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Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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Yunkaporta: "La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza". Fotografía: cortesía del autor.
Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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Yunkaporta: "La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza". Fotografía: cortesía del autor.
Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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Yunkaporta: "La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza". Fotografía: cortesía del autor.
Una entrevista con Tyson Yunkaporta, académico aborigen australiano, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es autor de un puñados de ensayos y libros de no ficción que bien pueden funcionar como una brújula, o al menos un alivio, para cruzar por la bruma cruel y absurda en que se ha convertido el presente.
“Los apocalipsis son perturbadores, pero se vuelven mucho más interesantes si te has preparado almacenando relaciones en lugar de armas, oro y vitaminas.”
—Tyson Yunkaporta, Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena.
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Un amigo de Estados Unidos me llamó hace poco para pedirme recomendaciones de libros.
Esto no habría sido nada extraordinario de no ser porque lo hizo desde debajo de una mesa, acurrucado en posición fetal en el piso de su cocina.
“Necesito a alguien a quien leer”, sollozó, “algo que me ayude a superar todo esto”.
Por todo esto se refería, por supuesto, a todo: Trump, los secuestros de agentes de ICE, las guerras el avance del fascismo, el genocidio en Palestina, el destripamiento de las instituciones estadounidenses, los incendios forestales, las aguas envenenadas... ese cúmulo enmarañado de catástrofes globales que los expertos denominan la Gran Simplificación, la Metacrisis, el Antropoceno y, por último, mi favorita porque es algo que sentimos en nuestros cuerpos, el Colapso.
Por lo menos tenía un nombre para él: Tyson Yunkaporta. Le dije que la obra de Yunkaporta me había ayudado a superar algunos de mis peores momentos en el suelo de mi propia cocina; sus ensayos y libros de no ficción me habían ayudado a dar sentido a la absurdidad de estos tiempos. Su particular combinación de humor negro, claridad moral y locura ocasional incluso me había dado, en ocasiones, cierta esperanza en el futuro, aunque no estoy del todo segura de que él comparta esa esperanza.
Yunkaporta es un académico aborigen australiano, escritor, custodio del conocimiento del clan Apalech, fundador del Laboratorio de Sistemas de Conocimiento Indígena de la Universidad de Deakin y tallador de herramientas y armas tradicionales. También es neurodivergente y bipolar, y su trabajo es tan ecléctico como su biografía. Su primer libro, Escrito en la arena. Cómo el pensamiento indígena puede salvar al mundo (2019), fue escrito durante poco más de cinco semanas mientras se encontraba en un período de manía, y eso se nota. Escrito en la arena es en parte una autobiografía, en parte una celebración de los sistemas de pensamiento indígenas y la cultura aborigen, y en parte un manual de instrucciones para una relación con el mundo más arraigada y animista, pero también está salpicado de algunas teorías conspirativas. Fue un éxito mundial inmediato y catapultó a Yunkaporta al escenario internacional, ganándole multitud de fans, muchos de ellos de la extrema derecha global.
Su popularidad entre la derecha fue un shock, y Yunkaporta terminó su siguiente libro mientras estuvo sumido en una profunda depresión durante los dos años de estricto confinamiento por el covid en Australia. Su tono esta vez fue muy diferente al optimista delirio de Sand Talk: “El mundo entero participó recientemente en un taller”, escribió, “que comenzó alrededor de 2016 y nos involucró a todos en la historia equivocada y la mala relación del Arte de la negociación. La mayoría de nuestras interacciones funcionan ahora según este patrón, lo que significa que siempre hay un ganador y un perdedor, y el ganador es el que dice más mentiras y causa más daño”.
Relato correcto, relato incorrecto. Una travesía por el pensamiento indígena (2023) marca el intento de Yunkaporta de examinar y tal vez incluso mitigar ese daño. Invita al lector a acompañarle en un viaje metafórico en canoa por las turbias aguas ideológicas, navegando, entre otras cosas, por los mitos del progreso de la Ilustración, las dudosas victorias de la política identitaria y los discursos utilizados como armas en torno a la “libertad de expresión”, las “libertades individuales” y la “cultura de la cancelación”. Cuidadosamente estructurado como un recorrido por círculos dantescos del infierno, el libro termina con un enfrentamiento entre el autor, el lector y Hannibal Lecter, de El silencio de los inocentes.
A pesar o quizás debido a su tono de sombría lucidez, Relato correcto, relato incorrecto no es desalentador: al contrario, ofrece mapas nuevos/antiguos para leer el mar de información en el que debemos aprender a nadar si queremos sobrevivir. Es el vehículo para un tipo de amarga sabiduría que solo puede provenir de comunidades, pueblos y naciones que han vivido ya —y varias veces— el Fin de su Mundo.
Yunkaporta charló con Gatopardo por Zoom desde su casa en Sídney. La distancia temporal y geográfica resultó desconcertante, y sin importar sobre qué estuviera girando la charla (la inteligencia artificial, las fábulas de Esopo, su riguroso autoanálisis o su próximo tercer libro de lo que ahora llama la Trilogía de la Serpiente), Yunkaporta siempre fundamentó sus respuestas en términos de tierra y lugar. Más de una vez respondió a sus propias preguntas con una propia: Pero ¿dónde está?
Escrito en la arena es una obra casi universalmente amada, excepto quizá por ti. ¿Cuál es tu crítica a ella?
Mira, creo que es bueno para la higiene ética e intelectual de cualquier escritor revisar su trabajo. Cuando escribí Escrito en la arena pasaba demasiado tiempo en internet y había estado consumiendo una buena cantidad de propaganda. El buen conocimiento indígena todavía está ahí, pero de alguna manera se ve empañado por la forma en que compenso eso con narrativas cuidadosamente seleccionadas y una falsa dicotomía: el pensamiento aborigen vs. la ciencia occidental.
El libro tuvo mucho éxito, en parte porque me incliné por esa dicotomía. Es el tipo de narrativa espiritual del bien y el mal que se encuentra en el corazón de las teorías conspirativas, las fantasías políticas y los imaginarios sociales que empujan a todo el mundo hacia la autocracia y el fascismo.
Era bastante denso. Tuve que leerlo más de una vez.
A veces la gente habla de lo mucho que hay en él y de cómo tiene que volver atrás y leerlo dos o incluso tres veces porque hay tanto que procesar. Creo que eso en sí mismo es algo a lo que vale la pena prestarle atención. ¿Has oído hablar de la técnica de desinformación conocida como Gish Gallop?
No.
Es donde se vierte un torrente de información, con algunas cosas buenas, pero mezcladas con tanta información falsa, que se necesitarían días y días de trabajo para verificarlo todo. Simplemente lo sueltas todo de golpe. Y Escrito en la arena tenía un poco de eso: por ejemplo, hay un capítulo entero que es muy crítico de la medicina pública y la salud pública occidentales, ¡incluso hablo de las estelas químicas en algún momento!
¿Cuándo empezaste a darte cuenta de que, sin quererlo, tal vez estabas tocando fibras sensibles de la derecha?
Recibí muchos correos electrónicos que decían cosas como: “Tu libro ha sido muy importante para nosotros en nuestro conjunto”. O correos que decían cosas como: “En nuestro grupo teníamos serios problemas para mantener a nuestras esposas de 14 años entre nuestros muros, ¡y tus modelos de gobernanza indígena realmente nos ayudaron a inspirarnos!”.
[Risas] Estoy exagerando un poco, pero no tanto.
Todo esto me llevó a realizar una profunda revisión del libro, pero también de mí mismo y de mi forma de pensar, así como de los mensajes que estaba transmitiendo y la lógica que estaba utilizando. Llegué a la conclusión de que mi forma de pensar no era congruente con el conocimiento de los sistemas indígenas que estaba defendiendo.
Así que, según tu propio criterio, había algo de wrong story en ello. ¿Cuál es la diferencia entre right story y wrong story[1]?
Wrong story suele darse cuando se ha creado una narrativa con el fin de impulsar una agenda. Esa narrativa puede ser bastante convincente, pero esconde una agenda degenerativa, o que favorece a una persona o grupo que está desplazando a otro, o que está causando algún tipo de daño a alguien, con el fin de beneficiar a otra persona.
Right story no se adhiere a ninguna preferencia política en particular, sino que se trata más bien del proceso. Right story requiere largos procesos de investigación, verificación y comprobación de que la narrativa encaja en su lugar, en la realidad y en las redes de relaciones. Lleva tiempo y requiere una potencia informática superior a la que está al alcance de una sola persona o un solo grupo. Tiene que surgir de muchas historias con mucha gente que está reflexionando profundamente y creando colectivamente algo bueno.
Si bien entiendo, no sólo las personas son importantes para right story; también lo son otros seres: los ancestros, los animales, las plantas, la tierra misma.
Eso es, eso es. ¿Dónde está? Si no hay un lugar en una historia, entonces esa historia es potencialmente dañina, y ni siquiera es realmente story desde un punto de vista indígena. Tiene que haber un lugar ahí. Tienes que poder escuchar la historia y oír que hay un mapa en ella.
Tú has dirigido una crítica contra las fábulas de Esopo, por ejemplo, y en particular aquella en la que un escorpión engaña a una rana para que le ayude a cruzar el río y después la pica.
En primer lugar, no sé dónde está el río. ¿Dónde está? Y, en segundo lugar, ¿por qué iba a creerme una historia que dice que, si intentas ayudar a alguien, te picará hasta matarte?
Así que parte de wrong stories cuando no está anclado en su sitio. ¿Qué más?
Wrong story puede ser un chisme, cuando inventas algo sobre alguien y se lo cuentas a todo el mundo, y esa narrativa falsa cobra vida propia y afecta a la realidad. Es similar a la desinformación que llega a través de las redes sociales y crea nuestras realidades, incluso la formación de nuestras propias identidades. Todas estas formas de wrong story funcionan como una maldición y casi siempre operan como una forma de crear muros de exclusión.
Incluyendo muros literales, como los muros fronterizos.
Pero no se trata solamente de naciones. También se trata de culturas y grupos, e incluso de individuos, donde cada individuo, durante las últimas dos décadas, ha estado construyendo un muro a su alrededor, alentado a crear este tipo de identidad de marca: Soy esta cosa fabulosa.
Los muros de exclusión siempre crean estancamiento: de la cultura, de la identidad, de la soberanía. Y cuando ese sistema está en declive, siempre hay un impulso hacia la finalidad del fortalecimiento de las fronteras y los muros, para excluir en lugar de incluir. Para detener todos los flujos migratorios, de humanos, no humanos e incluso de las aguas, para aislarse del mundo. Eso suele ser una señal de que, sí, la sociedad está en colapso.

Hablas y escribes con frecuencia sobre el trabajo fronterizo. ¿Cómo encaja eso en el Colapso?
El trabajo fronterizo puede ser excluyente y defensivo, o en ocasiones incluso agresivo, con vistas a la expansión. Esto es algo que se observa en las ciudades, porque las ciudades necesitan expandirse y, para expandirse, necesitan desplazar constantemente a muchos seres humanos y no humanos. Esa es una forma peculiar y reciente de trabajo fronterizo.
Pero el trabajo fronterizo que ha sido típico del sur global en esta era, y de los pueblos indígenas que aún se adhieren a su sabiduría tradicional, ve las fronteras como lugares dinámicos para crear vínculos familiares y crecer, diseñados para facilitar los flujos entre territorios en una especie de acción regenerativa interdependiente. Esto es lo que también hacen nuestros hermanos y parientes no humanos, porque la mayor parte de la biología de un lugar migra estacionalmente, tanto por encima como por debajo del suelo. Los seres volarán —a menudo al otro lado del mundo— o nadarán o caminarán o correrán. Todo se mueve constantemente y viaja estacionalmente a diferentes biorregiones, o incluso a diferentes áreas dentro de una misma biorregión. Los seres humanos también hacen eso.
Pero ¿no interfieren en ese flujo nuestras fronteras amuralladas y militarizadas?
Claro, pero irónicamente, a la naturaleza le encantan los muros. Ve un muro y dice: “¡Oh, algo que puedo embellecer! ¡Quiero ponerle unos líquenes! ¡Quiero ponerle líquenes, hongos, telas de araña y hormigas que pongan sus huevos y construyan sus nidos en las grietas!”.
Y entonces vendrán los pájaros a comer esas cosas y luego defecarán semillas en esas grietas y germinarán cosas y habrá hierbas, habrá enredaderas, habrá grafitis, habrá tráfico de drogas, habrá amantes besuqueándose en las partes oscuras… Y pronto habrá túneles excavados debajo.
Las fronteras proporcionan un borde que la naturaleza anhela embellecer. La naturaleza no puede evitarlo. Nosotros tampoco: cada venta de drogas, cada pedazo de grafiti, cada niño que quiere trepar por el muro y ver qué hay al otro lado, le quita uno o dos ladrillos. Y luego están esas economías emergentes naturales, las economías del mercado negro, el tráfico de personas a través de las fronteras. Estas economías pueden ser muy resilientes.
¿Sigue siendo accesible esta porosidad, dadas las nuevas tecnologías de vigilancia, la censura digital y el seguimiento de las poblaciones?
La naturaleza se resiste a la coerción y al control. Y los seres humanos también son naturaleza.
Desde luego, existen muros digitales en los que los malos actores son personas que intentan aumentar el alcance de su influencia a través del mundo digital en todas estas esferas. Pero para ello, tienen que hacer que todos estos sistemas diversos sean interoperables. Tienen que crear protocolos de un sistema a otro para que estas diferentes máquinas puedan comunicarse entre sí, y eso es también su perdición, y una buena parte de los portales funcionan. Porque estos protocolos nos permiten colarnos por las grietas y hacer pequeñas cosas inteligentes y astutas por aquí y por allá.
También existe el algoritmo terminante de todos los imperios: cuanto más te expandes, más pueblos diversos intentas controlar, cuantos más de ellos tengas dentro de tus muros, mayor será su influencia dentro de ellos y cambiarán lo que estás haciendo de todos modos. Al final, perderás esa influencia porque todos ganan un poco más de poder con el tiempo, y todo se te escapa de las manos y se derrumba a tu alrededor.
Y esta cultura oligárquica de los tech bro necesita esas influencias. Ya no pueden tener buenas ideas y carecen de cultura. No tienen arte ni cultura propia. No tienen sus propios comediantes.
Los nazis no eran precisamente conocidos por su gran talento para el stand-up…
Así es, así es. Cuando una cultura dominante es basura, tiene que explorar los márgenes.
Hablando de los tech bros, ¿qué opinas de la IA? ¿Es una inteligencia emergente? ¿Hay lugar para entablar una relación con ella?
Tengo un amigo, un hombre indígena, que tiene una novia robot blanca. Hemos terminado hablando de una IA relacional aborigen porque en nuestra cultura ni siquiera puedes salir con una chica hasta que no hayas establecido una relación con sus tías.
Estoy bromeando. Pero lo que quiero decir es que el problema con la IA es: ¿dónde está? Si tienes una relación con un animal, entonces es parte de una especie y pertenece a un lugar y a una serie de rutas migratorias, y es totémico, y ese espíritu está en la tierra. Pero con la IA, ¿dónde está la sabiduría tradicional? ¿Dónde está la tierra? Si estas cosas simplemente están flotando en un vacío y no tienen un lugar ni sentido de pertenencia, necesitan terreno y necesitan almacenamiento. ¿En una nube? ¿Dónde está esa nube?
Lo que nos lleva al tercer libro de tu trilogía, Snake Talk, que acaba de salir a la venta y es casi lo opuesto a la IA en cuanto a su insistencia en la crucial importancia del lugar como fuente de la historia. Es una conversación global entre historias de todo el mundo, y está escrito junto con tu esposa, Megan Kelleher, lo que significa que esta vez no sólo sostienes la idea de la creación colectiva de sentido como autor único; de hecho, la estás representando en tiempo real en la página. ¿Cuál fue la inspiración?
Snake Talk surgió de la pregunta: si todo el mundo va por ahí con verdades diferentes, ¿qué hacemos? ¿Cuál es esa sabiduría tradicional fundamental común a todos los seres humanos del mundo que sí tenemos en común?
En cada continente, la mayoría de las culturas todavía conservan ecos de una historia fundacional, una historia o historias de serpientes, que se remontan a una época anterior a los templos, las murallas y las ciudades. La mayoría de las culturas tienen esto. Entonces, ¿qué es lo que nos une?, ¿cómo accedemos a la sabiduría tradicional de la tierra y recuperamos esas formas de ser? ¿Qué modelos y conocimientos podrían ayudarnos a restablecer redes interdependientes de obligación mutua, del tipo que han mantenido nuestras culturas durante milenios?
¿Estas historias también sobreviven al derrumbe de muros y ciudades? ¿Cómo podrían ayudarnos a sobrevivir a la migración masiva y la expulsión del territorio?
Hay académicos africanos que incluso me han hecho cambiar de opinión sobre la idea de que nos roben nuestros objetos sagrados e incluso los restos de nuestros antepasados. ¿Y si las cosas que hemos perdido, que se conservan en esos museos, fueran en realidad objetos sensibles y con voluntad propia en la diáspora?
Las lanzas, las joyas, los objetos sagrados y las piedras... todas estas cosas, e incluso los cuerpos, se encuentran en museos de todo el mundo. ¿Y si estuvieran susurrando a los colonos e imperialistas, colonizando su pensamiento, de la misma manera en que la naturaleza actúa sobre los muros?
Esto suena casi esperanzador…
Tenemos un capítulo titulado “Have Snake Will Travel” (Si tienes serpiente, viajarás) que explora la idea de la retención cultural e incluso la recuperación en la diáspora. Porque en la diáspora no sólo eres un pueblo desplazado que ha perdido algo, sino que también eres un banco de semillas para el futuro. Así que, por ejemplo, en mi lugar de origen, se espera que te cases fuera de tu clan, lo que significa que, aunque un volcán haga erupción y todo el mundo muera, tu pueblo estará repartido por todo el continente. Podrá volver y reparar los daños.
Eso es lo que es la diáspora. Es importante y es parte de la interdependencia humana. Nos hace resilientes.
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[1] Hemos decidido mantener la palabra story en inglés para honrar el fundamento aborigen con el que Yunkaporta hace uso de la palabra cuando escribe y cuando habla. Cuando habla de “right story” o “wrong story”, no se refiere a una narrativa o un relato individual, sino a una forma de ser en el mundo. Story no es tan solo la elaboración de una “historia”; es también una ética que se vive y un mundo que se transita. En sus propias palabras: “El relato correcto no tiene que ver con la verdad objetiva, sino con las metáforas y las relaciones y las narraciones de comunidades interconectadas que viven en contextos de conocimiento y economía complejos, alineadas con los patrones de la tierra y la creación (...) El relato correcto nunca proviene de los individuos, sino de los grupos que viven en relación correcta entre sí y con la tierra. El relato incorrecto, la forma incorrecta... se refiere a rituales, palabras y pensamientos unilaterales o desequilibrados”.
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