
Colección FEMSA, exposición El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA.
La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
El primer núcleo temático dentro del museo presenta al cuerpo como nuestro primer hogar con Desde y hacia el cuerpo, donde se explica a este como el medio que nos permite sentir, experimentar y relacionarnos con el mundo. Entre las piezas se encuentra Coraza (2), de Magali Lara, que explora la relación entre lo interior y lo exterior del cuerpo humano, así como las capas que generamos para protegernos del entorno y de nosotros mismos.

Después se encuentra la sala Fragmentos y tensiones; aquí se plantea al territorio como un espacio marcado por relaciones de poder, conflictos y transformaciones que condicionan quién puede poblarlo, recorrerlo o, incluso, reclamarlo. Una lectura que se ve reflejada en Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, a través de una instalación con una mirada casi forense, donde monta diversos objetos encontrados en el desierto de Sonora para visibilizar las tensiones vinculadas con la migración, la violencia y la frontera.

Estructuras coloniales es el tercer enfoque del museo. En esta sala se analiza cómo la colonización estableció formas de organizar y jerarquizar a las personas, sus saberes y sus maneras de entender el mundo. ¿El resultado? La invisibilización de la identidad de los pueblos originarios. Dicha perspectiva se refleja en el artista p'urhépecha Salvador Xharicata con Nínt’ani. Volver a casa. La pieza se compone de una estructura que emula una troje que está acompañada por sillas, así como bancos con transcripciones de una carta y un poema.

Casi para concluir el recorrido está El territorio doméstico, donde la vida cotidiana es el corazón del segmento. Cocinas, habitaciones y baños funcionan como lugares donde se construyen vínculos e identidades, y también se hacen visibles desequilibrios de poder, los conflictos y las diferencias de trato que existen dentro del núcleo familiar. Entre las piezas se encuentra Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, una instalación que reconstruye una cocina regiomontana de la década de los cincuenta a partir de recuerdos familiares y pertenencias de su abuela.

La última temática de la exposición retoma la relación de la naturaleza con otras especies en la sala Habitar el mundo. Conceptos como la interdependencia, el cuidado y la reciprocidad son el punto de inflexión de este espacio. Entre las obras se encuentra Andrómeda, de Tomás Saraceno, cuyo trabajo investiga las redes que conectan distintas formas de vida con su entorno.

Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.
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Colección FEMSA, exposición El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA.
La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
El primer núcleo temático dentro del museo presenta al cuerpo como nuestro primer hogar con Desde y hacia el cuerpo, donde se explica a este como el medio que nos permite sentir, experimentar y relacionarnos con el mundo. Entre las piezas se encuentra Coraza (2), de Magali Lara, que explora la relación entre lo interior y lo exterior del cuerpo humano, así como las capas que generamos para protegernos del entorno y de nosotros mismos.

Después se encuentra la sala Fragmentos y tensiones; aquí se plantea al territorio como un espacio marcado por relaciones de poder, conflictos y transformaciones que condicionan quién puede poblarlo, recorrerlo o, incluso, reclamarlo. Una lectura que se ve reflejada en Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, a través de una instalación con una mirada casi forense, donde monta diversos objetos encontrados en el desierto de Sonora para visibilizar las tensiones vinculadas con la migración, la violencia y la frontera.

Estructuras coloniales es el tercer enfoque del museo. En esta sala se analiza cómo la colonización estableció formas de organizar y jerarquizar a las personas, sus saberes y sus maneras de entender el mundo. ¿El resultado? La invisibilización de la identidad de los pueblos originarios. Dicha perspectiva se refleja en el artista p'urhépecha Salvador Xharicata con Nínt’ani. Volver a casa. La pieza se compone de una estructura que emula una troje que está acompañada por sillas, así como bancos con transcripciones de una carta y un poema.

Casi para concluir el recorrido está El territorio doméstico, donde la vida cotidiana es el corazón del segmento. Cocinas, habitaciones y baños funcionan como lugares donde se construyen vínculos e identidades, y también se hacen visibles desequilibrios de poder, los conflictos y las diferencias de trato que existen dentro del núcleo familiar. Entre las piezas se encuentra Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, una instalación que reconstruye una cocina regiomontana de la década de los cincuenta a partir de recuerdos familiares y pertenencias de su abuela.

La última temática de la exposición retoma la relación de la naturaleza con otras especies en la sala Habitar el mundo. Conceptos como la interdependencia, el cuidado y la reciprocidad son el punto de inflexión de este espacio. Entre las obras se encuentra Andrómeda, de Tomás Saraceno, cuyo trabajo investiga las redes que conectan distintas formas de vida con su entorno.

Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.
La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
El primer núcleo temático dentro del museo presenta al cuerpo como nuestro primer hogar con Desde y hacia el cuerpo, donde se explica a este como el medio que nos permite sentir, experimentar y relacionarnos con el mundo. Entre las piezas se encuentra Coraza (2), de Magali Lara, que explora la relación entre lo interior y lo exterior del cuerpo humano, así como las capas que generamos para protegernos del entorno y de nosotros mismos.

Después se encuentra la sala Fragmentos y tensiones; aquí se plantea al territorio como un espacio marcado por relaciones de poder, conflictos y transformaciones que condicionan quién puede poblarlo, recorrerlo o, incluso, reclamarlo. Una lectura que se ve reflejada en Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, a través de una instalación con una mirada casi forense, donde monta diversos objetos encontrados en el desierto de Sonora para visibilizar las tensiones vinculadas con la migración, la violencia y la frontera.

Estructuras coloniales es el tercer enfoque del museo. En esta sala se analiza cómo la colonización estableció formas de organizar y jerarquizar a las personas, sus saberes y sus maneras de entender el mundo. ¿El resultado? La invisibilización de la identidad de los pueblos originarios. Dicha perspectiva se refleja en el artista p'urhépecha Salvador Xharicata con Nínt’ani. Volver a casa. La pieza se compone de una estructura que emula una troje que está acompañada por sillas, así como bancos con transcripciones de una carta y un poema.

Casi para concluir el recorrido está El territorio doméstico, donde la vida cotidiana es el corazón del segmento. Cocinas, habitaciones y baños funcionan como lugares donde se construyen vínculos e identidades, y también se hacen visibles desequilibrios de poder, los conflictos y las diferencias de trato que existen dentro del núcleo familiar. Entre las piezas se encuentra Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, una instalación que reconstruye una cocina regiomontana de la década de los cincuenta a partir de recuerdos familiares y pertenencias de su abuela.

La última temática de la exposición retoma la relación de la naturaleza con otras especies en la sala Habitar el mundo. Conceptos como la interdependencia, el cuidado y la reciprocidad son el punto de inflexión de este espacio. Entre las obras se encuentra Andrómeda, de Tomás Saraceno, cuyo trabajo investiga las redes que conectan distintas formas de vida con su entorno.

Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.

Colección FEMSA, exposición El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA.
La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
El primer núcleo temático dentro del museo presenta al cuerpo como nuestro primer hogar con Desde y hacia el cuerpo, donde se explica a este como el medio que nos permite sentir, experimentar y relacionarnos con el mundo. Entre las piezas se encuentra Coraza (2), de Magali Lara, que explora la relación entre lo interior y lo exterior del cuerpo humano, así como las capas que generamos para protegernos del entorno y de nosotros mismos.

Después se encuentra la sala Fragmentos y tensiones; aquí se plantea al territorio como un espacio marcado por relaciones de poder, conflictos y transformaciones que condicionan quién puede poblarlo, recorrerlo o, incluso, reclamarlo. Una lectura que se ve reflejada en Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, a través de una instalación con una mirada casi forense, donde monta diversos objetos encontrados en el desierto de Sonora para visibilizar las tensiones vinculadas con la migración, la violencia y la frontera.

Estructuras coloniales es el tercer enfoque del museo. En esta sala se analiza cómo la colonización estableció formas de organizar y jerarquizar a las personas, sus saberes y sus maneras de entender el mundo. ¿El resultado? La invisibilización de la identidad de los pueblos originarios. Dicha perspectiva se refleja en el artista p'urhépecha Salvador Xharicata con Nínt’ani. Volver a casa. La pieza se compone de una estructura que emula una troje que está acompañada por sillas, así como bancos con transcripciones de una carta y un poema.

Casi para concluir el recorrido está El territorio doméstico, donde la vida cotidiana es el corazón del segmento. Cocinas, habitaciones y baños funcionan como lugares donde se construyen vínculos e identidades, y también se hacen visibles desequilibrios de poder, los conflictos y las diferencias de trato que existen dentro del núcleo familiar. Entre las piezas se encuentra Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, una instalación que reconstruye una cocina regiomontana de la década de los cincuenta a partir de recuerdos familiares y pertenencias de su abuela.

La última temática de la exposición retoma la relación de la naturaleza con otras especies en la sala Habitar el mundo. Conceptos como la interdependencia, el cuidado y la reciprocidad son el punto de inflexión de este espacio. Entre las obras se encuentra Andrómeda, de Tomás Saraceno, cuyo trabajo investiga las redes que conectan distintas formas de vida con su entorno.

Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.

La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
El primer núcleo temático dentro del museo presenta al cuerpo como nuestro primer hogar con Desde y hacia el cuerpo, donde se explica a este como el medio que nos permite sentir, experimentar y relacionarnos con el mundo. Entre las piezas se encuentra Coraza (2), de Magali Lara, que explora la relación entre lo interior y lo exterior del cuerpo humano, así como las capas que generamos para protegernos del entorno y de nosotros mismos.

Después se encuentra la sala Fragmentos y tensiones; aquí se plantea al territorio como un espacio marcado por relaciones de poder, conflictos y transformaciones que condicionan quién puede poblarlo, recorrerlo o, incluso, reclamarlo. Una lectura que se ve reflejada en Objetos de mi jardín, de Miguel Fernández de Castro, a través de una instalación con una mirada casi forense, donde monta diversos objetos encontrados en el desierto de Sonora para visibilizar las tensiones vinculadas con la migración, la violencia y la frontera.

Estructuras coloniales es el tercer enfoque del museo. En esta sala se analiza cómo la colonización estableció formas de organizar y jerarquizar a las personas, sus saberes y sus maneras de entender el mundo. ¿El resultado? La invisibilización de la identidad de los pueblos originarios. Dicha perspectiva se refleja en el artista p'urhépecha Salvador Xharicata con Nínt’ani. Volver a casa. La pieza se compone de una estructura que emula una troje que está acompañada por sillas, así como bancos con transcripciones de una carta y un poema.

Casi para concluir el recorrido está El territorio doméstico, donde la vida cotidiana es el corazón del segmento. Cocinas, habitaciones y baños funcionan como lugares donde se construyen vínculos e identidades, y también se hacen visibles desequilibrios de poder, los conflictos y las diferencias de trato que existen dentro del núcleo familiar. Entre las piezas se encuentra Mil novecientos cincuenta y cuatro, de Mauricio Gattás, una instalación que reconstruye una cocina regiomontana de la década de los cincuenta a partir de recuerdos familiares y pertenencias de su abuela.

La última temática de la exposición retoma la relación de la naturaleza con otras especies en la sala Habitar el mundo. Conceptos como la interdependencia, el cuidado y la reciprocidad son el punto de inflexión de este espacio. Entre las obras se encuentra Andrómeda, de Tomás Saraceno, cuyo trabajo investiga las redes que conectan distintas formas de vida con su entorno.

Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.

Colección FEMSA, exposición El hogar que habito. Obras de la Colección FEMSA.
La Colección FEMSA presenta <i> El hogar que habito <i> , una exposición artística que reúne a 60 artistas de México y el resto de América Latina para reflexionar sobre el mundo y el lugar que ocupamos en él. Está disponible en el Museo Amparo hasta el 25 de enero de 2027.
La exposición nace de una pregunta: ¿dónde habitamos? y de una reflexión: el cuerpo funciona como el primer acercamiento a la muestra, pasando por las fronteras, las estructuras coloniales, el hogar, hasta llegar a nuestra relación con otras especies. Esta muestra reúne a 60 artistas de México y América Latina gracias a la Colección FEMSA, que cuenta con una amplia selección de arte moderno y contemporáneo con el objetivo de descubrir otras miradas sobre la identidad, la historia y la sociedad. Además tiene un programa público que amplía los ejes conceptuales de la colección a través de charlas, activaciones artísticas y encuentros interdisciplinarios. Estas actividades buscan generar espacios de diálogo que permitan a diferentes públicos establecer nuevas conexiones con las obras.
Al mismo tiempo la frase: “Antes de existir, habitamos” va en paralelo con la propuesta de la exhibición. “El cuerpo es el primer lugar que ocupamos y desde ahí enfrentamos distintos territorios, pero ¿cómo aparecen las estructuras?, ¿cómo las conquistamos?, ¿cómo las formamos mientras convivimos con esos espacios y con otras especies?”, dijo Eugenia Braniff, quien es parte del equipo curatorial de la exposición.
El recorrido del encuentro inicia en el vestíbulo del Museo Amparo, donde se recibe a los visitantes con Redasilú (Vendrá la memoria), de Ana Hernández: artista visual centrada en la difusión y recuperación de la vestimenta tradicional del Istmo de Tehuantepec (con interés por la migración, la geografía y la identidad). Su obra consta de una instalación compuesta por 68 bules de calabaza intervenidos con materiales de la tierra. A partir de esta la muestra introduce el tema de la lengua como una forma de relacionarnos con el mundo y de comprender nuestra experiencia en él.
Paulina Bravo, una de las curadoras, explica la frase: "Pienso, luego existo", del filósofo René Descartes, y de esta forma marca la división entre mente y cuerpo; sujeto y espacio. Al mismo tiempo afirma que la instalación artística “permite recategorizar al ser y al cuerpo con lo que habita, considerando al cuerpo como el vehículo con el que convivimos con la realidad, en lo individual y en lo colectivo desde lo micro hasta en lo macro”.
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Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, hace las siguientes preguntas: “¿qué significa ser mexicano y latinoamericano?”, “¿qué necesidades tiene el ser humano?” y “¿qué implican los desplazamientos?”. En simultáneo asevera que “estas preguntas son abiertas para el espectador y no deben resolverse, más bien buscan detonar la reflexión”.
La muestra puede visitarse hasta el 25 de enero de 2027 de lunes a miércoles en un horario de 10:00 a. m. a 18:00 p. m.
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