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<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

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Julie López, periodista especializada en temas de seguridad y narcotráfico, ha publicado su tercer libro: <i>Negocios blancos en la cuerda floja</i> (Grijalbo, 2025), producto y reelaboración de gran parte de lo que ha documentado y aprendido a lo largo de los años sobre el sistema judicial de Estados Unidos, cuando procesa a integrantes o presuntos integrantes de las redes del narcotráfico hemisférico. Aquí pueden leer el primer capítulo.

1

El largo brazo de la fiscalía

La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alcanzó a Jorge Mario Paredes Córdova en el peor momento: cuando no lo esperaba.

El 1 de mayo de 2008 Jorge Mario salió de la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, Honduras, donde vivía con su esposa y dos hijos. Es una zona residencial rodeada de lujosos comercios, y flanqueada por calzadas principales, que los hondureños describen como de “clase media alta”, o de “gente bien”, y donde comparten espacio casas modestas pero bonitas y mansiones de millonarios. Sus residentes resultan sorprendidos ocasionalmente cuando, en los telenoticieros o la prensa, la policía identifica a alguno de sus vecinos como narcotraficante, después de su captura, o cuando un juzgado asegura una propiedad por lavado de dinero.

Jorge Mario conducía una camioneta agrícola Toyota blanca, y eran las 10 de la mañana cuando viró sobre una calle principal y se encontró de frente con un retén.[1] “Parecía un puesto de control normal, rutinario, donde lo detienen a uno y lo registran”, dijo después, y por eso al principio no se alarmó. No describió a los hombres en el retén como “policías”, pero en Honduras (como en otros países) sólo agentes policiacos o soldados pueden detener vehículos en la vía pública. Por eso Jorge Mario detuvo la marcha sin pensar más.[2]

“Me acompañaban mi sobrino, mi hermano, un primo y otra persona, pero se dirigieron sólo hacia mí”, recordó de los sujetos que se acercaron a la ventanilla del conductor. “Ese día, iba a hacer un negocio de ganado, porque a eso me dedicaba en Honduras, y de ahí me iba a dar una vuelta a la playa con mis hijos, ya que era feriado por el Día del Trabajo”.[3]

La cotidianidad con la que iba a esa cita de negocios hacía creer que había olvidado que lo buscaba una fiscalía en Estados Unidos, y que el Departamento de Justicia ofrecía 5 millones de dólares por información que llevara a su captura —aunque esta fue la razón por la que se trasladó a Honduras—.

En Guatemala, donde nació y vivió años atrás, un tribunal había ordenado su detención a solicitud de Estados Unidos, que tenía una orden internacional para su captura desde mayo de 2005. No hubo ninguna señal pública de ello, pero ese año otros ocho guatemaltecos fueron enviados a Estados Unidos por narcotráfico.[4] Además, en los siguientes meses el nombre de Jorge Mario Paredes hizo bulla por otras razones.

Antes que acabara el año, la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala anunció que capturó a ocho guardaespaldas de Jorge Mario porque le dispararon en plena calle a un taxista que no les cedió la vía. Todos salieron libres después de pagar una fianza.[5] Luego, el 4 de enero de 2006, el Ministerio de Gobernación (Mingob) y la PNC comenzaron a publicar campos pagados en periódicos acerca de la orden de captura contra Jorge Mario, a solicitud de Estados Unidos. Las autoridades ofrecían 250 000 quetzales por información que permitiera ubicarlo, unos 33 000 dólares.[6] La suma equivalía al precio de dos kilos de cocaína.

Jorge Mario trató de frenar los campos pagados. El 6 de enero de 2006 presentó un recurso legal ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, y el director de la PNC, Erwin Sperisen,[7] por violar su derecho a presunción de inocencia —un recurso que la CSJ rechazó—. También pidió a la Sala Primera de Apelaciones anular la solicitud de extradición, porque no podía haber traficado cocaína a Estados Unidos, como decía la fiscalía en Nueva York, cuando nunca había estado en ese país, y ni siquiera tenía una visa estadounidense. La sala rechazó su solicitud.

Es posible que, a estas alturas, desconocía cómo los fiscales neoyorkinos razonaban su caso. El expediente todavía estaba bajo reserva para el público, aunque —en teoría— los acusados y sus abogados tienen derecho a leerlo y saber de qué trata la acusación exactamente.

En febrero Jorge Mario ya aparecía en una lista de 18 extraditables por narcotráfico en Guatemala. Quizá por eso decidió contratar en marzo a Thomas Francis Liotti, un curtido abogado de Long Island, Nueva York.

“Él supo de mí por referencias personales de contactos en el mundillo de la justicia criminal”, recuerda Liotti, quien se reconocía como toda una marca en defensa penal.[8] “La gente habla entre sí, y yo tenía una buena reputación en la comunidad neoyorkina”. Liotti dice que Jorge Mario ya sabía de la acusación en su contra en Nueva York.

En abril, la corte neoyorquina levantó la reserva sobre el caso. Cualquier persona, incluyendo periodistas, lo podía leer y publicar el contenido. Entonces, elPeriódico en Guatemala publicó[9] que a Jorge Mario lo buscaba la justicia estadounidense porque en enero de 2003 coordinó por teléfono una entrega de dinero producto de la venta de cocaína en Nueva York, y en marzo coordinó por teléfono el traslado de un cargamento de droga. Con un asunto así ventilado en la prensa, y la orden de captura con fines de extradición aún vigente,[10] planificó moverse hacia Honduras, y para finales de 2006 ya estaba en San Pedro Sula.

En efecto, una fiscalía neoyorkina lo investigaba desde enero de 2003. Si Jorge Mario no estaba en la lista de 33 extraditables (por varios delitos, incluyendo narcotráfico) de febrero de ese año fue porque la fiscalía neoyorkina no lo había acusado todavía. Lo hizo en agosto de ese año con base en las deliberaciones de un “Gran Jurado” y evidencia que la DEA reunió.[11] Era un caso donde aparecían otras nueve personas acusadas: los guatemaltecos Otoniel Turcios Marroquín, Héctor Eduardo Morataya Oliva, Lionel Isaías Turcios Marroquín (hermano de Otoniel), Myve Lorena Orellana Morales, Byron Berganza Espina y Marco Antonio Lara Paiz; el salvadoreño Carlos Lemus Dorión, y los colombianos Horacio Gabriel Botero Tabares y Carlos Fernando Gómez López. Berganza y Lara aparecían relacionados a otra red de narcotráfico, y nada en el expediente los relaciona a los demás acusados, salvo porque Berganza ya capturado y en Nueva York le dijo a la fiscalía que Myve Lorena estaba vinculada a una organización de narcotraficantes mexicanos.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Kay Mayfield, dijo ese año que se desconocía 90% de los casos de narcotráfico en el país, y que las solicitudes de extradición eran una forma de contribuir con la “débil justicia guatemalteca”.[12]

En los siguientes cinco años el Ministerio Público (MP) no acusó a Jorge Mario de ningún delito en Guatemala. Había un acuerdo tácito con las autoridades estadounidenses en el cual el sistema de justicia guatemalteco no iniciaba ningún proceso judicial que pudiera bloquear una extradición, aunque tampoco demostró mayor prisa para capturar a Jorge Mario y enviarlo a Estados Unidos antes de que se fuera a Honduras.

Según la DEA,[13] Jorge Mario vivía en San Pedro Sula bajo una identidad falsa. El Departamento del Tesoro lo identificaba con los alias Mario Cordón o Jorge Mario Arraiza Betancur.[14] La fiscalía en Nueva York también reveló que viajaba entre Honduras y El Salvador como “Esteban Hernández García”, con documentos falsos que le consiguió un cómplice,[15] y que la policía hondureña le incautó cuando lo detuvo en 2008. Todo esto lo desmintió su defensa después.

Mientras tanto, Liotti lo defendía en Nueva York, y en Guatemala lo representaban los abogados Víctor Hugo Cano Recinos y su hijo, Víctor Hugo Cano Chávez, conocidos litigantes guatemaltecos en casos penales. Aun así, lo que ocurrió el 1 de mayo de 2008 en San Pedro Sula los sorprendió a todos.

En el retén a la salida de la colonia Jardines del Valle, Jorge Mario bajó del vehículo como le ordenaron. Quienes le marcaron el alto con un ademán de manos eran “policías hondureños asignados a la unidad especial de la DEA en Honduras”, y que actuaban bajo instrucciones de esa agencia.[16] Estos sujetos acabaron con los últimos segundos de libertad de Jorge Mario, en aquella camioneta agrícola, donde potentes ráfagas de aire acondicionado lo mantenían a salvo de las altas temperaturas que le dan a la hondureña ciudad de San Pedro Sula el nombre de Caldera del Diablo.

Los policías rodearon la camioneta y lo forzaron a salir a los 35 grados centígrados del calor húmedo de mayo. Jorge Mario resultó una presencia imponente: vestía una camiseta Lacoste turquesa y pantalón negro de lona, con 330 libras de peso sobre un metro 70 centímetros de estatura. Salió hacia un estatus de detenido, aunque nunca le mostraron una orden de captura. No la tenían —no de un juez hondureño—. Y, así, sudoroso por el calor y el susto, los policías lo sujetaron y le dijeron que debía acompañarlos. Jorge Mario luego dijo que nunca le explicaron a dónde. No tenía idea de qué sucedía cuando ya era obvio que aquel no era un retén normal.

“[Primero] me llevaron a una camioneta, amarrado [de las manos] y vendado [de los ojos]”, relató en una carta de 2022. “Me llevaron a un lugar desolado, donde no había casas ni nada, sólo monte”, agregó en una audiencia en 2009 en Nueva York, antes del juicio. Como iba con los ojos cubiertos, asumo que podía observar una parte de su entorno por debajo de la venda.

Los policías que lo detuvieron en el retén nunca le explicaron que trabajaban con la DEA. Simplemente lo entregaron (en el sitio desolado que describió) a los agentes estadounidenses por encargo de la fiscalía neoyorkina.[17]

“Después me subieron a la palangana de un pickup, donde me acostaron boca abajo”, recordó en su testimonio de 2009, de cuando ya estaba en manos de la DEA. “Me envolvieron la cabeza con una camisa, y no podía ver nada”. Parecía que los agentes estadounidenses no esperaban la captura y debieron improvisar para cubrirle el rostro, aunque se supone que ya llevaba una venda puesta. Ese intercambio explicaba por qué Jorge Mario dijo que primero lo metieron en una camioneta (cuando los policías hondureños lo capturaron) y, después, lo transportaron en un pickup (con los agentes de la DEA). Estimó que viajaron entre tres y cuatro horas, con él acostado sobre la plancha caliente del pickup y las manos sujetadas hacia atrás. Debido a su tamaño, habían usado un juego de esposas en cada mano que sujetaron entre sí con esas tiras plásticas con seguro, de las que no se pueden abrir sino cortándolas con tijera o navaja.[18] El lapso del trayecto era consistente con los 192 kilómetros que separan San Pedro Sula del aeropuerto de Palmerola, la Base Aérea José Enrique Soto Cano en Comayagua, al suroeste del país, y que fue un importante centro de operaciones estadounidense en los años ochenta.[19] El pickup se detuvo cerca de las dos de la tarde. “Tenía miedo”, dijo Jorge Mario en su testimonio de 2009. “No sabía qué iba a pasar conmigo”.

Mientras los agentes estadounidenses le acomodaban de nuevo la camisa sobre la cabeza para cubrirle los ojos, observó que estaban a la par de un avión pequeño. Era un Learjet de la DEA. Si ese jet estaba allí era porque “hubo maquinaria en proceso para ello […] desde el más alto nivel en Nueva York y Washington D. C., en la DEA”, explicó un fiscal en un caso similar años antes. “Llevar un avión de esos a otro país implica la aprobación de muchas personas […] en posiciones extremadamente importantes”, agregó.[20] Según Jorge Mario, él se enteró del origen del avión hasta después porque ninguno de los sujetos que lo transportaban se identificó. Tampoco podía entender qué se decían entre sí porque hablaban en inglés. Tuvieron que ayudarle a darse vuelta, a sentarse, bajar de la palangana y ponerse de pie, hablándole en español con acento gringo. Lo guiaron hacia una estrecha escalinata para subir al avión. Recorrió el angosto corredor entre los asientos hasta llegar al final en la parte de atrás del jet, y lo volvieron a acostar boca abajo sobre el suelo. La camisa todavía le cubría la cabeza. Así despegaron.

“Como 20 minutos después del despegue, me sentaron [en uno de los asientos] y me destaparon la cara”, dijo luego, cuando testificó en la corte.[21] “Una mujer me dijo que eran de la DEA, me ofreció un vaso de agua, y eso fue todo”. La agente tuvo que acercarle el vaso a la boca porque seguía esposado, manos atrás. Fue hasta ese momento, según Jorge Mario, que le dijeron que estaba detenido y lo llevaban a Estados Unidos.

La DEA avisó al Ministerio de Gobernación y a la Fiscalía de Narcoactividad en Guatemala que tenían a Jorge Mario Paredes hasta casi una hora después de despegar, cuando ya habían sobrevolado el país, y nadie podía impedir que aterrizaran en Miami.[22]

“Yo me imaginaba lo peor, hasta que me llevaron al aeropuerto [en Honduras], y a un avión hasta [traerme a] este país”, escribió Jorge Mario en la carta de 2022, refiriéndose a Estados Unidos. “Todavía no entiendo por qué me trajeron secuestrado para este lugar sin ninguna garantía, si a la mayoría los entregan en sus países para que se haga la extradición conforme a la ley”.

La explicación era sencilla. La DEA no observó que el Ministerio de Gobernación de Guatemala tuviera algún apuro en capturar a Jorge Mario, aun cuando un tribunal de ese país lo ordenó así, a solicitud de una corte en Nueva York. De manera que no se iba a arriesgar a llevarlo a Guatemala para tener que esperar un engorroso trámite de extradición de hasta dos años cuando el capturado protesta la medida.

Así que ese 1 de mayo la Honduras del presidente Mel Zelaya (extraoficialmente vinculado al narcotráfico desde entonces)[23] capturó a Jorge Mario sin una orden judicial, y empleó un inusual trámite de expulsión para enviarlo a Estados Unidos pocas horas después. El expediente en la corte neoyorkina describió su salida de Honduras así, como una “expulsión”. Era un término extraño porque no lo expulsaron hacia su país de origen, sino hacia las manos de la DEA. Un precedente judicial de los años noventa en Estados Unidos establecía que si no protestaba el país donde ocurría la supuesta expulsión, el expulsado no tenía ni voz ni voto en el asunto.

Durante el vuelo, y en custodia de agentes de la DEA, Jorge Mario cayó en la cuenta de que los gringos se habían saltado las trancas de la extradición porque no lo llevaron a Guatemala, su país, que era lo que correspondía. Él se había marchado porque ser extraditado por el gobierno guatemalteco parecía una posibilidad cercana. Les sucedió a otros en el 2005 aunque la última extradición por narcotráfico más sonada desde Guatemala hacia Estados Unidos sucedió en 1992 (16 años antes), cuando el alcalde de Zacapa (un departamento fronterizo con Honduras), Arnoldo Vargas, fue enviado a Nueva York. Para entonces, Vargas llevaba dos años de torpedear su extradición después de su captura, hasta que se le agotaron los recursos legales y acabó en esa ciudad, donde una corte lo sentenció a 30 años de cárcel. Salió después de 25, por buena conducta.

De cualquier manera, Jorge Mario no se confió y se fue a Honduras, sin saber que se lo llevarían de ese país con más rapidez y menos papeleo. Lo mismo sucedió en 2003 con el guatemalteco Byron Alcides Berganza Espina, “expulsado” de El Salvador para enfrentar cargos por narcotráfico en la misma corte en Nueva York. En 2006 el fiscal Anirudh Bansal dijo que “el sistema de justicia guatemalteco ‘simplemente’ no funcionaba”, y que hubiera sido imposible conseguir una extradición en Guatemala, refiriéndose a cómo fue capturado Berganza.[24] Quizá era un caso que Jorge Mario desconocía, aunque estaba en su expediente. No ayudó que algunos artículos de prensa se referían erróneamente a la “extradición” de Berganza, una gestión que Estados Unidos tampoco hizo.

La jueza Deborah Batts sentenció a Berganza a 22 años de cárcel el 23 de abril de 2008, sólo una semana antes de la captura de Jorge Mario. Si se enteró, y se vio en el espejo de Berganza y Vargas, no debió gustarle para nada. Eso quería decir que, con 43 años cumplidos, y sentado en ese avión de la DEA, iba camino a envejecer en la cárcel.

En asunto de horas, su vida en Honduras ya era historia. ¿En qué momento se jodió todo? En su expediente la acusación lo pintaba escuetamente como uno de los “conspiradores” en una serie de eventos entre 1999 y 2003 en Nueva York, que tenían que ver con el envío de cocaína desde Guatemala a esa ciudad y la recolección de millones de dólares por la venta. La fiscalía también decía que Jorge Mario era el sujeto que un confidential source, o informante de la DEA, identificó como “el Gordo” y el gran organizador de toda esa vuelta. El expediente no revelaba quién era el informante, y Jorge Mario sólo podía intentar adivinarlo.

Los años que la acusación mencionaba fueron una época en la que el narcotráfico iba mejor que nunca en Guatemala. Estados Unidos hasta sancionó al país por sus escasos esfuerzos para controlarlo. Le retiró la estrellita de colores de la cartilla de calificaciones porque los decomisos de cocaína cayeron de 10 000 kilos en 1999 a una décima parte en 2000. Aunque subieron a 4 100 kilos en 2001, para el primer semestre de 2002 apenas había incautado 431 kilos. Como si fuera poco, la policía “descubrió” (sí, así entre comillas) que sus propios agentes antinarcóticos habían robado cocaína decomisada de una bodega. Era un sitio donde no hacían inventarios desde 1982. Así que no había manera de saber cuánto había y cuánto se robaron. Primero reportó un faltante de 3 000 kilos, que luego se redujo a una cifra oficial de 1 604 kilos. Meses después, hubo otros casos de cocaína que desaparecía en operaciones de decomiso. El Departamento de Estado de los Estados Unidos no estaba nada contento.[25]

“El gobierno de Portillo está influenciado por el narcotráfico”, fue el tipo de frases que Otto Reich, subsecretario de Estado, soltó en una alocución de octubre de 2002 ante el Congreso de su país, refiriéndose a la administración presidencial de Alfonso Portillo (2000-2004). “El combate a la corrupción es palabrería”, dijo Reich.[26]

El mismo mes, sólo tres semanas después de las explosivas declaraciones del subsecretario, el Ministerio de Gobernación publicó una lista de los nueve narcotraficantes más fuertes del país, y que la prensa calificó como “los más buscados”. La lista no incluía a Jorge Mario. Luego, el ministro de Gobernación Adolfo Reyes Calderón aclaró que ninguno tenía orden de captura. Y no la tenían no porque no las hubieran pedido. El mp las pidió, pero el Organismo Judicial nunca las autorizó. Esa lista de nueve nombres después se redujo a ocho. Además, parecía que eran “los más buscados” sólo por el Ministerio de Gobernación, porque a cuatro ni siquiera los investigaba el mp, aunque Estados Unidos pedía a dos de ellos en extradición.[27]

Reich nunca mencionó que su país tampoco era ajeno al narcotráfico ni a la corrupción. A mediados del año 2000 autoridades de Estados Unidos descubrieron a 28 agentes de Aduanas e Inmigración ligados a mafias de ese país y de México —la mayoría de narcotráfico—. “Hasta iban en camiones para pasar retenes en Estados Unidos”, escribió el periodista Jesús Blancornelas en su libro El cártel, refiriéndose a los agentes.[28] “Vendieron droga personalmente y transmitieron a los cárteles las estrategias oficiales de antemano”, agregó Blancornelas. Parte de esta información provenía de investigaciones del periodista Alfredo Corchado, publicadas en el Dallas Morning News, que destacó casos entre El Paso, Texas, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México (algo que tuvo poca difusión en Guatemala, donde Reich somataba la mesa).

Es decir, la cocaína llegaba a Estados Unidos no sólo porque narcotraficantes latinoamericanos conspiraban para traficarla, sino también porque tenían la ayuda en ese país de agentes federales corruptos. Para entonces, en las fronteras estadounidenses detenían sólo 12.2% de la cocaína que los traficantes ingresaban de contrabando, según estimaciones de la DEA incluidas en un cable diplomático de 2003 (03guatemala1902) que años después filtró WikiLeaks.[29]

Justo en esa frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, había una base de operaciones de la Organización Arriola que movió cocaína durante años entre México y Estados Unidos. Según la DEA y la fiscalía neoyorkina, esa cocaína incluyó al menos un cargamento que Jorge Mario Paredes envió desde Guatemala, y que llegó a las manos de su distribuidor en Nueva York en 2003. Eran 265 kilos de cocaína transportados íntegros hasta el Midtown de Manhattan. Sólo ocho días después, el 1 de febrero de 2003, el presidente George W. Bush anunció que Guatemala estaba “descertificada”, una sanción que implicaba el retiro de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico.

Para 2008, un Jorge Mario recién capturado debía saber (porque sus abogados tenían acceso al expediente en la corte de Nueva York, y por publicaciones de prensa al respecto en 2006) que una fiscalía en Estados Unidos lo relacionaba con ese cargamento, y le endilgaba llamadas telefónicas para preguntar por la coca y el dinero de la venta. La fiscalía neoyorkina no revelaba aún quiénes más estaban en esa movida, ni quiénes eran los “coconspiradores” y el informante que lo incriminaron. Desde un principio les dijo a los agentes de la DEA en Miami que nada tenía que ver con esos 265 kilos de cocaína traficados en 2003 que el expediente mencionaba. Pero allí estaba, con aquella factura endosada exactamente cinco años después, y en el peor momento: cuando su cotidiana vida en San Pedro Sula parecía haberle hecho bajar la guardia. Así que ese 1 de mayo estaba donde nadie en el negocio quiere estar: camino a una cárcel en Estados Unidos.

El jet que transportó a Jorge Mario aterrizó en Miami, aunque él no tenía idea de dónde estaban. “Varios agentes se acercaron y comenzaron a tomarme fotos cuando salí del avión; lo mismo cuando iba bajando y me [llevaron] caminando”, recordó en un testimonio a la corte. Una foto en un comunicado de prensa de la DEA lo mostraba bajando por la escalinata del avión, con las manos sujetadas hacia atrás.

Los agentes lo escoltaron hasta una oficina donde el agente Todd Phillips le informó sobre su estatus: “Oficialmente detenido por autoridades de Estados Unidos”. Le tomaron huellas de un dedo índice y le pidieron que firmara en una tableta electrónica. La DEA no hizo todo esto en Honduras porque no tenía jurisdicción, aunque el expediente en la corte de Nueva York indica que “la DEA arrestó al señor Paredes en Honduras”. Aun así, Phillips dijo al diario guatemalteco elPeriódico, en una entrevista telefónica, que desconocía desde dónde habían trasladado a Jorge Mario hacia Estados Unidos. “Yo lo recibí en el aeropuerto [en Miami], pero no sabía de dónde lo traían”, dijo el agente, sin ofrecer más detalles.[30]

Sentado tras un escritorio, Phillips le dijo que estaba acusado de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y para distribuir la droga en ese país. Jorge Mario estaba de pie enfrente, la camisa Lacoste turquesa oscurecida por el sudor, y su mirada fija en el suelo, pero perdida bajo un ceño fruncido; tenía hebras de cabello pegado a la frente empapada. Eran las ocho de la noche. Phillips la registró como la hora de captura en un formulario de la Corte del Distrito Sur de Florida.

Habían transcurrido al menos dos horas desde que bajó del avión en Miami, que lo fotografiaron y pasó por los trámites de su captura en Estados Unidos. Después, lo hicieron subir a una furgoneta y lo llevaron al Centro Correccional de Miami, a una celda individual. Durmió poco. Estaba en arenas movedizas.

Sin todas las cartas sobre la mesa de cómo la fiscalía lo amarró al caso, de quién habló, o de toda la información que sirvió para acusarlo y pedir su captura, y cómo acabó eso en manos de los fiscales en Nueva York, Jorge Mario no entendía con precisión por qué estaba detenido en Florida. Pero lo sabría en los siguientes meses. También iba a descubrir otros hechos en Nueva York, Guatemala y Colombia, ocurridos hacía muchos años, que inevitablemente llevaron a que el brazo de la fiscalía lo alcanzara en Honduras.

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[1] Caso 03-CR-00987 contra Jorge Mario Paredes Córdova, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Documento 206, página 3 (preparado por los fiscales Bansal y Strauber): “Paredes fue capturado en San Pedro Sula por autoridades hondureñas (la fuerza de tarea policial que trabaja con la DEA). El vehículo en el que él y otras
pers­onas viajaban fue detenido justo afuera de una comunidad residencial. Los
otros ocupantes fueron liberados sin incidentes”.

[2] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310 fechado el 24 de junio de 2009. Páginas 103 y 104.

[3] Correspondencia electrónica intercambiada entre Paredes y la autora en noviembre de 2023 y el 10 de enero de 2025.

[4] K. Cardona. “Cae ‘el Gordo’ Paredes”. La Hora. 3 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 3. / Redacción. “Autoridades quieren extraditar a ocho”. elPeriódico. 13 de febrero de 2006. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[5]Ibid. Página 3.

[6]Idem.

[7] Vielmann y Sperisen, así como otros funcionarios del Ministerio de Gobernación, Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario, fueron procesados por la ejecución extrajudicial de siete reos en la Granja Penal de Pavón, en el segundo semestre de 2006, en lo que las autoridades llamaron Operación Pavo Real, y que primero fue denunciada por la Procuraduría de Derechos Humanos. En 2024 Sperisen fue condenado a 14 años de cárcel en Suiza por el mismo caso, lapso que inicia desde su captura en 2012. Véase D. Aguilar. “Confirman condena de 14 años de prisión contra Erwin Sperisen”. El Periódico Investiga. 12 de septiembre de 2024. Enlace: https://epinvestiga.com/actualidad/confirman-condena-de-14-anos-de-prision-contra-erwin-sperisen/.

[8] Thomas Liotti. Entrevista personal. Long Island, Nueva York. 16 de noviembre de 2023.

[9] C. Méndez Arriaza. “Por qué Estados Unidos acusa a ‘el Gordo’ Paredes”. elPeriódico. 17 de abril de 2006. Edición impresa. Página 8.

[10] Estrada y Acuña. Op. cit. Página 3. / L. Cereser. “Capturan y extraditan al Gordo Paredes a EE. UU.”. Prensa Libre. 4 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 2. / K. Reyes. “Fiscales, a la caza de supuestos narcotraficantes pedidos por EE. UU.”. elPeriódico. 12 de febrero de 2006. Edición impresa. Página 3.

[11] Era la acusación S7- 03-CR-987 en el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. En Estados Unidos, un Gran Jurado es un grupo de ciudadanos que una corte estadounidense convoca para decidir, con base en evidencia presentada por una fiscalía, si hay suficiente información para acusar formalmente a una persona y para solicitar su captura para ser juzgada. Se diferencia de un jurado convencional en que las conclusiones de un Gran Jurado pueden llevar a la captura de una persona, mientras que el jurado convencional actúa durante un juicio en el cual decide si un procesado es culpable o inocente. Luego, un juez o jueza dicta la sentencia que puede o no consistir en una pena de cárcel.

[12] K. Reyes. “Justicia de EE. UU. ha solicitado 33 extradiciones”. elPeriódico. 7 de febrero de 2003. Edición impresa. Página 6.

[13] El Departamento de Justicia de Estados Unidos designó a Paredes como un Objetivo de Organización Prioritaria Consolidada (o cpot, por sus siglas en inglés), la categoría para los narcos más peligrosos del mundo. Véase “News from DEA, Domestic Field Divisions, New York City News Releases, 11/06/09”. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2009/nyc110609ap.html.

[14] El portal Opensanctions cita información de la ofac. Véase https://www.opensanctions.org/entities/NK-cX2uXL4L3Zw3veN57V2yTh/.

[15] El cómplice que le consiguió los documentos falsos era un agente de aduanas corrupto, Arnulfo Reyes Duarte, según el argumento de sumario a cargo de la fiscal Jocelyn Strauber, en la audiencia del 4 de noviembre de 2009 del juicio contra Jorge Mario Paredes. La información proviene también de datos escuchados por la autora en la audiencia de esa fecha. Una corte del Distrito Sur de Texas, en Houston, acusó a Reyes Duarte de delitos vinculados al narcotráfico en diciembre de 2006. Véase el documento 29 del caso 06-CR-00422 archivado el 6 de diciembre de 2006. Reyes Duarte tenía relación con un caso en Panamá del que Paredes fue acusado en 2009.

[16] La fiscalía de Nueva York luego los identificó en la corte como agentes de la fuerza de tarea de la Policía Nacional de Honduras que asistía a la DEA. También véase Defendant’s motion for an order directing the production of grand jury minutes. George envió la solicitud de la minuta de la deliberación del Gran Jurado en el caso de Paredes el 30 de marzo de 2009 a la corte. Véase el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 221 fechado el 8 de junio de 2009 para la respuesta de la jueza Batts.

[17] La carta a la que se hace referencia fue enviada por Paredes a la autora en res­puesta a una carta que ella le envió para preguntarle acerca de su caso. Por aparte, respecto a su relato, la abogada Linda George luego dijo que le habían colocado una capucha sobre la cabeza (no una camisa o una venda). Parecía una práctica común. Cuando Estados Unidos extraditó en 2010 al retirado general Noriega a Francia, sin avisarle a su abogado Frank Rubino (que representó a Paredes en 2008), el abogado dijo al diario Panamá América que “probablemente le pusieron una capucha negra [a Noriega] y lo sacaron a escondidas en el medio de la noche”. En ese entonces, Rubino intentaba negociar el retorno de su cliente a Panamá.

[18] Este detalle lo evidenciaban las fotografías del comunicado de prensa de la DEA, que mostraban su llegada a Miami con Jorge Mario Paredes esposado el 1 de mayo de 2008. Véase DEA. “Cocaine Kingpin Charged in U.S., Apprehended in Honduras”. Comunicado de prensa. 5 de mayo de 2008. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2008/nyc050508p.html.

[19] La base aérea fue inaugurada como el Aeropuerto Internacional Palmerola en diciembre de 2021.

[20] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 147.

[21] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310. Página 125.

[22] Los datos de la llamada a la fiscalía fueron proporcionados por Leonel Ruiz, jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en marzo de 2009, y por una fuente confidencial del Ministerio de Gobernación.

[23] Ó. Estrada (2022). Tierra de narcos. Grijalbo. Página 135.

[24] Méndez Arriaza. Op. cit.

[25] S. Valdez. “Se roban del Doan 3 mil kilos de coca”. Siglo Veintiuno. 27 de marzo de 2002. Edición impresa. Página 4. / B. Barillas. “Saqueo de cocaína fue de 1 604 kilos”. Siglo Veintiuno. 4 de junio de 2002. Edición impresa. Página 13.

[26] J. Jiménez. “Droga por todos lados”. Siglo Veintiuno. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 1 (portada) y 5. / J. C. Llorca. “EE. UU.: El combate a la corrupción es palabrería”. elPeriódico. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Página 3.

[27] C. Orantes. “Gobierno favorece al narcotráfico”. Siglo Veintiuno. 28 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[28] J. Blancornelas (2005). El cártel. Random House Mondadori. Páginas 128 y 129.

[29] El cable “reference id” 03guatemala1902 está fechado el 24 de julio de 2003 y firmado por el entonces embajador de Estados Unidos en el país, John Hamilton. En la segunda página indica que Guatemala incauta un estimado de 5.6% de la cocaína que pasa por su territorio, mientras que el gobierno de Estados Unidos incauta 12.2% de la cocaína que ingresa a ese país. Este cable fue descargado el 10 de noviembre de 2011 de esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=03guatemala1902 que en 2025 ya no está disponible. La autora tiene una copia impresa. El documento sí aparece aquí: https://archive.org/details/03guatemala1902/page/n1/mode/2up.

[30] C. Acuña y L. Á. Sas. “Novia de ‘el Gordo’ Paredes, extraditada a Estados Unidos”. elPeriódico. 7 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 4.

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<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

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Julie López, periodista especializada en temas de seguridad y narcotráfico, ha publicado su tercer libro: <i>Negocios blancos en la cuerda floja</i> (Grijalbo, 2025), producto y reelaboración de gran parte de lo que ha documentado y aprendido a lo largo de los años sobre el sistema judicial de Estados Unidos, cuando procesa a integrantes o presuntos integrantes de las redes del narcotráfico hemisférico. Aquí pueden leer el primer capítulo.

1

El largo brazo de la fiscalía

La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alcanzó a Jorge Mario Paredes Córdova en el peor momento: cuando no lo esperaba.

El 1 de mayo de 2008 Jorge Mario salió de la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, Honduras, donde vivía con su esposa y dos hijos. Es una zona residencial rodeada de lujosos comercios, y flanqueada por calzadas principales, que los hondureños describen como de “clase media alta”, o de “gente bien”, y donde comparten espacio casas modestas pero bonitas y mansiones de millonarios. Sus residentes resultan sorprendidos ocasionalmente cuando, en los telenoticieros o la prensa, la policía identifica a alguno de sus vecinos como narcotraficante, después de su captura, o cuando un juzgado asegura una propiedad por lavado de dinero.

Jorge Mario conducía una camioneta agrícola Toyota blanca, y eran las 10 de la mañana cuando viró sobre una calle principal y se encontró de frente con un retén.[1] “Parecía un puesto de control normal, rutinario, donde lo detienen a uno y lo registran”, dijo después, y por eso al principio no se alarmó. No describió a los hombres en el retén como “policías”, pero en Honduras (como en otros países) sólo agentes policiacos o soldados pueden detener vehículos en la vía pública. Por eso Jorge Mario detuvo la marcha sin pensar más.[2]

“Me acompañaban mi sobrino, mi hermano, un primo y otra persona, pero se dirigieron sólo hacia mí”, recordó de los sujetos que se acercaron a la ventanilla del conductor. “Ese día, iba a hacer un negocio de ganado, porque a eso me dedicaba en Honduras, y de ahí me iba a dar una vuelta a la playa con mis hijos, ya que era feriado por el Día del Trabajo”.[3]

La cotidianidad con la que iba a esa cita de negocios hacía creer que había olvidado que lo buscaba una fiscalía en Estados Unidos, y que el Departamento de Justicia ofrecía 5 millones de dólares por información que llevara a su captura —aunque esta fue la razón por la que se trasladó a Honduras—.

En Guatemala, donde nació y vivió años atrás, un tribunal había ordenado su detención a solicitud de Estados Unidos, que tenía una orden internacional para su captura desde mayo de 2005. No hubo ninguna señal pública de ello, pero ese año otros ocho guatemaltecos fueron enviados a Estados Unidos por narcotráfico.[4] Además, en los siguientes meses el nombre de Jorge Mario Paredes hizo bulla por otras razones.

Antes que acabara el año, la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala anunció que capturó a ocho guardaespaldas de Jorge Mario porque le dispararon en plena calle a un taxista que no les cedió la vía. Todos salieron libres después de pagar una fianza.[5] Luego, el 4 de enero de 2006, el Ministerio de Gobernación (Mingob) y la PNC comenzaron a publicar campos pagados en periódicos acerca de la orden de captura contra Jorge Mario, a solicitud de Estados Unidos. Las autoridades ofrecían 250 000 quetzales por información que permitiera ubicarlo, unos 33 000 dólares.[6] La suma equivalía al precio de dos kilos de cocaína.

Jorge Mario trató de frenar los campos pagados. El 6 de enero de 2006 presentó un recurso legal ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, y el director de la PNC, Erwin Sperisen,[7] por violar su derecho a presunción de inocencia —un recurso que la CSJ rechazó—. También pidió a la Sala Primera de Apelaciones anular la solicitud de extradición, porque no podía haber traficado cocaína a Estados Unidos, como decía la fiscalía en Nueva York, cuando nunca había estado en ese país, y ni siquiera tenía una visa estadounidense. La sala rechazó su solicitud.

Es posible que, a estas alturas, desconocía cómo los fiscales neoyorkinos razonaban su caso. El expediente todavía estaba bajo reserva para el público, aunque —en teoría— los acusados y sus abogados tienen derecho a leerlo y saber de qué trata la acusación exactamente.

En febrero Jorge Mario ya aparecía en una lista de 18 extraditables por narcotráfico en Guatemala. Quizá por eso decidió contratar en marzo a Thomas Francis Liotti, un curtido abogado de Long Island, Nueva York.

“Él supo de mí por referencias personales de contactos en el mundillo de la justicia criminal”, recuerda Liotti, quien se reconocía como toda una marca en defensa penal.[8] “La gente habla entre sí, y yo tenía una buena reputación en la comunidad neoyorkina”. Liotti dice que Jorge Mario ya sabía de la acusación en su contra en Nueva York.

En abril, la corte neoyorquina levantó la reserva sobre el caso. Cualquier persona, incluyendo periodistas, lo podía leer y publicar el contenido. Entonces, elPeriódico en Guatemala publicó[9] que a Jorge Mario lo buscaba la justicia estadounidense porque en enero de 2003 coordinó por teléfono una entrega de dinero producto de la venta de cocaína en Nueva York, y en marzo coordinó por teléfono el traslado de un cargamento de droga. Con un asunto así ventilado en la prensa, y la orden de captura con fines de extradición aún vigente,[10] planificó moverse hacia Honduras, y para finales de 2006 ya estaba en San Pedro Sula.

En efecto, una fiscalía neoyorkina lo investigaba desde enero de 2003. Si Jorge Mario no estaba en la lista de 33 extraditables (por varios delitos, incluyendo narcotráfico) de febrero de ese año fue porque la fiscalía neoyorkina no lo había acusado todavía. Lo hizo en agosto de ese año con base en las deliberaciones de un “Gran Jurado” y evidencia que la DEA reunió.[11] Era un caso donde aparecían otras nueve personas acusadas: los guatemaltecos Otoniel Turcios Marroquín, Héctor Eduardo Morataya Oliva, Lionel Isaías Turcios Marroquín (hermano de Otoniel), Myve Lorena Orellana Morales, Byron Berganza Espina y Marco Antonio Lara Paiz; el salvadoreño Carlos Lemus Dorión, y los colombianos Horacio Gabriel Botero Tabares y Carlos Fernando Gómez López. Berganza y Lara aparecían relacionados a otra red de narcotráfico, y nada en el expediente los relaciona a los demás acusados, salvo porque Berganza ya capturado y en Nueva York le dijo a la fiscalía que Myve Lorena estaba vinculada a una organización de narcotraficantes mexicanos.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Kay Mayfield, dijo ese año que se desconocía 90% de los casos de narcotráfico en el país, y que las solicitudes de extradición eran una forma de contribuir con la “débil justicia guatemalteca”.[12]

En los siguientes cinco años el Ministerio Público (MP) no acusó a Jorge Mario de ningún delito en Guatemala. Había un acuerdo tácito con las autoridades estadounidenses en el cual el sistema de justicia guatemalteco no iniciaba ningún proceso judicial que pudiera bloquear una extradición, aunque tampoco demostró mayor prisa para capturar a Jorge Mario y enviarlo a Estados Unidos antes de que se fuera a Honduras.

Según la DEA,[13] Jorge Mario vivía en San Pedro Sula bajo una identidad falsa. El Departamento del Tesoro lo identificaba con los alias Mario Cordón o Jorge Mario Arraiza Betancur.[14] La fiscalía en Nueva York también reveló que viajaba entre Honduras y El Salvador como “Esteban Hernández García”, con documentos falsos que le consiguió un cómplice,[15] y que la policía hondureña le incautó cuando lo detuvo en 2008. Todo esto lo desmintió su defensa después.

Mientras tanto, Liotti lo defendía en Nueva York, y en Guatemala lo representaban los abogados Víctor Hugo Cano Recinos y su hijo, Víctor Hugo Cano Chávez, conocidos litigantes guatemaltecos en casos penales. Aun así, lo que ocurrió el 1 de mayo de 2008 en San Pedro Sula los sorprendió a todos.

En el retén a la salida de la colonia Jardines del Valle, Jorge Mario bajó del vehículo como le ordenaron. Quienes le marcaron el alto con un ademán de manos eran “policías hondureños asignados a la unidad especial de la DEA en Honduras”, y que actuaban bajo instrucciones de esa agencia.[16] Estos sujetos acabaron con los últimos segundos de libertad de Jorge Mario, en aquella camioneta agrícola, donde potentes ráfagas de aire acondicionado lo mantenían a salvo de las altas temperaturas que le dan a la hondureña ciudad de San Pedro Sula el nombre de Caldera del Diablo.

Los policías rodearon la camioneta y lo forzaron a salir a los 35 grados centígrados del calor húmedo de mayo. Jorge Mario resultó una presencia imponente: vestía una camiseta Lacoste turquesa y pantalón negro de lona, con 330 libras de peso sobre un metro 70 centímetros de estatura. Salió hacia un estatus de detenido, aunque nunca le mostraron una orden de captura. No la tenían —no de un juez hondureño—. Y, así, sudoroso por el calor y el susto, los policías lo sujetaron y le dijeron que debía acompañarlos. Jorge Mario luego dijo que nunca le explicaron a dónde. No tenía idea de qué sucedía cuando ya era obvio que aquel no era un retén normal.

“[Primero] me llevaron a una camioneta, amarrado [de las manos] y vendado [de los ojos]”, relató en una carta de 2022. “Me llevaron a un lugar desolado, donde no había casas ni nada, sólo monte”, agregó en una audiencia en 2009 en Nueva York, antes del juicio. Como iba con los ojos cubiertos, asumo que podía observar una parte de su entorno por debajo de la venda.

Los policías que lo detuvieron en el retén nunca le explicaron que trabajaban con la DEA. Simplemente lo entregaron (en el sitio desolado que describió) a los agentes estadounidenses por encargo de la fiscalía neoyorkina.[17]

“Después me subieron a la palangana de un pickup, donde me acostaron boca abajo”, recordó en su testimonio de 2009, de cuando ya estaba en manos de la DEA. “Me envolvieron la cabeza con una camisa, y no podía ver nada”. Parecía que los agentes estadounidenses no esperaban la captura y debieron improvisar para cubrirle el rostro, aunque se supone que ya llevaba una venda puesta. Ese intercambio explicaba por qué Jorge Mario dijo que primero lo metieron en una camioneta (cuando los policías hondureños lo capturaron) y, después, lo transportaron en un pickup (con los agentes de la DEA). Estimó que viajaron entre tres y cuatro horas, con él acostado sobre la plancha caliente del pickup y las manos sujetadas hacia atrás. Debido a su tamaño, habían usado un juego de esposas en cada mano que sujetaron entre sí con esas tiras plásticas con seguro, de las que no se pueden abrir sino cortándolas con tijera o navaja.[18] El lapso del trayecto era consistente con los 192 kilómetros que separan San Pedro Sula del aeropuerto de Palmerola, la Base Aérea José Enrique Soto Cano en Comayagua, al suroeste del país, y que fue un importante centro de operaciones estadounidense en los años ochenta.[19] El pickup se detuvo cerca de las dos de la tarde. “Tenía miedo”, dijo Jorge Mario en su testimonio de 2009. “No sabía qué iba a pasar conmigo”.

Mientras los agentes estadounidenses le acomodaban de nuevo la camisa sobre la cabeza para cubrirle los ojos, observó que estaban a la par de un avión pequeño. Era un Learjet de la DEA. Si ese jet estaba allí era porque “hubo maquinaria en proceso para ello […] desde el más alto nivel en Nueva York y Washington D. C., en la DEA”, explicó un fiscal en un caso similar años antes. “Llevar un avión de esos a otro país implica la aprobación de muchas personas […] en posiciones extremadamente importantes”, agregó.[20] Según Jorge Mario, él se enteró del origen del avión hasta después porque ninguno de los sujetos que lo transportaban se identificó. Tampoco podía entender qué se decían entre sí porque hablaban en inglés. Tuvieron que ayudarle a darse vuelta, a sentarse, bajar de la palangana y ponerse de pie, hablándole en español con acento gringo. Lo guiaron hacia una estrecha escalinata para subir al avión. Recorrió el angosto corredor entre los asientos hasta llegar al final en la parte de atrás del jet, y lo volvieron a acostar boca abajo sobre el suelo. La camisa todavía le cubría la cabeza. Así despegaron.

“Como 20 minutos después del despegue, me sentaron [en uno de los asientos] y me destaparon la cara”, dijo luego, cuando testificó en la corte.[21] “Una mujer me dijo que eran de la DEA, me ofreció un vaso de agua, y eso fue todo”. La agente tuvo que acercarle el vaso a la boca porque seguía esposado, manos atrás. Fue hasta ese momento, según Jorge Mario, que le dijeron que estaba detenido y lo llevaban a Estados Unidos.

La DEA avisó al Ministerio de Gobernación y a la Fiscalía de Narcoactividad en Guatemala que tenían a Jorge Mario Paredes hasta casi una hora después de despegar, cuando ya habían sobrevolado el país, y nadie podía impedir que aterrizaran en Miami.[22]

“Yo me imaginaba lo peor, hasta que me llevaron al aeropuerto [en Honduras], y a un avión hasta [traerme a] este país”, escribió Jorge Mario en la carta de 2022, refiriéndose a Estados Unidos. “Todavía no entiendo por qué me trajeron secuestrado para este lugar sin ninguna garantía, si a la mayoría los entregan en sus países para que se haga la extradición conforme a la ley”.

La explicación era sencilla. La DEA no observó que el Ministerio de Gobernación de Guatemala tuviera algún apuro en capturar a Jorge Mario, aun cuando un tribunal de ese país lo ordenó así, a solicitud de una corte en Nueva York. De manera que no se iba a arriesgar a llevarlo a Guatemala para tener que esperar un engorroso trámite de extradición de hasta dos años cuando el capturado protesta la medida.

Así que ese 1 de mayo la Honduras del presidente Mel Zelaya (extraoficialmente vinculado al narcotráfico desde entonces)[23] capturó a Jorge Mario sin una orden judicial, y empleó un inusual trámite de expulsión para enviarlo a Estados Unidos pocas horas después. El expediente en la corte neoyorkina describió su salida de Honduras así, como una “expulsión”. Era un término extraño porque no lo expulsaron hacia su país de origen, sino hacia las manos de la DEA. Un precedente judicial de los años noventa en Estados Unidos establecía que si no protestaba el país donde ocurría la supuesta expulsión, el expulsado no tenía ni voz ni voto en el asunto.

Durante el vuelo, y en custodia de agentes de la DEA, Jorge Mario cayó en la cuenta de que los gringos se habían saltado las trancas de la extradición porque no lo llevaron a Guatemala, su país, que era lo que correspondía. Él se había marchado porque ser extraditado por el gobierno guatemalteco parecía una posibilidad cercana. Les sucedió a otros en el 2005 aunque la última extradición por narcotráfico más sonada desde Guatemala hacia Estados Unidos sucedió en 1992 (16 años antes), cuando el alcalde de Zacapa (un departamento fronterizo con Honduras), Arnoldo Vargas, fue enviado a Nueva York. Para entonces, Vargas llevaba dos años de torpedear su extradición después de su captura, hasta que se le agotaron los recursos legales y acabó en esa ciudad, donde una corte lo sentenció a 30 años de cárcel. Salió después de 25, por buena conducta.

De cualquier manera, Jorge Mario no se confió y se fue a Honduras, sin saber que se lo llevarían de ese país con más rapidez y menos papeleo. Lo mismo sucedió en 2003 con el guatemalteco Byron Alcides Berganza Espina, “expulsado” de El Salvador para enfrentar cargos por narcotráfico en la misma corte en Nueva York. En 2006 el fiscal Anirudh Bansal dijo que “el sistema de justicia guatemalteco ‘simplemente’ no funcionaba”, y que hubiera sido imposible conseguir una extradición en Guatemala, refiriéndose a cómo fue capturado Berganza.[24] Quizá era un caso que Jorge Mario desconocía, aunque estaba en su expediente. No ayudó que algunos artículos de prensa se referían erróneamente a la “extradición” de Berganza, una gestión que Estados Unidos tampoco hizo.

La jueza Deborah Batts sentenció a Berganza a 22 años de cárcel el 23 de abril de 2008, sólo una semana antes de la captura de Jorge Mario. Si se enteró, y se vio en el espejo de Berganza y Vargas, no debió gustarle para nada. Eso quería decir que, con 43 años cumplidos, y sentado en ese avión de la DEA, iba camino a envejecer en la cárcel.

En asunto de horas, su vida en Honduras ya era historia. ¿En qué momento se jodió todo? En su expediente la acusación lo pintaba escuetamente como uno de los “conspiradores” en una serie de eventos entre 1999 y 2003 en Nueva York, que tenían que ver con el envío de cocaína desde Guatemala a esa ciudad y la recolección de millones de dólares por la venta. La fiscalía también decía que Jorge Mario era el sujeto que un confidential source, o informante de la DEA, identificó como “el Gordo” y el gran organizador de toda esa vuelta. El expediente no revelaba quién era el informante, y Jorge Mario sólo podía intentar adivinarlo.

Los años que la acusación mencionaba fueron una época en la que el narcotráfico iba mejor que nunca en Guatemala. Estados Unidos hasta sancionó al país por sus escasos esfuerzos para controlarlo. Le retiró la estrellita de colores de la cartilla de calificaciones porque los decomisos de cocaína cayeron de 10 000 kilos en 1999 a una décima parte en 2000. Aunque subieron a 4 100 kilos en 2001, para el primer semestre de 2002 apenas había incautado 431 kilos. Como si fuera poco, la policía “descubrió” (sí, así entre comillas) que sus propios agentes antinarcóticos habían robado cocaína decomisada de una bodega. Era un sitio donde no hacían inventarios desde 1982. Así que no había manera de saber cuánto había y cuánto se robaron. Primero reportó un faltante de 3 000 kilos, que luego se redujo a una cifra oficial de 1 604 kilos. Meses después, hubo otros casos de cocaína que desaparecía en operaciones de decomiso. El Departamento de Estado de los Estados Unidos no estaba nada contento.[25]

“El gobierno de Portillo está influenciado por el narcotráfico”, fue el tipo de frases que Otto Reich, subsecretario de Estado, soltó en una alocución de octubre de 2002 ante el Congreso de su país, refiriéndose a la administración presidencial de Alfonso Portillo (2000-2004). “El combate a la corrupción es palabrería”, dijo Reich.[26]

El mismo mes, sólo tres semanas después de las explosivas declaraciones del subsecretario, el Ministerio de Gobernación publicó una lista de los nueve narcotraficantes más fuertes del país, y que la prensa calificó como “los más buscados”. La lista no incluía a Jorge Mario. Luego, el ministro de Gobernación Adolfo Reyes Calderón aclaró que ninguno tenía orden de captura. Y no la tenían no porque no las hubieran pedido. El mp las pidió, pero el Organismo Judicial nunca las autorizó. Esa lista de nueve nombres después se redujo a ocho. Además, parecía que eran “los más buscados” sólo por el Ministerio de Gobernación, porque a cuatro ni siquiera los investigaba el mp, aunque Estados Unidos pedía a dos de ellos en extradición.[27]

Reich nunca mencionó que su país tampoco era ajeno al narcotráfico ni a la corrupción. A mediados del año 2000 autoridades de Estados Unidos descubrieron a 28 agentes de Aduanas e Inmigración ligados a mafias de ese país y de México —la mayoría de narcotráfico—. “Hasta iban en camiones para pasar retenes en Estados Unidos”, escribió el periodista Jesús Blancornelas en su libro El cártel, refiriéndose a los agentes.[28] “Vendieron droga personalmente y transmitieron a los cárteles las estrategias oficiales de antemano”, agregó Blancornelas. Parte de esta información provenía de investigaciones del periodista Alfredo Corchado, publicadas en el Dallas Morning News, que destacó casos entre El Paso, Texas, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México (algo que tuvo poca difusión en Guatemala, donde Reich somataba la mesa).

Es decir, la cocaína llegaba a Estados Unidos no sólo porque narcotraficantes latinoamericanos conspiraban para traficarla, sino también porque tenían la ayuda en ese país de agentes federales corruptos. Para entonces, en las fronteras estadounidenses detenían sólo 12.2% de la cocaína que los traficantes ingresaban de contrabando, según estimaciones de la DEA incluidas en un cable diplomático de 2003 (03guatemala1902) que años después filtró WikiLeaks.[29]

Justo en esa frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, había una base de operaciones de la Organización Arriola que movió cocaína durante años entre México y Estados Unidos. Según la DEA y la fiscalía neoyorkina, esa cocaína incluyó al menos un cargamento que Jorge Mario Paredes envió desde Guatemala, y que llegó a las manos de su distribuidor en Nueva York en 2003. Eran 265 kilos de cocaína transportados íntegros hasta el Midtown de Manhattan. Sólo ocho días después, el 1 de febrero de 2003, el presidente George W. Bush anunció que Guatemala estaba “descertificada”, una sanción que implicaba el retiro de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico.

Para 2008, un Jorge Mario recién capturado debía saber (porque sus abogados tenían acceso al expediente en la corte de Nueva York, y por publicaciones de prensa al respecto en 2006) que una fiscalía en Estados Unidos lo relacionaba con ese cargamento, y le endilgaba llamadas telefónicas para preguntar por la coca y el dinero de la venta. La fiscalía neoyorkina no revelaba aún quiénes más estaban en esa movida, ni quiénes eran los “coconspiradores” y el informante que lo incriminaron. Desde un principio les dijo a los agentes de la DEA en Miami que nada tenía que ver con esos 265 kilos de cocaína traficados en 2003 que el expediente mencionaba. Pero allí estaba, con aquella factura endosada exactamente cinco años después, y en el peor momento: cuando su cotidiana vida en San Pedro Sula parecía haberle hecho bajar la guardia. Así que ese 1 de mayo estaba donde nadie en el negocio quiere estar: camino a una cárcel en Estados Unidos.

El jet que transportó a Jorge Mario aterrizó en Miami, aunque él no tenía idea de dónde estaban. “Varios agentes se acercaron y comenzaron a tomarme fotos cuando salí del avión; lo mismo cuando iba bajando y me [llevaron] caminando”, recordó en un testimonio a la corte. Una foto en un comunicado de prensa de la DEA lo mostraba bajando por la escalinata del avión, con las manos sujetadas hacia atrás.

Los agentes lo escoltaron hasta una oficina donde el agente Todd Phillips le informó sobre su estatus: “Oficialmente detenido por autoridades de Estados Unidos”. Le tomaron huellas de un dedo índice y le pidieron que firmara en una tableta electrónica. La DEA no hizo todo esto en Honduras porque no tenía jurisdicción, aunque el expediente en la corte de Nueva York indica que “la DEA arrestó al señor Paredes en Honduras”. Aun así, Phillips dijo al diario guatemalteco elPeriódico, en una entrevista telefónica, que desconocía desde dónde habían trasladado a Jorge Mario hacia Estados Unidos. “Yo lo recibí en el aeropuerto [en Miami], pero no sabía de dónde lo traían”, dijo el agente, sin ofrecer más detalles.[30]

Sentado tras un escritorio, Phillips le dijo que estaba acusado de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y para distribuir la droga en ese país. Jorge Mario estaba de pie enfrente, la camisa Lacoste turquesa oscurecida por el sudor, y su mirada fija en el suelo, pero perdida bajo un ceño fruncido; tenía hebras de cabello pegado a la frente empapada. Eran las ocho de la noche. Phillips la registró como la hora de captura en un formulario de la Corte del Distrito Sur de Florida.

Habían transcurrido al menos dos horas desde que bajó del avión en Miami, que lo fotografiaron y pasó por los trámites de su captura en Estados Unidos. Después, lo hicieron subir a una furgoneta y lo llevaron al Centro Correccional de Miami, a una celda individual. Durmió poco. Estaba en arenas movedizas.

Sin todas las cartas sobre la mesa de cómo la fiscalía lo amarró al caso, de quién habló, o de toda la información que sirvió para acusarlo y pedir su captura, y cómo acabó eso en manos de los fiscales en Nueva York, Jorge Mario no entendía con precisión por qué estaba detenido en Florida. Pero lo sabría en los siguientes meses. También iba a descubrir otros hechos en Nueva York, Guatemala y Colombia, ocurridos hacía muchos años, que inevitablemente llevaron a que el brazo de la fiscalía lo alcanzara en Honduras.

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[1] Caso 03-CR-00987 contra Jorge Mario Paredes Córdova, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Documento 206, página 3 (preparado por los fiscales Bansal y Strauber): “Paredes fue capturado en San Pedro Sula por autoridades hondureñas (la fuerza de tarea policial que trabaja con la DEA). El vehículo en el que él y otras
pers­onas viajaban fue detenido justo afuera de una comunidad residencial. Los
otros ocupantes fueron liberados sin incidentes”.

[2] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310 fechado el 24 de junio de 2009. Páginas 103 y 104.

[3] Correspondencia electrónica intercambiada entre Paredes y la autora en noviembre de 2023 y el 10 de enero de 2025.

[4] K. Cardona. “Cae ‘el Gordo’ Paredes”. La Hora. 3 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 3. / Redacción. “Autoridades quieren extraditar a ocho”. elPeriódico. 13 de febrero de 2006. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[5]Ibid. Página 3.

[6]Idem.

[7] Vielmann y Sperisen, así como otros funcionarios del Ministerio de Gobernación, Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario, fueron procesados por la ejecución extrajudicial de siete reos en la Granja Penal de Pavón, en el segundo semestre de 2006, en lo que las autoridades llamaron Operación Pavo Real, y que primero fue denunciada por la Procuraduría de Derechos Humanos. En 2024 Sperisen fue condenado a 14 años de cárcel en Suiza por el mismo caso, lapso que inicia desde su captura en 2012. Véase D. Aguilar. “Confirman condena de 14 años de prisión contra Erwin Sperisen”. El Periódico Investiga. 12 de septiembre de 2024. Enlace: https://epinvestiga.com/actualidad/confirman-condena-de-14-anos-de-prision-contra-erwin-sperisen/.

[8] Thomas Liotti. Entrevista personal. Long Island, Nueva York. 16 de noviembre de 2023.

[9] C. Méndez Arriaza. “Por qué Estados Unidos acusa a ‘el Gordo’ Paredes”. elPeriódico. 17 de abril de 2006. Edición impresa. Página 8.

[10] Estrada y Acuña. Op. cit. Página 3. / L. Cereser. “Capturan y extraditan al Gordo Paredes a EE. UU.”. Prensa Libre. 4 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 2. / K. Reyes. “Fiscales, a la caza de supuestos narcotraficantes pedidos por EE. UU.”. elPeriódico. 12 de febrero de 2006. Edición impresa. Página 3.

[11] Era la acusación S7- 03-CR-987 en el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. En Estados Unidos, un Gran Jurado es un grupo de ciudadanos que una corte estadounidense convoca para decidir, con base en evidencia presentada por una fiscalía, si hay suficiente información para acusar formalmente a una persona y para solicitar su captura para ser juzgada. Se diferencia de un jurado convencional en que las conclusiones de un Gran Jurado pueden llevar a la captura de una persona, mientras que el jurado convencional actúa durante un juicio en el cual decide si un procesado es culpable o inocente. Luego, un juez o jueza dicta la sentencia que puede o no consistir en una pena de cárcel.

[12] K. Reyes. “Justicia de EE. UU. ha solicitado 33 extradiciones”. elPeriódico. 7 de febrero de 2003. Edición impresa. Página 6.

[13] El Departamento de Justicia de Estados Unidos designó a Paredes como un Objetivo de Organización Prioritaria Consolidada (o cpot, por sus siglas en inglés), la categoría para los narcos más peligrosos del mundo. Véase “News from DEA, Domestic Field Divisions, New York City News Releases, 11/06/09”. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2009/nyc110609ap.html.

[14] El portal Opensanctions cita información de la ofac. Véase https://www.opensanctions.org/entities/NK-cX2uXL4L3Zw3veN57V2yTh/.

[15] El cómplice que le consiguió los documentos falsos era un agente de aduanas corrupto, Arnulfo Reyes Duarte, según el argumento de sumario a cargo de la fiscal Jocelyn Strauber, en la audiencia del 4 de noviembre de 2009 del juicio contra Jorge Mario Paredes. La información proviene también de datos escuchados por la autora en la audiencia de esa fecha. Una corte del Distrito Sur de Texas, en Houston, acusó a Reyes Duarte de delitos vinculados al narcotráfico en diciembre de 2006. Véase el documento 29 del caso 06-CR-00422 archivado el 6 de diciembre de 2006. Reyes Duarte tenía relación con un caso en Panamá del que Paredes fue acusado en 2009.

[16] La fiscalía de Nueva York luego los identificó en la corte como agentes de la fuerza de tarea de la Policía Nacional de Honduras que asistía a la DEA. También véase Defendant’s motion for an order directing the production of grand jury minutes. George envió la solicitud de la minuta de la deliberación del Gran Jurado en el caso de Paredes el 30 de marzo de 2009 a la corte. Véase el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 221 fechado el 8 de junio de 2009 para la respuesta de la jueza Batts.

[17] La carta a la que se hace referencia fue enviada por Paredes a la autora en res­puesta a una carta que ella le envió para preguntarle acerca de su caso. Por aparte, respecto a su relato, la abogada Linda George luego dijo que le habían colocado una capucha sobre la cabeza (no una camisa o una venda). Parecía una práctica común. Cuando Estados Unidos extraditó en 2010 al retirado general Noriega a Francia, sin avisarle a su abogado Frank Rubino (que representó a Paredes en 2008), el abogado dijo al diario Panamá América que “probablemente le pusieron una capucha negra [a Noriega] y lo sacaron a escondidas en el medio de la noche”. En ese entonces, Rubino intentaba negociar el retorno de su cliente a Panamá.

[18] Este detalle lo evidenciaban las fotografías del comunicado de prensa de la DEA, que mostraban su llegada a Miami con Jorge Mario Paredes esposado el 1 de mayo de 2008. Véase DEA. “Cocaine Kingpin Charged in U.S., Apprehended in Honduras”. Comunicado de prensa. 5 de mayo de 2008. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2008/nyc050508p.html.

[19] La base aérea fue inaugurada como el Aeropuerto Internacional Palmerola en diciembre de 2021.

[20] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 147.

[21] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310. Página 125.

[22] Los datos de la llamada a la fiscalía fueron proporcionados por Leonel Ruiz, jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en marzo de 2009, y por una fuente confidencial del Ministerio de Gobernación.

[23] Ó. Estrada (2022). Tierra de narcos. Grijalbo. Página 135.

[24] Méndez Arriaza. Op. cit.

[25] S. Valdez. “Se roban del Doan 3 mil kilos de coca”. Siglo Veintiuno. 27 de marzo de 2002. Edición impresa. Página 4. / B. Barillas. “Saqueo de cocaína fue de 1 604 kilos”. Siglo Veintiuno. 4 de junio de 2002. Edición impresa. Página 13.

[26] J. Jiménez. “Droga por todos lados”. Siglo Veintiuno. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 1 (portada) y 5. / J. C. Llorca. “EE. UU.: El combate a la corrupción es palabrería”. elPeriódico. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Página 3.

[27] C. Orantes. “Gobierno favorece al narcotráfico”. Siglo Veintiuno. 28 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[28] J. Blancornelas (2005). El cártel. Random House Mondadori. Páginas 128 y 129.

[29] El cable “reference id” 03guatemala1902 está fechado el 24 de julio de 2003 y firmado por el entonces embajador de Estados Unidos en el país, John Hamilton. En la segunda página indica que Guatemala incauta un estimado de 5.6% de la cocaína que pasa por su territorio, mientras que el gobierno de Estados Unidos incauta 12.2% de la cocaína que ingresa a ese país. Este cable fue descargado el 10 de noviembre de 2011 de esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=03guatemala1902 que en 2025 ya no está disponible. La autora tiene una copia impresa. El documento sí aparece aquí: https://archive.org/details/03guatemala1902/page/n1/mode/2up.

[30] C. Acuña y L. Á. Sas. “Novia de ‘el Gordo’ Paredes, extraditada a Estados Unidos”. elPeriódico. 7 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 4.

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<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

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Julie López, periodista especializada en temas de seguridad y narcotráfico, ha publicado su tercer libro: <i>Negocios blancos en la cuerda floja</i> (Grijalbo, 2025), producto y reelaboración de gran parte de lo que ha documentado y aprendido a lo largo de los años sobre el sistema judicial de Estados Unidos, cuando procesa a integrantes o presuntos integrantes de las redes del narcotráfico hemisférico. Aquí pueden leer el primer capítulo.

1

El largo brazo de la fiscalía

La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alcanzó a Jorge Mario Paredes Córdova en el peor momento: cuando no lo esperaba.

El 1 de mayo de 2008 Jorge Mario salió de la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, Honduras, donde vivía con su esposa y dos hijos. Es una zona residencial rodeada de lujosos comercios, y flanqueada por calzadas principales, que los hondureños describen como de “clase media alta”, o de “gente bien”, y donde comparten espacio casas modestas pero bonitas y mansiones de millonarios. Sus residentes resultan sorprendidos ocasionalmente cuando, en los telenoticieros o la prensa, la policía identifica a alguno de sus vecinos como narcotraficante, después de su captura, o cuando un juzgado asegura una propiedad por lavado de dinero.

Jorge Mario conducía una camioneta agrícola Toyota blanca, y eran las 10 de la mañana cuando viró sobre una calle principal y se encontró de frente con un retén.[1] “Parecía un puesto de control normal, rutinario, donde lo detienen a uno y lo registran”, dijo después, y por eso al principio no se alarmó. No describió a los hombres en el retén como “policías”, pero en Honduras (como en otros países) sólo agentes policiacos o soldados pueden detener vehículos en la vía pública. Por eso Jorge Mario detuvo la marcha sin pensar más.[2]

“Me acompañaban mi sobrino, mi hermano, un primo y otra persona, pero se dirigieron sólo hacia mí”, recordó de los sujetos que se acercaron a la ventanilla del conductor. “Ese día, iba a hacer un negocio de ganado, porque a eso me dedicaba en Honduras, y de ahí me iba a dar una vuelta a la playa con mis hijos, ya que era feriado por el Día del Trabajo”.[3]

La cotidianidad con la que iba a esa cita de negocios hacía creer que había olvidado que lo buscaba una fiscalía en Estados Unidos, y que el Departamento de Justicia ofrecía 5 millones de dólares por información que llevara a su captura —aunque esta fue la razón por la que se trasladó a Honduras—.

En Guatemala, donde nació y vivió años atrás, un tribunal había ordenado su detención a solicitud de Estados Unidos, que tenía una orden internacional para su captura desde mayo de 2005. No hubo ninguna señal pública de ello, pero ese año otros ocho guatemaltecos fueron enviados a Estados Unidos por narcotráfico.[4] Además, en los siguientes meses el nombre de Jorge Mario Paredes hizo bulla por otras razones.

Antes que acabara el año, la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala anunció que capturó a ocho guardaespaldas de Jorge Mario porque le dispararon en plena calle a un taxista que no les cedió la vía. Todos salieron libres después de pagar una fianza.[5] Luego, el 4 de enero de 2006, el Ministerio de Gobernación (Mingob) y la PNC comenzaron a publicar campos pagados en periódicos acerca de la orden de captura contra Jorge Mario, a solicitud de Estados Unidos. Las autoridades ofrecían 250 000 quetzales por información que permitiera ubicarlo, unos 33 000 dólares.[6] La suma equivalía al precio de dos kilos de cocaína.

Jorge Mario trató de frenar los campos pagados. El 6 de enero de 2006 presentó un recurso legal ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, y el director de la PNC, Erwin Sperisen,[7] por violar su derecho a presunción de inocencia —un recurso que la CSJ rechazó—. También pidió a la Sala Primera de Apelaciones anular la solicitud de extradición, porque no podía haber traficado cocaína a Estados Unidos, como decía la fiscalía en Nueva York, cuando nunca había estado en ese país, y ni siquiera tenía una visa estadounidense. La sala rechazó su solicitud.

Es posible que, a estas alturas, desconocía cómo los fiscales neoyorkinos razonaban su caso. El expediente todavía estaba bajo reserva para el público, aunque —en teoría— los acusados y sus abogados tienen derecho a leerlo y saber de qué trata la acusación exactamente.

En febrero Jorge Mario ya aparecía en una lista de 18 extraditables por narcotráfico en Guatemala. Quizá por eso decidió contratar en marzo a Thomas Francis Liotti, un curtido abogado de Long Island, Nueva York.

“Él supo de mí por referencias personales de contactos en el mundillo de la justicia criminal”, recuerda Liotti, quien se reconocía como toda una marca en defensa penal.[8] “La gente habla entre sí, y yo tenía una buena reputación en la comunidad neoyorkina”. Liotti dice que Jorge Mario ya sabía de la acusación en su contra en Nueva York.

En abril, la corte neoyorquina levantó la reserva sobre el caso. Cualquier persona, incluyendo periodistas, lo podía leer y publicar el contenido. Entonces, elPeriódico en Guatemala publicó[9] que a Jorge Mario lo buscaba la justicia estadounidense porque en enero de 2003 coordinó por teléfono una entrega de dinero producto de la venta de cocaína en Nueva York, y en marzo coordinó por teléfono el traslado de un cargamento de droga. Con un asunto así ventilado en la prensa, y la orden de captura con fines de extradición aún vigente,[10] planificó moverse hacia Honduras, y para finales de 2006 ya estaba en San Pedro Sula.

En efecto, una fiscalía neoyorkina lo investigaba desde enero de 2003. Si Jorge Mario no estaba en la lista de 33 extraditables (por varios delitos, incluyendo narcotráfico) de febrero de ese año fue porque la fiscalía neoyorkina no lo había acusado todavía. Lo hizo en agosto de ese año con base en las deliberaciones de un “Gran Jurado” y evidencia que la DEA reunió.[11] Era un caso donde aparecían otras nueve personas acusadas: los guatemaltecos Otoniel Turcios Marroquín, Héctor Eduardo Morataya Oliva, Lionel Isaías Turcios Marroquín (hermano de Otoniel), Myve Lorena Orellana Morales, Byron Berganza Espina y Marco Antonio Lara Paiz; el salvadoreño Carlos Lemus Dorión, y los colombianos Horacio Gabriel Botero Tabares y Carlos Fernando Gómez López. Berganza y Lara aparecían relacionados a otra red de narcotráfico, y nada en el expediente los relaciona a los demás acusados, salvo porque Berganza ya capturado y en Nueva York le dijo a la fiscalía que Myve Lorena estaba vinculada a una organización de narcotraficantes mexicanos.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Kay Mayfield, dijo ese año que se desconocía 90% de los casos de narcotráfico en el país, y que las solicitudes de extradición eran una forma de contribuir con la “débil justicia guatemalteca”.[12]

En los siguientes cinco años el Ministerio Público (MP) no acusó a Jorge Mario de ningún delito en Guatemala. Había un acuerdo tácito con las autoridades estadounidenses en el cual el sistema de justicia guatemalteco no iniciaba ningún proceso judicial que pudiera bloquear una extradición, aunque tampoco demostró mayor prisa para capturar a Jorge Mario y enviarlo a Estados Unidos antes de que se fuera a Honduras.

Según la DEA,[13] Jorge Mario vivía en San Pedro Sula bajo una identidad falsa. El Departamento del Tesoro lo identificaba con los alias Mario Cordón o Jorge Mario Arraiza Betancur.[14] La fiscalía en Nueva York también reveló que viajaba entre Honduras y El Salvador como “Esteban Hernández García”, con documentos falsos que le consiguió un cómplice,[15] y que la policía hondureña le incautó cuando lo detuvo en 2008. Todo esto lo desmintió su defensa después.

Mientras tanto, Liotti lo defendía en Nueva York, y en Guatemala lo representaban los abogados Víctor Hugo Cano Recinos y su hijo, Víctor Hugo Cano Chávez, conocidos litigantes guatemaltecos en casos penales. Aun así, lo que ocurrió el 1 de mayo de 2008 en San Pedro Sula los sorprendió a todos.

En el retén a la salida de la colonia Jardines del Valle, Jorge Mario bajó del vehículo como le ordenaron. Quienes le marcaron el alto con un ademán de manos eran “policías hondureños asignados a la unidad especial de la DEA en Honduras”, y que actuaban bajo instrucciones de esa agencia.[16] Estos sujetos acabaron con los últimos segundos de libertad de Jorge Mario, en aquella camioneta agrícola, donde potentes ráfagas de aire acondicionado lo mantenían a salvo de las altas temperaturas que le dan a la hondureña ciudad de San Pedro Sula el nombre de Caldera del Diablo.

Los policías rodearon la camioneta y lo forzaron a salir a los 35 grados centígrados del calor húmedo de mayo. Jorge Mario resultó una presencia imponente: vestía una camiseta Lacoste turquesa y pantalón negro de lona, con 330 libras de peso sobre un metro 70 centímetros de estatura. Salió hacia un estatus de detenido, aunque nunca le mostraron una orden de captura. No la tenían —no de un juez hondureño—. Y, así, sudoroso por el calor y el susto, los policías lo sujetaron y le dijeron que debía acompañarlos. Jorge Mario luego dijo que nunca le explicaron a dónde. No tenía idea de qué sucedía cuando ya era obvio que aquel no era un retén normal.

“[Primero] me llevaron a una camioneta, amarrado [de las manos] y vendado [de los ojos]”, relató en una carta de 2022. “Me llevaron a un lugar desolado, donde no había casas ni nada, sólo monte”, agregó en una audiencia en 2009 en Nueva York, antes del juicio. Como iba con los ojos cubiertos, asumo que podía observar una parte de su entorno por debajo de la venda.

Los policías que lo detuvieron en el retén nunca le explicaron que trabajaban con la DEA. Simplemente lo entregaron (en el sitio desolado que describió) a los agentes estadounidenses por encargo de la fiscalía neoyorkina.[17]

“Después me subieron a la palangana de un pickup, donde me acostaron boca abajo”, recordó en su testimonio de 2009, de cuando ya estaba en manos de la DEA. “Me envolvieron la cabeza con una camisa, y no podía ver nada”. Parecía que los agentes estadounidenses no esperaban la captura y debieron improvisar para cubrirle el rostro, aunque se supone que ya llevaba una venda puesta. Ese intercambio explicaba por qué Jorge Mario dijo que primero lo metieron en una camioneta (cuando los policías hondureños lo capturaron) y, después, lo transportaron en un pickup (con los agentes de la DEA). Estimó que viajaron entre tres y cuatro horas, con él acostado sobre la plancha caliente del pickup y las manos sujetadas hacia atrás. Debido a su tamaño, habían usado un juego de esposas en cada mano que sujetaron entre sí con esas tiras plásticas con seguro, de las que no se pueden abrir sino cortándolas con tijera o navaja.[18] El lapso del trayecto era consistente con los 192 kilómetros que separan San Pedro Sula del aeropuerto de Palmerola, la Base Aérea José Enrique Soto Cano en Comayagua, al suroeste del país, y que fue un importante centro de operaciones estadounidense en los años ochenta.[19] El pickup se detuvo cerca de las dos de la tarde. “Tenía miedo”, dijo Jorge Mario en su testimonio de 2009. “No sabía qué iba a pasar conmigo”.

Mientras los agentes estadounidenses le acomodaban de nuevo la camisa sobre la cabeza para cubrirle los ojos, observó que estaban a la par de un avión pequeño. Era un Learjet de la DEA. Si ese jet estaba allí era porque “hubo maquinaria en proceso para ello […] desde el más alto nivel en Nueva York y Washington D. C., en la DEA”, explicó un fiscal en un caso similar años antes. “Llevar un avión de esos a otro país implica la aprobación de muchas personas […] en posiciones extremadamente importantes”, agregó.[20] Según Jorge Mario, él se enteró del origen del avión hasta después porque ninguno de los sujetos que lo transportaban se identificó. Tampoco podía entender qué se decían entre sí porque hablaban en inglés. Tuvieron que ayudarle a darse vuelta, a sentarse, bajar de la palangana y ponerse de pie, hablándole en español con acento gringo. Lo guiaron hacia una estrecha escalinata para subir al avión. Recorrió el angosto corredor entre los asientos hasta llegar al final en la parte de atrás del jet, y lo volvieron a acostar boca abajo sobre el suelo. La camisa todavía le cubría la cabeza. Así despegaron.

“Como 20 minutos después del despegue, me sentaron [en uno de los asientos] y me destaparon la cara”, dijo luego, cuando testificó en la corte.[21] “Una mujer me dijo que eran de la DEA, me ofreció un vaso de agua, y eso fue todo”. La agente tuvo que acercarle el vaso a la boca porque seguía esposado, manos atrás. Fue hasta ese momento, según Jorge Mario, que le dijeron que estaba detenido y lo llevaban a Estados Unidos.

La DEA avisó al Ministerio de Gobernación y a la Fiscalía de Narcoactividad en Guatemala que tenían a Jorge Mario Paredes hasta casi una hora después de despegar, cuando ya habían sobrevolado el país, y nadie podía impedir que aterrizaran en Miami.[22]

“Yo me imaginaba lo peor, hasta que me llevaron al aeropuerto [en Honduras], y a un avión hasta [traerme a] este país”, escribió Jorge Mario en la carta de 2022, refiriéndose a Estados Unidos. “Todavía no entiendo por qué me trajeron secuestrado para este lugar sin ninguna garantía, si a la mayoría los entregan en sus países para que se haga la extradición conforme a la ley”.

La explicación era sencilla. La DEA no observó que el Ministerio de Gobernación de Guatemala tuviera algún apuro en capturar a Jorge Mario, aun cuando un tribunal de ese país lo ordenó así, a solicitud de una corte en Nueva York. De manera que no se iba a arriesgar a llevarlo a Guatemala para tener que esperar un engorroso trámite de extradición de hasta dos años cuando el capturado protesta la medida.

Así que ese 1 de mayo la Honduras del presidente Mel Zelaya (extraoficialmente vinculado al narcotráfico desde entonces)[23] capturó a Jorge Mario sin una orden judicial, y empleó un inusual trámite de expulsión para enviarlo a Estados Unidos pocas horas después. El expediente en la corte neoyorkina describió su salida de Honduras así, como una “expulsión”. Era un término extraño porque no lo expulsaron hacia su país de origen, sino hacia las manos de la DEA. Un precedente judicial de los años noventa en Estados Unidos establecía que si no protestaba el país donde ocurría la supuesta expulsión, el expulsado no tenía ni voz ni voto en el asunto.

Durante el vuelo, y en custodia de agentes de la DEA, Jorge Mario cayó en la cuenta de que los gringos se habían saltado las trancas de la extradición porque no lo llevaron a Guatemala, su país, que era lo que correspondía. Él se había marchado porque ser extraditado por el gobierno guatemalteco parecía una posibilidad cercana. Les sucedió a otros en el 2005 aunque la última extradición por narcotráfico más sonada desde Guatemala hacia Estados Unidos sucedió en 1992 (16 años antes), cuando el alcalde de Zacapa (un departamento fronterizo con Honduras), Arnoldo Vargas, fue enviado a Nueva York. Para entonces, Vargas llevaba dos años de torpedear su extradición después de su captura, hasta que se le agotaron los recursos legales y acabó en esa ciudad, donde una corte lo sentenció a 30 años de cárcel. Salió después de 25, por buena conducta.

De cualquier manera, Jorge Mario no se confió y se fue a Honduras, sin saber que se lo llevarían de ese país con más rapidez y menos papeleo. Lo mismo sucedió en 2003 con el guatemalteco Byron Alcides Berganza Espina, “expulsado” de El Salvador para enfrentar cargos por narcotráfico en la misma corte en Nueva York. En 2006 el fiscal Anirudh Bansal dijo que “el sistema de justicia guatemalteco ‘simplemente’ no funcionaba”, y que hubiera sido imposible conseguir una extradición en Guatemala, refiriéndose a cómo fue capturado Berganza.[24] Quizá era un caso que Jorge Mario desconocía, aunque estaba en su expediente. No ayudó que algunos artículos de prensa se referían erróneamente a la “extradición” de Berganza, una gestión que Estados Unidos tampoco hizo.

La jueza Deborah Batts sentenció a Berganza a 22 años de cárcel el 23 de abril de 2008, sólo una semana antes de la captura de Jorge Mario. Si se enteró, y se vio en el espejo de Berganza y Vargas, no debió gustarle para nada. Eso quería decir que, con 43 años cumplidos, y sentado en ese avión de la DEA, iba camino a envejecer en la cárcel.

En asunto de horas, su vida en Honduras ya era historia. ¿En qué momento se jodió todo? En su expediente la acusación lo pintaba escuetamente como uno de los “conspiradores” en una serie de eventos entre 1999 y 2003 en Nueva York, que tenían que ver con el envío de cocaína desde Guatemala a esa ciudad y la recolección de millones de dólares por la venta. La fiscalía también decía que Jorge Mario era el sujeto que un confidential source, o informante de la DEA, identificó como “el Gordo” y el gran organizador de toda esa vuelta. El expediente no revelaba quién era el informante, y Jorge Mario sólo podía intentar adivinarlo.

Los años que la acusación mencionaba fueron una época en la que el narcotráfico iba mejor que nunca en Guatemala. Estados Unidos hasta sancionó al país por sus escasos esfuerzos para controlarlo. Le retiró la estrellita de colores de la cartilla de calificaciones porque los decomisos de cocaína cayeron de 10 000 kilos en 1999 a una décima parte en 2000. Aunque subieron a 4 100 kilos en 2001, para el primer semestre de 2002 apenas había incautado 431 kilos. Como si fuera poco, la policía “descubrió” (sí, así entre comillas) que sus propios agentes antinarcóticos habían robado cocaína decomisada de una bodega. Era un sitio donde no hacían inventarios desde 1982. Así que no había manera de saber cuánto había y cuánto se robaron. Primero reportó un faltante de 3 000 kilos, que luego se redujo a una cifra oficial de 1 604 kilos. Meses después, hubo otros casos de cocaína que desaparecía en operaciones de decomiso. El Departamento de Estado de los Estados Unidos no estaba nada contento.[25]

“El gobierno de Portillo está influenciado por el narcotráfico”, fue el tipo de frases que Otto Reich, subsecretario de Estado, soltó en una alocución de octubre de 2002 ante el Congreso de su país, refiriéndose a la administración presidencial de Alfonso Portillo (2000-2004). “El combate a la corrupción es palabrería”, dijo Reich.[26]

El mismo mes, sólo tres semanas después de las explosivas declaraciones del subsecretario, el Ministerio de Gobernación publicó una lista de los nueve narcotraficantes más fuertes del país, y que la prensa calificó como “los más buscados”. La lista no incluía a Jorge Mario. Luego, el ministro de Gobernación Adolfo Reyes Calderón aclaró que ninguno tenía orden de captura. Y no la tenían no porque no las hubieran pedido. El mp las pidió, pero el Organismo Judicial nunca las autorizó. Esa lista de nueve nombres después se redujo a ocho. Además, parecía que eran “los más buscados” sólo por el Ministerio de Gobernación, porque a cuatro ni siquiera los investigaba el mp, aunque Estados Unidos pedía a dos de ellos en extradición.[27]

Reich nunca mencionó que su país tampoco era ajeno al narcotráfico ni a la corrupción. A mediados del año 2000 autoridades de Estados Unidos descubrieron a 28 agentes de Aduanas e Inmigración ligados a mafias de ese país y de México —la mayoría de narcotráfico—. “Hasta iban en camiones para pasar retenes en Estados Unidos”, escribió el periodista Jesús Blancornelas en su libro El cártel, refiriéndose a los agentes.[28] “Vendieron droga personalmente y transmitieron a los cárteles las estrategias oficiales de antemano”, agregó Blancornelas. Parte de esta información provenía de investigaciones del periodista Alfredo Corchado, publicadas en el Dallas Morning News, que destacó casos entre El Paso, Texas, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México (algo que tuvo poca difusión en Guatemala, donde Reich somataba la mesa).

Es decir, la cocaína llegaba a Estados Unidos no sólo porque narcotraficantes latinoamericanos conspiraban para traficarla, sino también porque tenían la ayuda en ese país de agentes federales corruptos. Para entonces, en las fronteras estadounidenses detenían sólo 12.2% de la cocaína que los traficantes ingresaban de contrabando, según estimaciones de la DEA incluidas en un cable diplomático de 2003 (03guatemala1902) que años después filtró WikiLeaks.[29]

Justo en esa frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, había una base de operaciones de la Organización Arriola que movió cocaína durante años entre México y Estados Unidos. Según la DEA y la fiscalía neoyorkina, esa cocaína incluyó al menos un cargamento que Jorge Mario Paredes envió desde Guatemala, y que llegó a las manos de su distribuidor en Nueva York en 2003. Eran 265 kilos de cocaína transportados íntegros hasta el Midtown de Manhattan. Sólo ocho días después, el 1 de febrero de 2003, el presidente George W. Bush anunció que Guatemala estaba “descertificada”, una sanción que implicaba el retiro de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico.

Para 2008, un Jorge Mario recién capturado debía saber (porque sus abogados tenían acceso al expediente en la corte de Nueva York, y por publicaciones de prensa al respecto en 2006) que una fiscalía en Estados Unidos lo relacionaba con ese cargamento, y le endilgaba llamadas telefónicas para preguntar por la coca y el dinero de la venta. La fiscalía neoyorkina no revelaba aún quiénes más estaban en esa movida, ni quiénes eran los “coconspiradores” y el informante que lo incriminaron. Desde un principio les dijo a los agentes de la DEA en Miami que nada tenía que ver con esos 265 kilos de cocaína traficados en 2003 que el expediente mencionaba. Pero allí estaba, con aquella factura endosada exactamente cinco años después, y en el peor momento: cuando su cotidiana vida en San Pedro Sula parecía haberle hecho bajar la guardia. Así que ese 1 de mayo estaba donde nadie en el negocio quiere estar: camino a una cárcel en Estados Unidos.

El jet que transportó a Jorge Mario aterrizó en Miami, aunque él no tenía idea de dónde estaban. “Varios agentes se acercaron y comenzaron a tomarme fotos cuando salí del avión; lo mismo cuando iba bajando y me [llevaron] caminando”, recordó en un testimonio a la corte. Una foto en un comunicado de prensa de la DEA lo mostraba bajando por la escalinata del avión, con las manos sujetadas hacia atrás.

Los agentes lo escoltaron hasta una oficina donde el agente Todd Phillips le informó sobre su estatus: “Oficialmente detenido por autoridades de Estados Unidos”. Le tomaron huellas de un dedo índice y le pidieron que firmara en una tableta electrónica. La DEA no hizo todo esto en Honduras porque no tenía jurisdicción, aunque el expediente en la corte de Nueva York indica que “la DEA arrestó al señor Paredes en Honduras”. Aun así, Phillips dijo al diario guatemalteco elPeriódico, en una entrevista telefónica, que desconocía desde dónde habían trasladado a Jorge Mario hacia Estados Unidos. “Yo lo recibí en el aeropuerto [en Miami], pero no sabía de dónde lo traían”, dijo el agente, sin ofrecer más detalles.[30]

Sentado tras un escritorio, Phillips le dijo que estaba acusado de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y para distribuir la droga en ese país. Jorge Mario estaba de pie enfrente, la camisa Lacoste turquesa oscurecida por el sudor, y su mirada fija en el suelo, pero perdida bajo un ceño fruncido; tenía hebras de cabello pegado a la frente empapada. Eran las ocho de la noche. Phillips la registró como la hora de captura en un formulario de la Corte del Distrito Sur de Florida.

Habían transcurrido al menos dos horas desde que bajó del avión en Miami, que lo fotografiaron y pasó por los trámites de su captura en Estados Unidos. Después, lo hicieron subir a una furgoneta y lo llevaron al Centro Correccional de Miami, a una celda individual. Durmió poco. Estaba en arenas movedizas.

Sin todas las cartas sobre la mesa de cómo la fiscalía lo amarró al caso, de quién habló, o de toda la información que sirvió para acusarlo y pedir su captura, y cómo acabó eso en manos de los fiscales en Nueva York, Jorge Mario no entendía con precisión por qué estaba detenido en Florida. Pero lo sabría en los siguientes meses. También iba a descubrir otros hechos en Nueva York, Guatemala y Colombia, ocurridos hacía muchos años, que inevitablemente llevaron a que el brazo de la fiscalía lo alcanzara en Honduras.

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[1] Caso 03-CR-00987 contra Jorge Mario Paredes Córdova, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Documento 206, página 3 (preparado por los fiscales Bansal y Strauber): “Paredes fue capturado en San Pedro Sula por autoridades hondureñas (la fuerza de tarea policial que trabaja con la DEA). El vehículo en el que él y otras
pers­onas viajaban fue detenido justo afuera de una comunidad residencial. Los
otros ocupantes fueron liberados sin incidentes”.

[2] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310 fechado el 24 de junio de 2009. Páginas 103 y 104.

[3] Correspondencia electrónica intercambiada entre Paredes y la autora en noviembre de 2023 y el 10 de enero de 2025.

[4] K. Cardona. “Cae ‘el Gordo’ Paredes”. La Hora. 3 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 3. / Redacción. “Autoridades quieren extraditar a ocho”. elPeriódico. 13 de febrero de 2006. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[5]Ibid. Página 3.

[6]Idem.

[7] Vielmann y Sperisen, así como otros funcionarios del Ministerio de Gobernación, Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario, fueron procesados por la ejecución extrajudicial de siete reos en la Granja Penal de Pavón, en el segundo semestre de 2006, en lo que las autoridades llamaron Operación Pavo Real, y que primero fue denunciada por la Procuraduría de Derechos Humanos. En 2024 Sperisen fue condenado a 14 años de cárcel en Suiza por el mismo caso, lapso que inicia desde su captura en 2012. Véase D. Aguilar. “Confirman condena de 14 años de prisión contra Erwin Sperisen”. El Periódico Investiga. 12 de septiembre de 2024. Enlace: https://epinvestiga.com/actualidad/confirman-condena-de-14-anos-de-prision-contra-erwin-sperisen/.

[8] Thomas Liotti. Entrevista personal. Long Island, Nueva York. 16 de noviembre de 2023.

[9] C. Méndez Arriaza. “Por qué Estados Unidos acusa a ‘el Gordo’ Paredes”. elPeriódico. 17 de abril de 2006. Edición impresa. Página 8.

[10] Estrada y Acuña. Op. cit. Página 3. / L. Cereser. “Capturan y extraditan al Gordo Paredes a EE. UU.”. Prensa Libre. 4 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 2. / K. Reyes. “Fiscales, a la caza de supuestos narcotraficantes pedidos por EE. UU.”. elPeriódico. 12 de febrero de 2006. Edición impresa. Página 3.

[11] Era la acusación S7- 03-CR-987 en el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. En Estados Unidos, un Gran Jurado es un grupo de ciudadanos que una corte estadounidense convoca para decidir, con base en evidencia presentada por una fiscalía, si hay suficiente información para acusar formalmente a una persona y para solicitar su captura para ser juzgada. Se diferencia de un jurado convencional en que las conclusiones de un Gran Jurado pueden llevar a la captura de una persona, mientras que el jurado convencional actúa durante un juicio en el cual decide si un procesado es culpable o inocente. Luego, un juez o jueza dicta la sentencia que puede o no consistir en una pena de cárcel.

[12] K. Reyes. “Justicia de EE. UU. ha solicitado 33 extradiciones”. elPeriódico. 7 de febrero de 2003. Edición impresa. Página 6.

[13] El Departamento de Justicia de Estados Unidos designó a Paredes como un Objetivo de Organización Prioritaria Consolidada (o cpot, por sus siglas en inglés), la categoría para los narcos más peligrosos del mundo. Véase “News from DEA, Domestic Field Divisions, New York City News Releases, 11/06/09”. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2009/nyc110609ap.html.

[14] El portal Opensanctions cita información de la ofac. Véase https://www.opensanctions.org/entities/NK-cX2uXL4L3Zw3veN57V2yTh/.

[15] El cómplice que le consiguió los documentos falsos era un agente de aduanas corrupto, Arnulfo Reyes Duarte, según el argumento de sumario a cargo de la fiscal Jocelyn Strauber, en la audiencia del 4 de noviembre de 2009 del juicio contra Jorge Mario Paredes. La información proviene también de datos escuchados por la autora en la audiencia de esa fecha. Una corte del Distrito Sur de Texas, en Houston, acusó a Reyes Duarte de delitos vinculados al narcotráfico en diciembre de 2006. Véase el documento 29 del caso 06-CR-00422 archivado el 6 de diciembre de 2006. Reyes Duarte tenía relación con un caso en Panamá del que Paredes fue acusado en 2009.

[16] La fiscalía de Nueva York luego los identificó en la corte como agentes de la fuerza de tarea de la Policía Nacional de Honduras que asistía a la DEA. También véase Defendant’s motion for an order directing the production of grand jury minutes. George envió la solicitud de la minuta de la deliberación del Gran Jurado en el caso de Paredes el 30 de marzo de 2009 a la corte. Véase el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 221 fechado el 8 de junio de 2009 para la respuesta de la jueza Batts.

[17] La carta a la que se hace referencia fue enviada por Paredes a la autora en res­puesta a una carta que ella le envió para preguntarle acerca de su caso. Por aparte, respecto a su relato, la abogada Linda George luego dijo que le habían colocado una capucha sobre la cabeza (no una camisa o una venda). Parecía una práctica común. Cuando Estados Unidos extraditó en 2010 al retirado general Noriega a Francia, sin avisarle a su abogado Frank Rubino (que representó a Paredes en 2008), el abogado dijo al diario Panamá América que “probablemente le pusieron una capucha negra [a Noriega] y lo sacaron a escondidas en el medio de la noche”. En ese entonces, Rubino intentaba negociar el retorno de su cliente a Panamá.

[18] Este detalle lo evidenciaban las fotografías del comunicado de prensa de la DEA, que mostraban su llegada a Miami con Jorge Mario Paredes esposado el 1 de mayo de 2008. Véase DEA. “Cocaine Kingpin Charged in U.S., Apprehended in Honduras”. Comunicado de prensa. 5 de mayo de 2008. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2008/nyc050508p.html.

[19] La base aérea fue inaugurada como el Aeropuerto Internacional Palmerola en diciembre de 2021.

[20] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 147.

[21] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310. Página 125.

[22] Los datos de la llamada a la fiscalía fueron proporcionados por Leonel Ruiz, jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en marzo de 2009, y por una fuente confidencial del Ministerio de Gobernación.

[23] Ó. Estrada (2022). Tierra de narcos. Grijalbo. Página 135.

[24] Méndez Arriaza. Op. cit.

[25] S. Valdez. “Se roban del Doan 3 mil kilos de coca”. Siglo Veintiuno. 27 de marzo de 2002. Edición impresa. Página 4. / B. Barillas. “Saqueo de cocaína fue de 1 604 kilos”. Siglo Veintiuno. 4 de junio de 2002. Edición impresa. Página 13.

[26] J. Jiménez. “Droga por todos lados”. Siglo Veintiuno. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 1 (portada) y 5. / J. C. Llorca. “EE. UU.: El combate a la corrupción es palabrería”. elPeriódico. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Página 3.

[27] C. Orantes. “Gobierno favorece al narcotráfico”. Siglo Veintiuno. 28 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[28] J. Blancornelas (2005). El cártel. Random House Mondadori. Páginas 128 y 129.

[29] El cable “reference id” 03guatemala1902 está fechado el 24 de julio de 2003 y firmado por el entonces embajador de Estados Unidos en el país, John Hamilton. En la segunda página indica que Guatemala incauta un estimado de 5.6% de la cocaína que pasa por su territorio, mientras que el gobierno de Estados Unidos incauta 12.2% de la cocaína que ingresa a ese país. Este cable fue descargado el 10 de noviembre de 2011 de esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=03guatemala1902 que en 2025 ya no está disponible. La autora tiene una copia impresa. El documento sí aparece aquí: https://archive.org/details/03guatemala1902/page/n1/mode/2up.

[30] C. Acuña y L. Á. Sas. “Novia de ‘el Gordo’ Paredes, extraditada a Estados Unidos”. elPeriódico. 7 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 4.

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<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

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2026
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Julie López, periodista especializada en temas de seguridad y narcotráfico, ha publicado su tercer libro: <i>Negocios blancos en la cuerda floja</i> (Grijalbo, 2025), producto y reelaboración de gran parte de lo que ha documentado y aprendido a lo largo de los años sobre el sistema judicial de Estados Unidos, cuando procesa a integrantes o presuntos integrantes de las redes del narcotráfico hemisférico. Aquí pueden leer el primer capítulo.

1

El largo brazo de la fiscalía

La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alcanzó a Jorge Mario Paredes Córdova en el peor momento: cuando no lo esperaba.

El 1 de mayo de 2008 Jorge Mario salió de la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, Honduras, donde vivía con su esposa y dos hijos. Es una zona residencial rodeada de lujosos comercios, y flanqueada por calzadas principales, que los hondureños describen como de “clase media alta”, o de “gente bien”, y donde comparten espacio casas modestas pero bonitas y mansiones de millonarios. Sus residentes resultan sorprendidos ocasionalmente cuando, en los telenoticieros o la prensa, la policía identifica a alguno de sus vecinos como narcotraficante, después de su captura, o cuando un juzgado asegura una propiedad por lavado de dinero.

Jorge Mario conducía una camioneta agrícola Toyota blanca, y eran las 10 de la mañana cuando viró sobre una calle principal y se encontró de frente con un retén.[1] “Parecía un puesto de control normal, rutinario, donde lo detienen a uno y lo registran”, dijo después, y por eso al principio no se alarmó. No describió a los hombres en el retén como “policías”, pero en Honduras (como en otros países) sólo agentes policiacos o soldados pueden detener vehículos en la vía pública. Por eso Jorge Mario detuvo la marcha sin pensar más.[2]

“Me acompañaban mi sobrino, mi hermano, un primo y otra persona, pero se dirigieron sólo hacia mí”, recordó de los sujetos que se acercaron a la ventanilla del conductor. “Ese día, iba a hacer un negocio de ganado, porque a eso me dedicaba en Honduras, y de ahí me iba a dar una vuelta a la playa con mis hijos, ya que era feriado por el Día del Trabajo”.[3]

La cotidianidad con la que iba a esa cita de negocios hacía creer que había olvidado que lo buscaba una fiscalía en Estados Unidos, y que el Departamento de Justicia ofrecía 5 millones de dólares por información que llevara a su captura —aunque esta fue la razón por la que se trasladó a Honduras—.

En Guatemala, donde nació y vivió años atrás, un tribunal había ordenado su detención a solicitud de Estados Unidos, que tenía una orden internacional para su captura desde mayo de 2005. No hubo ninguna señal pública de ello, pero ese año otros ocho guatemaltecos fueron enviados a Estados Unidos por narcotráfico.[4] Además, en los siguientes meses el nombre de Jorge Mario Paredes hizo bulla por otras razones.

Antes que acabara el año, la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala anunció que capturó a ocho guardaespaldas de Jorge Mario porque le dispararon en plena calle a un taxista que no les cedió la vía. Todos salieron libres después de pagar una fianza.[5] Luego, el 4 de enero de 2006, el Ministerio de Gobernación (Mingob) y la PNC comenzaron a publicar campos pagados en periódicos acerca de la orden de captura contra Jorge Mario, a solicitud de Estados Unidos. Las autoridades ofrecían 250 000 quetzales por información que permitiera ubicarlo, unos 33 000 dólares.[6] La suma equivalía al precio de dos kilos de cocaína.

Jorge Mario trató de frenar los campos pagados. El 6 de enero de 2006 presentó un recurso legal ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, y el director de la PNC, Erwin Sperisen,[7] por violar su derecho a presunción de inocencia —un recurso que la CSJ rechazó—. También pidió a la Sala Primera de Apelaciones anular la solicitud de extradición, porque no podía haber traficado cocaína a Estados Unidos, como decía la fiscalía en Nueva York, cuando nunca había estado en ese país, y ni siquiera tenía una visa estadounidense. La sala rechazó su solicitud.

Es posible que, a estas alturas, desconocía cómo los fiscales neoyorkinos razonaban su caso. El expediente todavía estaba bajo reserva para el público, aunque —en teoría— los acusados y sus abogados tienen derecho a leerlo y saber de qué trata la acusación exactamente.

En febrero Jorge Mario ya aparecía en una lista de 18 extraditables por narcotráfico en Guatemala. Quizá por eso decidió contratar en marzo a Thomas Francis Liotti, un curtido abogado de Long Island, Nueva York.

“Él supo de mí por referencias personales de contactos en el mundillo de la justicia criminal”, recuerda Liotti, quien se reconocía como toda una marca en defensa penal.[8] “La gente habla entre sí, y yo tenía una buena reputación en la comunidad neoyorkina”. Liotti dice que Jorge Mario ya sabía de la acusación en su contra en Nueva York.

En abril, la corte neoyorquina levantó la reserva sobre el caso. Cualquier persona, incluyendo periodistas, lo podía leer y publicar el contenido. Entonces, elPeriódico en Guatemala publicó[9] que a Jorge Mario lo buscaba la justicia estadounidense porque en enero de 2003 coordinó por teléfono una entrega de dinero producto de la venta de cocaína en Nueva York, y en marzo coordinó por teléfono el traslado de un cargamento de droga. Con un asunto así ventilado en la prensa, y la orden de captura con fines de extradición aún vigente,[10] planificó moverse hacia Honduras, y para finales de 2006 ya estaba en San Pedro Sula.

En efecto, una fiscalía neoyorkina lo investigaba desde enero de 2003. Si Jorge Mario no estaba en la lista de 33 extraditables (por varios delitos, incluyendo narcotráfico) de febrero de ese año fue porque la fiscalía neoyorkina no lo había acusado todavía. Lo hizo en agosto de ese año con base en las deliberaciones de un “Gran Jurado” y evidencia que la DEA reunió.[11] Era un caso donde aparecían otras nueve personas acusadas: los guatemaltecos Otoniel Turcios Marroquín, Héctor Eduardo Morataya Oliva, Lionel Isaías Turcios Marroquín (hermano de Otoniel), Myve Lorena Orellana Morales, Byron Berganza Espina y Marco Antonio Lara Paiz; el salvadoreño Carlos Lemus Dorión, y los colombianos Horacio Gabriel Botero Tabares y Carlos Fernando Gómez López. Berganza y Lara aparecían relacionados a otra red de narcotráfico, y nada en el expediente los relaciona a los demás acusados, salvo porque Berganza ya capturado y en Nueva York le dijo a la fiscalía que Myve Lorena estaba vinculada a una organización de narcotraficantes mexicanos.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Kay Mayfield, dijo ese año que se desconocía 90% de los casos de narcotráfico en el país, y que las solicitudes de extradición eran una forma de contribuir con la “débil justicia guatemalteca”.[12]

En los siguientes cinco años el Ministerio Público (MP) no acusó a Jorge Mario de ningún delito en Guatemala. Había un acuerdo tácito con las autoridades estadounidenses en el cual el sistema de justicia guatemalteco no iniciaba ningún proceso judicial que pudiera bloquear una extradición, aunque tampoco demostró mayor prisa para capturar a Jorge Mario y enviarlo a Estados Unidos antes de que se fuera a Honduras.

Según la DEA,[13] Jorge Mario vivía en San Pedro Sula bajo una identidad falsa. El Departamento del Tesoro lo identificaba con los alias Mario Cordón o Jorge Mario Arraiza Betancur.[14] La fiscalía en Nueva York también reveló que viajaba entre Honduras y El Salvador como “Esteban Hernández García”, con documentos falsos que le consiguió un cómplice,[15] y que la policía hondureña le incautó cuando lo detuvo en 2008. Todo esto lo desmintió su defensa después.

Mientras tanto, Liotti lo defendía en Nueva York, y en Guatemala lo representaban los abogados Víctor Hugo Cano Recinos y su hijo, Víctor Hugo Cano Chávez, conocidos litigantes guatemaltecos en casos penales. Aun así, lo que ocurrió el 1 de mayo de 2008 en San Pedro Sula los sorprendió a todos.

En el retén a la salida de la colonia Jardines del Valle, Jorge Mario bajó del vehículo como le ordenaron. Quienes le marcaron el alto con un ademán de manos eran “policías hondureños asignados a la unidad especial de la DEA en Honduras”, y que actuaban bajo instrucciones de esa agencia.[16] Estos sujetos acabaron con los últimos segundos de libertad de Jorge Mario, en aquella camioneta agrícola, donde potentes ráfagas de aire acondicionado lo mantenían a salvo de las altas temperaturas que le dan a la hondureña ciudad de San Pedro Sula el nombre de Caldera del Diablo.

Los policías rodearon la camioneta y lo forzaron a salir a los 35 grados centígrados del calor húmedo de mayo. Jorge Mario resultó una presencia imponente: vestía una camiseta Lacoste turquesa y pantalón negro de lona, con 330 libras de peso sobre un metro 70 centímetros de estatura. Salió hacia un estatus de detenido, aunque nunca le mostraron una orden de captura. No la tenían —no de un juez hondureño—. Y, así, sudoroso por el calor y el susto, los policías lo sujetaron y le dijeron que debía acompañarlos. Jorge Mario luego dijo que nunca le explicaron a dónde. No tenía idea de qué sucedía cuando ya era obvio que aquel no era un retén normal.

“[Primero] me llevaron a una camioneta, amarrado [de las manos] y vendado [de los ojos]”, relató en una carta de 2022. “Me llevaron a un lugar desolado, donde no había casas ni nada, sólo monte”, agregó en una audiencia en 2009 en Nueva York, antes del juicio. Como iba con los ojos cubiertos, asumo que podía observar una parte de su entorno por debajo de la venda.

Los policías que lo detuvieron en el retén nunca le explicaron que trabajaban con la DEA. Simplemente lo entregaron (en el sitio desolado que describió) a los agentes estadounidenses por encargo de la fiscalía neoyorkina.[17]

“Después me subieron a la palangana de un pickup, donde me acostaron boca abajo”, recordó en su testimonio de 2009, de cuando ya estaba en manos de la DEA. “Me envolvieron la cabeza con una camisa, y no podía ver nada”. Parecía que los agentes estadounidenses no esperaban la captura y debieron improvisar para cubrirle el rostro, aunque se supone que ya llevaba una venda puesta. Ese intercambio explicaba por qué Jorge Mario dijo que primero lo metieron en una camioneta (cuando los policías hondureños lo capturaron) y, después, lo transportaron en un pickup (con los agentes de la DEA). Estimó que viajaron entre tres y cuatro horas, con él acostado sobre la plancha caliente del pickup y las manos sujetadas hacia atrás. Debido a su tamaño, habían usado un juego de esposas en cada mano que sujetaron entre sí con esas tiras plásticas con seguro, de las que no se pueden abrir sino cortándolas con tijera o navaja.[18] El lapso del trayecto era consistente con los 192 kilómetros que separan San Pedro Sula del aeropuerto de Palmerola, la Base Aérea José Enrique Soto Cano en Comayagua, al suroeste del país, y que fue un importante centro de operaciones estadounidense en los años ochenta.[19] El pickup se detuvo cerca de las dos de la tarde. “Tenía miedo”, dijo Jorge Mario en su testimonio de 2009. “No sabía qué iba a pasar conmigo”.

Mientras los agentes estadounidenses le acomodaban de nuevo la camisa sobre la cabeza para cubrirle los ojos, observó que estaban a la par de un avión pequeño. Era un Learjet de la DEA. Si ese jet estaba allí era porque “hubo maquinaria en proceso para ello […] desde el más alto nivel en Nueva York y Washington D. C., en la DEA”, explicó un fiscal en un caso similar años antes. “Llevar un avión de esos a otro país implica la aprobación de muchas personas […] en posiciones extremadamente importantes”, agregó.[20] Según Jorge Mario, él se enteró del origen del avión hasta después porque ninguno de los sujetos que lo transportaban se identificó. Tampoco podía entender qué se decían entre sí porque hablaban en inglés. Tuvieron que ayudarle a darse vuelta, a sentarse, bajar de la palangana y ponerse de pie, hablándole en español con acento gringo. Lo guiaron hacia una estrecha escalinata para subir al avión. Recorrió el angosto corredor entre los asientos hasta llegar al final en la parte de atrás del jet, y lo volvieron a acostar boca abajo sobre el suelo. La camisa todavía le cubría la cabeza. Así despegaron.

“Como 20 minutos después del despegue, me sentaron [en uno de los asientos] y me destaparon la cara”, dijo luego, cuando testificó en la corte.[21] “Una mujer me dijo que eran de la DEA, me ofreció un vaso de agua, y eso fue todo”. La agente tuvo que acercarle el vaso a la boca porque seguía esposado, manos atrás. Fue hasta ese momento, según Jorge Mario, que le dijeron que estaba detenido y lo llevaban a Estados Unidos.

La DEA avisó al Ministerio de Gobernación y a la Fiscalía de Narcoactividad en Guatemala que tenían a Jorge Mario Paredes hasta casi una hora después de despegar, cuando ya habían sobrevolado el país, y nadie podía impedir que aterrizaran en Miami.[22]

“Yo me imaginaba lo peor, hasta que me llevaron al aeropuerto [en Honduras], y a un avión hasta [traerme a] este país”, escribió Jorge Mario en la carta de 2022, refiriéndose a Estados Unidos. “Todavía no entiendo por qué me trajeron secuestrado para este lugar sin ninguna garantía, si a la mayoría los entregan en sus países para que se haga la extradición conforme a la ley”.

La explicación era sencilla. La DEA no observó que el Ministerio de Gobernación de Guatemala tuviera algún apuro en capturar a Jorge Mario, aun cuando un tribunal de ese país lo ordenó así, a solicitud de una corte en Nueva York. De manera que no se iba a arriesgar a llevarlo a Guatemala para tener que esperar un engorroso trámite de extradición de hasta dos años cuando el capturado protesta la medida.

Así que ese 1 de mayo la Honduras del presidente Mel Zelaya (extraoficialmente vinculado al narcotráfico desde entonces)[23] capturó a Jorge Mario sin una orden judicial, y empleó un inusual trámite de expulsión para enviarlo a Estados Unidos pocas horas después. El expediente en la corte neoyorkina describió su salida de Honduras así, como una “expulsión”. Era un término extraño porque no lo expulsaron hacia su país de origen, sino hacia las manos de la DEA. Un precedente judicial de los años noventa en Estados Unidos establecía que si no protestaba el país donde ocurría la supuesta expulsión, el expulsado no tenía ni voz ni voto en el asunto.

Durante el vuelo, y en custodia de agentes de la DEA, Jorge Mario cayó en la cuenta de que los gringos se habían saltado las trancas de la extradición porque no lo llevaron a Guatemala, su país, que era lo que correspondía. Él se había marchado porque ser extraditado por el gobierno guatemalteco parecía una posibilidad cercana. Les sucedió a otros en el 2005 aunque la última extradición por narcotráfico más sonada desde Guatemala hacia Estados Unidos sucedió en 1992 (16 años antes), cuando el alcalde de Zacapa (un departamento fronterizo con Honduras), Arnoldo Vargas, fue enviado a Nueva York. Para entonces, Vargas llevaba dos años de torpedear su extradición después de su captura, hasta que se le agotaron los recursos legales y acabó en esa ciudad, donde una corte lo sentenció a 30 años de cárcel. Salió después de 25, por buena conducta.

De cualquier manera, Jorge Mario no se confió y se fue a Honduras, sin saber que se lo llevarían de ese país con más rapidez y menos papeleo. Lo mismo sucedió en 2003 con el guatemalteco Byron Alcides Berganza Espina, “expulsado” de El Salvador para enfrentar cargos por narcotráfico en la misma corte en Nueva York. En 2006 el fiscal Anirudh Bansal dijo que “el sistema de justicia guatemalteco ‘simplemente’ no funcionaba”, y que hubiera sido imposible conseguir una extradición en Guatemala, refiriéndose a cómo fue capturado Berganza.[24] Quizá era un caso que Jorge Mario desconocía, aunque estaba en su expediente. No ayudó que algunos artículos de prensa se referían erróneamente a la “extradición” de Berganza, una gestión que Estados Unidos tampoco hizo.

La jueza Deborah Batts sentenció a Berganza a 22 años de cárcel el 23 de abril de 2008, sólo una semana antes de la captura de Jorge Mario. Si se enteró, y se vio en el espejo de Berganza y Vargas, no debió gustarle para nada. Eso quería decir que, con 43 años cumplidos, y sentado en ese avión de la DEA, iba camino a envejecer en la cárcel.

En asunto de horas, su vida en Honduras ya era historia. ¿En qué momento se jodió todo? En su expediente la acusación lo pintaba escuetamente como uno de los “conspiradores” en una serie de eventos entre 1999 y 2003 en Nueva York, que tenían que ver con el envío de cocaína desde Guatemala a esa ciudad y la recolección de millones de dólares por la venta. La fiscalía también decía que Jorge Mario era el sujeto que un confidential source, o informante de la DEA, identificó como “el Gordo” y el gran organizador de toda esa vuelta. El expediente no revelaba quién era el informante, y Jorge Mario sólo podía intentar adivinarlo.

Los años que la acusación mencionaba fueron una época en la que el narcotráfico iba mejor que nunca en Guatemala. Estados Unidos hasta sancionó al país por sus escasos esfuerzos para controlarlo. Le retiró la estrellita de colores de la cartilla de calificaciones porque los decomisos de cocaína cayeron de 10 000 kilos en 1999 a una décima parte en 2000. Aunque subieron a 4 100 kilos en 2001, para el primer semestre de 2002 apenas había incautado 431 kilos. Como si fuera poco, la policía “descubrió” (sí, así entre comillas) que sus propios agentes antinarcóticos habían robado cocaína decomisada de una bodega. Era un sitio donde no hacían inventarios desde 1982. Así que no había manera de saber cuánto había y cuánto se robaron. Primero reportó un faltante de 3 000 kilos, que luego se redujo a una cifra oficial de 1 604 kilos. Meses después, hubo otros casos de cocaína que desaparecía en operaciones de decomiso. El Departamento de Estado de los Estados Unidos no estaba nada contento.[25]

“El gobierno de Portillo está influenciado por el narcotráfico”, fue el tipo de frases que Otto Reich, subsecretario de Estado, soltó en una alocución de octubre de 2002 ante el Congreso de su país, refiriéndose a la administración presidencial de Alfonso Portillo (2000-2004). “El combate a la corrupción es palabrería”, dijo Reich.[26]

El mismo mes, sólo tres semanas después de las explosivas declaraciones del subsecretario, el Ministerio de Gobernación publicó una lista de los nueve narcotraficantes más fuertes del país, y que la prensa calificó como “los más buscados”. La lista no incluía a Jorge Mario. Luego, el ministro de Gobernación Adolfo Reyes Calderón aclaró que ninguno tenía orden de captura. Y no la tenían no porque no las hubieran pedido. El mp las pidió, pero el Organismo Judicial nunca las autorizó. Esa lista de nueve nombres después se redujo a ocho. Además, parecía que eran “los más buscados” sólo por el Ministerio de Gobernación, porque a cuatro ni siquiera los investigaba el mp, aunque Estados Unidos pedía a dos de ellos en extradición.[27]

Reich nunca mencionó que su país tampoco era ajeno al narcotráfico ni a la corrupción. A mediados del año 2000 autoridades de Estados Unidos descubrieron a 28 agentes de Aduanas e Inmigración ligados a mafias de ese país y de México —la mayoría de narcotráfico—. “Hasta iban en camiones para pasar retenes en Estados Unidos”, escribió el periodista Jesús Blancornelas en su libro El cártel, refiriéndose a los agentes.[28] “Vendieron droga personalmente y transmitieron a los cárteles las estrategias oficiales de antemano”, agregó Blancornelas. Parte de esta información provenía de investigaciones del periodista Alfredo Corchado, publicadas en el Dallas Morning News, que destacó casos entre El Paso, Texas, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México (algo que tuvo poca difusión en Guatemala, donde Reich somataba la mesa).

Es decir, la cocaína llegaba a Estados Unidos no sólo porque narcotraficantes latinoamericanos conspiraban para traficarla, sino también porque tenían la ayuda en ese país de agentes federales corruptos. Para entonces, en las fronteras estadounidenses detenían sólo 12.2% de la cocaína que los traficantes ingresaban de contrabando, según estimaciones de la DEA incluidas en un cable diplomático de 2003 (03guatemala1902) que años después filtró WikiLeaks.[29]

Justo en esa frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, había una base de operaciones de la Organización Arriola que movió cocaína durante años entre México y Estados Unidos. Según la DEA y la fiscalía neoyorkina, esa cocaína incluyó al menos un cargamento que Jorge Mario Paredes envió desde Guatemala, y que llegó a las manos de su distribuidor en Nueva York en 2003. Eran 265 kilos de cocaína transportados íntegros hasta el Midtown de Manhattan. Sólo ocho días después, el 1 de febrero de 2003, el presidente George W. Bush anunció que Guatemala estaba “descertificada”, una sanción que implicaba el retiro de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico.

Para 2008, un Jorge Mario recién capturado debía saber (porque sus abogados tenían acceso al expediente en la corte de Nueva York, y por publicaciones de prensa al respecto en 2006) que una fiscalía en Estados Unidos lo relacionaba con ese cargamento, y le endilgaba llamadas telefónicas para preguntar por la coca y el dinero de la venta. La fiscalía neoyorkina no revelaba aún quiénes más estaban en esa movida, ni quiénes eran los “coconspiradores” y el informante que lo incriminaron. Desde un principio les dijo a los agentes de la DEA en Miami que nada tenía que ver con esos 265 kilos de cocaína traficados en 2003 que el expediente mencionaba. Pero allí estaba, con aquella factura endosada exactamente cinco años después, y en el peor momento: cuando su cotidiana vida en San Pedro Sula parecía haberle hecho bajar la guardia. Así que ese 1 de mayo estaba donde nadie en el negocio quiere estar: camino a una cárcel en Estados Unidos.

El jet que transportó a Jorge Mario aterrizó en Miami, aunque él no tenía idea de dónde estaban. “Varios agentes se acercaron y comenzaron a tomarme fotos cuando salí del avión; lo mismo cuando iba bajando y me [llevaron] caminando”, recordó en un testimonio a la corte. Una foto en un comunicado de prensa de la DEA lo mostraba bajando por la escalinata del avión, con las manos sujetadas hacia atrás.

Los agentes lo escoltaron hasta una oficina donde el agente Todd Phillips le informó sobre su estatus: “Oficialmente detenido por autoridades de Estados Unidos”. Le tomaron huellas de un dedo índice y le pidieron que firmara en una tableta electrónica. La DEA no hizo todo esto en Honduras porque no tenía jurisdicción, aunque el expediente en la corte de Nueva York indica que “la DEA arrestó al señor Paredes en Honduras”. Aun así, Phillips dijo al diario guatemalteco elPeriódico, en una entrevista telefónica, que desconocía desde dónde habían trasladado a Jorge Mario hacia Estados Unidos. “Yo lo recibí en el aeropuerto [en Miami], pero no sabía de dónde lo traían”, dijo el agente, sin ofrecer más detalles.[30]

Sentado tras un escritorio, Phillips le dijo que estaba acusado de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y para distribuir la droga en ese país. Jorge Mario estaba de pie enfrente, la camisa Lacoste turquesa oscurecida por el sudor, y su mirada fija en el suelo, pero perdida bajo un ceño fruncido; tenía hebras de cabello pegado a la frente empapada. Eran las ocho de la noche. Phillips la registró como la hora de captura en un formulario de la Corte del Distrito Sur de Florida.

Habían transcurrido al menos dos horas desde que bajó del avión en Miami, que lo fotografiaron y pasó por los trámites de su captura en Estados Unidos. Después, lo hicieron subir a una furgoneta y lo llevaron al Centro Correccional de Miami, a una celda individual. Durmió poco. Estaba en arenas movedizas.

Sin todas las cartas sobre la mesa de cómo la fiscalía lo amarró al caso, de quién habló, o de toda la información que sirvió para acusarlo y pedir su captura, y cómo acabó eso en manos de los fiscales en Nueva York, Jorge Mario no entendía con precisión por qué estaba detenido en Florida. Pero lo sabría en los siguientes meses. También iba a descubrir otros hechos en Nueva York, Guatemala y Colombia, ocurridos hacía muchos años, que inevitablemente llevaron a que el brazo de la fiscalía lo alcanzara en Honduras.

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[1] Caso 03-CR-00987 contra Jorge Mario Paredes Córdova, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Documento 206, página 3 (preparado por los fiscales Bansal y Strauber): “Paredes fue capturado en San Pedro Sula por autoridades hondureñas (la fuerza de tarea policial que trabaja con la DEA). El vehículo en el que él y otras
pers­onas viajaban fue detenido justo afuera de una comunidad residencial. Los
otros ocupantes fueron liberados sin incidentes”.

[2] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310 fechado el 24 de junio de 2009. Páginas 103 y 104.

[3] Correspondencia electrónica intercambiada entre Paredes y la autora en noviembre de 2023 y el 10 de enero de 2025.

[4] K. Cardona. “Cae ‘el Gordo’ Paredes”. La Hora. 3 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 3. / Redacción. “Autoridades quieren extraditar a ocho”. elPeriódico. 13 de febrero de 2006. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[5]Ibid. Página 3.

[6]Idem.

[7] Vielmann y Sperisen, así como otros funcionarios del Ministerio de Gobernación, Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario, fueron procesados por la ejecución extrajudicial de siete reos en la Granja Penal de Pavón, en el segundo semestre de 2006, en lo que las autoridades llamaron Operación Pavo Real, y que primero fue denunciada por la Procuraduría de Derechos Humanos. En 2024 Sperisen fue condenado a 14 años de cárcel en Suiza por el mismo caso, lapso que inicia desde su captura en 2012. Véase D. Aguilar. “Confirman condena de 14 años de prisión contra Erwin Sperisen”. El Periódico Investiga. 12 de septiembre de 2024. Enlace: https://epinvestiga.com/actualidad/confirman-condena-de-14-anos-de-prision-contra-erwin-sperisen/.

[8] Thomas Liotti. Entrevista personal. Long Island, Nueva York. 16 de noviembre de 2023.

[9] C. Méndez Arriaza. “Por qué Estados Unidos acusa a ‘el Gordo’ Paredes”. elPeriódico. 17 de abril de 2006. Edición impresa. Página 8.

[10] Estrada y Acuña. Op. cit. Página 3. / L. Cereser. “Capturan y extraditan al Gordo Paredes a EE. UU.”. Prensa Libre. 4 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 2. / K. Reyes. “Fiscales, a la caza de supuestos narcotraficantes pedidos por EE. UU.”. elPeriódico. 12 de febrero de 2006. Edición impresa. Página 3.

[11] Era la acusación S7- 03-CR-987 en el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. En Estados Unidos, un Gran Jurado es un grupo de ciudadanos que una corte estadounidense convoca para decidir, con base en evidencia presentada por una fiscalía, si hay suficiente información para acusar formalmente a una persona y para solicitar su captura para ser juzgada. Se diferencia de un jurado convencional en que las conclusiones de un Gran Jurado pueden llevar a la captura de una persona, mientras que el jurado convencional actúa durante un juicio en el cual decide si un procesado es culpable o inocente. Luego, un juez o jueza dicta la sentencia que puede o no consistir en una pena de cárcel.

[12] K. Reyes. “Justicia de EE. UU. ha solicitado 33 extradiciones”. elPeriódico. 7 de febrero de 2003. Edición impresa. Página 6.

[13] El Departamento de Justicia de Estados Unidos designó a Paredes como un Objetivo de Organización Prioritaria Consolidada (o cpot, por sus siglas en inglés), la categoría para los narcos más peligrosos del mundo. Véase “News from DEA, Domestic Field Divisions, New York City News Releases, 11/06/09”. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2009/nyc110609ap.html.

[14] El portal Opensanctions cita información de la ofac. Véase https://www.opensanctions.org/entities/NK-cX2uXL4L3Zw3veN57V2yTh/.

[15] El cómplice que le consiguió los documentos falsos era un agente de aduanas corrupto, Arnulfo Reyes Duarte, según el argumento de sumario a cargo de la fiscal Jocelyn Strauber, en la audiencia del 4 de noviembre de 2009 del juicio contra Jorge Mario Paredes. La información proviene también de datos escuchados por la autora en la audiencia de esa fecha. Una corte del Distrito Sur de Texas, en Houston, acusó a Reyes Duarte de delitos vinculados al narcotráfico en diciembre de 2006. Véase el documento 29 del caso 06-CR-00422 archivado el 6 de diciembre de 2006. Reyes Duarte tenía relación con un caso en Panamá del que Paredes fue acusado en 2009.

[16] La fiscalía de Nueva York luego los identificó en la corte como agentes de la fuerza de tarea de la Policía Nacional de Honduras que asistía a la DEA. También véase Defendant’s motion for an order directing the production of grand jury minutes. George envió la solicitud de la minuta de la deliberación del Gran Jurado en el caso de Paredes el 30 de marzo de 2009 a la corte. Véase el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 221 fechado el 8 de junio de 2009 para la respuesta de la jueza Batts.

[17] La carta a la que se hace referencia fue enviada por Paredes a la autora en res­puesta a una carta que ella le envió para preguntarle acerca de su caso. Por aparte, respecto a su relato, la abogada Linda George luego dijo que le habían colocado una capucha sobre la cabeza (no una camisa o una venda). Parecía una práctica común. Cuando Estados Unidos extraditó en 2010 al retirado general Noriega a Francia, sin avisarle a su abogado Frank Rubino (que representó a Paredes en 2008), el abogado dijo al diario Panamá América que “probablemente le pusieron una capucha negra [a Noriega] y lo sacaron a escondidas en el medio de la noche”. En ese entonces, Rubino intentaba negociar el retorno de su cliente a Panamá.

[18] Este detalle lo evidenciaban las fotografías del comunicado de prensa de la DEA, que mostraban su llegada a Miami con Jorge Mario Paredes esposado el 1 de mayo de 2008. Véase DEA. “Cocaine Kingpin Charged in U.S., Apprehended in Honduras”. Comunicado de prensa. 5 de mayo de 2008. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2008/nyc050508p.html.

[19] La base aérea fue inaugurada como el Aeropuerto Internacional Palmerola en diciembre de 2021.

[20] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 147.

[21] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310. Página 125.

[22] Los datos de la llamada a la fiscalía fueron proporcionados por Leonel Ruiz, jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en marzo de 2009, y por una fuente confidencial del Ministerio de Gobernación.

[23] Ó. Estrada (2022). Tierra de narcos. Grijalbo. Página 135.

[24] Méndez Arriaza. Op. cit.

[25] S. Valdez. “Se roban del Doan 3 mil kilos de coca”. Siglo Veintiuno. 27 de marzo de 2002. Edición impresa. Página 4. / B. Barillas. “Saqueo de cocaína fue de 1 604 kilos”. Siglo Veintiuno. 4 de junio de 2002. Edición impresa. Página 13.

[26] J. Jiménez. “Droga por todos lados”. Siglo Veintiuno. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 1 (portada) y 5. / J. C. Llorca. “EE. UU.: El combate a la corrupción es palabrería”. elPeriódico. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Página 3.

[27] C. Orantes. “Gobierno favorece al narcotráfico”. Siglo Veintiuno. 28 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[28] J. Blancornelas (2005). El cártel. Random House Mondadori. Páginas 128 y 129.

[29] El cable “reference id” 03guatemala1902 está fechado el 24 de julio de 2003 y firmado por el entonces embajador de Estados Unidos en el país, John Hamilton. En la segunda página indica que Guatemala incauta un estimado de 5.6% de la cocaína que pasa por su territorio, mientras que el gobierno de Estados Unidos incauta 12.2% de la cocaína que ingresa a ese país. Este cable fue descargado el 10 de noviembre de 2011 de esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=03guatemala1902 que en 2025 ya no está disponible. La autora tiene una copia impresa. El documento sí aparece aquí: https://archive.org/details/03guatemala1902/page/n1/mode/2up.

[30] C. Acuña y L. Á. Sas. “Novia de ‘el Gordo’ Paredes, extraditada a Estados Unidos”. elPeriódico. 7 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 4.

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<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

<i>Negocios blancos en la cuerda floja</i>

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Julie López, periodista especializada en temas de seguridad y narcotráfico, ha publicado su tercer libro: <i>Negocios blancos en la cuerda floja</i> (Grijalbo, 2025), producto y reelaboración de gran parte de lo que ha documentado y aprendido a lo largo de los años sobre el sistema judicial de Estados Unidos, cuando procesa a integrantes o presuntos integrantes de las redes del narcotráfico hemisférico. Aquí pueden leer el primer capítulo.

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1

El largo brazo de la fiscalía

La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York alcanzó a Jorge Mario Paredes Córdova en el peor momento: cuando no lo esperaba.

El 1 de mayo de 2008 Jorge Mario salió de la colonia Jardines del Valle, en San Pedro Sula, Honduras, donde vivía con su esposa y dos hijos. Es una zona residencial rodeada de lujosos comercios, y flanqueada por calzadas principales, que los hondureños describen como de “clase media alta”, o de “gente bien”, y donde comparten espacio casas modestas pero bonitas y mansiones de millonarios. Sus residentes resultan sorprendidos ocasionalmente cuando, en los telenoticieros o la prensa, la policía identifica a alguno de sus vecinos como narcotraficante, después de su captura, o cuando un juzgado asegura una propiedad por lavado de dinero.

Jorge Mario conducía una camioneta agrícola Toyota blanca, y eran las 10 de la mañana cuando viró sobre una calle principal y se encontró de frente con un retén.[1] “Parecía un puesto de control normal, rutinario, donde lo detienen a uno y lo registran”, dijo después, y por eso al principio no se alarmó. No describió a los hombres en el retén como “policías”, pero en Honduras (como en otros países) sólo agentes policiacos o soldados pueden detener vehículos en la vía pública. Por eso Jorge Mario detuvo la marcha sin pensar más.[2]

“Me acompañaban mi sobrino, mi hermano, un primo y otra persona, pero se dirigieron sólo hacia mí”, recordó de los sujetos que se acercaron a la ventanilla del conductor. “Ese día, iba a hacer un negocio de ganado, porque a eso me dedicaba en Honduras, y de ahí me iba a dar una vuelta a la playa con mis hijos, ya que era feriado por el Día del Trabajo”.[3]

La cotidianidad con la que iba a esa cita de negocios hacía creer que había olvidado que lo buscaba una fiscalía en Estados Unidos, y que el Departamento de Justicia ofrecía 5 millones de dólares por información que llevara a su captura —aunque esta fue la razón por la que se trasladó a Honduras—.

En Guatemala, donde nació y vivió años atrás, un tribunal había ordenado su detención a solicitud de Estados Unidos, que tenía una orden internacional para su captura desde mayo de 2005. No hubo ninguna señal pública de ello, pero ese año otros ocho guatemaltecos fueron enviados a Estados Unidos por narcotráfico.[4] Además, en los siguientes meses el nombre de Jorge Mario Paredes hizo bulla por otras razones.

Antes que acabara el año, la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala anunció que capturó a ocho guardaespaldas de Jorge Mario porque le dispararon en plena calle a un taxista que no les cedió la vía. Todos salieron libres después de pagar una fianza.[5] Luego, el 4 de enero de 2006, el Ministerio de Gobernación (Mingob) y la PNC comenzaron a publicar campos pagados en periódicos acerca de la orden de captura contra Jorge Mario, a solicitud de Estados Unidos. Las autoridades ofrecían 250 000 quetzales por información que permitiera ubicarlo, unos 33 000 dólares.[6] La suma equivalía al precio de dos kilos de cocaína.

Jorge Mario trató de frenar los campos pagados. El 6 de enero de 2006 presentó un recurso legal ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra el ministro de Gobernación, Carlos Vielmann, y el director de la PNC, Erwin Sperisen,[7] por violar su derecho a presunción de inocencia —un recurso que la CSJ rechazó—. También pidió a la Sala Primera de Apelaciones anular la solicitud de extradición, porque no podía haber traficado cocaína a Estados Unidos, como decía la fiscalía en Nueva York, cuando nunca había estado en ese país, y ni siquiera tenía una visa estadounidense. La sala rechazó su solicitud.

Es posible que, a estas alturas, desconocía cómo los fiscales neoyorkinos razonaban su caso. El expediente todavía estaba bajo reserva para el público, aunque —en teoría— los acusados y sus abogados tienen derecho a leerlo y saber de qué trata la acusación exactamente.

En febrero Jorge Mario ya aparecía en una lista de 18 extraditables por narcotráfico en Guatemala. Quizá por eso decidió contratar en marzo a Thomas Francis Liotti, un curtido abogado de Long Island, Nueva York.

“Él supo de mí por referencias personales de contactos en el mundillo de la justicia criminal”, recuerda Liotti, quien se reconocía como toda una marca en defensa penal.[8] “La gente habla entre sí, y yo tenía una buena reputación en la comunidad neoyorkina”. Liotti dice que Jorge Mario ya sabía de la acusación en su contra en Nueva York.

En abril, la corte neoyorquina levantó la reserva sobre el caso. Cualquier persona, incluyendo periodistas, lo podía leer y publicar el contenido. Entonces, elPeriódico en Guatemala publicó[9] que a Jorge Mario lo buscaba la justicia estadounidense porque en enero de 2003 coordinó por teléfono una entrega de dinero producto de la venta de cocaína en Nueva York, y en marzo coordinó por teléfono el traslado de un cargamento de droga. Con un asunto así ventilado en la prensa, y la orden de captura con fines de extradición aún vigente,[10] planificó moverse hacia Honduras, y para finales de 2006 ya estaba en San Pedro Sula.

En efecto, una fiscalía neoyorkina lo investigaba desde enero de 2003. Si Jorge Mario no estaba en la lista de 33 extraditables (por varios delitos, incluyendo narcotráfico) de febrero de ese año fue porque la fiscalía neoyorkina no lo había acusado todavía. Lo hizo en agosto de ese año con base en las deliberaciones de un “Gran Jurado” y evidencia que la DEA reunió.[11] Era un caso donde aparecían otras nueve personas acusadas: los guatemaltecos Otoniel Turcios Marroquín, Héctor Eduardo Morataya Oliva, Lionel Isaías Turcios Marroquín (hermano de Otoniel), Myve Lorena Orellana Morales, Byron Berganza Espina y Marco Antonio Lara Paiz; el salvadoreño Carlos Lemus Dorión, y los colombianos Horacio Gabriel Botero Tabares y Carlos Fernando Gómez López. Berganza y Lara aparecían relacionados a otra red de narcotráfico, y nada en el expediente los relaciona a los demás acusados, salvo porque Berganza ya capturado y en Nueva York le dijo a la fiscalía que Myve Lorena estaba vinculada a una organización de narcotraficantes mexicanos.

La vocera de la embajada de Estados Unidos, Kay Mayfield, dijo ese año que se desconocía 90% de los casos de narcotráfico en el país, y que las solicitudes de extradición eran una forma de contribuir con la “débil justicia guatemalteca”.[12]

En los siguientes cinco años el Ministerio Público (MP) no acusó a Jorge Mario de ningún delito en Guatemala. Había un acuerdo tácito con las autoridades estadounidenses en el cual el sistema de justicia guatemalteco no iniciaba ningún proceso judicial que pudiera bloquear una extradición, aunque tampoco demostró mayor prisa para capturar a Jorge Mario y enviarlo a Estados Unidos antes de que se fuera a Honduras.

Según la DEA,[13] Jorge Mario vivía en San Pedro Sula bajo una identidad falsa. El Departamento del Tesoro lo identificaba con los alias Mario Cordón o Jorge Mario Arraiza Betancur.[14] La fiscalía en Nueva York también reveló que viajaba entre Honduras y El Salvador como “Esteban Hernández García”, con documentos falsos que le consiguió un cómplice,[15] y que la policía hondureña le incautó cuando lo detuvo en 2008. Todo esto lo desmintió su defensa después.

Mientras tanto, Liotti lo defendía en Nueva York, y en Guatemala lo representaban los abogados Víctor Hugo Cano Recinos y su hijo, Víctor Hugo Cano Chávez, conocidos litigantes guatemaltecos en casos penales. Aun así, lo que ocurrió el 1 de mayo de 2008 en San Pedro Sula los sorprendió a todos.

En el retén a la salida de la colonia Jardines del Valle, Jorge Mario bajó del vehículo como le ordenaron. Quienes le marcaron el alto con un ademán de manos eran “policías hondureños asignados a la unidad especial de la DEA en Honduras”, y que actuaban bajo instrucciones de esa agencia.[16] Estos sujetos acabaron con los últimos segundos de libertad de Jorge Mario, en aquella camioneta agrícola, donde potentes ráfagas de aire acondicionado lo mantenían a salvo de las altas temperaturas que le dan a la hondureña ciudad de San Pedro Sula el nombre de Caldera del Diablo.

Los policías rodearon la camioneta y lo forzaron a salir a los 35 grados centígrados del calor húmedo de mayo. Jorge Mario resultó una presencia imponente: vestía una camiseta Lacoste turquesa y pantalón negro de lona, con 330 libras de peso sobre un metro 70 centímetros de estatura. Salió hacia un estatus de detenido, aunque nunca le mostraron una orden de captura. No la tenían —no de un juez hondureño—. Y, así, sudoroso por el calor y el susto, los policías lo sujetaron y le dijeron que debía acompañarlos. Jorge Mario luego dijo que nunca le explicaron a dónde. No tenía idea de qué sucedía cuando ya era obvio que aquel no era un retén normal.

“[Primero] me llevaron a una camioneta, amarrado [de las manos] y vendado [de los ojos]”, relató en una carta de 2022. “Me llevaron a un lugar desolado, donde no había casas ni nada, sólo monte”, agregó en una audiencia en 2009 en Nueva York, antes del juicio. Como iba con los ojos cubiertos, asumo que podía observar una parte de su entorno por debajo de la venda.

Los policías que lo detuvieron en el retén nunca le explicaron que trabajaban con la DEA. Simplemente lo entregaron (en el sitio desolado que describió) a los agentes estadounidenses por encargo de la fiscalía neoyorkina.[17]

“Después me subieron a la palangana de un pickup, donde me acostaron boca abajo”, recordó en su testimonio de 2009, de cuando ya estaba en manos de la DEA. “Me envolvieron la cabeza con una camisa, y no podía ver nada”. Parecía que los agentes estadounidenses no esperaban la captura y debieron improvisar para cubrirle el rostro, aunque se supone que ya llevaba una venda puesta. Ese intercambio explicaba por qué Jorge Mario dijo que primero lo metieron en una camioneta (cuando los policías hondureños lo capturaron) y, después, lo transportaron en un pickup (con los agentes de la DEA). Estimó que viajaron entre tres y cuatro horas, con él acostado sobre la plancha caliente del pickup y las manos sujetadas hacia atrás. Debido a su tamaño, habían usado un juego de esposas en cada mano que sujetaron entre sí con esas tiras plásticas con seguro, de las que no se pueden abrir sino cortándolas con tijera o navaja.[18] El lapso del trayecto era consistente con los 192 kilómetros que separan San Pedro Sula del aeropuerto de Palmerola, la Base Aérea José Enrique Soto Cano en Comayagua, al suroeste del país, y que fue un importante centro de operaciones estadounidense en los años ochenta.[19] El pickup se detuvo cerca de las dos de la tarde. “Tenía miedo”, dijo Jorge Mario en su testimonio de 2009. “No sabía qué iba a pasar conmigo”.

Mientras los agentes estadounidenses le acomodaban de nuevo la camisa sobre la cabeza para cubrirle los ojos, observó que estaban a la par de un avión pequeño. Era un Learjet de la DEA. Si ese jet estaba allí era porque “hubo maquinaria en proceso para ello […] desde el más alto nivel en Nueva York y Washington D. C., en la DEA”, explicó un fiscal en un caso similar años antes. “Llevar un avión de esos a otro país implica la aprobación de muchas personas […] en posiciones extremadamente importantes”, agregó.[20] Según Jorge Mario, él se enteró del origen del avión hasta después porque ninguno de los sujetos que lo transportaban se identificó. Tampoco podía entender qué se decían entre sí porque hablaban en inglés. Tuvieron que ayudarle a darse vuelta, a sentarse, bajar de la palangana y ponerse de pie, hablándole en español con acento gringo. Lo guiaron hacia una estrecha escalinata para subir al avión. Recorrió el angosto corredor entre los asientos hasta llegar al final en la parte de atrás del jet, y lo volvieron a acostar boca abajo sobre el suelo. La camisa todavía le cubría la cabeza. Así despegaron.

“Como 20 minutos después del despegue, me sentaron [en uno de los asientos] y me destaparon la cara”, dijo luego, cuando testificó en la corte.[21] “Una mujer me dijo que eran de la DEA, me ofreció un vaso de agua, y eso fue todo”. La agente tuvo que acercarle el vaso a la boca porque seguía esposado, manos atrás. Fue hasta ese momento, según Jorge Mario, que le dijeron que estaba detenido y lo llevaban a Estados Unidos.

La DEA avisó al Ministerio de Gobernación y a la Fiscalía de Narcoactividad en Guatemala que tenían a Jorge Mario Paredes hasta casi una hora después de despegar, cuando ya habían sobrevolado el país, y nadie podía impedir que aterrizaran en Miami.[22]

“Yo me imaginaba lo peor, hasta que me llevaron al aeropuerto [en Honduras], y a un avión hasta [traerme a] este país”, escribió Jorge Mario en la carta de 2022, refiriéndose a Estados Unidos. “Todavía no entiendo por qué me trajeron secuestrado para este lugar sin ninguna garantía, si a la mayoría los entregan en sus países para que se haga la extradición conforme a la ley”.

La explicación era sencilla. La DEA no observó que el Ministerio de Gobernación de Guatemala tuviera algún apuro en capturar a Jorge Mario, aun cuando un tribunal de ese país lo ordenó así, a solicitud de una corte en Nueva York. De manera que no se iba a arriesgar a llevarlo a Guatemala para tener que esperar un engorroso trámite de extradición de hasta dos años cuando el capturado protesta la medida.

Así que ese 1 de mayo la Honduras del presidente Mel Zelaya (extraoficialmente vinculado al narcotráfico desde entonces)[23] capturó a Jorge Mario sin una orden judicial, y empleó un inusual trámite de expulsión para enviarlo a Estados Unidos pocas horas después. El expediente en la corte neoyorkina describió su salida de Honduras así, como una “expulsión”. Era un término extraño porque no lo expulsaron hacia su país de origen, sino hacia las manos de la DEA. Un precedente judicial de los años noventa en Estados Unidos establecía que si no protestaba el país donde ocurría la supuesta expulsión, el expulsado no tenía ni voz ni voto en el asunto.

Durante el vuelo, y en custodia de agentes de la DEA, Jorge Mario cayó en la cuenta de que los gringos se habían saltado las trancas de la extradición porque no lo llevaron a Guatemala, su país, que era lo que correspondía. Él se había marchado porque ser extraditado por el gobierno guatemalteco parecía una posibilidad cercana. Les sucedió a otros en el 2005 aunque la última extradición por narcotráfico más sonada desde Guatemala hacia Estados Unidos sucedió en 1992 (16 años antes), cuando el alcalde de Zacapa (un departamento fronterizo con Honduras), Arnoldo Vargas, fue enviado a Nueva York. Para entonces, Vargas llevaba dos años de torpedear su extradición después de su captura, hasta que se le agotaron los recursos legales y acabó en esa ciudad, donde una corte lo sentenció a 30 años de cárcel. Salió después de 25, por buena conducta.

De cualquier manera, Jorge Mario no se confió y se fue a Honduras, sin saber que se lo llevarían de ese país con más rapidez y menos papeleo. Lo mismo sucedió en 2003 con el guatemalteco Byron Alcides Berganza Espina, “expulsado” de El Salvador para enfrentar cargos por narcotráfico en la misma corte en Nueva York. En 2006 el fiscal Anirudh Bansal dijo que “el sistema de justicia guatemalteco ‘simplemente’ no funcionaba”, y que hubiera sido imposible conseguir una extradición en Guatemala, refiriéndose a cómo fue capturado Berganza.[24] Quizá era un caso que Jorge Mario desconocía, aunque estaba en su expediente. No ayudó que algunos artículos de prensa se referían erróneamente a la “extradición” de Berganza, una gestión que Estados Unidos tampoco hizo.

La jueza Deborah Batts sentenció a Berganza a 22 años de cárcel el 23 de abril de 2008, sólo una semana antes de la captura de Jorge Mario. Si se enteró, y se vio en el espejo de Berganza y Vargas, no debió gustarle para nada. Eso quería decir que, con 43 años cumplidos, y sentado en ese avión de la DEA, iba camino a envejecer en la cárcel.

En asunto de horas, su vida en Honduras ya era historia. ¿En qué momento se jodió todo? En su expediente la acusación lo pintaba escuetamente como uno de los “conspiradores” en una serie de eventos entre 1999 y 2003 en Nueva York, que tenían que ver con el envío de cocaína desde Guatemala a esa ciudad y la recolección de millones de dólares por la venta. La fiscalía también decía que Jorge Mario era el sujeto que un confidential source, o informante de la DEA, identificó como “el Gordo” y el gran organizador de toda esa vuelta. El expediente no revelaba quién era el informante, y Jorge Mario sólo podía intentar adivinarlo.

Los años que la acusación mencionaba fueron una época en la que el narcotráfico iba mejor que nunca en Guatemala. Estados Unidos hasta sancionó al país por sus escasos esfuerzos para controlarlo. Le retiró la estrellita de colores de la cartilla de calificaciones porque los decomisos de cocaína cayeron de 10 000 kilos en 1999 a una décima parte en 2000. Aunque subieron a 4 100 kilos en 2001, para el primer semestre de 2002 apenas había incautado 431 kilos. Como si fuera poco, la policía “descubrió” (sí, así entre comillas) que sus propios agentes antinarcóticos habían robado cocaína decomisada de una bodega. Era un sitio donde no hacían inventarios desde 1982. Así que no había manera de saber cuánto había y cuánto se robaron. Primero reportó un faltante de 3 000 kilos, que luego se redujo a una cifra oficial de 1 604 kilos. Meses después, hubo otros casos de cocaína que desaparecía en operaciones de decomiso. El Departamento de Estado de los Estados Unidos no estaba nada contento.[25]

“El gobierno de Portillo está influenciado por el narcotráfico”, fue el tipo de frases que Otto Reich, subsecretario de Estado, soltó en una alocución de octubre de 2002 ante el Congreso de su país, refiriéndose a la administración presidencial de Alfonso Portillo (2000-2004). “El combate a la corrupción es palabrería”, dijo Reich.[26]

El mismo mes, sólo tres semanas después de las explosivas declaraciones del subsecretario, el Ministerio de Gobernación publicó una lista de los nueve narcotraficantes más fuertes del país, y que la prensa calificó como “los más buscados”. La lista no incluía a Jorge Mario. Luego, el ministro de Gobernación Adolfo Reyes Calderón aclaró que ninguno tenía orden de captura. Y no la tenían no porque no las hubieran pedido. El mp las pidió, pero el Organismo Judicial nunca las autorizó. Esa lista de nueve nombres después se redujo a ocho. Además, parecía que eran “los más buscados” sólo por el Ministerio de Gobernación, porque a cuatro ni siquiera los investigaba el mp, aunque Estados Unidos pedía a dos de ellos en extradición.[27]

Reich nunca mencionó que su país tampoco era ajeno al narcotráfico ni a la corrupción. A mediados del año 2000 autoridades de Estados Unidos descubrieron a 28 agentes de Aduanas e Inmigración ligados a mafias de ese país y de México —la mayoría de narcotráfico—. “Hasta iban en camiones para pasar retenes en Estados Unidos”, escribió el periodista Jesús Blancornelas en su libro El cártel, refiriéndose a los agentes.[28] “Vendieron droga personalmente y transmitieron a los cárteles las estrategias oficiales de antemano”, agregó Blancornelas. Parte de esta información provenía de investigaciones del periodista Alfredo Corchado, publicadas en el Dallas Morning News, que destacó casos entre El Paso, Texas, en Estados Unidos, y Ciudad Juárez, en México (algo que tuvo poca difusión en Guatemala, donde Reich somataba la mesa).

Es decir, la cocaína llegaba a Estados Unidos no sólo porque narcotraficantes latinoamericanos conspiraban para traficarla, sino también porque tenían la ayuda en ese país de agentes federales corruptos. Para entonces, en las fronteras estadounidenses detenían sólo 12.2% de la cocaína que los traficantes ingresaban de contrabando, según estimaciones de la DEA incluidas en un cable diplomático de 2003 (03guatemala1902) que años después filtró WikiLeaks.[29]

Justo en esa frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, había una base de operaciones de la Organización Arriola que movió cocaína durante años entre México y Estados Unidos. Según la DEA y la fiscalía neoyorkina, esa cocaína incluyó al menos un cargamento que Jorge Mario Paredes envió desde Guatemala, y que llegó a las manos de su distribuidor en Nueva York en 2003. Eran 265 kilos de cocaína transportados íntegros hasta el Midtown de Manhattan. Sólo ocho días después, el 1 de febrero de 2003, el presidente George W. Bush anunció que Guatemala estaba “descertificada”, una sanción que implicaba el retiro de ayuda estadounidense para combatir el narcotráfico.

Para 2008, un Jorge Mario recién capturado debía saber (porque sus abogados tenían acceso al expediente en la corte de Nueva York, y por publicaciones de prensa al respecto en 2006) que una fiscalía en Estados Unidos lo relacionaba con ese cargamento, y le endilgaba llamadas telefónicas para preguntar por la coca y el dinero de la venta. La fiscalía neoyorkina no revelaba aún quiénes más estaban en esa movida, ni quiénes eran los “coconspiradores” y el informante que lo incriminaron. Desde un principio les dijo a los agentes de la DEA en Miami que nada tenía que ver con esos 265 kilos de cocaína traficados en 2003 que el expediente mencionaba. Pero allí estaba, con aquella factura endosada exactamente cinco años después, y en el peor momento: cuando su cotidiana vida en San Pedro Sula parecía haberle hecho bajar la guardia. Así que ese 1 de mayo estaba donde nadie en el negocio quiere estar: camino a una cárcel en Estados Unidos.

El jet que transportó a Jorge Mario aterrizó en Miami, aunque él no tenía idea de dónde estaban. “Varios agentes se acercaron y comenzaron a tomarme fotos cuando salí del avión; lo mismo cuando iba bajando y me [llevaron] caminando”, recordó en un testimonio a la corte. Una foto en un comunicado de prensa de la DEA lo mostraba bajando por la escalinata del avión, con las manos sujetadas hacia atrás.

Los agentes lo escoltaron hasta una oficina donde el agente Todd Phillips le informó sobre su estatus: “Oficialmente detenido por autoridades de Estados Unidos”. Le tomaron huellas de un dedo índice y le pidieron que firmara en una tableta electrónica. La DEA no hizo todo esto en Honduras porque no tenía jurisdicción, aunque el expediente en la corte de Nueva York indica que “la DEA arrestó al señor Paredes en Honduras”. Aun así, Phillips dijo al diario guatemalteco elPeriódico, en una entrevista telefónica, que desconocía desde dónde habían trasladado a Jorge Mario hacia Estados Unidos. “Yo lo recibí en el aeropuerto [en Miami], pero no sabía de dónde lo traían”, dijo el agente, sin ofrecer más detalles.[30]

Sentado tras un escritorio, Phillips le dijo que estaba acusado de conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y para distribuir la droga en ese país. Jorge Mario estaba de pie enfrente, la camisa Lacoste turquesa oscurecida por el sudor, y su mirada fija en el suelo, pero perdida bajo un ceño fruncido; tenía hebras de cabello pegado a la frente empapada. Eran las ocho de la noche. Phillips la registró como la hora de captura en un formulario de la Corte del Distrito Sur de Florida.

Habían transcurrido al menos dos horas desde que bajó del avión en Miami, que lo fotografiaron y pasó por los trámites de su captura en Estados Unidos. Después, lo hicieron subir a una furgoneta y lo llevaron al Centro Correccional de Miami, a una celda individual. Durmió poco. Estaba en arenas movedizas.

Sin todas las cartas sobre la mesa de cómo la fiscalía lo amarró al caso, de quién habló, o de toda la información que sirvió para acusarlo y pedir su captura, y cómo acabó eso en manos de los fiscales en Nueva York, Jorge Mario no entendía con precisión por qué estaba detenido en Florida. Pero lo sabría en los siguientes meses. También iba a descubrir otros hechos en Nueva York, Guatemala y Colombia, ocurridos hacía muchos años, que inevitablemente llevaron a que el brazo de la fiscalía lo alcanzara en Honduras.

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[1] Caso 03-CR-00987 contra Jorge Mario Paredes Córdova, en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Documento 206, página 3 (preparado por los fiscales Bansal y Strauber): “Paredes fue capturado en San Pedro Sula por autoridades hondureñas (la fuerza de tarea policial que trabaja con la DEA). El vehículo en el que él y otras
pers­onas viajaban fue detenido justo afuera de una comunidad residencial. Los
otros ocupantes fueron liberados sin incidentes”.

[2] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310 fechado el 24 de junio de 2009. Páginas 103 y 104.

[3] Correspondencia electrónica intercambiada entre Paredes y la autora en noviembre de 2023 y el 10 de enero de 2025.

[4] K. Cardona. “Cae ‘el Gordo’ Paredes”. La Hora. 3 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 3. / Redacción. “Autoridades quieren extraditar a ocho”. elPeriódico. 13 de febrero de 2006. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[5]Ibid. Página 3.

[6]Idem.

[7] Vielmann y Sperisen, así como otros funcionarios del Ministerio de Gobernación, Policía Nacional Civil y el Sistema Penitenciario, fueron procesados por la ejecución extrajudicial de siete reos en la Granja Penal de Pavón, en el segundo semestre de 2006, en lo que las autoridades llamaron Operación Pavo Real, y que primero fue denunciada por la Procuraduría de Derechos Humanos. En 2024 Sperisen fue condenado a 14 años de cárcel en Suiza por el mismo caso, lapso que inicia desde su captura en 2012. Véase D. Aguilar. “Confirman condena de 14 años de prisión contra Erwin Sperisen”. El Periódico Investiga. 12 de septiembre de 2024. Enlace: https://epinvestiga.com/actualidad/confirman-condena-de-14-anos-de-prision-contra-erwin-sperisen/.

[8] Thomas Liotti. Entrevista personal. Long Island, Nueva York. 16 de noviembre de 2023.

[9] C. Méndez Arriaza. “Por qué Estados Unidos acusa a ‘el Gordo’ Paredes”. elPeriódico. 17 de abril de 2006. Edición impresa. Página 8.

[10] Estrada y Acuña. Op. cit. Página 3. / L. Cereser. “Capturan y extraditan al Gordo Paredes a EE. UU.”. Prensa Libre. 4 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 2. / K. Reyes. “Fiscales, a la caza de supuestos narcotraficantes pedidos por EE. UU.”. elPeriódico. 12 de febrero de 2006. Edición impresa. Página 3.

[11] Era la acusación S7- 03-CR-987 en el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. En Estados Unidos, un Gran Jurado es un grupo de ciudadanos que una corte estadounidense convoca para decidir, con base en evidencia presentada por una fiscalía, si hay suficiente información para acusar formalmente a una persona y para solicitar su captura para ser juzgada. Se diferencia de un jurado convencional en que las conclusiones de un Gran Jurado pueden llevar a la captura de una persona, mientras que el jurado convencional actúa durante un juicio en el cual decide si un procesado es culpable o inocente. Luego, un juez o jueza dicta la sentencia que puede o no consistir en una pena de cárcel.

[12] K. Reyes. “Justicia de EE. UU. ha solicitado 33 extradiciones”. elPeriódico. 7 de febrero de 2003. Edición impresa. Página 6.

[13] El Departamento de Justicia de Estados Unidos designó a Paredes como un Objetivo de Organización Prioritaria Consolidada (o cpot, por sus siglas en inglés), la categoría para los narcos más peligrosos del mundo. Véase “News from DEA, Domestic Field Divisions, New York City News Releases, 11/06/09”. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2009/nyc110609ap.html.

[14] El portal Opensanctions cita información de la ofac. Véase https://www.opensanctions.org/entities/NK-cX2uXL4L3Zw3veN57V2yTh/.

[15] El cómplice que le consiguió los documentos falsos era un agente de aduanas corrupto, Arnulfo Reyes Duarte, según el argumento de sumario a cargo de la fiscal Jocelyn Strauber, en la audiencia del 4 de noviembre de 2009 del juicio contra Jorge Mario Paredes. La información proviene también de datos escuchados por la autora en la audiencia de esa fecha. Una corte del Distrito Sur de Texas, en Houston, acusó a Reyes Duarte de delitos vinculados al narcotráfico en diciembre de 2006. Véase el documento 29 del caso 06-CR-00422 archivado el 6 de diciembre de 2006. Reyes Duarte tenía relación con un caso en Panamá del que Paredes fue acusado en 2009.

[16] La fiscalía de Nueva York luego los identificó en la corte como agentes de la fuerza de tarea de la Policía Nacional de Honduras que asistía a la DEA. También véase Defendant’s motion for an order directing the production of grand jury minutes. George envió la solicitud de la minuta de la deliberación del Gran Jurado en el caso de Paredes el 30 de marzo de 2009 a la corte. Véase el caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 221 fechado el 8 de junio de 2009 para la respuesta de la jueza Batts.

[17] La carta a la que se hace referencia fue enviada por Paredes a la autora en res­puesta a una carta que ella le envió para preguntarle acerca de su caso. Por aparte, respecto a su relato, la abogada Linda George luego dijo que le habían colocado una capucha sobre la cabeza (no una camisa o una venda). Parecía una práctica común. Cuando Estados Unidos extraditó en 2010 al retirado general Noriega a Francia, sin avisarle a su abogado Frank Rubino (que representó a Paredes en 2008), el abogado dijo al diario Panamá América que “probablemente le pusieron una capucha negra [a Noriega] y lo sacaron a escondidas en el medio de la noche”. En ese entonces, Rubino intentaba negociar el retorno de su cliente a Panamá.

[18] Este detalle lo evidenciaban las fotografías del comunicado de prensa de la DEA, que mostraban su llegada a Miami con Jorge Mario Paredes esposado el 1 de mayo de 2008. Véase DEA. “Cocaine Kingpin Charged in U.S., Apprehended in Honduras”. Comunicado de prensa. 5 de mayo de 2008. Enlace: https://www.dea.gov/sites/default/files/divisions/nyc/2008/nyc050508p.html.

[19] La base aérea fue inaugurada como el Aeropuerto Internacional Palmerola en diciembre de 2021.

[20] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 147.

[21] Caso 03-CR-00987 en Corte Distrito Sur NY. Documento 310. Página 125.

[22] Los datos de la llamada a la fiscalía fueron proporcionados por Leonel Ruiz, jefe de la Fiscalía de Narcoactividad en marzo de 2009, y por una fuente confidencial del Ministerio de Gobernación.

[23] Ó. Estrada (2022). Tierra de narcos. Grijalbo. Página 135.

[24] Méndez Arriaza. Op. cit.

[25] S. Valdez. “Se roban del Doan 3 mil kilos de coca”. Siglo Veintiuno. 27 de marzo de 2002. Edición impresa. Página 4. / B. Barillas. “Saqueo de cocaína fue de 1 604 kilos”. Siglo Veintiuno. 4 de junio de 2002. Edición impresa. Página 13.

[26] J. Jiménez. “Droga por todos lados”. Siglo Veintiuno. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 1 (portada) y 5. / J. C. Llorca. “EE. UU.: El combate a la corrupción es palabrería”. elPeriódico. 11 de octubre de 2002. Edición impresa. Página 3.

[27] C. Orantes. “Gobierno favorece al narcotráfico”. Siglo Veintiuno. 28 de octubre de 2002. Edición impresa. Páginas 2 y 3.

[28] J. Blancornelas (2005). El cártel. Random House Mondadori. Páginas 128 y 129.

[29] El cable “reference id” 03guatemala1902 está fechado el 24 de julio de 2003 y firmado por el entonces embajador de Estados Unidos en el país, John Hamilton. En la segunda página indica que Guatemala incauta un estimado de 5.6% de la cocaína que pasa por su territorio, mientras que el gobierno de Estados Unidos incauta 12.2% de la cocaína que ingresa a ese país. Este cable fue descargado el 10 de noviembre de 2011 de esta dirección: http://www.cablegatesearch.net/cable.php?id=03guatemala1902 que en 2025 ya no está disponible. La autora tiene una copia impresa. El documento sí aparece aquí: https://archive.org/details/03guatemala1902/page/n1/mode/2up.

[30] C. Acuña y L. Á. Sas. “Novia de ‘el Gordo’ Paredes, extraditada a Estados Unidos”. elPeriódico. 7 de mayo de 2008. Edición impresa. Página 4.

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