El viaje de León Larregui

León Larregui es el rostro más visible de la banda que muchos consideran “la más importante de México”. Y aunque la opinión está dividida, los
hechos son irrefutables: en su más reciente gira, Zoé ha tocado más de
cien fechas en México y doce países; se ha presentado en prestigiosos
festivales como Coachella y Austin City Limits, y ha vendido 90 mil
copias de su quinto disco Prográmaton. Como corolario, el 8 de noviembre
dieron un concierto en el Foro Sol que fue un festejo
inolvidable. Larregui habló con Gatopardo sobre el largo camino que él y
su banda han recorrido para llegar hasta donde se encuentran hoy.

Por Louise Mereles Gras / Fotografía Napoleón Habeica

En los agradecimientos que Zoé hace en su disco Prográmaton, hay una mención que se lee: “A los fans por acompañarnos en este viaje”. El trayecto al que se refiere la banda —formada por León Larregui (voz y guitarra), Sergio Acosta (guitarra), Jesús Báez (teclados), Ángel Mosqueda (bajo) y Rodrigo Guardiola (batería)— son los diecisiete años que han transcurrido desde que se formó. Un periodo en el que han vendido más de un millón de discos y tocado frente a más de tres millones de personas en sus giras. Son diecisiete años en los que han editado cinco álbumes de estudio, un muy exitoso EP, dos álbumes en vivo (incluyendo el MTV Unplugged Música de Fondo, certificado triple Platino y Oro por más de 350 mil copias vendidas), tres compilaciones y un box set.

El pasado 5 de septiembre fue un día gris. No sólo por la lluvia, sino porque la víspera se anunció la muerte de Gustavo Cerati. Ese día, León Larregui llegó a un estudio ubicado en la colonia San Miguel Chapultepec de la Ciudad de México para la sesión de fotos y entrevista con Gatopardo. Enfundado en un suéter de lana de Chiconcuac con el que ha aparecido varias veces en público y con un cigarro en mano, comentó sobre la muerte de Cerati: “Estés físicamente o no, la gente te escucha en momentos personales de su vida. Puedes acompañarlos con tu música en situaciones de mucha alegría, tristeza o soledad. Te vuelves parte de ellos de alguna forma y lo percibes cuando estás tocando. El lenguaje de la música va más allá de las palabras. Ahí es donde surge esa conexión entre el músico y el que lo escucha, una conexión que tiene la resonancia humana de las emociones. Los acompañas en su viaje propio, aún cuando no estés físicamente”.

“Ángel y yo íbamos en el mismo salón en secundaria, así lo conocí. Nuestra escuela estaba a dos cuadras de la preparatoria de Sergio y Chucho”, empieza a atar cabos León cuando le menciono lo fortuita pero predestinada que puede ser la génesis de una banda de rock. “Me fui con Ángel a Cuernavaca a ver a un tío mío que tenía su banda y ahí nos dijimos: ‘Esto es lo que tenemos que hacer’. Ése fue el momento en que lo decidimos; teníamos 14 o 15 años.”

Después de un par de permutaciones entre bandas, llegó la hora de irse a la universidad y el grupo de amigos se separó. “Yo me fui a Europa; vivía en Colonia, Alemania, y formé una banda allá; tenía 19 años. Un día hablé con Sergio; recuerdo que era invierno. Me dijo: ‘Ya vente para acá, vamos a hacer una banda’. Le contesté que ya tenía una banda. Pero me quedé pensando y le dije: ‘Aquí hace un frío de la chingada. ¡Voy para allá en dos semanas!’ Me regresé. Sergio vivía en Tepoztlán y convergimos en el DF; nos volvimos roommates. Él y yo empezamos la banda; ya se llamaba Zoé. Además de nosotros estaba Beto Cabrera, el primer baterista de Zoé y un bajista que luego nos abandonó. Chucho estaba en Cuernavaca y le dijimos que viniera a tocar el bajo. Y después Ángel habló y dijo: ‘Acabé la universidad. Ya me voy a dedicar a lo que yo quiero’. Ángel era guitarrista, le dijimos que viniera, pero a tocar el bajo. Y Chucho pasó a los teclados. Y así empezó todo. Beto se enamoró de una chica francesa y decidió irse a vivir a París. Estuvimos probando con varios bateristas durante un año hasta que apareció Rodrigo: ya lleva siete años con Zoé”.

En 1997 se lanzó el disco debut homónimo de Zoé. Para 2003, y tras un par de tropiezos y cambios de disquera, salió Rocanlover, cuya canción “Love” —tiempo después de que saliera el disco— se fue colando en la radio y canales de videos en televisión. El éxito no llegó de la noche a la mañana, algo que tal vez fue una bendición. “En la primera gira que hicimos por México y Estados Unidos, la banda y el staff iban en una sola van, además de todo el equipo. Venías con el platillo encima, sabías que si frenaba el coche podía rodar alguna cabeza dice León, quien cumplió 40 años a finales del año pasado.

Tras el EP The Room (2005), que gozó de éxito y difusión, las cosas empezaron a cambiar. Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea (2006) fue el punto de inflexión para Zoé. Y es el disco al que León le guarda un cariño especial. “Fue el primero que logramos hacer con una disquera independiente. Estábamos contentos de que por fin estaban sucediendo las cosas. Se empezaron a llenar los shows, empezaron a crecer los fans. El impulso para Zoé mejoró; la balanza se vino de nuestro lado. Por primera vez teníamos presupuesto para hacer un disco como lo queríamos hacer. Nos fuimos al estudio Sonic Ranch, en Tornillo, Texas. Habíamos estado siempre en estudios chiquitos de disquera que parecían más la oficina de un sindicato. Teníamos libertad y el dinero para decidir qué queríamos hacer; y la credibilidad. Fue muy especial el conjunto de canciones que reunimos,  era la primera vez que hacíamos un disco conceptual. Estábamos todos muy emocionados, todos muy clavados en Led Zeppelin. Fue una época muy bonita, de mucho descubrimiento y aprendizaje. Ese disco fue el primer álbum como obra que fue muy exitoso, el más exitoso que habíamos tenido en nuestra carrera”.

Para el productor y director musical inglés Phil Vinall, de 55 años, quién ha trabajado con agrupaciones como Pulp, Elastica y Placebo, y ha producido todos los discos de Zoé, el mayor cambio que ha visto en la banda se dio en 2011 tras el lanzamiento del MTV Unplugged Música de Fondo. “La vibra de cómo nos acercábamos a la música cambió por completo. A todos les dio confianza; les quitó el miedo al cambio. Ese disco exploró la parte más mainstream de su música e hizo que la banda se abriera a una base de fans nueva. Fue un momento maravilloso”, dice Phil, quien de cierta forma se ha convertido en el sexto miembro de Zoé. “Nos hemos mimetizado totalmente con él”, dice León. “Nuestra forma de trabajar tiene todo que ver con Phil. Hemos sido sus alumnos y ahora entre todos ya manejamos un lenguaje casi telepático, nos entendemos perfectamente a dónde vamos.”

Para León, el Unplugged —que vino a continuación de Reptilectric (2008), cuando ya estaban trabajando en lo que sería Prográmaton— fue una sorpresa: “Queríamos hacer ese disco rápido y volver a nuestros discos eléctricos. Y se convirtió hasta hoy en el disco más exitoso de Zoé. Fue un proyecto en el que aprendimos muchísimo. Desde que lo estábamos haciendo hasta que se convirtió en una gira loquísima, que parecía un circo o producción de Broadway: viajábamos 70 personas, con varios camiones y una producción tremenda. Cada concierto era muy especial. Era trasladar a la banda que estaba parada con guitarras y amplificadores ruidosos hacia una cuestión muy delicada de sonidos y de mezcla. Y el público cambió, eso fue interesante. De repente había gente mayor que llegaba vestida como para ir al teatro. Aprecié mucho todo eso. Pero después de un año nos urgía regresar a la guitarra eléctrica y al rocanrol. En ese inter hice mi disco solista, Solstis, que fue toda una escuela. Cuando regresamos para hacer Prográmaton estábamos cargados de energía, enriquecidos por lo que había pasado y con muchas ganas de volver a donde nos habíamos quedado antes del Unplugged”.

"Mi música siempre ha tenido algo que ver con un viaje espiritual..."

“Mi música siempre ha tenido algo que ver con un viaje espiritual…”

Los integrantes de Zoé se han mantenido unidos a través de los años contra viento y marea; han librado las trampas que conlleva trabajar tan cerca y salir de gira durante tantos años. “Es una banda muy democrática”, afirma León. “Los roles se han ido estableciendo con los años y funcionamos muy bien. Va sucediendo sin pensarlo. No es que hayamos asignado los roles. Cada quien se clava en lo que es bueno.” Como parte de la banda, pero con la perspectiva que le da la distancia, Phil enumera las fortalezas de cada uno: “Todos traen excelentes ideas a la mesa. León llega siempre a la banda con conceptos geniales. Y, por supuesto, es un gran compositor. Tiene un acercamiento muy personal a las canciones.”

Desde “Paula”, canción que le escribió a una de sus ex novias y que se ha convertido en todo un himno generacional, pasando por “Fantasma”, que escribió tras el fallecimiento de su papá y “Arrullo de estrellas” para su mamá. Las letras de León son íntimas, personales y hasta tienen algo que resuena familiar, conocido. Sin duda, ésa es una de las llaves que le ha abierto las puertas del éxito al grupo y lo han distinguido de sus contemporáneos. “Mi música siempre ha tenido algo que ver con un viaje espiritual. A la hora de componer, siempre buscaba sanarme. Ha sido una forma de sacar las emociones, ya fuesen de tristeza o alegría; una forma de reordenar y canalizar todas las energías. Y una forma de sublimar las emociones y convertirlas en algo positivo, de tener contacto con una fuerza mucho más grande que yo y confiar en eso”, dice León.

Además de formar parte de Zoé, los integrantes de la banda no se quedan cruzados de brazos durante el tiempo que se toman entre cada proyecto. Rodrigo Guardiola —fan confeso de Stanley Kubrick— está trabajando desde hace un par de años en un documental sobre la banda que posiblemente se estrenará en 2015, además de hacer varios videos para Zoé y otros grupos. Ángel Mosqueda y Sergio Acosta —que también tiene un side project como DJ bajo el nombre de Memory Man— se encuentran montando el estudio de Zoé. Chucho Báez, admirador del expresionismo abstracto norteamericano, tuvo una exposición individual de su obra como artista plástico, “Colores Formas Sonidos”, en la Galería CC en la Colonia Roma. La banda cuenta también con el sello discográfico Panoram, con el que se estrenaron firmando a Reyno, agrupación formada por Christian Jean, Pablo Cantú y Sebastián Franco.

Además de ser músico y probar suerte como director de videos musicales para Zoé (“Fin de Semana”) y el clip “Dos mundos” de Reyno, que hace unos días, a una semana de su lanzamiento ya tenía más de 55 mil vistas, León es un viajero asiduo y empedernido. Ha estado en Islandia para perseguir la aurora boreal. En Estambul, de viaje en barco por el Bósforo o visitando la Mezquita Azul, donde los locales lo confundían con turco gracias a su bronceado. “Estuve en la India un mes el año pasado y me faltó estar más. Me quedé pegado con la India; apenas fue una probadita de esa impresionante cultura. Encontrar cosas nuevas es algo que necesito para estar artísticamente satisfecho”.

Y está París, ciudad donde vivió por dos meses mientras grabó su “más grande orgullo”, su disco solista de 2012, producido por Adanowsky y donde se encontraba al fantasma de Serge Gainsbourg. “Solstis me ayudó a recobrar la confianza que había perdido y a saber que podía hacer algo que no tuviera nada que ver con Zoé. Fue un proyecto en el que me aventé solo al vacío, con canciones muy personales que hablaban de mí y de mis relaciones. Del estado emocional en el que estuve en ese año. Hacerlo, saliera bien o mal, era una necesidad.”

“No hay hombre más completo que aquel que ha viajado mucho, que ha cambiado veinte veces de forma de pensar y de vivir”, decía el escritor Alphonse de Lamartine. Y el viaje de vida de León Larregui lo está llevando justo hacia ese lugar.\\

Coordinadora de moda: Daniela Rodríguez

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