enviaran una muestra de su trabajo de no ficción. Los fragmentos que publicamos en este especial son cinco maneras diferentes de aproximarse a un continente y una mirada novedosa a la realidad latinoamericana.

Más información sobre el Hay Festival Querétaro 2017 y Bogotá39-2017 en hayfestival.org

* * *

Mirko Zimic es jefe de la unidad de Bioinformática y Biología Computacional del Laboratorio de Investigación y Desarrollo de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, en Lima, uno de los centros de estudios más importantes en medicina y ciencias del Perú, donde ejerce, además, como profesor asociado e investigador. El edificio en el que trabaja junto a su equipo es una construcción setentera, brutalismo de ángulos rectos, cuyos corredores no llamarían la atención si no fuera por la muestra permanente de huacos —esas cerámicas prehispánicas con formas humanas y de animales— que puebla el hall del segundo piso. Hay muchísimas piezas en exhibición, y también se hallan en otros compartimentos del edificio. La primera oficina que le asignaron a Zimic, en el 2002, era pequeñísima, y funcionaba, justamente, como depósito de huacos (lo que puede resultar inquietante para algunos pues, como se sabe, los cerámicos han sido extraídos de tumbas). Pero eso fue al comienzo. Con los años, vinieron los hallazgos y los reconocimientos, y hoy trabaja en un laboratorio amplio, lleno de computadoras y equipos sofisticados, en el tercer nivel.

Allí, Zimic se reúne diariamente con su equipo, que incluye biólogos, infectólogos, químicos, estadísticos, una matemática, un ingeniero electrónico, uno de sistemas, una psicóloga y estudiantes que colaboran eventualmente en alguno de los proyectos (hace un tiempo, se incorporó un especialista en mecatrónica). También está Patricia Sheen, la esposa de Zimic y microbióloga del grupo, que suele encerrarse en su cubículo con un letrero “no interrumpir” en la puerta, y guarda en el estante libros dificilísimos pero también, escondido, un ejemplar de Biología Molecular para dummies. En el primer piso, en el laboratorio de enfermedades infecciosas, trabaja Jorge Coronel, el encargado de tratar directamente mezclas y sustancias: lleva más de diez años así, observándolas en el microscopio. Katy Alba, la matemática, dice que, en lo que se refiere a identificar bacterias, los ojos de Coronel son para ella la medida de la perfección, el “patrón oro”: su vista es la vista de Dios.

(…)

A simple vista, Mirko Zimic es una caricatura graciosa: la cara rosada, la expresión de buena gente, los ojos caídos, unas cejas que parecen pintadas y un hoyuelo en el mentón. Eso le da una imagen inofensiva y también lo hace ver más joven de lo que es, algo que se acentuaría aun más si no fuera por los anteojos. Patricia Sheen, microbióloga, esposa y partner, suele ver a Zimic como un niño grande que se les acabara de colar en el laboratorio. Sobre todo cuando Mirko Zimic anda con incontinencias experimentales y se obsesiona con una nueva idea. Sheen dice que en esos casos tiene que detenerlo, porque él “se emociona” y “vuela”, y quiere empezar ya mismo a testear esa idea novedosísima, y al día siguiente, bien temprano, está en el edificio escribiendo el borrador del plan, incluso si aún no se han hecho pruebas empíricas que corroboren las premisas. Incluso si las evidencias previas lo contradicen.

A ella solo le queda pedir:

—Con tranquilidad, Mirko. ¿Sí? Con tranquilidad…

Pero no tiene caso. No importa lo calmado que se vea la mayor parte del tiempo, la cabeza de Mirko siempre andará a mil por hora, poseído por un demonio interior y brillante. A veces esas ideas se descartan con principios científicos elementales que Sheen se encarga de recordar en dos segundos. A veces son tan luminosas como la creatividad doméstica.

Así pasó con el microscopio, uno de sus primeros proyectos grandes.

Fue en 2008. Mirko Zimic concibió un microscopio muy poco convencional: lo diseñó con tubos de PVC, lentes baratos, espejos mandados a hacer en vidriería, un foco dicroico casero y una cámara Genius. Su idea y meta era construir un microscopio invertido que costara menos de doscientos dólares. Un microscopio invertido se caracteriza, como su nombre lo indica, porque el lente de aumento está abajo y la fuente de luz está arriba. Y es muy caro: entre ocho mil y diez mil dólares (y bastante más si es uno de esos Nikon que parecen una hermosa escultura de arte moderno). Zimic y su equipo querían encontrar una alternativa de bajo costo. Era, de hecho, algo urgente. ¿Por qué? Porque el prototipo, de lograrse, significaría un avance en la lucha contra la tuberculosis. Más aun: contra la temible MDR.

 

Juan Manuel Robles (Perú, 1978). Tiene un mfa en Escritura Creativa en Español de NYU. Ha publicado el libro de crónicas Lima freak. Vidas insólitas en una ciudad perturbada y la novela Nuevos juguetes de la guerra fría, que fue lanzada en Perú, Colombia y España. Este texto es parte de la crónica “Mirko Zimic contra los bacilos mutantes” publicada en el libro Un mundo lleno de futuro (Planeta, 2017).

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