
Para Karla Rojo (México, 1984), una sola forma de expresión nunca ha sido suficiente. “Toda la vida he pintado, he escrito, he hecho escultura. Una forma de expresión nunca ha sido suficiente para mí”, explica. Comunicóloga de formación, con estudios en psicología transpersonal, sanación energética y una maestría en administración pública, su camino creativo se nutre de múltiples disciplinas. “Mi mente es transversal. Me interesa abarcar lo físico, lo mental, lo espiritual, las estructuras sociales, la psique”, detalla.
Durante años, sin embargo, esa exploración artística fue íntima. “Era una forma de catarsis personal y no la compartía con el mundo”. La pintura y la escultura funcionaban como un proceso terapéutico paralelo a su vida profesional, hasta que la pandemia marcó un punto de inflexión. El encierro por el covid-19 forzó la introspección, y Karla comenzó a crear más obras y a compartir su trabajo en redes sociales. “Empecé a subir lo que estaba pintando y me empezaron a preguntar por las piezas para comprarlas. Yo nunca había vendido una obra”. Recuerda con claridad el momento en que por primera vez puso precio a su trabajo. “Me preguntaron cuánto costaba una pieza. Me metí a bañar y pensaba: ‘¿En cuánto se vende algo que siempre ha sido para mí?’”. Dijo una cifra, al azar. La respuesta la descolocó: “¿Pesos o dólares?”. Aquella venta —que llegó justo cuando necesitaba ese dinero para pagar una deuda— fue leída como una señal. Un mensaje muy claro: compartir su arte con el mundo.
A partir de ahí, el proceso se aceleró. Su primera exposición individual tuvo lugar en la Galería Torre del Reloj, en Polanco, Ciudad de México, a la que siguieron el Palacio de Minería, Zona Maco, Art Batallion Madrid, la Academia de San Carlos, el Senado de la República, la Galería Oscar Román, la Galería Isabelle Serrado y Studio Berlín, en muestras individuales y colectivas.
La sustentabilidad es uno de los ejes de su obra. Los materiales con los que trabaja —maderas abandonadas, textiles rotos, pieles desgastadas— pueden adquirir una nueva función. “Trabajo con materiales de aprovechamiento. Lo que muchos llamarían basura, para mí muchas veces ya era arte. Solo le regreso su vocación. Creo en hacer lo mejor posible con lo que hay. Buscamos la perfección como un estándar impuesto, cuando en realidad la imperfección es armónica”, se explaya la artista.
Esa filosofía atraviesa tanto su obra como su rutina de trabajo. Karla no trabaja desde un horario rígido, pero sí desde una disciplina propia. “Creo en generar tu propio código de la existencia”. Sus días suelen iniciar con ejercicio, silencio, café y estudio. Pintar es un ritual: incienso, música, vino o café según el ánimo. “Busco expandir los sentidos: el olfato, el gusto, el oído, lo visual. Todo dialoga”.

La forma como espejo
Esa búsqueda encontró una de sus expresiones más contundentes en Posibilidades, una escultura monumental de acero inoxidable que ha acompañado a la artista durante más de dos años. El proyecto nació como un cubo de apenas 15 centímetros, tallado en madera, y fue mutando de material en material hasta convertirse en una pieza a gran escala.
“El acero no es maleable como la madera. Fue un reto técnico enorme”, recuerda. La obra se construyó a partir de piezas de acero reutilizado, soldadas una a una sobre una estructura interna hueca. “Tiene millones de cicatrices. Muchos me dijeron que la dejara al revés, porque se veía la naturalidad”.
Para Karla, esas marcas son esenciales. “Vivimos en un mundo de inmediatez, donde todo tiene que ser perfecto. Encontrar la imperfección da paz. Hoy, con tanta artificialidad, el brillo también puede cegar”, elabora.
La escultura ha tenido una vida nómada: pasó por el Museo del Palacio de Minería, el Centro de Cultura Ambiental de Chapultepec y por otros espacios, como pieza de arte público. “Creo profundamente en la democratización del arte. Que no haya puertas, que la gente pueda verla, tocarla, convivir con ella”, dice. Durante su estancia en Chapultepec, la obra fue acompañada por un performance de luces y sombras. “Hablaba de las luces y las sombras del ser”. Karla recuerda ese momento con emoción: “La sentí muy mía, pero también entendí que su vocación era estar con otros. Hay una nostalgia al soltar, pero también una belleza enorme”.
Ahora Posibilidades se presentará en Zona Maco, del 4 al 8 de febrero, durante la Semana del Arte de la Ciudad de México, pues fue seleccionada por Mercedes-Benz, patrocinador del evento.

Abrazar la sombra
La escultura Posibilidades dialoga directamente con uno de los ejes conceptuales más persistentes en su obra: la dualidad. Durante años, Karla exploró este tema desde la escritura, las artes marciales, la pintura y la meditación. De ahí surgió también su libro Luna Solar. “Buscamos la luz todo el tiempo y rechazamos la sombra”, reflexiona. “Pero el ser humano es dual por naturaleza. La propuesta de la pieza es que, si algún día logramos aceptar nuestras sombras con la misma devoción con la que perseguimos la luz, entenderemos algo esencial de lo que somos”.
Ese discurso se materializa en “Monólogo de la forma”, texto que acompaña la obra: “Yo fui rígido. Nací de una línea que quiso ser eterna, de una estructura que se creyó incorruptible […] He aprendido que la perfección no solo es pulida, que el brillo también puede cegar, que negar la sombra es negar la forma”.
La pieza, explica Karla, funciona como un espejo: “Quien la mira cree ver una escultura, pero en realidad se está mirando a sí mismo”.
Crear sin detenerse
Lejos de quedarse en la nostalgia de una obra concluida, Karla trabaja de manera constante en nuevos proyectos. Actualmente desarrolla “Marea”, una serie de pinturas con relieves de textiles y texturas que reflexiona sobre el movimiento, la resistencia y el fluir emocional. “Habla de aceptar las mareas internas: a veces tranquilas, a veces turbulentas”, explica. Inspirada en la idea de que “como es adentro, es afuera”, la serie invita a habitar todas las emociones sin juicio.
Su interés por lo humano también la ha llevado a explorar temas como el dolor, la pérdida y la transmutación. “Ser humano es el dolor más hermoso”, escribió durante años en las paredes de su estudio, frase que luego transformó en “Ser humano es el gozo más hermoso”. “Al final son las dos cosas. Sin dolor no entenderíamos esta humanidad”, reflexiona. Para Karla crear es un impulso constante. “Mientras hago algo, ya estoy pensando en lo siguiente; es inherente a mí”.
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