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Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México. Habla su creador, Roberto Solís, uno de los principales representantes de la "nueva cocina yucateca".
Por primera vez en su historia, Mérida tiene un restaurante reconocido con una estrella Michelin. Se trata de Huniik, el proyecto del chef yucateco Roberto Solís Azarcoya, quien además recibió una segunda distinción para La Barra de Huniik. Ambas estrellas se entregaron durante la gala de la Guía Michelin México celebrada en Guadalajara, el pasado 20 de mayo de 2026.
Con este reconocimiento, Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México, una lista que hasta ahora se concentraba en Ciudad de México, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur y Quintana Roo. Roberto Solís es considerado hoy uno de los principales exponentes de lo que se conoce como la “nueva cocina yucateca”: una propuesta que toma los ingredientes y sabores de la región, pero los reinterpreta con técnicas modernas y una sensibilidad contemporánea.
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Un cocinero que no quería ser cocinero
Es curioso el caso de Solís: su llegada a la cocina no fue vocacional. En entrevista para Gatopardo, el propio chef reconoce que se involucró en la gastronomía casi por accidente: “Quería ser restaurantero, no cocinero”. Abrió un restaurante sin intención de meterse a la cocina, pero terminó al frente de los fogones porque, en sus palabras, el chef que había contratado “era un imbécil”. Se metió él mismo a la concina y decidió quedarse.
Ese primer restaurante es Nectar, que abrió hace 23 años en una Mérida muy distinta a la de hoy, explica Solís: “Una ciudad con menos población, sin escuelas de cocina y sin una cultura gastronómica que permitiera experimentar con facilidad”. Consciente de que no había dónde aprender de manera profesional en su ciudad, Solís decidió cerrar su restaurante en temporadas bajas y viajar a distintas partes del mundo para trabajar en cocinas de alto nivel. Ese ciclo de cierre y reapertura se repitió durante varios años.
El recorrido internacional de Roberto Solís lo llevó a algunas de las cocinas más influyentes del planeta: The Fat Duck en Inglaterra; Noma en Dinamarca; Per Se en Nueva York y Les Créations de Narisawa en Tokio. Cada una de estas experiencias le dejó algo distinto: “En Inglaterra la aplicación de la tecnología y la ciencia a los alimentos. En Dinamarca la dignificación de los ingredientes locales y el orgullo por el origen propio, la idea de que un frijol puede tener el mismo valor que el caviar. En Japón la humildad y el respeto como principios de trabajo, tanto en la cocina como en el trato con las personas. En Nueva York, la disciplina extrema, casi militar, que hoy aplico en mis propios restaurantes”, dice chef.
Y a pesar de las oportunidades que esas cocinas de talla mundial podían representar, Roberto Solís nunca contempló vivir fuera de México. Su plan siempre fue regresar a Yucatán. Al terminar cada temporada de aprendizaje, reabraría su restaurante y aplicaba lo aprendido.

Los años difíciles: cocinar distinto en una ciudad que no lo pedía
El regreso a Mérida no fue sencillo. Hubo una especie de periodo de transición en el que intentaba introducir una cocina más moderna y arriesgada, pero no era aceptada por el público local: hubo resistencia a lo que se alejara de lo tradicional. Para sortear ese reto, el chef entendió que su labor no era solo la de cocinero, sino también la de empresario: había que encontrar la manera de introducir gradualmente su propuesta, a través de menús especiales y eventos, sin dejar de sostener el negocio. “Es una tarea”, dice, “que continúa hasta hoy, con el objetivo de atraer a más comensales locales en un mercado donde el turismo sigue siendo mayoría”. Con el restaurante Nectar consolidado, Solís sintió la necesidad de dar un paso más personal y decidió abrir un segundo concepto: Huniik. “En un entorno más pequeño, donde yo podía controlar más las cosas”, explica. Huniik se encuentra ubicado en el centro histórico de Mérida, la zona de mayor concentración turística.
El sello de Roberto Solís, dice él mismo, “es usar ingredientes de Yucatán y darles el sabor actual. No la cocina tradicional, sino una cocina actualizada. Los sabores actualizados de Yucatán, como los veo yo, son sabores muy ligeros, muy frescos. Siempre el cítrico, siempre algo de picante”, explica. Es, según sus propias palabras, casi lo opuesto a la percepción común de que la comida yucateca es pesada. “Algunos ingredientes que casi siempre están presentes en nuestra cocina. La naranja agria casi siempre está. La lima, el chile habanero, esos siempre están”. Según cuenta, esa resistencia a lo no tradicional persiste hasta cierto punto en la actualidad, aunque el contexto ha cambiado: hoy Mérida tiene más población, más turismo y más residentes extranjeros.


La estrella Michelin: satisfacción y hambre de más
Al preguntarle sobre lo que sintió al enterarse de que Huniik obtenía la estrella Michelin, Solís fue directo: lo primero que pensó no fue de celebración, sino de exigencia personal. “Quiero más, quiero ser mejor”, dice. Para él, el reconocimiento es gratificante, pero lo que realmente lo mueve es la idea de superación constante y la convicción de que, si se sabe que se puede dar más, no hacerlo sería un error.
Con la estrella Michelin de Huniik, Roberto Solís consolida más de dos décadas de un trabajo que comenzó casi por casualidad. El chef quiere seguir consolidando sus restaurantes y seguir posicionando a Yucatán como destino gastronómico. “Y si pueden venir más estrellas, por supuesto que son aceptadas. Eso es lo que queremos”, finaliza.

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Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México. Habla su creador, Roberto Solís, uno de los principales representantes de la "nueva cocina yucateca".
Por primera vez en su historia, Mérida tiene un restaurante reconocido con una estrella Michelin. Se trata de Huniik, el proyecto del chef yucateco Roberto Solís Azarcoya, quien además recibió una segunda distinción para La Barra de Huniik. Ambas estrellas se entregaron durante la gala de la Guía Michelin México celebrada en Guadalajara, el pasado 20 de mayo de 2026.
Con este reconocimiento, Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México, una lista que hasta ahora se concentraba en Ciudad de México, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur y Quintana Roo. Roberto Solís es considerado hoy uno de los principales exponentes de lo que se conoce como la “nueva cocina yucateca”: una propuesta que toma los ingredientes y sabores de la región, pero los reinterpreta con técnicas modernas y una sensibilidad contemporánea.
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Un cocinero que no quería ser cocinero
Es curioso el caso de Solís: su llegada a la cocina no fue vocacional. En entrevista para Gatopardo, el propio chef reconoce que se involucró en la gastronomía casi por accidente: “Quería ser restaurantero, no cocinero”. Abrió un restaurante sin intención de meterse a la cocina, pero terminó al frente de los fogones porque, en sus palabras, el chef que había contratado “era un imbécil”. Se metió él mismo a la concina y decidió quedarse.
Ese primer restaurante es Nectar, que abrió hace 23 años en una Mérida muy distinta a la de hoy, explica Solís: “Una ciudad con menos población, sin escuelas de cocina y sin una cultura gastronómica que permitiera experimentar con facilidad”. Consciente de que no había dónde aprender de manera profesional en su ciudad, Solís decidió cerrar su restaurante en temporadas bajas y viajar a distintas partes del mundo para trabajar en cocinas de alto nivel. Ese ciclo de cierre y reapertura se repitió durante varios años.
El recorrido internacional de Roberto Solís lo llevó a algunas de las cocinas más influyentes del planeta: The Fat Duck en Inglaterra; Noma en Dinamarca; Per Se en Nueva York y Les Créations de Narisawa en Tokio. Cada una de estas experiencias le dejó algo distinto: “En Inglaterra la aplicación de la tecnología y la ciencia a los alimentos. En Dinamarca la dignificación de los ingredientes locales y el orgullo por el origen propio, la idea de que un frijol puede tener el mismo valor que el caviar. En Japón la humildad y el respeto como principios de trabajo, tanto en la cocina como en el trato con las personas. En Nueva York, la disciplina extrema, casi militar, que hoy aplico en mis propios restaurantes”, dice chef.
Y a pesar de las oportunidades que esas cocinas de talla mundial podían representar, Roberto Solís nunca contempló vivir fuera de México. Su plan siempre fue regresar a Yucatán. Al terminar cada temporada de aprendizaje, reabraría su restaurante y aplicaba lo aprendido.

Los años difíciles: cocinar distinto en una ciudad que no lo pedía
El regreso a Mérida no fue sencillo. Hubo una especie de periodo de transición en el que intentaba introducir una cocina más moderna y arriesgada, pero no era aceptada por el público local: hubo resistencia a lo que se alejara de lo tradicional. Para sortear ese reto, el chef entendió que su labor no era solo la de cocinero, sino también la de empresario: había que encontrar la manera de introducir gradualmente su propuesta, a través de menús especiales y eventos, sin dejar de sostener el negocio. “Es una tarea”, dice, “que continúa hasta hoy, con el objetivo de atraer a más comensales locales en un mercado donde el turismo sigue siendo mayoría”. Con el restaurante Nectar consolidado, Solís sintió la necesidad de dar un paso más personal y decidió abrir un segundo concepto: Huniik. “En un entorno más pequeño, donde yo podía controlar más las cosas”, explica. Huniik se encuentra ubicado en el centro histórico de Mérida, la zona de mayor concentración turística.
El sello de Roberto Solís, dice él mismo, “es usar ingredientes de Yucatán y darles el sabor actual. No la cocina tradicional, sino una cocina actualizada. Los sabores actualizados de Yucatán, como los veo yo, son sabores muy ligeros, muy frescos. Siempre el cítrico, siempre algo de picante”, explica. Es, según sus propias palabras, casi lo opuesto a la percepción común de que la comida yucateca es pesada. “Algunos ingredientes que casi siempre están presentes en nuestra cocina. La naranja agria casi siempre está. La lima, el chile habanero, esos siempre están”. Según cuenta, esa resistencia a lo no tradicional persiste hasta cierto punto en la actualidad, aunque el contexto ha cambiado: hoy Mérida tiene más población, más turismo y más residentes extranjeros.


La estrella Michelin: satisfacción y hambre de más
Al preguntarle sobre lo que sintió al enterarse de que Huniik obtenía la estrella Michelin, Solís fue directo: lo primero que pensó no fue de celebración, sino de exigencia personal. “Quiero más, quiero ser mejor”, dice. Para él, el reconocimiento es gratificante, pero lo que realmente lo mueve es la idea de superación constante y la convicción de que, si se sabe que se puede dar más, no hacerlo sería un error.
Con la estrella Michelin de Huniik, Roberto Solís consolida más de dos décadas de un trabajo que comenzó casi por casualidad. El chef quiere seguir consolidando sus restaurantes y seguir posicionando a Yucatán como destino gastronómico. “Y si pueden venir más estrellas, por supuesto que son aceptadas. Eso es lo que queremos”, finaliza.

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Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México. Habla su creador, Roberto Solís, uno de los principales representantes de la "nueva cocina yucateca".
Por primera vez en su historia, Mérida tiene un restaurante reconocido con una estrella Michelin. Se trata de Huniik, el proyecto del chef yucateco Roberto Solís Azarcoya, quien además recibió una segunda distinción para La Barra de Huniik. Ambas estrellas se entregaron durante la gala de la Guía Michelin México celebrada en Guadalajara, el pasado 20 de mayo de 2026.
Con este reconocimiento, Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México, una lista que hasta ahora se concentraba en Ciudad de México, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur y Quintana Roo. Roberto Solís es considerado hoy uno de los principales exponentes de lo que se conoce como la “nueva cocina yucateca”: una propuesta que toma los ingredientes y sabores de la región, pero los reinterpreta con técnicas modernas y una sensibilidad contemporánea.
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Un cocinero que no quería ser cocinero
Es curioso el caso de Solís: su llegada a la cocina no fue vocacional. En entrevista para Gatopardo, el propio chef reconoce que se involucró en la gastronomía casi por accidente: “Quería ser restaurantero, no cocinero”. Abrió un restaurante sin intención de meterse a la cocina, pero terminó al frente de los fogones porque, en sus palabras, el chef que había contratado “era un imbécil”. Se metió él mismo a la concina y decidió quedarse.
Ese primer restaurante es Nectar, que abrió hace 23 años en una Mérida muy distinta a la de hoy, explica Solís: “Una ciudad con menos población, sin escuelas de cocina y sin una cultura gastronómica que permitiera experimentar con facilidad”. Consciente de que no había dónde aprender de manera profesional en su ciudad, Solís decidió cerrar su restaurante en temporadas bajas y viajar a distintas partes del mundo para trabajar en cocinas de alto nivel. Ese ciclo de cierre y reapertura se repitió durante varios años.
El recorrido internacional de Roberto Solís lo llevó a algunas de las cocinas más influyentes del planeta: The Fat Duck en Inglaterra; Noma en Dinamarca; Per Se en Nueva York y Les Créations de Narisawa en Tokio. Cada una de estas experiencias le dejó algo distinto: “En Inglaterra la aplicación de la tecnología y la ciencia a los alimentos. En Dinamarca la dignificación de los ingredientes locales y el orgullo por el origen propio, la idea de que un frijol puede tener el mismo valor que el caviar. En Japón la humildad y el respeto como principios de trabajo, tanto en la cocina como en el trato con las personas. En Nueva York, la disciplina extrema, casi militar, que hoy aplico en mis propios restaurantes”, dice chef.
Y a pesar de las oportunidades que esas cocinas de talla mundial podían representar, Roberto Solís nunca contempló vivir fuera de México. Su plan siempre fue regresar a Yucatán. Al terminar cada temporada de aprendizaje, reabraría su restaurante y aplicaba lo aprendido.

Los años difíciles: cocinar distinto en una ciudad que no lo pedía
El regreso a Mérida no fue sencillo. Hubo una especie de periodo de transición en el que intentaba introducir una cocina más moderna y arriesgada, pero no era aceptada por el público local: hubo resistencia a lo que se alejara de lo tradicional. Para sortear ese reto, el chef entendió que su labor no era solo la de cocinero, sino también la de empresario: había que encontrar la manera de introducir gradualmente su propuesta, a través de menús especiales y eventos, sin dejar de sostener el negocio. “Es una tarea”, dice, “que continúa hasta hoy, con el objetivo de atraer a más comensales locales en un mercado donde el turismo sigue siendo mayoría”. Con el restaurante Nectar consolidado, Solís sintió la necesidad de dar un paso más personal y decidió abrir un segundo concepto: Huniik. “En un entorno más pequeño, donde yo podía controlar más las cosas”, explica. Huniik se encuentra ubicado en el centro histórico de Mérida, la zona de mayor concentración turística.
El sello de Roberto Solís, dice él mismo, “es usar ingredientes de Yucatán y darles el sabor actual. No la cocina tradicional, sino una cocina actualizada. Los sabores actualizados de Yucatán, como los veo yo, son sabores muy ligeros, muy frescos. Siempre el cítrico, siempre algo de picante”, explica. Es, según sus propias palabras, casi lo opuesto a la percepción común de que la comida yucateca es pesada. “Algunos ingredientes que casi siempre están presentes en nuestra cocina. La naranja agria casi siempre está. La lima, el chile habanero, esos siempre están”. Según cuenta, esa resistencia a lo no tradicional persiste hasta cierto punto en la actualidad, aunque el contexto ha cambiado: hoy Mérida tiene más población, más turismo y más residentes extranjeros.


La estrella Michelin: satisfacción y hambre de más
Al preguntarle sobre lo que sintió al enterarse de que Huniik obtenía la estrella Michelin, Solís fue directo: lo primero que pensó no fue de celebración, sino de exigencia personal. “Quiero más, quiero ser mejor”, dice. Para él, el reconocimiento es gratificante, pero lo que realmente lo mueve es la idea de superación constante y la convicción de que, si se sabe que se puede dar más, no hacerlo sería un error.
Con la estrella Michelin de Huniik, Roberto Solís consolida más de dos décadas de un trabajo que comenzó casi por casualidad. El chef quiere seguir consolidando sus restaurantes y seguir posicionando a Yucatán como destino gastronómico. “Y si pueden venir más estrellas, por supuesto que son aceptadas. Eso es lo que queremos”, finaliza.

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Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México. Habla su creador, Roberto Solís, uno de los principales representantes de la "nueva cocina yucateca".
Por primera vez en su historia, Mérida tiene un restaurante reconocido con una estrella Michelin. Se trata de Huniik, el proyecto del chef yucateco Roberto Solís Azarcoya, quien además recibió una segunda distinción para La Barra de Huniik. Ambas estrellas se entregaron durante la gala de la Guía Michelin México celebrada en Guadalajara, el pasado 20 de mayo de 2026.
Con este reconocimiento, Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México, una lista que hasta ahora se concentraba en Ciudad de México, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur y Quintana Roo. Roberto Solís es considerado hoy uno de los principales exponentes de lo que se conoce como la “nueva cocina yucateca”: una propuesta que toma los ingredientes y sabores de la región, pero los reinterpreta con técnicas modernas y una sensibilidad contemporánea.
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Un cocinero que no quería ser cocinero
Es curioso el caso de Solís: su llegada a la cocina no fue vocacional. En entrevista para Gatopardo, el propio chef reconoce que se involucró en la gastronomía casi por accidente: “Quería ser restaurantero, no cocinero”. Abrió un restaurante sin intención de meterse a la cocina, pero terminó al frente de los fogones porque, en sus palabras, el chef que había contratado “era un imbécil”. Se metió él mismo a la concina y decidió quedarse.
Ese primer restaurante es Nectar, que abrió hace 23 años en una Mérida muy distinta a la de hoy, explica Solís: “Una ciudad con menos población, sin escuelas de cocina y sin una cultura gastronómica que permitiera experimentar con facilidad”. Consciente de que no había dónde aprender de manera profesional en su ciudad, Solís decidió cerrar su restaurante en temporadas bajas y viajar a distintas partes del mundo para trabajar en cocinas de alto nivel. Ese ciclo de cierre y reapertura se repitió durante varios años.
El recorrido internacional de Roberto Solís lo llevó a algunas de las cocinas más influyentes del planeta: The Fat Duck en Inglaterra; Noma en Dinamarca; Per Se en Nueva York y Les Créations de Narisawa en Tokio. Cada una de estas experiencias le dejó algo distinto: “En Inglaterra la aplicación de la tecnología y la ciencia a los alimentos. En Dinamarca la dignificación de los ingredientes locales y el orgullo por el origen propio, la idea de que un frijol puede tener el mismo valor que el caviar. En Japón la humildad y el respeto como principios de trabajo, tanto en la cocina como en el trato con las personas. En Nueva York, la disciplina extrema, casi militar, que hoy aplico en mis propios restaurantes”, dice chef.
Y a pesar de las oportunidades que esas cocinas de talla mundial podían representar, Roberto Solís nunca contempló vivir fuera de México. Su plan siempre fue regresar a Yucatán. Al terminar cada temporada de aprendizaje, reabraría su restaurante y aplicaba lo aprendido.

Los años difíciles: cocinar distinto en una ciudad que no lo pedía
El regreso a Mérida no fue sencillo. Hubo una especie de periodo de transición en el que intentaba introducir una cocina más moderna y arriesgada, pero no era aceptada por el público local: hubo resistencia a lo que se alejara de lo tradicional. Para sortear ese reto, el chef entendió que su labor no era solo la de cocinero, sino también la de empresario: había que encontrar la manera de introducir gradualmente su propuesta, a través de menús especiales y eventos, sin dejar de sostener el negocio. “Es una tarea”, dice, “que continúa hasta hoy, con el objetivo de atraer a más comensales locales en un mercado donde el turismo sigue siendo mayoría”. Con el restaurante Nectar consolidado, Solís sintió la necesidad de dar un paso más personal y decidió abrir un segundo concepto: Huniik. “En un entorno más pequeño, donde yo podía controlar más las cosas”, explica. Huniik se encuentra ubicado en el centro histórico de Mérida, la zona de mayor concentración turística.
El sello de Roberto Solís, dice él mismo, “es usar ingredientes de Yucatán y darles el sabor actual. No la cocina tradicional, sino una cocina actualizada. Los sabores actualizados de Yucatán, como los veo yo, son sabores muy ligeros, muy frescos. Siempre el cítrico, siempre algo de picante”, explica. Es, según sus propias palabras, casi lo opuesto a la percepción común de que la comida yucateca es pesada. “Algunos ingredientes que casi siempre están presentes en nuestra cocina. La naranja agria casi siempre está. La lima, el chile habanero, esos siempre están”. Según cuenta, esa resistencia a lo no tradicional persiste hasta cierto punto en la actualidad, aunque el contexto ha cambiado: hoy Mérida tiene más población, más turismo y más residentes extranjeros.


La estrella Michelin: satisfacción y hambre de más
Al preguntarle sobre lo que sintió al enterarse de que Huniik obtenía la estrella Michelin, Solís fue directo: lo primero que pensó no fue de celebración, sino de exigencia personal. “Quiero más, quiero ser mejor”, dice. Para él, el reconocimiento es gratificante, pero lo que realmente lo mueve es la idea de superación constante y la convicción de que, si se sabe que se puede dar más, no hacerlo sería un error.
Con la estrella Michelin de Huniik, Roberto Solís consolida más de dos décadas de un trabajo que comenzó casi por casualidad. El chef quiere seguir consolidando sus restaurantes y seguir posicionando a Yucatán como destino gastronómico. “Y si pueden venir más estrellas, por supuesto que son aceptadas. Eso es lo que queremos”, finaliza.

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Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México. Habla su creador, Roberto Solís, uno de los principales representantes de la "nueva cocina yucateca".
Por primera vez en su historia, Mérida tiene un restaurante reconocido con una estrella Michelin. Se trata de Huniik, el proyecto del chef yucateco Roberto Solís Azarcoya, quien además recibió una segunda distinción para La Barra de Huniik. Ambas estrellas se entregaron durante la gala de la Guía Michelin México celebrada en Guadalajara, el pasado 20 de mayo de 2026.
Con este reconocimiento, Huniik se suma a los 255 establecimientos certificados por Michelin en México, una lista que hasta ahora se concentraba en Ciudad de México, Nuevo León, Oaxaca, Baja California, Baja California Sur y Quintana Roo. Roberto Solís es considerado hoy uno de los principales exponentes de lo que se conoce como la “nueva cocina yucateca”: una propuesta que toma los ingredientes y sabores de la región, pero los reinterpreta con técnicas modernas y una sensibilidad contemporánea.
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Un cocinero que no quería ser cocinero
Es curioso el caso de Solís: su llegada a la cocina no fue vocacional. En entrevista para Gatopardo, el propio chef reconoce que se involucró en la gastronomía casi por accidente: “Quería ser restaurantero, no cocinero”. Abrió un restaurante sin intención de meterse a la cocina, pero terminó al frente de los fogones porque, en sus palabras, el chef que había contratado “era un imbécil”. Se metió él mismo a la concina y decidió quedarse.
Ese primer restaurante es Nectar, que abrió hace 23 años en una Mérida muy distinta a la de hoy, explica Solís: “Una ciudad con menos población, sin escuelas de cocina y sin una cultura gastronómica que permitiera experimentar con facilidad”. Consciente de que no había dónde aprender de manera profesional en su ciudad, Solís decidió cerrar su restaurante en temporadas bajas y viajar a distintas partes del mundo para trabajar en cocinas de alto nivel. Ese ciclo de cierre y reapertura se repitió durante varios años.
El recorrido internacional de Roberto Solís lo llevó a algunas de las cocinas más influyentes del planeta: The Fat Duck en Inglaterra; Noma en Dinamarca; Per Se en Nueva York y Les Créations de Narisawa en Tokio. Cada una de estas experiencias le dejó algo distinto: “En Inglaterra la aplicación de la tecnología y la ciencia a los alimentos. En Dinamarca la dignificación de los ingredientes locales y el orgullo por el origen propio, la idea de que un frijol puede tener el mismo valor que el caviar. En Japón la humildad y el respeto como principios de trabajo, tanto en la cocina como en el trato con las personas. En Nueva York, la disciplina extrema, casi militar, que hoy aplico en mis propios restaurantes”, dice chef.
Y a pesar de las oportunidades que esas cocinas de talla mundial podían representar, Roberto Solís nunca contempló vivir fuera de México. Su plan siempre fue regresar a Yucatán. Al terminar cada temporada de aprendizaje, reabraría su restaurante y aplicaba lo aprendido.

Los años difíciles: cocinar distinto en una ciudad que no lo pedía
El regreso a Mérida no fue sencillo. Hubo una especie de periodo de transición en el que intentaba introducir una cocina más moderna y arriesgada, pero no era aceptada por el público local: hubo resistencia a lo que se alejara de lo tradicional. Para sortear ese reto, el chef entendió que su labor no era solo la de cocinero, sino también la de empresario: había que encontrar la manera de introducir gradualmente su propuesta, a través de menús especiales y eventos, sin dejar de sostener el negocio. “Es una tarea”, dice, “que continúa hasta hoy, con el objetivo de atraer a más comensales locales en un mercado donde el turismo sigue siendo mayoría”. Con el restaurante Nectar consolidado, Solís sintió la necesidad de dar un paso más personal y decidió abrir un segundo concepto: Huniik. “En un entorno más pequeño, donde yo podía controlar más las cosas”, explica. Huniik se encuentra ubicado en el centro histórico de Mérida, la zona de mayor concentración turística.
El sello de Roberto Solís, dice él mismo, “es usar ingredientes de Yucatán y darles el sabor actual. No la cocina tradicional, sino una cocina actualizada. Los sabores actualizados de Yucatán, como los veo yo, son sabores muy ligeros, muy frescos. Siempre el cítrico, siempre algo de picante”, explica. Es, según sus propias palabras, casi lo opuesto a la percepción común de que la comida yucateca es pesada. “Algunos ingredientes que casi siempre están presentes en nuestra cocina. La naranja agria casi siempre está. La lima, el chile habanero, esos siempre están”. Según cuenta, esa resistencia a lo no tradicional persiste hasta cierto punto en la actualidad, aunque el contexto ha cambiado: hoy Mérida tiene más población, más turismo y más residentes extranjeros.


La estrella Michelin: satisfacción y hambre de más
Al preguntarle sobre lo que sintió al enterarse de que Huniik obtenía la estrella Michelin, Solís fue directo: lo primero que pensó no fue de celebración, sino de exigencia personal. “Quiero más, quiero ser mejor”, dice. Para él, el reconocimiento es gratificante, pero lo que realmente lo mueve es la idea de superación constante y la convicción de que, si se sabe que se puede dar más, no hacerlo sería un error.
Con la estrella Michelin de Huniik, Roberto Solís consolida más de dos décadas de un trabajo que comenzó casi por casualidad. El chef quiere seguir consolidando sus restaurantes y seguir posicionando a Yucatán como destino gastronómico. “Y si pueden venir más estrellas, por supuesto que son aceptadas. Eso es lo que queremos”, finaliza.

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