Esto no se queda así: Sigue el caso Aristegui

Tras su salida de MVS, la periodista Carmen Aristegui asegura que “dará batalla” para defender la libertad de expresión.

Por Wilbert Torre / Fotografía Napoleón Habeica

–Por favor pasen por aquí.

Eran las 5 de la mañana del lunes 16 de marzo cuando los integrantes del equipo de Carmen Aristegui comenzaron a llegar a las instalaciones de MVS. Contrario a lo habitual, esta vez no se les permitió trasponer la puerta principal, caminar a la izquierda unos pasos y subir las escaleras que los llevaban todos los días a la redacción.

–Pónganse cómodos.

Uno a uno fueron llegando: los más veteranos, como Kirén Miret, colaboradora de Aristegui desde W Radio en 2003, y los jóvenes Rafael Cabrera y Sebastián Barragán, que se unieron a la unidad de investigaciones el año pasado. Los empleados del área jurídica de MVS repartieron entre ellos unas carpetas azules divididas en dos: quienes tenían un contrato y aquellos que trabajaban por honorarios.

Todos los integrantes de la Primera Emisión de Aristegui fueron despedidos. Ni uno se salvó. Alrededor de quince periodistas, productores y redactores descendieron en un instante del mayor rating en la radio nacional a los túneles del desempleo mexicano.

* * *

La noche anterior, cuando recibió en su casa al sur de la ciudad de México la notificación que le informaba que MVS decidía finiquitar su contrato, Carmen Aristegui desconocía el futuro de sus colaboradores. El anuncio no mencionaba una sola palabra sobre ellos, aunque a esas alturas ella estaba segura de que el último de los conflictos con Joaquín Vargas, presidente del Consejo de Administración de Grupo MVS, terminaría en rompimiento, uno más en su carrera de veinticinco años detrás de los micrófonos.

Esta vez Aristegui se va acusada de abuso de confianza. MVS le recriminó utilizar su marca para suscribir Mexicoleaks, una plataforma de denuncia ciudadana fundada por ocho medios para revelar información de interés público.

Desde el 10 de marzo, cuando la empresa emitió un primer comunicado y desató una andanada de spots deslindándose de Mexicoleaks denunciando “un lamentable abuso de confianza”, Aristegui comenzó a sospechar de qué se trataba.

Decidió ser cautelosa y mesurada, una posición contrastante con su respuesta beligerante hace tres años advirtiendo censura, al ser despedida por MVS tras preguntar si el presidente Calderón tenía problemas con el alcohol. Esta vez dijo que no compraría un pleito artificial y en la emisión del jueves 12 de marzo hizo saber su deseo por seguir al aire y refrendó su compromiso con la empresa.

Lo que había detrás de su posición no era un abandono a su postura de confrontación al poder, como algunos interpretaron, y su silencio de un día posterior al despido de Daniel Lizárraga e Irving Huerta, parte del equipo de investigación detrás de la historia de la Casa Blanca de 7 millones de dólares de la esposa del presidente Peña, tampoco obedecía a una traición.

Para Aristegui la ecuación era simple: ella no renunciaría, facilitando las cosas a la empresa y al gobierno peñista. Si les resultaba incómoda, si no la toleraban, si no querían que continuara al aire, entonces que MVS la despidiera y que se asumiera el costo político y social de hacerlo.

A la mañana siguiente, viernes 13, ya enterada del despido de Lizárraga y Huerta –cosa que desconocía el jueves al cierre del programa– Aristegui endureció su posición. Planteó como condición irrenunciable la reinstalación de los dos periodistas y advirtió que su despido representaba un vendaval de autoritarismo.

* * *

Los dos despidos de Aristegui en MVS –en 2011 y el ocurrido ahora– encierran un juego de contrastes y una paradoja sumamente reveladora.

Lo que ocurrió en 2011 es una historia conocida. Los Vargas, propietarios de  MVS, decidieron echarla después de que había llevado al aire el rumor general, representado entonces por una pancarta exhibida en la Cámara de Diputados, de que el presidente Calderón tenía problemas de alcoholismo.

En medio del escándalo, entre periodistas afines al gobierno y periodistas independientes ocurrieron acalorados debates. Se preguntaban si era ético lanzar al aire una pregunta sin que mediara una investigación y pruebas mínimas de lo que se cuestionaba.

Al sembrar la pregunta aquel día en su programa, Aristegui tuvo el cuidado de advertir que no era posible corroborar si Calderón tenía problemas de alcoholismo. Pero se trataba de un tema delicado –dijo– y era necesario saber si era cierto.

El escándalo de su despido y los señalamientos de que detrás se encontraba la Presidencia, provocó unos días después algo inaudito: que Aristegui fuera reinstalada. Los Vargas tomaron la decisión ante dos circunstancias: la debilidad del presidente Calderón, cuya popularidad iba en picada, y la presión social desatada por el despido de su conductora estrella.

Al recuperar su espacio en febrero de 2011, Aristegui transformó una crisis en una oportunidad y volvió a MVS en condiciones muy favorables. Negoció y convenció a Los Vargas de otorgarle plena independencia editorial y autoridad exclusiva para contratar y despedir a sus colaboradores.

En esas nuevas circunstancias hizo ajustes y correcciones que le permitirían a mediano plazo mejorar su trabajo periodístico.

De ser una entrevistadora nata y una periodista crítica que destapaba escándalos y se atrevía a preguntar lo que la mayoría de periodistas no preguntaba, aunque con frecuencia lo hiciera sin elementos, en un tiempo relativamente breve, Aristegui se encontró presentando periodismo de investigación que dio a su programa mayor rigor y contenido.

La clave de esa mutación tiene nombre: Daniel Lizárraga, un reportero veterano y reservado, de talante sereno.

Durante siete años fuimos vecinos de escritorio en el periódico Reforma. Lo veía llegar muy serio, saludar con esa sonrisa tímida que se asoma en medio de sus anteojos y sentarse a la computadora para escribir un texto. Escribía dos líneas y las borraba. Escribía el primer párrafo y lo borraba. Escribía la mitad de su nota y la borraba. Así podía pasar el tiempo hasta que caía la noche y Roberto Zamarripa, subdirector del diario, nuestro jefe, bajaba a su lugar a decirle que se apresurara.

Esa aparente inseguridad y su asistencia a talleres con prestigiados periodistas de investigación de otros países detonó en Lizárraga quizá la mayor de sus virtudes: el rigor. Releer diez veces un documento. Desconfiar de sí mismo. Saber dónde y cómo encontrar información. Verificar, verificar y verificar, un ejercicio casi inexistente en el periodismo mexicano.

Durante varios meses Aristegui y Lizárraga se sumergieron en largas discusiones en las que él describía las bondades del periodismo de investigación, y en mayo de 2014 la conductora tomó la decisión de fundar una unidad especializada.

Lizárraga invitó a sumarse al equipo a Rafael Cabrera, un reportero de 31 años que un año antes, en mayo de 2013, se había preguntado cuál sería la historia detrás de la casa de la familia Peña, al leer en una Comercial Mexicana un largo reportaje publicado por la revista Hola.

Cabrera y otro joven reportero, Irving Huerta, emprendieron una investigación de 8 meses. El cerebro detrás fue Lizárraga, que iluminó y guió sus pasos pidiéndoles indagar y confirmar; solicitó información al gobierno, interpuso amparos para liberar documentos negados y como un capitán se echó el equipo y el asunto sobre los hombros.

A lo largo del proceso el equipo presentaba reportes a Aristegui, que insistía en la importancia de verificar dos veces todo y no dejar una sola rendija suelta por donde se pudiera desacreditar la investigación. Al final, cuando estuvo listo, Carmen se sentó ante la computadora y escribió los tres primeros párrafos de la historia que a propuesta de Lizárraga fue bautizada como “La Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto”.

Hay un elemento importante y hasta ahora inadvertido en este último episodio de rompimiento.

Al detonar la historia de la Casa Blanca, Aristegui hizo algo muy parecido al proyecto Mexicoleaks, la alianza de ocho medios alrededor de una plataforma de investigación que motivó su despido. Citó a los corresponsales extranjeros, a los directivos de La Jornada, Reforma y Proceso, les entregó un dispositivo USB con la información y les propuso presentar la historia en bloque. Hubo resistencias, pero al final todos aceptaron.

Era la primera vez que algo así –una alianza, un bloque, un frente común– se pactaba entre medios mexicanos.

La decisión era una réplica del modelo utilizado por medios internacionales como The Guardian, BBC, Le Monde, Süddeutsche Zeitung y Asahi Shimbun para construir una alianza, protegerse y romper cercos informativos en la difusión del escándalo de corrupción del gobierno chino, en 2 014.

* * *

Aristegui ahora puede contar con los dedos de una mano las veces que ha salido de un medio por rompimiento y bajo sospechas de censura.

En otras ocasiones han quedado claros los motivos de la ruptura: salió de Grupo Imagen cuando Alfonso Romo, el dueño, le recriminó airado a ella y al periodista Javier Solórzano investigar las denuncias de pederastía contra el padre Maciel, y después cuando el presidente Calderón no soportó que lanzara al aire la pregunta incómoda sobre un presunto problema de alcoholismo.

En 2008, al salir de W Radio Aristegui acusó censura, pero la empresa adujo una serie de razones comerciales, burocráticas y una política: entre ellas, que no respetaba los cortes comerciales, que llegaba media hora después de iniciado su programa, que tomaba vacaciones y avisaba a su jefe por medio de su secretaria y que la rodeaba una imagen cargada al PRD.

En febrero pasado, en una entrevista para Gatopardo, pregunté a Aristegui si confiaba en que su salida de MVS en 2011 bajo presiones de la Presidencia y su posterior reinstalación, hubieran representado una lección para que los empresarios de los medios comprendieran que los suyos no son solo negocios, sino puentes transmisores de la sociedad, y que en medio se encuentra el interés del país.

“Ojalá esa lección se haya aprendido”, respondió escueta.

* * *

Cuando abrieron las carpetas azules, los miembros del equipo de Aristegui se encontraron con un par de documentos notificándoles que MVS decidía prescindir de sus servicios. Con amabilidad los empleados del área jurídica les pidieron firmarlos.

Ninguno lo hizo.

Aristegui llegó a la estación unos minutos antes de las 9 de la mañana, acompañada de sus abogados y tuvo una breve reunión con su equipo. Pidió calma. “Vamos a ver que hacemos. Vamos a estar juntos”, les dijo.

Pero en el equipo prevalece la percepción de que no todo terminó con los despidos.

Existe la inquietud de que MVS pudiera presentar denuncias legales contra algunos. El primer comunicado emitido por la empresa y revisado por la defensa de Aristegui, ha sido interpretado como una amenaza por sus abogados.

“Noticias MVS tomará las medidas pertinentes y necesarias a fin de que sus recursos humanos, tecnológicos, financieros y materiales no sean utilizados para fines distintos para los que fueron creados y sirvan a intereses particulares que nada tienen que ver con el periodismo que realiza la empresa”, advierte ese comunicado, fechado el 10 de marzo.

El abuso de confianza invocado por la empresa para despedir a Lizárraga y Huerta constituye un delito sancionado por entre 1 y 12 años de cárcel.

“Los eventos de las últimas horas tuvieron todos los vicios, fueron planeados con toda anticipación y con muchos recursos, mucho poder”, dijo Aristegui a las puertas de MVS, rodeada por sus colaboradores. “Nuestros abogados dicen que no tienen derecho a hacer lo que están haciendo. Vamos a dar la batalla”.

La batalla que prepara Aristegui se extiende en varios escenarios, más allá de la batalla legal.

A su despido de MVS ha recibido decenas de llamadas de diarios, revistas, televisoras y radiodifusoras de todo el mundo, solicitando una entrevista.

Ha tomado un primera decisión: ofrecerá una conferencia de prensa a la que convocará a medios nacionales e internacionales en las próximas horas, en la que responderá todo lo que le pregunten y contará su versión sobre un asunto desconocido:

¿Por qué decidió detonar la historia de la Casa Blanca en Aristegui Noticias, su plataforma online, y no hacerlo en la Primera Emisión de MVS?

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