Carta Editorial
Los hechos genuinamente paradigmáticos son raros, pero son. Suceden. Hay que tener olfato para, a la distancia, identificarlos, analizarlos por el derecho y el revés y aprovecharlos para hacer un relato del mundo en que vivimos.
Vivimos en una cultura en la que resulta natural leer la historia en modo dramático, como si estuviera compuesta por una serie de eventos sísmicos que por sí mismos fueron capaces de cambiarlo todo. Queremos entrever hechos tremendos, instantes cruciales, decisiones que encendieron la revolución total. Es más fácil (y excitante) concebir cruces del Rubicón o tomas accidentales de lsd en laboratorios suizos que aceptar la realidad: lo que se impone casi siempre son las evoluciones lentas y los procesos en los que lo viejo y lo nuevo se mezclan largamente.
Los hechos genuinamente paradigmáticos son raros, pero son. Suceden. Hay que tener olfato para, a la distancia, identificarlos, analizarlos por el derecho y el revés y aprovecharlos para hacer un relato del mundo en que vivimos. El 25 de marzo de 1996, el Gobierno de Argentina autorizó el uso y comercialización de la soja transgénica, producto capaz de tolerar el uso masivo de agroquímicos, en especial de glifosato, un herbicida. Fue uno de los primeros países del mundo en hacerlo, y la decisión se apalancó con la promesa de llevar el campo a la hiperindustrialización y a recuperar la competitividad de la economía nacional. Lo que detonó el expediente firmado hace tres décadas fue, en efecto, un nuevo modelo agroindustrial, y algo más: una cadena de desastres ambientales, sociales y de salud pública que todavía no comprendemos del todo, pero hoy tenemos la información para hacerlo.
Las periodistas Solange Levinton y Natalia Concina se propusieron reconstruir todo lo que estuvo alrededor de ese evento definitorio: los personajes políticos, el curso parlamentario, las discusiones científicas, el clima social, razones, motivos y consecuencias. El equivalente periodístico de una comisión de la verdad (léanlo y juzguen si exageramos). En esta historia hay víctimas concretas, y las conocemos gracias al trabajo del fotógrafo Pablo E. Piovano. Una selección de su proyecto de largo plazo El costo humano de los agroquímicos, con el que ganó un premio World Press Photo este año, acompaña el reportaje de Levinton y Concina. A partir de 2015, y a lo largo de 10 años, Piovano documentó la vidas rotas de individuos —muchos niños— y familias afectados por el contacto con agroquímicos en zonas rurales de Argentina. Cáncer, malformaciones, mutaciones. Tras la indignación que producen las imágenes, aspiramos a que surja la voluntad de entender cómo una sola decisión de política pública, por muy bienintencionada que sea (en el mejor de los casos; en el peor, movida por la ambición), puede comprometer el futuro de generaciones enteras si se toma sin transparencia y con información técnica defectuosa o incompleta.
El otro reportaje de esta edición no se beneficia de la perspectiva amplia del tiempo. Relata hechos sucedidos prácticamente ayer en Cuba, aunque se leen ya como integrados al puro presente precario, provisional, que atrapa en estos días a la isla. Entre los meses de julio y diciembre de 2025, más de la tercera parte de la población cubana se contagió de chikungunya, dengue y otras enfermedades virales transmitidas por picaduras de artrópodos. Es un dato alucinante. Y más en un país que por décadas se enorgulleció de la potencia de su sistema de salud pública. El reporteo de Eileen Sosin se centró en los modos que encontraron las familias cubanas de resistir la crisis. Resulta estimulante comprobar la solidaridad que surgió a nivel de calle, barrio y vecindad, que Sosin describió —ella misma embargada por las dificilísimas condiciones materiales de casi toda La Habana— con sensibilidad, pero sin los tópicos que se suelen explotar para armar la crónica proverbial (políticamente interesada, en ocasiones) del aguante infinito del pueblo cubano.
El 5 de diciembre del año pasado murió Frank Gehry, uno de los arquitectos más admirados del siglo XX. Se le suele tomar como una especie de rey Midas, creador de edificios capaces de reinventar la identidad de ciudades enteras. En ese sentido, se le inscribía en una especie de star system global en el que la arquitectura equivalía a espectáculo. Sin embargo, en el perfil escrito por Miguel Durán Díaz-Tejeiro —tuvo una de las últimas entrevistas con Gehry— revela algo distinto: un refinado temperamento artístico gracias al cual optó por ejercer la arquitectura solo porque le ofrecía la posibilidad de mejorar la vida no de las ciudades, sino de las personas. Sorprende esa conciencia social, que guio al arquitecto tanto como su osadía. Esa fe en la arquitectura como factor de cambio se descubre también en el artículo que abre la sección de Dársena, en las primeras páginas, que les permitirá conocer el proceso creativo y la ideología de uno de los despachos más rompedores de México, Lanza Atelier, formado por Isabel Abascal y Alessandro Arienzo. Ellos son los ganadores del concurso para proyectar el Serpentine Pavilion de este año, una plataforma excepcional para presentar talentos ante la audiencia global.
Mientras leen estas líneas ya habrá empezado la fase de grupos del Mundial de Futbol. Y si son verdaderos aficionados, estarán dispuestos a atender incluso el Argelia vs. Jordania. Y si además son mexicanos, queridos lectores, se preguntarán si ahora sí hay motivos, sospechas, leves indicios que alimenten la ilusión con la selección nacional. El ensayo de Sebastián Kohan Esquenazi, en esta misma revista, no aporta ningún optimismo, pero al menos se aventura a señalar una vía para salir por fin del laberinto futbolero de la soledad. Si están de acuerdo o no con él dependerá mucho del resultado del México vs. República Checa.
Para terminar de cuadrar la parte futbolera de esta edición, tenemos el gusto enorme de anunciar la alianza de Gatopardo con la revista Panenka. Se trata de una de las cabeceras de cultura del futbol más estimulantes del panorama actual. En pocos años de vida han logrado crear un estilo propio de creación de perfiles de personajes del balompié, y aquí les presentamos uno de los más interesantes en el escaparate del Mundial: Lamine Yamal, la joya del barrio de Rocafonda, provincia de Barcelona. Si el futbol puede todavía cumplir con las promesas que lo han hecho grande en este siglo y medio, será gracias a chicos y chicas con el espíritu de Yamal.
Gracias por leer.
Laberinto verde de la soledad
Una indagación casi accidental en el alma de la patria mexicana a partir de los atributos de su mayor escudera: la selección nacional de futbol. Y, de paso, un método rotundo para exorcizar el fantasma del quinto partido.



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