La temporada de Eimbcke

Entrevista con uno de los directores más destacados del cine mexicano.

Por Guillermo Sánchez Cervantes / Fotografía Zony Maya

Aunque tiene más de cuarenta años, todavía es un adolescente. Fernando Eimbcke anda por la Ciudad de México en bicicleta y casco, con el cabello corto y una sonrisa ingenua. Es uno de los cineastas más destacados de su generación y con dos largometrajes —Temporada de patos y Lake Tahoe— ha ganado los premios más prestigiosos de la industria. Ahora, con su tercer película, Club sándwich, filmada en Puerto Escondido, el ganador de la Concha de Plata como Mejor Director de San Sebastián en 2013 se enfrenta a uno de sus más grandes retos: conquistar al gran público en las salas el próximo septiembre.

Gatopardo: Después de un largo recorrido por el circuito de festivales, Club sándwich tiene ya fecha de estreno en México, ¿cuáles son tus expectativas?
Fernando Eimbcke: Puede sonar a cliché pero estoy muy emocionado. Tengo ganas de vivir la experiencia. He estado muy involucrado en la distribución, con mi productora Cine Pantera y la distribuidora Mantarraya. Cuando estudiaba en el CUEC (Centro Universitario de Estudios Cinematográficos), pensaba que el trabajo de un cineasta terminaba justo al acabar la filmación. Ahora el proceso es cada vez más largo, te tienes que involucrar en el financiamiento, en la producción, en el lanzamiento de la película. Más que la exhibición en festivales me preocupa cuando la película llega con el público de taquilla. En un festival, el público es más especializado, está abierto a diferentes propuestas y maneras de contar una historia. En cambio, en salas de cine comerciales, te encuentras con el espectador real y duro.

G:
¿Cómo surgió la idea de este tercer largometraje?
FE: El guión de Club sándwich salió de un taller que hicimos en Cine Pantera donde también estaban Elisa Miller, Miguel Calderón, Juan Navarrete, y lo coordinó Gabriela Vidal. Es la historia de una mamá joven que llega con su hijo adolescente a un hotel y se enfrenta con la noticia de que él ya creció. Al escribir el guión, siempre estuvo ahí el aprendizaje de haber colaborado anteriormente con Paula Markovitch. Ella fue mi maestra. Los buenos maestros no se van, siempre están ahí. Entonces yo me armé, no sé si bien o mal, de lo mucho que aprendí de ella. Recuerdo que cuando estaba preparando Temporada de patos (2004), mi primer largo, tenía mucho miedo de perder la película. Que llegáramos con un productor, que metiera mano y perdiéramos nuestra idea inicial. Fuimos con Christian Valdelièvre y llegamos con esta actitud muy atrevida: “Queremos hacer esta historia de cuatro personajes en un departamento y éste es el guión. Si te late, perfecto”. Él vio esa energía y nos dio luz verde para todo. Sabíamos qué historia queríamos contar. Y pegó. He aprendido mucho desde entonces.

G: ¿Qué pasaba en el cine mexicano entonces, en 2004?
FE: Pasaba muy poco, se habrán producido ocho películas si acaso. Todos tenían muy frescas en la mente películas como Y tu mamá también de Alfonso Cuarón y Japón de Carlos Reygadas. Empezaban a ver cosas interesantes en el cine, como anunciando lo que iba a suceder diez años después. Esas películas fueron importantes para entender lo que somos ahorita.

G: ¿Consideras que Club sándwich es una película cercana a Temporada de patos? Justo este año, se cumplen 10 años de su realización.
FE: Sí, claro. La escribí con Paula Markovitch. Fíjate que en la escuela de cine en los noventa no había mucho sobre guión. Se preparaba a los estudiantes a saber manejar una cámara o hacer sonido para un corto, pero no había clases de largometraje. Eso hacía que no estuviéramos muy preparados. Yo entonces empecé a trabajar con Paula haciendo guiones, escribimos esa película en un taller que ella organizaba. Surgió poco después de leer High Fidelity, la novela de Nick Hornby. Yo tenía la idea de una historia sobre unos chicos que no tenían nada que hacer en domingo. Nos pusimos a trabajar en la idea. Luego quisimos probar qué pasaba si la filmábamos en blanco y negro. Quería ese tono, esa atmósfera. Aunque la verdad yo soy muy malo para el color. Me gustan los colores oscuros porque me cuesta trabajo manejar los colores.

G: ¿Y cómo ves la escena actual?
FE: Hoy tenemos películas mexicanas en cada festival del mundo. Y casi siempre ganan algo. Hay talento, tienes a gente trabajando aquí y allá, en Hollywood, tienes toda la paleta, es increíble. Sólo hay un tema, que es el de la exhibición. Es necesario diversificar y hacer más espacios.

G: ¿Cómo entraste al mundo del cine? ¿Qué tan cierto es que Emmanuel Lubezki tuvo algo que ver?
FE: Yo pensaba hacer fotografía fija, nada en movimiento. Trabajé con Carlos Somonte durante varios años como su asistente. Una vez estábamos haciendo un video para Thalía y conocí al Chivo Lubezki. Hablando con él, me contó que estudió cine en el CUEC, que era gratis y que la escuela te daba el equipo para hacer tus pininos. Fui a ver Bandidos de Luis Estrada donde Lubezki hizo una fotografía increíble, un peliculón, visualmente impresionante. Entonces me decidí. No me aceptaron la primera vez, no sabía mucho de cine. Tuve que pasarme un año viendo puras películas, dos o tres diarias. Hasta un año después me aceptaron y pensé ser cinefotógrafo hasta que hice el cortometraje de un amigo y quedó horrible. Dejé entonces la foto, además los colores y el tema de la luz no me gustaba. Me fui a la dirección y me encantó. Hice varios cortometrajes en la escuela. Eran cortos ingeniosos, aunque les faltaba profundidad. El cortometraje es algo súper chingón, pura síntesis, donde puedes contar una historia en 10 minutos y ver si funciona o no.

G: ¿Qué cineastas te marcaron a lo largo de esos años?
FE: Posiblemente muchos y seguro están en todas mis películas. Una es Sólo con tu pareja de Alfonso Cuarón. Era una época interesante, ver una comedia que podía funcionar muy bien cuando el cine mexicano no era arriesgado. Las comedias entonces eran guarras. No había esas comedias bien hechas y finas. Sin duda, está la influencia de Stranger than Paradise de Jim Jarmusch, una película que me gustó. Y en el momento en que la vi por primera vez seguro ni entendí nada pero me provocó dudas y preguntas.

G: Una característica de tu cine es el humor involuntario. No es fácil lograr las risas del público sin chistes ni bromas…
FE: Lo que provoca el humor son las situaciones. Cuando los personajes sufren, cuando son patéticos en el buen sentido de la palabra. Cuando son víctimas de sus vicios o inseguridades. Eso me gusta, me encanta. Hacerlos sufrir. Y siempre me ha parecido mucho más divertido alguien que está tratando de construir algo sin saber cómo hacerlo y no puede, y ponga la vida en ello, que contar un chiste. Ahí radica la comedia. Aunque mis películas, creo, no podrían considerarse comedias, sino más bien melodramas.

G: Paula Markovitch —ganadora del Oso de Plata en Berlín por El premio— es de las que cree que el guión es una obra por sí sola…
FE: Y no estoy de acuerdo. Yo te enseño un guión mío y es espantoso. No tiene ningún valor literario y no me interesa que lo tenga. Mis guiones están casi en clave morse. Escribo los diálogos lo más seco posibles, lo más generales. ¿La razón? A veces no tengo claro a los personajes, veo el conflicto pero lo voy adaptando con los actores, dejo que ellos usen su manera de hablar, que cambien los textos. No me interesan los diálogos tal como los escribí. En Temporada de patos, armé los diálogos del guión para dos adolescentes, pensando cómo era la manera en que hablaban. Cuando arrancamos el rodaje con Diego Cataño y Daniel Miranda, entonces actores no profesionales, leyeron el guión y se burlaron. “¡Esto lo dice un ruco!”, me dijeron. Me gusta adaptarme a los actores, sean profesionales o no. Ése es mi trabajo como director. Y para escoger a un actor en un casting, me tengo que enamorar de él. Que me guste todo, cómo mueve la mano, cómo se viste. Así dejas florecer a los personajes y que se vayan generando vínculos.

G: ¿Encuentras fácil trabajar con actores naturales?
FE: No tengo ningún inconveniente. Mi protagonista de Club sándwich es María Renée Prudencio, una actriz que ha hecho teatro, cine, telenovelas. No tengo ninguna idea preconcebida. En eso me encanta Robert Bresson sobre su idea de los no actores y modelos, en su libro Notas sobre el cinematógrafo. Me gusta trabajar con actores profesionales y no. Si me sorprenden, yo los escojo para trabajar conmigo. Está el caso de Diego Cataño de Temporada de patos y Lake Tahoe (2008), cuando lo casteamos me encantó su manera de hablar, su cabello chino y su pinta.

G: Pareciera que tus personajes no hacen nada. Como esta madre y su hijo adolescente que llegan a un hotel en Club sándwich, a tirarse a tomar el sol y nadar. ¿Por qué te atraen los tiempos muertos?
FE: Porque es imposible no hacer nada. Tú estas en un lugar y estás esperando a alguien, descansando, aburrido o pensando qué podrías estar en un mejor lugar. Me gusta la incomodidad que genera eso. En los castings les digo a los actores: “No hagas nada”. “¿Cómo, digo algo?”, me responden. “No, nada, quédate ahí”, digo. Lo hice mucho en Lake Tahoe. Y empezabas a ver que era imposible estar ahí sin hacer nada: se rascan la cabeza, absorben un moco. Y ese acto significa una incomodad, una ansiedad. Por eso estoy convencido que el movimiento corporal dice mucho, evidencia el miedo a decir algo con palabras; el lenguaje corporal no pasa por la conciencia. Cuando son los procesos de casting, me clavo mucho en cómo se mueven, cómo hablan. Y en los rodajes voy quitando escenas o diálogos o acciones. Es como ir limpiando. Es duro para los actores. Por ejemplo, en Club sándwich a Danae Reynaud le costó mucho el proceso, hacer una toma y luego decirle “no, quita este diálogo”, “no, mejor no muevas el brazo”. Ellos llegan a pensar que simplemente no gustan al director. Pero sólo trato de limpiar y dejar la mirada acertada.

"Yo creo que todos seguimos siendo adolescentes. Estamos tratando de entender esa época que se fue y cómo nos marcó."

“Yo creo que todos seguimos siendo adolescentes. Estamos tratando de entender esa época que se fue y cómo nos marcó.”

G: ¿Por qué siempre vuelves al tema de la adolescencia?
FE: Es la gran pregunta, la obligada. Pero en Club sándwich ya no es la historia de un adolescente, sino la historia de una mamá, Paloma, que hace María Renée Prudencio. Lo curioso es que esta mamá sigue siendo una adolescente y no sabe cómo enfrentar que su hijo despierte interés sexual en una chica. No sabe cómo enfrentarlo. Yo creo que todos seguimos siendo adolescentes, estamos tratando de entender esa época que se fue, qué nos paso de adolescentes y cómo nos marcó. Una época en que uno tiene muchos miedos, no tienes experiencia y te la juegas. Esta mujer (María Renée), se niega a aceptar que su hijo ya creció, todas las mujeres lo hacen, de alguna manera u otra, todas sufren el proceso: tienes un hijo y crece contigo y después de 14 años él tiene que ser libre y ése es uno de los mayores actos de amor. Dejar a tu hijo libre. Es como la prueba de fuego.

G: ¿Has llevado anécdotas de tu adolescencia a la pantalla?
FE: Sí, claro. Como el domingo aburrido en Temporada de patos. Tuve muchos de esos, era un día muy importante porque lo padecía tremendamente, ir al día siguiente a la escuela. Recuerdo esa canción de I Don’t Like Mondays de The Boomtown Rats. Era la canción del domingo, yo odiaba los domingos porque iba a la escuela en el Instituto México, de sacerdotes maristas.

G: ¿Qué sigue en tu carrera?
FE: Hemos estado viajando mucho con la peli. La gente cree que es padrísimo estar viajando, pero no. Llegas tres días a un lugar y luego a regresarse y meterse al aeropuerto. Ahora tengo el chance de dar talleres de cine en el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica), doy un taller de realización. Y aprendo mucho de los chicos. Me emociona. Estamos produciendo , además, en Cine Pantera cuatro películas: la película de Elisa Miller, que ganó la Palma de Oro por el corto Ver llover en 2006; la película de Miguel Calderón; y el documental de María José Cuevas, Bellas de noche. Estamos produciendo y aprendiendo mucho, es bonito. Lees los guiones pero tienes que entender el universo de otros y adaptarte.

G: ¿Cuál crees que es el mejor secreto para una película?
FE: No lo hay, no hay secretos, no hay fórmulas. Hay que estar dispuesto a hacer una película que a lo mejor resulta ser la peor de tu carrera. Hay que sentarse y hacerlo, no hay que esperar a que te llegue la historia que te dé premios. Y te llevas unas sorpresas tremendas: las más esperadas quedan horribles, y las que nadie quiere apoyar, resultan un verdadero hit.

G: ¿Sueñas con el cine hollywoodense? ¿Lo has contemplado?
FE: Claro, de hecho tengo un agente, pero no se ha dado. Ni me quita el sueño ni me espanta. Si viene una buena historia y estuvieran las condiciones para tener esa libertad con la que trabajo, claro. La podría hacer en Hollywood, Brasil, o donde sea. Pero es difícil el camino. Admiro a directores como Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro que dieron grandes batallas para lograrlo.

G: ¿Alguna vez veremos una película de Fernando Eimbcke sobre narcotráfico y violencia?
FE: Si llega a salir la historia, sí. Ahora no me ha movido una historia así. A mí no me molesta que hagan películas sobre el narco, no soy de los que se molestan porque el cine mexicano toque esos temas. Está increíble que los haya, es un momento que está pasando el país. Es lo mismo que decían sobre La jaula de oro, ¡otra película sobre migrantes! Creo que Quemada Diez miró esa historia de una manera excepcional. Además, no hay muchas historias en el mundo. Creo que todas las historias se repiten todo el tiempo. Todo depende de la mirada.

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