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He leído con calma y a dosis controladas el libro que escribió la escritora chino-estadounidense Yuyin Li a manera de sanación después del suicidio de sus dos hijos adolescentes: En la naturaleza las cosas crecen (Chai Editora, 2025). Nadie necesita explicar el dolor de una madre, el sentimiento imposible de describir con palabras; sin embargo, hay un párrafo que retumbó en mi cabeza desde que lo leí: "Se puede escribir sobre los hechos con sentimiento, se puede escribir sobre los sentimientos de modo impasible, pero nunca hay que evadir los hechos. Así que aquí estoy, en un lugar funesto donde pocos padres viven. He decidido escribir este libro empezando por un único hecho verificado: estoy en un abismo", y para mí fue inevitable pensar en eso cuando terminé de ver Naza (2026), el documental de Yuval Abraham y Rachel Szor que recupera 24 testimonios de denunciantes del ejército y los servicios de inteligencia israelíes sobre el asesinato sistemático de civiles inocentes en Gaza: el abismo en el que estamos, el exterminio en voz de los propios perpetradores.
Durante 80 minutos diferentes voces a oscuras desde la azotea de un edificio en Tel Aviv detallan la forma en la que los servicios de inteligencia israelíes rastreaban a través de Lavender —un programa de IA— a objetivos prioritarios del grupo terrorista Hamás para asesinarlos, este sistema identificaba los "daños colaterales" de dicha acción (la muerte de un terrorista podría significar la muerte de decenas de civiles más, incluidas familias enteras). ¿El sistema fallaba? Sí. ¿Hubo ocasiones en las que no había ningún miembro de Hamas en el ataque? Sí, también sucedía, y no importaba. La justificación era borrar cualquier "vínculo" con este grupo criminal, pero ¿qué significaba tener un "vínculo"? Una de las voces lo relata: si tu familia y tú eran dueños de una panadería junto algún centro donde operaba una célula de Hamás, eso era más que suficiente para justificar el ataque: para ellos estaban conectados y lo dicen de manera textual: "terroristas eran todos aquellos a los que decidías matar".
Los bombardeos ocurrían por las noches, las operaciones eran ejecutadas a decenas de kilómetros, uno de los denunciantes lo equipara como una noche de videojuegos: "Destruir casas solo por destruir era el pan nuestro de cada día. Los últimos tres meses de 2023 el objetivo era claro: destruir antes de que perdieran la "legitimidad internacional".
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Además de una descripción detallada de cómo operaba el exterminio en Gaza, incluso en las filas interminables de personas formadas buscando comida, varias voces de los denunciantes describen cómo gracias a los servicios de inteligencia y hackeo de celulares podían escuchar los momentos finales de una vida. En algunos casos cuando tenían intervenido el teléfono, antes de bombardear la casa o el departamento, se aseguraban de la presencia del objetivo y escuchaban —durante varios minutos— las voces de niños, personas de la tercera edad, mujeres e instantes después apretaban un botón que acababa con todo.
Poco antes del final del documental, uno de los 24 denunciantes narra cómo cuando era niño lo llevaron a una excursión escolar a Polonia, nunca olvidó el horror del nazismo: se hacía siempre la misma pregunta: "¿Cómo podían los asesinos de gente inocente dormir por la noche?". Él mismo se contesta años después, lo hace porque, dice, "me convertí en uno de ellos".
Naza es el título que le da el ejército israelí al número de civiles que van a morir debido a un ataque (los "daños colaterales"). No se trata de una casualidad, mucho menos de un error: es la evidencia de un genocidio.

El 16 de septiembre de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Este e Israel, creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), concluyó que las autoridades y fuerzas israelíes cometieron cuatro de los cinco actos de genocidio de la Convención de 1948. Como prueba citó el bloqueo de ayuda, los desplazamientos forzados, la destrucción de una clínica de fertilidad y la magnitud de las muertes (se calcula el asesinato de entre 45 000 y 65 000 civiles).
Estar en un abismo no significa vivir perdidos: es un sentimiento consciente y a la vez desgarrador, es mirar la tragedia de frente, no ignorar lo que sucedió y lo que sucede aún; es vivir en el mismo tiempo y espacio de un exterminio y no evadir los hechos. Naza es la evidencia de un terror que no podemos olvidar.
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