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El código de los Aztec Rebels

El código de los Aztec Rebels

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26
AAAA
Tiempo de Lectura: 00 min

Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Texto de
Fotografía de
Realización de
Ilustración de
Traducción de

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
Un miembro de los Aztec Rebels arranca durante una rodada en Long Island.

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Originalmente publicado por NPR

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El código de los Aztec Rebels

El código de los Aztec Rebels

Texto de
Fotografía de
Realización de
Ilustración de
Traducción de
Los Aztec Rebels encienden sus motores antes de emprender una rodada nocturna en el Bronx, Nueva York, el 3 de mayo de 2024. Aunque, dicen, aceptan miembros de toda nacionalidad, los Aztec son predominantemente mexicanos, con algunos ecuatorianos y un hondureño.
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Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
Un miembro de los Aztec Rebels arranca durante una rodada en Long Island.

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Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
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Los Aztec Rebels encienden sus motores antes de emprender una rodada nocturna en el Bronx, Nueva York, el 3 de mayo de 2024. Aunque, dicen, aceptan miembros de toda nacionalidad, los Aztec son predominantemente mexicanos, con algunos ecuatorianos y un hondureño.
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Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
Un miembro de los Aztec Rebels arranca durante una rodada en Long Island.

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Originalmente publicado por NPR

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El código de los Aztec Rebels

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01
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26
2026
Texto de
Fotografía de
Realización de
Ilustración de
Traducción de
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Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
Un miembro de los Aztec Rebels arranca durante una rodada en Long Island.

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Los Aztec Rebels encienden sus motores antes de emprender una rodada nocturna en el Bronx, Nueva York, el 3 de mayo de 2024. Aunque, dicen, aceptan miembros de toda nacionalidad, los Aztec son predominantemente mexicanos, con algunos ecuatorianos y un hondureño.

El código de los Aztec Rebels

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Más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean a los clubes de motociclistas, los Aztec Rebels, con cuartel general en el Bronx, Nueva York, son una familia que cuida de sus miembros y cultiva gozosamente su cultura.

Texto de
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Traducción de

Son las 10 de la noche en un sótano del Bronx, Nueva York. Andrés Morales baja las escaleras y un silencio corta las conversaciones. Se quita el gorro y su tatuaje de águila brilla bajo la luz tenue. Lo saludan con el respeto que se le da a un general o a un viejo maestro. Suena música de banda y los hombres, vestidos con chaleco de cuero, empiezan a servir mole con arroz. Una brisa helada peina las aguas del río Bronx.

Por primera vez en un año, Andrés se encuentra con el club de motociclistas que fundó con su hermano Eddie, a quien cedió la presidencia. Lo bautizaron Aztec Rebels. Andrés diseñó el logo que decora los chalecos de los miembros que se han ganado esos colores.

“Mira lo que construiste: comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, le dice Sergio García, el sargento de armas, a Andrés, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no responde, pero sus ojos lo dicen todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

El Aztec Rebels Motorcycle Club (MC), fundado en 2017, se expandió rápidamente: llegó a más de 30 miembros activos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island —la Isla, como la llaman con cariño—.

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos y, mediante un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”.

Hay tantos integrantes como historias particulares y una conexión distinta con México.

“Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto —dice Andrés, al recordar su travesía migratoria—. Llegué en el 86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15 000 habitantes en las montañas de Puebla. Arrancaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

“Vengo de un pueblo, nunca fui de la ciudad, así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época; el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, continúa Andrés.

En los años ochenta, el sur del Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior. “Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo”.

Fue en 2020 cuando Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con un grafiti de la Virgen de Guadalupe, en negro. Su hogar es el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años ochenta.

Eddie, el presidente de Aztec Rebels, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztec en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al futbol con el equipo representativo de su escuela, pasan tiempo con el club.

“La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, explica Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X o Y MC”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición, al estipular que los chalecos de las mujeres exhibieran un “Protegido por Aztec Rebels MC”.

En las reuniones de los Aztec, es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son personas de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y tiernos con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en Estados Unidos.

La política brutal de deportaciones de Donald Trump no ha cambiado la forma de vida alegre y orgullosa de los Aztec. En caso de una emergencia, han creado un fondo de protección legal y tienen protocolos para cuidar a las familias. La ciudad de Nueva York sigue siendo relativamente segura para las comunidades migrantes, y ellas siguen habitando sus calles.

De sus paisanos en México, Eddie quiere que sepan esto: “Que somos iguales. Aquí saben que somos mexicanos y nos respetan. Tenemos la misma fuerza que clubes que tienen 20 o 30 años. Estamos cambiando la manera en que ven a los mexicanos aquí […]. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande”, remata.

William Álvarez, “el Talibán”, durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Eddie Morales, presidente del club, posa con sus hijos Eddie e Ethan durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, para los Aztec Rebels y sus familias, el 31 de marzo de 2024. Serio y de pocas palabras, Eddie carga en los hombros una postura casi militar (forjada por su entrenamiento en seguridad privada y toda una vida dentro del club), y junto a cinco oficiales al mando, mantiene a los Aztec en movimiento.
Marcas de caucho quemado en un estacionamiento durante una rodada a Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Jossiel Estefes, conocido como “Onex”, se ajusta su paliacate antes de arrancar durante una rodada, el 17 de marzo de 2024.
Un miembro del Aztec Rebels Motorcycle Club rueda por la autopista en Long Island, el 25 de febrero de 2024.
Los invitados bailan cumbia en la fiesta de Acción de Gracias en un sótano del South Bronx, el 23 de noviembre de 2023. En palabras del presidente y fundador de los Aztec Rebels, Eddie Morales, el grupo nació como una forma de darle a la comunidad mexicana en Nueva York un espacio seguro en el que pudiera expresar su cultura, comer su comida y escuchar su música.
Jossiel Estefes y su hija posan durante una fiesta de Acción de Gracias en el Bronx, el 18 de noviembre de 2023. Hacía poco que Jossiel había asumido un cargo oficial en el club.
La partida de la piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de marzo de 2024.
Mole y arroz llenan la mesa de las infancias durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels.
Niños duermen durante la fiesta de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el South Bronx. Hay que mirar más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motos: aunque por fuera puedan parecer rudos, los hombres que forman esta comunidad son padres de familia responsables.
Andrés Morales, detrás del mostrador del deli que maneja en el sur del Bronx.
Andrés Morales posa para un retrato junto a su vochito el 21 de enero de 2024. Es fundador y expresidente de los Aztec Rebels."Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto", dice Andrés, al recordar su travesía migratoria. Llegó al Bronx en 1986, con 12 años. "No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”.
Un miembro de los Aztec Rebels arranca durante una rodada en Long Island.

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