
A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
Por otro lado, en mayo de 2026 se lanzó la web Mi Espacio de Emociones,la primera plataforma interactiva de Save the Children México pensadaexclusivamente para infancias. En alianza con el grupo musical juvenil Picus,el sitio acumuló más de 30,000 visitas en sus primeros meses, ofreciendoejercicios para nombrar sentimientos, rutinas de autocuidado y canalizacióndirecta a líneas de ayuda gratuita las 24 horas.
A su vez, mediante producciones audiovisuales animadas y el webinar«¿Está bien o necesita ayuda?», celebrado en el marco del Día Mundial para laPrevención del Suicidio, se distribuyeron herramientas a madres, padres ypersonas cuidadoras para identificar patrones de aislamiento social, cambiosdrásticos de conducta y prevenir el acoso escolar dentro del entorno familiar.
El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.
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A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
Por otro lado, en mayo de 2026 se lanzó la web Mi Espacio de Emociones,la primera plataforma interactiva de Save the Children México pensadaexclusivamente para infancias. En alianza con el grupo musical juvenil Picus,el sitio acumuló más de 30,000 visitas en sus primeros meses, ofreciendoejercicios para nombrar sentimientos, rutinas de autocuidado y canalizacióndirecta a líneas de ayuda gratuita las 24 horas.
A su vez, mediante producciones audiovisuales animadas y el webinar«¿Está bien o necesita ayuda?», celebrado en el marco del Día Mundial para laPrevención del Suicidio, se distribuyeron herramientas a madres, padres ypersonas cuidadoras para identificar patrones de aislamiento social, cambiosdrásticos de conducta y prevenir el acoso escolar dentro del entorno familiar.
El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.
A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
Por otro lado, en mayo de 2026 se lanzó la web Mi Espacio de Emociones,la primera plataforma interactiva de Save the Children México pensadaexclusivamente para infancias. En alianza con el grupo musical juvenil Picus,el sitio acumuló más de 30,000 visitas en sus primeros meses, ofreciendoejercicios para nombrar sentimientos, rutinas de autocuidado y canalizacióndirecta a líneas de ayuda gratuita las 24 horas.
A su vez, mediante producciones audiovisuales animadas y el webinar«¿Está bien o necesita ayuda?», celebrado en el marco del Día Mundial para laPrevención del Suicidio, se distribuyeron herramientas a madres, padres ypersonas cuidadoras para identificar patrones de aislamiento social, cambiosdrásticos de conducta y prevenir el acoso escolar dentro del entorno familiar.
El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.

A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
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El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.

A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
Por otro lado, en mayo de 2026 se lanzó la web Mi Espacio de Emociones,la primera plataforma interactiva de Save the Children México pensadaexclusivamente para infancias. En alianza con el grupo musical juvenil Picus,el sitio acumuló más de 30,000 visitas en sus primeros meses, ofreciendoejercicios para nombrar sentimientos, rutinas de autocuidado y canalizacióndirecta a líneas de ayuda gratuita las 24 horas.
A su vez, mediante producciones audiovisuales animadas y el webinar«¿Está bien o necesita ayuda?», celebrado en el marco del Día Mundial para laPrevención del Suicidio, se distribuyeron herramientas a madres, padres ypersonas cuidadoras para identificar patrones de aislamiento social, cambiosdrásticos de conducta y prevenir el acoso escolar dentro del entorno familiar.
El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.

A través del arte, la recolección de evidencia y la formación de cuidadoras, Save the Children plantea una respuesta frente a la invisibilidad de la salud mental infantil y adolescente en México.
Para un niño o una niña que cruza México en calidad de migrante, laurgencia casi siempre se mide en términos de lo visible: agua potable, un platode comida caliente, calzado sin hoyos o un techo donde guarecerse por la noche.Sin embargo, por debajo de la emergencia material corre otra vertiente mássilenciosa y devastadora: el impacto emocional del desarraigo, las pérdidasacumuladas y los silencios que se arrastran en el camino.
Entre 2023 y 2026, la organización Save the Children México articuló unarespuesta integral para abordar lo que suele quedar al final de la lista deprioridades: la salud mental y el bienestar psicoemocional de las infancias yadolescentes que atraviesan los escenarios más complejos del país.
A través del trabajo coordinado en albergues del norte, aulas en el sur,la formulación de investigación con datos inéditos y una estrategia decomunicación pública, el proyecto no solo ofreció un refugio temporal, sino queexpuso las profundas carencias estructurales de un sistema que continúadesatendiendo la mente de los más jóvenes.
El arte y el juego como lenguaje de reparación: la metodología HEART
En un albergue fronterizo en Ciudad Juárez, Mathías, un niño de sieteaños proveniente de Guayaquil, Ecuador, recuerda los parques de diversiones quedejó atrás y a su abuela fallecida. Su itinerario no es la excepción: antes deencontrar un espacio para jugar, el entorno habitual de muchos niños enmovilidad está marcado por comedores de gran tamaño y guardias de seguridad.

Para atender estas experiencias, Save the Children implementó lametodología HEART (Healing and Education through the Arts o Curacióny Educación a través de las Artes). Diseñado como una herramienta de apoyopsicosocial no clínico, este esquema recurre al dibujo, la pintura, la música,la lectura y el juego como vías estructuradas para que la niñez exprese elestrés, el duelo o la pérdida acumulados.
Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, más de 4,500 niñas, niños yadolescentes participaron en sesiones HEART en albergues y comedorescomunitarios de Chihuahua, Tamaulipas, Sonora y Sinaloa. Paralelamente, más de450 docentes y personas cuidadoras fueron capacitadas en herramientas paracontener a las infancias y, al mismo tiempo, atender su propio desgastepsicosocial bajo la premisa de cuidar a quien cuida.

«Las familias priorizan lo urgente: dónde dormir, qué comer, cómo seguiravanzando. Las heridas emocionales quedan ocultas, pero no desaparecen», señalaViridiana Mojarro, enlace del comité educativo de un albergue en Ciudad Juárez.«El taller me ayudó a comprender algo clave: yo también puedo ser un espacioseguro para las niñas, niños y adolescentes a través de mis actividadescotidianas».
El trabajo de la metodología se adaptó también al entorno escolar formal.En el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, se implementó un programa enfocado endocentes de educación secundaria para incorporar prácticas de autorregulaciónemocional en el aula, prevenir el acoso escolar y mitigar el riesgo dedeserción.
Para evitar que la formación terminara con el cierre de los talleres,Save the Children estructuró una Comunidad de Práctica: un canal continuo dondecientos de maestras y maestros intercambian dinámicas, acceden a materiales deautocuidado y adaptan el Manual de implementación HEART al contextosociocultural mexicano.
Radiografía de una crisis: el Diagnóstico SMAPS 2026
Más allá de la intervención directa en el territorio, uno de los mayoresdesafíos en el país ha sido la falta de datos sistematizados sobre el bienestaremocional infantil. En marzo de 2026, la organización presentó el diagnósticoSMAPS (Salud Mental y Apoyo Psicosocial), titulado Salud mental deniñas, niños y adolescentes en México: evidencia y áreas prioritarias parafortalecer sus entornos protectores.

El estudio combinó la revisión de literatura especializada, el trabajofocal con personal técnico y la formulación de 89 solicitudes de informaciónpública enviadas a dependencias estatales y federales, dejando al descubiertovacíos institucionales de recolección de datos y marcadas disparidadesregionales.
Los hallazgos del diagnóstico revelan una realidad preocupante: tan soloen 2024, el Sistema Nacional de Salud registró a 144,897 niñas, niños yadolescentes de entre 5 y 19 años que buscaron atención por salud mental, loque equivale a un promedio de 396 pacientes al día. Casi el 80% de estasconsultas se concentran en tres afecciones principales: ansiedad (34.6%),trastornos de conducta (22.6%) y depresión (20.5%).
A este escenario se suma la tendencia del suicidio infantil yadolescente: entre 2000 y 2024, la tasa de suicidios en la población de 10 a 17años en México se duplicó, pasando de 2.0 a 4.0 por cada 100,000 habitantes. Elestudio señala además los 15 años como la edad promedio en que suelemanifestarse el primer trastorno emocional o de conducta.
En términos de personal, México cuenta con 0.36 psiquiatras por cada10,000 habitantes —menos de la mitad de lo recomendado por la OMS—, el sectorpúblico dispone de apenas 6.6 psicólogos por cada 100,000 personas y existenúnicamente 364 paidopsiquiatras registrados en todo el territorio nacional, loque equivale a menos de un especialista por cada 100,000 niñas, niños yadolescentes.
Romper el aislamiento: una conversación pública en múltiples frentes
Frente a un panorama donde el malestar psicológico se vive a menudo ensoledad, la estrategia buscó incidir en la cultura pública para despojar eltema de estigmas y llevarlo al lenguaje cotidiano de familias, aulas y medios.
Por un lado, la difusión de la evidencia generó 111 publicacionesperiodísticas en medios locales y nacionales, posicionando datos clave sobre latasa de suicidio infantil y la escasez de recursos públicos.
Por otro lado, en mayo de 2026 se lanzó la web Mi Espacio de Emociones,la primera plataforma interactiva de Save the Children México pensadaexclusivamente para infancias. En alianza con el grupo musical juvenil Picus,el sitio acumuló más de 30,000 visitas en sus primeros meses, ofreciendoejercicios para nombrar sentimientos, rutinas de autocuidado y canalizacióndirecta a líneas de ayuda gratuita las 24 horas.
A su vez, mediante producciones audiovisuales animadas y el webinar«¿Está bien o necesita ayuda?», celebrado en el marco del Día Mundial para laPrevención del Suicidio, se distribuyeron herramientas a madres, padres ypersonas cuidadoras para identificar patrones de aislamiento social, cambiosdrásticos de conducta y prevenir el acoso escolar dentro del entorno familiar.
El valor del tejido comunitario y la agenda pendiente
Uno de los pilares del proyecto fue su enfoque socioecológico: más alláde las sesiones facilitadas por Save the Children, fueron los propios docentescapacitados, las voluntarias de comedores y las redes comunitarias localesquienes dieron continuidad al acompañamiento emocional de las infancias en suvida cotidiana. Esa red es la que permite que el trabajo se sostenga más alláde los talleres.

Un signo alentador es que la salud mental de niñas, niños y adolescentescomienza a ocupar un lugar cada vez más visible en la conversación pública y enla agenda de política. El camino que hoy se abre es una oportunidad para quefamilias, escuelas, sociedad civil e instituciones trabajen de maneracoordinada en la prevención y la atención, y para que el bienestar emocional dela niñez deje de quedar al final de la lista de prioridades.
El diagnóstico concluye con siete llamados prioritarios para la sociedady el gobierno: medir de forma institucional el aislamiento social, fortalecer alas escuelas como espacios de detección temprana, capacitar a las familias comoamortiguadoras del riesgo y asignar un presupuesto equitativo a la prevención.
Si bien la responsabilidad primaria de garantizar el derecho a la saludcorresponde al Estado, el trabajo articulado por la sociedad civil demuestraque las intervenciones comunitarias y el uso del arte son herramientasefectivas para reparar el tejido social. Reconfigurar la salud mental como unaprioridad compartida resulta indispensable para evitar que las dolencias de lainfancia se conviertan en cicatrices permanentes en la vida adulta.
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