
El concierto de Silvana Estrada en El Ganzo.
En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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El concierto de Silvana Estrada en El Ganzo.
En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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El concierto de Silvana Estrada en El Ganzo.
En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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El concierto de Silvana Estrada en El Ganzo.
En una zona como Puerto Los Cabos, marcada durante décadas por el turismo de lujo estandarizado, el hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
En el extremo sur de Baja California, en San José del Cabo, lejos del ruido del turismo de fiesta, existe un espacio donde el lujo no es la medida de todo y se permite valorar el tiempo, el arte, la experimentación y la comunidad. El hotel El Ganzo apostó desde su origen por algo distinto: convertir la experiencia de hospedaje en una plataforma cultural viva.
“El proyecto nació hacia finales de 2012, como una visión de Pablo Sánchez Navarro, mi hermano”, cuenta Santiago Sánchez Navarro, actual director del hotel, en entrevista para Gatopardo. “Realmente él es el visionario con la idea de crear un centro cultural”, dice. Desde el inicio, la intención fue clara: aprovechar la derrama económica del turismo para construir algo más duradero. “Crear un lugar que inspire a los huéspedes y clientes del hotel y que a su vez cultive una cultura de creatividad y arte en la zona”.

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En una industria en la que predominan las grandes cadenas internacionales, El Ganzo se planteó como un contrapeso. “Hay mucho hotel con propuestas estandarizadas y no particularmente originales”, explica Santiago. Y frente a eso, El Ganzo se concibió como un espacio único. Se trata de un hotel de 70 habitaciones y un estudio de grabación con una misión única, distinta: fomentar la autenticidad local a través de intercambios culturales.
“Hay un programa de músicos en residencia que recibe artistas visuales y músicos por unas tres semanas, donde tienen la oportunidad de grabar sus propuestas musicales en el estudio y en su camino interactúan con la comunidad local, en especial con niños de la zona que estén interesados en temas de arte y música. [A los músicos] se les pide que también durante su residencia hagan un concierto al público en general”, comenta el director de El Ganzo. El valor no está en la obra final, sino en las conexiones que se van creando en el proceso de cada uno de los músicos residentes.
Ese principio atraviesa toda su propuesta. Más que replicar fórmulas globales, el hotel busca construir un “sentido de lugar”. Como lo resume Santiago: “La autenticidad no se diseña necesariamente desde una marca: se cultiva desde la comunidad, desde la cultura y un sentido de lugar”.

Las residencias musicales: libertad absoluta
Para conocer más sobre el programa sobre residencias musicales Gatopardo también conversó con Paco Rosas, director de música del hotel El Ganzo. Músico, profesor, ingeniero de sonido y productor con más de 20 años de experiencia, Paco explica que su trabajo dentro del proyecto consiste en estar siempre atento, porque la inspiración surge en cualquier momento: “En este camino de exploración musical, de trabajo con la ciencia detrás del sonido, grabación, producción, y todos esos años de vagancia en cuartos de ensayo y entendiendo la psique y cómo el músico se comunica y cómo fluye el proceso creativo me ha dado las armas necesarias para entender, cuando este espacio empieza a crear, qué se necesita”.
Rosas explica que no hay una sola forma de habitar ese tiempo dentro de El Ganzo: algunos músicos llegan con discos prácticamente terminados, otros apenas con ideas dispersas; hay quienes buscan pulir detalles y quienes necesitan, simplemente, descansar.
“A veces tengo que ser una mosca, como dicen en inglés, fly in the wall, nada más observar; otras veces tengo que estar full on en producción, en grabación; a veces me toca hasta meterme de músico. ‘Oye, grábate unos bajos, unas baterías’, me dicen. Al final estoy al servicio de lo que el proyecto en su momento requiera. Hasta psicólogo le hago”, dice.
Ese margen de libertad, explica el productor, es clave, porque no existe presión por crear un resultado concreto; y por eso mismo, muchas veces logran crear algo. Al final de cada residencia suele generarse una session grabada o un concierto en alguno de los espacios del hotel: desde el rooftop hasta escenarios al aire libre frente al mar. Pero, de nuevo, más allá de ese cierre, lo importante es el proceso.


Entre los artistas que han participado en el proyecto se encuentran Erlend Øye, Sebastian Maschat, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Hermanos Gutiérrez. Uno de los episodios más significativos en la historia del hotel ocurrió durante el inicio de la pandemia. The Whitest Boy Alive —banda formada justamente por Maschat Øye— llegó para una residencia, pero la cuarentena global los dejó varados en Los Cabos durante meses. “Se quedaron aquí con nosotros casi tres meses”, recuerda Santiago. El hotel, que tuvo que cerrar al público, se transformó en un centro de apoyo comunitario: recepción de despensas, preparación de alimentos y atención médica.
Otro de los momentos importantes que ha vivido El Ganzo, cuenta Santiago, fue el paso de Julieta Venegas por su estudio, donde tomó forma una parte de su proyecto Norteña.
Una de las características más importantes de este programa fue la creación de un centro comunitario en el que se realizan talleres gratuitos para niños y jóvenes de la comunidad de San José del Cabo. Los residentes —músicos o artistas visuales— están invitados a impartir esos talleres, cerrando así un círculo entre el turismo, la creación y la comunidad. “Se les pide que den un taller en el centro comunitario a los niños de la comunidad”, explica Santiago. “La intención es sembrar algo más que una experiencia estética: generar inspiración y acceso al arte”.
Eso es lo que siempre ha buscado El Ganzo: un impacto que no se limita a sus huéspedes. Y por eso, con el tiempo ha contribuido a fortalecer una red cultural en San José del Cabo mediante eventos musicales, festivales y colaboraciones que han impulsado una economía creativa local. “Queremos generar una derrama cultural”, dice Santiago. Y que esa derrama se traduzca en nuevas iniciativas, colectivos y proyectos en la región. “Se empieza a robustecer la economía alrededor de actividades culturales, y eso va creando una comunidad con mayor valor agregado cultural”.
A más de una década de apertura, El Ganzo sigue siendo una anomalía en el panorama turístico mexicano. Un hotel que funciona como estudio, galería, foro, centro cultural y punto de encuentro. Un espacio donde la hospitalidad se expande hacia la comunidad. Porque, insiste Santiago, el objetivo nunca fue solo alojar huéspedes: “Es una plataforma para que cada persona que venga se inspire”.


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